Lo de Irak y la ausencia
de pruebas legítimas para la invasión, no sólo expone la fragilidad de los
estados y de la política, que los alimentan, sino que también cuestiona el
hedonismo de la matriz pensante de la modernidad, que se acopla a la
globalización como si fuera su melodía de acompañamiento, o su banda de
guerra.
El debate sobre las armas de destrucción masiva en el Irak, continúa vigente,
y ahora entra en un ápice por el proceso de revisiones que se lleva a cabo en
los países más comprometidos con un posible fraude. Lo que está quedando claro,
es que no son redes terroristas las que acechan los debilitados estados de la
globalización y su población, sino la carencia de políticas de estado de
seguridad, consultadas con la población, y la vigencia de políticos inoperantes,
encaramados en la cúspide del poder.
Coincidentemente, los regímenes que los eligen no son puestos en duda, se
refuerzan mutuamente apoyados por un sistema mediático que los legitima.
En síntesis, la sociedad civil nunca había estado más alejada de participar en
los diseños que afectan más a sus destinos, y más desprovista de información
confiable.
Cuando este corresponsal señalaba el 5 de febrero, con datos en terreno, que
no se encontrarían las armas de destrucción masiva, y que existía un plan de
implantarlas con gran despliegue mediático, para legitimar la guerra, una fuente
aparentemente bien informada en la materia indicó, que mis datos estaban
equivocados. “Irak, estaba pleno de armas de destrucción masiva dispuestas a ser
utilizadas de inmediato.” Esta fuente con nombre y apellido, cercana a lo
que entonces era una información establecida por los medios y los políticos, no
podía y no debía ser divulgada.
Como la noticia de la implantación de armas causó impacto, simultáneamente,
recibí un e-mail, de un experto en sistemas digitales y satelitales para
detectar armas de destrucción masiva. Esta persona, me indicó que el artículo
del 5 de febrero no estaba alejado de la realidad. Me señaló: “El Irak,
bajo las condiciones de vigilancia de armas a las que se sometió hasta 1998, por
su estado económico producto del bloqueo, y porque el almacenamiento y la
mantención del tipo de arsenal químico utilizable por sistemas de cohetería,
requieren de sistemas subterráneo o de superficie complejos y onerosos, no está
capacitado para poseer el arsenal de que se le acusa.”
“Todavía,”- indicaba nuestra fuente,- “los sistemas de detección
satelital que poseen principalmente EEUU y el Reino Unido, y hasta
Francia, la URSS y China, están en capacidad detectar cualquier “mancha
dudosa en el espectro de la detección satelital”.
En ambos casos debí acudir al principio de protección de la fuente. La
primera estaba equivocada, al menos que las investigaciones en los EEUU y
el Reino Unido acrediten que había armas y que desaparecieron por arte de
magia. La segunda estaba acertada, hasta el momento.
Un grupo pequeño de inspectores de la ONU ha llegado al Irak, después que
1600 verificadores de armas químicas, colocados por EEUU y el Reino Unido no
pudieron dar con los arsenales, que es el debate central.
En este plano, se hace indispensable que algún órgano de justicia
internacional, con capacidad neutral para monitorear naciones en estado de
ocupación como el Irak, intervengan en esta etapa de la búsqueda de las armas
químicas. La posibilidad de que se planten las evidencias en el tiempo, está
vigente y es latente.
Existen copiosos antecedentes difundidos ya por la prensa, de que este
plan continúa bajo sospecha. Un órgano más allá de la ONU es indispensable
porque la ONU hasta la fecha no ha demostrado garantizar la independencia
necesaria en todo el episodio Irak, como lo demuestran las resoluciones y las
diferencias que aún persisten entre los miembros del Consejo. Mas aún, en los
momentos previos al desenlace final, antes del inicio de los bombardeos a
Bagdad, hay que tener presente, que se abrió la compuerta de las interacciones
entre los organismos de inteligencia de los EEUU, y el Reino Unido, y la Oficina
de Hans Blix , el inspector jefe de la ONU.
En los tiempos de las inspecciones de la ONU, previas a la guerra, el
Gobierno Irakí declaró que muchos de estos inspectores actuaban en coordinación
con los organismos de inteligencia de los EEUU y el Reino Unido. La información
nunca fue desmentida oficialmente y se le trató como otra maniobra
propagandística del régimen de Hussein.
La interacción entre una nueva ronda de inspecciones de la ONU en
búsqueda del arsenal químico, y los organismos de inteligencia de las fuerzas de
ocupación, es inevitable, y es una situación que debe ser expuesta a la
comunidad internacional. Los países miembros del Consejo tienen una tarea
inmediata que abordar en el sentido de evitar una falsa legitimación de las
pruebas.
Existe un cuerpo consistente de declaraciones de los líderes de la ocupación
y de hechos contingentes, que se contradicen y que apuntan a la posibilidad de
plantar las evidencias que legitimen la guerra.
El proteger las fuentes que señalan que las armas químicas serán plantadas
tarde o temprano, es consustancial a la necesidad de denunciar un posible fraude
de proporciones globales inéditas en la historia de las relaciones
internacionales. Cualquier intento de reducirle el perfil al asunto, no es
pragmatismo político, para resguardar el orden internacional o el decoro de las
instituciones involucradas.
El despido del periodista Jayson Blair del NYTIMES es paradigmático. El
NYTIMES continúa bajo fuego desde muchos ángulos. Ahora aparecen medios como
www.narconews.com desvirtuando los métodos usados por el TIMES en
América Latina, respecto al tema de la droga. En sus últimas coberturas este
medio se lanza en picada contra el Times. “ En el fondo se trata de desacreditar
todo un período en que el Times demostró su más vehemente cara para denunciar
una administración desacreditada. No es una coincidencia. Cuando se quiere
perjudicar a alguien es claro que empiezan las auditorias. En cambio la gran
evaluación que el mundo espera respecto al arsenal del Irak, se trata en forma
banal. ” Nos dice una fuente.
IRAK el filtro de la mirada
El mundo presencia con el Irak, una peligrosa proximidad de intereses
entre poderes informativos y mediáticos y económicos a nivel global,
que se cruzan con los consorcios de la industria del armamento. Más allá que
esto se constate como una interdependencia propia de la globalización, –los
políticos en la cúspide así lo desean ver- el estado de situación de esta
virtual promiscuidad en los diferentes ámbitos del poder, concentrados en
un puñado de países y de consorcios, ubica al mundo con un perfil muy
similar al período del Tercer Reich, o del estalinismo. Los
procedimientos de control total, y centralizado, desnudan las mismas carencias
éticas del motto “el fin justifica los medios”. El que los procedimientos
se apliquen en un ambiente tecnológico de mayor resolución, no los hacen más
modernos ni más eficientes, sino que más imperceptibles.
Lo del Irak y sus múltiples claves inexplicables hasta el momento, colocan al
mundo de la reflexión política y socio-cultural, en un abismo. Los
autoproclamados teóricos de la globalización, que intentaban ensamblarla
en la médula de la modernidad, con el tema Irak se enfrentan a un hecho
degradante y despiadado que muestra la decadencia de las instituciones que la
sustentan como concepto y posible realidad.
Es difícil que todo lo sucedido en el Irak, siga habitando ese ámbito
de la abstracción con credenciales intelectuales. Es tan concreta la imagen de
la miseria humana y su inconsistencia moral que se observa en torno a lo que se
hace y se habla sobre el Irak, que un tour por las laderas del Eufrates y el
Tigris, para los que sostienen que es un capítulo más del progreso y que no
tiene nada de apocalíptico, es más que recomendable. “Curiosamente varios
reporteros del periódico que es atacado por todos sus flancos ahora reportearon
lo apocalíptico de la situación. El método es conocido: buscar el error
específico, e intentar la falta de credibilidad general en un período de
gestión”. Nos dice Triple NNN
“Ha habido cosas peores que lo sucedido con el Irak”, señalaba recientemente
un escritor y filósofo occidental de la renovada modernidad. Su nombre es
preferible omitir porque las lista de opiniones similares es larga. Están
representados por la cúpula de revistas como The Economist, Foreign Affairs. Las
opiniones de este tipo se deslizan en órganos como The Wall Street Journal, que
aplaudió en su editorial las renuncias de Raines y Boyd del Times. Son las
opiniones que repiten la fatigada monserga propiciada por Paul Wolfowitz, de que
el estalinismo soviético y el holocausto nazi, fueron hechos más contundentes de
lo que sucede en el Irak, para justificar la invasión y una larga ocupación.
El período de debate, críticas, investigaciones, y recriminaciones se expande
en EEUU, Inglaterra y España. Los países, hoy, a la luz de los hechos, con una
ansiedad aún más inexplicable para la invasión del Irak, se enfrentan a un
cuestionamiento interno y externo. Mientras no se encuentren las armas químicas,
quiénes sepultaban las vías de negociación para evitar la guerra hace tres
meses- Bush, Blair y Aznar- se encuentran obligados a fabricar otra estrategia
comunicacional, para salir del hoyo negro de la credibilidad.
La incertidumbre crece, porque estos tres jefes de estado que
decidieron ir a la guerra, juegan sus posibilidades de continuidad en el
poder en los próximos 18 meses. Como se concertaron para invadir el Irak con un
plan maestro mediático que funcionó parcialmente, ahora intentan armar otro
puzzle, para justificar y legitimar una invasión, y permanecer en el poder.
Detrás de todo se esconde un proceso de descomposición de lo que se
llama Estado Global, que es más tenebroso de lo que le sucede a los irakíes que
aún no tienen sistema de energía, de salud, y cuyos sistemas de
distribución de alimentos no han sido restaurados ni al 10% de lo que eran dos
días antes de que estallara la guerra.