principal | EN contrARTE | autores | foro | contacto | nosotros | archivo
    Actualidad
A propósito de “Paraiso o Infierno”, artículo de Plinio Apuleyo Mendoza en El Nacional del 1º de junio
Del realismo mágico al realismo neoliberal
Por: Colectivo Revista Intervenciones
Fecha de publicación: 10/06/03
imprímelo mándaselo a
tus panas

Descastamiento, bastardía, o (como decía el colombiano Fernando González) síndrome de los hijos de puta. Pllinio Apuleyo Mendoza se encuentra como cualquier estadounidense hecho también de maniguas y picado de mosquitos, jarto de arepas y  almojábanas. Pero siempre hay un talante simplón y  renegado, una fijación entre positivista y braguetal en estos gamonales del intelecto a quienes la idea del trópico como tragedia les parece graciosa y digna de ser repetida en cada borrachera. Suele ir acompañada, naturalmente, con una abominación cínica  o hipócrita de los indios, de los negros y de los condumios criollos, incomparables con los refinamientos parisinos. Ya lo oímos. ¡Y que todavía haya oídos estadounidenses  para estas simplezas articuladas con pedante fruición profesoral desde las paginas de los periódicos! Sandeces que atraviesan los siglos.

PAM y los pequeños liberales como él incurren a diario (y con exceso) en aquello que denuncian: diseño e imposición violenta de una sociedad ideal y delirante. Esta vez aquella en la que todo ocurre solo, sin intervención de sueños e intenciones distintas de las más egoístas.

Si el mundo hubiera estado librado exclusivamente a las fuerzas del mercado (léase al egoísmo, al engaño, a la fuerza bruta y al interés material) es fácil de entender que jamás hubiera llegado a ser lo que es: a pesar de sus miserias, un lugar donde no excepcionalmente encontramos los  frutos del altruismo, del desprendimiento, del desinterés, del idealismo de buena ley (que algunos tramposos quieren confundir con el utopismo estúpido o contraproducente, o con el ideologismo determinista de los fundamentalistas obcecados). Visión simplona que solo ve dos posibilidades: fundamentalismo  del mercado y fundamentalismo del estado. No. Rechazamos esta trampa maniquea. Estas son las armas del engaño de que se valen los confusionistas y los sofistas de siempre. No, señores, el mundo no es ni será, ni nunca ha sido en ninguna parte, infierno ni paraíso. Más bien una suerte de purgatorio humano en el que hay de todo: Dantes Aliguieris y Plinios Apuleyos Mendozas, Vargas Llosas y Garcías Márqueces, banqueros suizos y Rothschilds así como Cristos, Ghandis y madres Teresas de Calcuta, idealistas y traficantes de poder, rebeldes y jalabolas, funcionarios, burócratas e intelectuales acomodados y cortesanos, así como zánganos y amantes de la verdad, tábanos y personas sensibles a las desventuras humanas de siempre, solidarios y egoístas, altruistas y utilitaristas, manipuladores y amorosos, pillos e impostores y nobleza y generosidad, hombría de bien y calculo frío. Y las más de las veces todo ello, o parte de ello, en una sola persona. De todo, de todo.

PAM no sería digno de respuesta, pero es de lamentar que su esquemática mentalidad sea todavía símbolo de la esquemática y petificada mentalidad de muchedumbres engañadas y atemorizadas que creen acudir a un astuto,  pragmático, inteligente, conveniente y socarrón principio de realidad, cuando en realidad acuden a un principio de oportunismo y a un postulado bajamente utopista, en muchos sentidos peor que el que denuncian: el designio totalitario de un mundo habitado por supuestos individuos subjetivistas y gobernados por un supuesto  egoísmo natural que es más bien propio de la caprichosa abstracción de la economía académica: un universo social compuesto por unidades individuales egoístas que chocan entre sí (el hombre, lobo del hombre) en el que dizque darwinistícamente se impone el más fuerte o el mas apto, y en el que una mano invisible termina imponiendo el orden y la justicia de los contratos. Aunque esto fuera verdad, no tiene nada que ver con el principio arquitectónico que gobierna el íntimo modo de ser de la América Latina, un continente cultural donde la democracia no puede provenir de una utopía  de mediocre uniformidad de idiotas (sino de un sublime aliento de genuina igualdad),  y dónde jamás nadie se ha considerado individuo aislado, y dónde en el fondo de las cosas no priva el delirante subjetivismo radical que pretende dar sustento a la vida anglo-estadounidense. Un tigre amarrado por un burro envalentonado y con suerte no puede jamás convertirse en un burro, por más que lo quiera el burro y algunos tigres aburrados

De cómo el individualismo demoliberal ha llegado al fundamentalismo por la vía del extremo subjetivismo

Pero no hay que extrañarse: aquellos que ven lo que se les viene encima, y temen perder sus privilegios, empiezan ahora a ponerse nerviosos, fascistas y violentos, y a practicar ese subjetivismo impaciente, fundamentalista e individualista, que es la marca inconfundible del escuálido desaforado, del “desobediente civil” que “tranca su calle”, del adolescente delincuencial que aterroriza los parroquianos de una arepera en medio de un paro ilegal, del comerciante inescrupuloso que se rebela contra el IVA y otros impuestos en una mezcla de avaricia y frenesí político, del escritor soberbio e iluminado que ha terminado por resignarse a escribir –o a elogiar- pedantes panfletos liberales con apariencia de novelas, del diputado soez e incivil que hace bochinche para impedir que se aprueben leyes, en suma, del niño malcriado que hoy vemos por todas partes y que se niega arrogantemente a sujetarse a cualquier norma.

Ya que la Res Pública no pudo terminar de ser dominada por las corporaciones privadas, el ideal debe cumplirse en el plano individual. La subjetividad de cada individuo construye un mundo sometido a su despotismo particular, con unas leyes especiales, y unas normas morales también privadas y particulares, las únicas a las que se somete este monstruo solipsista y aislado: “No hay más regla que mi voluntad”.  (Cualquier parecido con el tipo de gente que gobierna una conocida hiperpotencia no es simple coincidencia.)

Articulo leido aproximadamente 1235 veces

Colectivo Revista Intervenciones


Copyleft 2002, Aporrea.org