Aunque los medios de comunicación oculten con sus argucias información sobre
los movimientos y estrategias de EE.UU. para mantener su hegemonía sobre el
mundo, ello no significa que esa no sea una realidad de cual todos nos debamos
ocupar. Y lo primero que hay que hacer es investigar, buscar información
alternativa a aquella que nos provee EE.UU. a través de redes de información
como CNN, la cual es controlada directamente por Washington. Ello, con el objeto
de que usted pueda irse formando una opinión consistente y confiable sobre lo
que en realidad está sucediendo en el mundo y esté en capacidad de tomar
posición.
En entrevista hecha por Andy Clark a Noam Chomsky, profesor del Instituto
Tecnológico de Massachussets, activista político y lingüista, para el Ámsterdam
Forum, publicado el día 2 de Junio en Znet.org; Chomsky expresó que: “La
Estrategia Nacional de Seguridad deja muy claro y de manera explícita que EE.UU.
intenta dominar al mundo por la fuerza, en una dimensión en la que no sólo sea
el supremo gobernante, sino además, asegurarse de que nunca exista ningún reto
potencial a su dominio”.
En su entrevista con Clark, Chomsky continúa diciendo: “Esto no sólo ha sido
establecido de manera explícita, sino que ha sido comentado repetidas veces en
la principal publicación del establishment, The Foreign Affaire Journal,
publicación en la cual destaca que EE.UU. declara su derecho a ser lo que ellos
llaman Estado revisionista, el cual usará la fuerza para controlar el mundo a
favor de sus propios intereses”.
Durante la misma entrevista, Chomsky, respondiendo a un e-mail enviado al
programa por un venezolano que preguntó si él creía posible que EE.UU. invadiera
a Venezuela, afirmó lo siguiente: “No creo que lo haga directamente… Mi sospecha
es que EE.UU. apoye un nuevo intento de golpe de Estado, como lo hizo el año
pasado. Y si eso no funciona, no es descartable su intervención directa”.
Los planes de intervención directa en Venezuela datan de comienzos de los
años 60. Chomsky comenta que al respecto se cuenta con una gran cantidad de
archivos disponibles sobre las planificaciones internas: “Justo en medio de la
crisis de los misiles cubanos, de los que tenemos muchos registros, el
presidente Kennedy y su hermano estuvieron discutiendo la amenaza de dichos
misiles y dijeron que uno de los grandes problemas a enfrentar era que los
cubanos podrían disuadirlos de invadir Venezuela si nos decidiéramos a hacerlo.
Esto fue en 1962. Estas son viejas políticas, profundamente enraizadas”.
Perfil histórico del país más terrorista del mundo
Debemos estar claros y dejar de engañarnos a nosotros mismos. EE.UU. no es
Disney, no es Hollywood, no es diversión, es Horror. Detrás del espectáculo que
penetra diariamente a nuestros hogares mediante los medios de comunicación, en
los que los chicos buenos EE.UU. cabalgan por el mundo salvando a la Humanidad,
se esconden las motivaciones más oscuras, las acciones más viles y los crímenes
más horrendos.
No debe extrañarnos que EE.UU. sea un país cuyos gobernantes y empresarios
hayan sido y continúen siendo en su mayoría un grupo de delincuentes. Pero,
¿Quién fue la madre? ¿Cuál su modelo de crianza social, político y económico?
¿De quién aprendió las malas mañas del imperialismo?
Pues, nada menos que de Inglaterra. Sí, Inglaterra el país del Rey Arturo,
ese que en los mitos es paladín de democracia, justicia, paz e igualdad; pero
que en los hechos ha sido, entre otras cosas, colonialista, opresor, terrorista,
esclavista y traficante de esclavos.
Inglaterra conquistó la China (“Guerra del opio”) en buena medida diezmando a
su población a punta de volverla adicta al opio; mantuvo a la India durante años
como colonia, adoctrinando a sus nativos, asimilándolos a su ejército y
usándolos como verdugos que ejecutaran al atroz enemigo: sus propios hermanos.
Inglaterra, la madre cuya presencia al Sur de África se hizo sentir y aún se
deja sentir, asesinó a millones de negros y a muchos otros los esclavizó para
que trabajaran en las minas de diamantes. Una madre en cuyo seno, siempre ha
considerado como a una Cenicienta a sus hijos más pobres y que a cada uno de sus
intentos por organizarse los ha aplastado, desbaratando sindicatos, persiguiendo
las publicaciones de los trabajadores.
Cuando la madre Inglaterra vino a América no envió sus naves cargadas de
chicos buenos para que exploraran las nuevas tierras y recogieran bellas
florecillas para sus patéticos reyesuelos. Envió criminales con el propósito de
conquistar, de invadir, de exterminar, en el mismo tono que lo venía haciendo su
hermana España y de lo cual da fe el testimonio de Fray Bartolomé de Las
Casas.
Aunque Pocahontas no es sino una bonita mentira, deja traslucir un fondo de
mucha verdad: el contraste entre el solitario romántico, soñador y justiciero
descendiente del Rey Arturo y la villanía y la ambición de ahijados como un
Enrique VIII, asesino de sus 8 esposas. Si un nombre merecen estos últimos, es
el de “Semillas del Diablo”. Una semilla que al esparcirse por el Norte de
América dejó regada sobre la tierra, la sangre de indígenas y de animales
muertos, a los que dejaban abandonados después de quitarles la piel, lo cual, a
la postre, era un medio para dejar morir de hambre a innumerables tribus.
Muy buenos hijos del mal dejó Inglaterra sobre nuestro continente en aquellos
días. Ellos supieron esconderse detrás de los grandes hombres que intentaron
cambiar las cosas. Mientras que auténticos hombres con valores humanistas
intentaban sembrar las semillas de la democracia, la paz y la libertad, los
hijos del mal cometían toda clase de fechorías e, igual que en Latinoamérica, su
lucha por la independencia estuvo signada por “la libertad de comercio” y no por
“La libertad del Hombre”.
En el tiempo, la táctica de esconderse detrás de hombres de valor fue
sustituida, con ayuda de la propaganda, por la de fabricar imágenes de buenos
presidentes. Ejemplo de ello es John F. Kennedy. “Un presidente amado”, cuya
familia estaba vinculada a la mafia, y quien se acreditara, entre otras cosas,
crímenes contra Vietnam y Cuba. Crímenes que los medios de comunicación de masas
se encargaron de ocultar al no mencionar una sola palabra al mundo sobre
ellos.
En congruencia con las presiones de EE.UU. sobre los medios de comunicación
de masas, estos han ocultado muchas verdades. Veamos algunas de ellas, tomadas
de la “Obra esencial” de Noam Chomsky.
La Unión Soviética no logró ser un país socialista sino por pocos meses.
Apenas surgida la Revolución Rusa en Febrero de 1917, Lenin y Trotsky se
encargaron de destruir todo signo de socialismo al tomar el poder en Octubre de
ese mismo año. Ellos llevaron hasta sus últimas consecuencias la erradicación de
cualquier forma de organización popular: consejos de fábrica, órganos de
gobierno local, la Asamblea Constituyente… Ellos convirtieron el gobierno en una
dictadura y como sistema económico adoptaron una suerte de capitalismo centrado
en el Estado. A EE.UU. no le preocuparon las barbaridades del gobierno de la
Unión Soviética, sólo comenzaron a hacerlo cuando se dieron cuenta de que Rusia
se estaba volviendo demasiado independiente y podía llegar a desintegrar todo el
sistema mundial estadounidense.
Hitler llegó al poder en 1937 con apoyo del gobierno de EE.UU. y fue
financiado por el abuelo de Bush. De hecho, EE.UU. no entró en la guerra hasta
que Japón le atacó y Alemania le declaró la guerra.
Aunque Stalin asesinó a más de 57 millones de personas en la Unión Soviética,
no encontró resistencia por parte de EE.UU. ante sus desmanes. Lo sorprendente
es que, a finales de 1948, el presidente Harry Truman describió a Stalin
como un hombre decente y honesto con el que EE.UU. podía llevarse bien. Truman
tenía un solo pero respecto a Stalin, “dejarse engañar por sus consejeros”.
Desde la madre Inglaterra vemos otro hecho sorprendente. Wiston Churchill
elogiaba a Stalin en las reuniones internas de gabinete y lo describía como un
hombre de honor y un defensor de la paz. Churchill y Truman nunca dijeron nada
respecto a los crímenes de Stalin y Hitler.
En el caso de Cuba, EE.UU. siempre aspiró anexarse la isla. Siempre la
consideró de su propiedad desde la década de 1820. Pero en aquella época no pudo
hacerlo ya que la armada inglesa se lo impidió. Finalmente lo logró, pero en
Enero de 1959 en Cuba tuvo lugar una revolución nacionalista popular. En 1960 el
gobierno estadounidense tomó la decisión de derrocar a Castro, y aquí hemos de
hacer notar que EE.UU. en ese momento consideraba a Castro como un
anticomunista. Castro no pidió apoyo a Rusia hasta Mayo de 1961, es decir,
después de que EE.UU. rompiera relaciones diplomáticas con Cuba en Enero y
patrocinara un intento de invasión militar en Abril. La verdadera razón de la
invasión a Cuba fue que esta se estaba volviendo un país demasiado independiente
y no el que fuera un gobierno comunista.
En palabras de Chomsky: “Poco después de su ascenso a la presidencia en 1961,
John F. Kennedy lanzó una campaña terrorista contra Cuba que no tiene ni
remotamente comparación en la historia del terrorismo internacional: la
operación Mongoose” (p. 184).
En Febrero de 1962 EE.UU. implantó un embargo con efectos realmente
devastadores para la población cubana. Sin embargo, a pesar de ello, con el
apoyo de Rusia, que entre otras cosas contribuyó a que EE.UU. no invadiera la
isla, el gobierno cubano logró una serie de victorias para la población. Entre
ellas, conquistó un nivel óptimo de atención sanitaria que, incluso, no sólo
llegó a ser superior al de EE.UU., sino que, además, permitió enviar decenas de
miles de médicos para atender a poblaciones del Tercer Mundo. Algo realmente
intolerable para EE.UU.. De modo que, para ponerle “remedio” a esta situación
“intolerable”, en 1992, el demócrata, Robert Torricelli, propuso al
Congreso intensificar el embargo existente a la isla, lo que quería decir más
racionamientos para sus habitantes, introduciendo la “Ley por la Democracia
Cubana”, la cual se hizo efectiva durante el gobierno de Bill Clinton. Desde
luego, los resultados no se dejaron esperar: el sistema sanitario colapsó, la
desnutrición y la mortalidad infantil van en aumento y las condiciones generales
de salud van en detrimento. Agregue ahora las medidas de Bush contra Fidel e
imagine qué va a pasar allí.
¿Qué ocurre cuando EE.UU. lucha por la democracia de un país o cuando
supuestamente le presta ayuda?
Según nos relata la historia y de manera invariable, en ambos casos surge una
inmensa cantidad de víctimas entre la población civil. La tal ayuda nunca se
traduce en bienestar para la población, generalmente va en su detrimento y se
acompaña de numerosas protestas, pues suele aumentar el desempleo, la inflación,
la hambruna, el índice de mortalidad infantil…. Por favor, lea la obra “EL
malestar en la globalización”, de Joseph Stiglitz, premio Nobel de economía y ex
vicepresidente del Banco Mundial, allí podrá hallar en detalle qué significa en
verdad la “ayuda económica” de EE.UU..
Un caso evidente de supuesta ayuda es el Plan Colombia. Desde que EE.UU.
decidió “luchar contra el narcotráfico”, aumentó el número de paramilitares en
Colombia y en correlación aumentó el número de víctimas civiles.
EE.UU. apoya sólo a aquellos gobernantes cuya conducta se encuentre dentro
del marco de su definición de Democracia, Libertad, Seguridad Nacional y Libre
Comercio. De allí que apoye a gobiernos terroristas como el de Sharon en Israel
o haya apoyado a dictadores como Sadam Hussein y Carlos Noriega, mientras que ha
destruido democracias como la de Haití.
En 1990 Jean-Bertrand Aristide gana las elecciones, entre otras cosas gracias
a la organización campesina, y a dos meses de las elecciones su régimen comienza
a ser un éxito, pero para los ojos de EE.UU. se trata de un país “peligroso”
debido a que “estaba obteniendo apoyo de instituciones de crédito
internacionales, estaba recortando la burocracia y empezó a poner orden en el
país tras décadas de corrupción, y abusos por parte de la dictadura familiar de
Duvalier respaldada por EE.UU.…” (Chomsky, p. 192).
Haití se estaba volviendo un país demasiado “democrático e independiente”, de
modo que EE.UU. comenzó a debilitar al gobierno de Aristide, recortando las
inversiones y la ayuda. En Septiembre del 91, bajo el auspicio y apoyo de
EE.UU., Aristide es derrocado por los propios militares haitianos, tras lo cual,
EE.UU. en lo teórico hizo el teatro de oponerse a la dictadura e impuso un
embargo a la isla, mientras que en lo práctico, tal cosa nunca existió. De
hecho, tras un “ajuste fino”, durante el gobierno de Clinton, el comercio
estadounidense con la isla aumentó en un 50%.
El papel de los militares haitianos consistió, entre otras cosas, en asesinar
a los líderes de las organizaciones populares e intimidar a la población, luego
de lo cual, obtuvieron una amnistía total y llenos de dinero se fueron a vivir
al sur de Francia.
Estrategias para impedir la independencia de las
naciones
El principal objetivo de EE.UU. es impedir que las naciones logren su
independencia. Cualquier gobierno que esté con el Pueblo y sus necesidades,
intente mejorar sus condiciones de vida y quiera diversificar su producción, es
visto con malos ojos desde Washington. A partir del momento en que su gobernante
anuncie sus intenciones al mundo, no tardará mucho en que algún representante de
la Casa del Águila rapiñera aparezca ofreciendo declaraciones como: “No estamos
contentos”; lo que significa: “Temblad simples mortales. O siguen como estaban o
ya saben”. Junto a ello, los medios de comunicación comenzaran rápidamente una
campaña de descrédito económico: “El país no es seguro para invertir, no ofrece
garantías, el presidente los llevará a la ruina…”.
Si los simples mortales deciden seguir intentando su independencia, EE.UU.,
entonces, utiliza alguno o algunos de los diversos métodos disuasorios que
aplica rutinariamente para derrocar a los gobiernos: invaden al país con sus
tropas, como lo hicieron en Vietnam o en Irak. Introducen “contras” como
hicieron en Nicaragua. Desembolsan dinero para armamento y prestan asesoramiento
y ayuda militar con alguna excusa como el narcotráfico, que es el caso de
Colombia. Producen golpes militares como en Argentina, Chile, Haití y Venezuela.
Se apoyan en Estados terroristas como Israel para controlar y/o crear
inestabilidad en los países vecinos. Matan a los políticos nacionalistas si
tienen probabilidades de ganar las elecciones de su país como ha ocurrido en
Colombia y producen golpes económicos a través de embargos, fuga de capitales,
desinversión o imposiciones del FMI y el BM.
Es importante que grabe y entienda esto: .El objetivo de los golpes de Estado
o de las invasiones de EE.UU., no tienen nada que ver con la democracia, la paz,
la libertad, seguridad de Estado o algunas de sus excusas estereotipadas como su
lucha contra el comunismo, el facismo o el terrorismo. EE.UU. es el principal
país terrorista del mundo (lea, por ejemplo, “El terror como política exterior
de EE.UU.” de Noam Chomsky) y dedica una cuantiosa cantidad de su presupuesto al
sector militar, presupuesto que no puede justificar si no hay “amenaza”, si no
hay guerra. Para más, las mayores ganancias para su economía interna provienen
de la industria de armamentos y del petróleo.
EE.UU. ha apoyado indistintamente a gobiernos nazi, fascistas, terroristas,
dictaduras, genocidas, racistas…, eso es indiferente. Para EE.UU. lo importante
es mantener la hegemonía económica y que los países estén alienados, perdón
alineados y subordinados a sus ideas de “libre comercio”.
Si se revisa con cuidado la historia, a lo que siempre se ha opuesto EE.UU.
es a la independencia económica de los pueblos y cuando intervienen directa o
indirectamente, los blancos no se limitan exclusivamente a los supuestos
“portadores del mal”, es decir, militares y activistas políticos nacionalistas.
No, el blanco más atacado es siempre la población civil, a la cual, aterrorizan,
persiguen y torturan bajo cualquier pretexto, someten a pasar hambre y masacran,
como estamos viendo actualmente en Irak o en Colombia bajo la mirada
complaciente de la clase económica y un sector de la clase política.
¿En qué sector se concentra el poder?
Alrededor del mundo, la mayor concentración del poder no se encuentra en mano
de los Pueblos, sino fundamentalmente en el sector económico.
Si analiza en detalle lo expuesto anteriormente e investiga un poco, lo que
empieza a emerger es que el poder que maneja todas las situaciones antes
descritas en los diferentes países, no es esencialmente el poder político, sino
el poder económico, es decir, los grandes consorcios económicos, las
transnacionales y, en menor escala, los monopolios y oligarquías nacionales.
El sector económico domina al sector político, bien sea directamente a través
de sus miembros destacados en los cargos políticos, como es el caso actual de
EE.UU., país cuyo gobierno está integrado por un gabinete “petrolero”: George W.
Mala Hierba (Bush traducido al español significa “mala hierba”, “maleza”) and
Company; o bien sea, indirectamente, manipulando a los partidos que han impuesto
en el gobierno, manipulando la opinión pública durante las campañas electorales
y colocando a sus ahijados en puestos claves: ministerios de economía, bancos
centrales…, como hizo el sector empresarial en Venezuela entre 1959 y 1999.
La manipulación consiste en el chantaje de manipular la “opinión pública” a
través de los medios, pues es el poder económico quien los controla o posee y el
que está en capacidad de crear imágenes favorables o desfavorables. Igualmente,
también está en capacidad para crear situaciones económicas ficticias como
producir desempleo, desabastecimiento, inflación, devaluaciones, quiebras…
El poder real está en el sector económico porque los ricos son quienes mueven
el dinero, son ellos quienes toman las decisiones sobre qué se produce o no, en
qué cantidad, qué podemos consumir, en qué se va a invertir, cuál va a ser la
tasa de empleo, o mejor dicho, de desempleo y a quiénes y cómo les va a llegar
la mercancía, pues controlan la mayor parte del transporte. No en balde, se dan
el lujo de decirnos: “o nos mantienen contentos a los ricos o aténganse a las
consecuencias”.
Un detalle muy importante sobre lo apenas dicho es que el poder económico se
oculta y cubre las espaldas poniendo al frente del espectáculo a los políticos,
los cuales para ellos tiene la ventaja de servir de “chivos expiatorios”, cuando
debido a su irresponsabilidad las cosas andan mal.
“La culpa es del presidente”. ¿Recuerda que en Venezuela entre 1959 y 1999,
los venezolanos culpamos de todos los males a todos y cada uno de los
presidentes y partidos políticos? En proporción, ¿cuántas veces los ciudadanos
comunes asociamos directamente los desastres económicos con los consorcios
nacionales o internacionales? ¿Cuántas veces asociamos a los corruptos políticos
con los corruptores del sector empresarial? ¿No es cierto que los corruptores
casi siempre quedaban a la sombra y con frecuencia Fedecámaras aparecía como la
gran salvadora? Tal vez recuerde la quiebra de bancos privados porque fue mucha
la gente afectada y la publicidad que se le dio; o tal vez recuerde que Viasa
quebró a causa de su privatización a manos de Iberia, o CANTV a manos de una
empresa telefónica española; pero cuántas veces hablaron los medios de
comunicación sobre el saboteo directo a la pequeña y mediana industria, a los
pequeños agricultores, ganaderos, pescadores… que fueron disuadidos por las
mafias nacionales o internacionales de abandonar sus actividades a través del
asesinato, el secuestro, la amenaza, el terror… Nunca. Si lo hicieron fue para
decir que: “la culpa era del gobierno y de su ineptitud”.
EE.UU. ha propiciado Golpes de Estado en Venezuela
Los hechos del 11 de Abril del 2002, no constituyen la primera vez que EE.UU.
ha propiciado y apoyado un golpe de Estado en Venezuela. Al mirar
retrospectivamente nuestra historia, vemos que a comienzos del siglo pasado
fuimos escenario de un golpe petrolero, que se transformó en guerra abierta
durante tres años, la cual fue bautizada como “Revolución Libertadora”. En
aquella ocasión, la General Asphalt de Londres quería apoderarse del lago de
asfalto de Guanaco y de los yacimientos petroleros del Estado Sucre, pero
Cipriano Castro ganó la batalla en el campo y en los tribunales
internacionales.
A pesar de haber ganado la batalla, las transnacionales petroleras con apoyo
de las potencias europeas volvieron al ataque y en 1908, EE.UU., bajo el
gobierno de Roosevelt, intervino decisivamente en el golpe de Estado de Juan
Vicente Gómez contra Cipriano Castro, ocasión en que enviaron a La Guaira 3
acorazados de la Marina de Guerra para asegurarse de que el futuro dictador se
hiciera del poder y hacer así muy buenos negocios con el patrimonio nacional.
Este fue el comienzo de la meritocracia petrolera. El Dr y General Antonio Matos
“devolvió las posesiones reconquistadas a sus dueños de afuera”.
Posteriormente derrocaron a Rómulo Gallegos cuando la fuerza de la Federación
de Trabajadores petroleros comenzó a hacerse sentir de forma molesta para las
compañías petroleras de EE.UU.. Volvieron a la carga, propiciando y apoyando el
golpe de estado contra Pérez Jiménez el 23 de Enero de 1958, debido a sus
inclinaciones nacionalistas e ideas de independencia económica; y, una vez más,
los chicos buenos de la Casa del Águila rapiñera, han vuelto al ataque desde que
Chávez asumió la presidencia (PDVSA y El Golpe. Varios autores).
¿Por qué el imperio querría derrocar a Chávez? El intento de golpe de Estado
ocurrido en Abril del año pasado, coordinado y auspiciado por el imperio no
tiene nada que ver con que Chávez sea o no castro comunista, un tirano o
mandinga (el diablo) en persona.
Como ya vimos en el resumen de la historia de EE.UU., lo que les importa es
la rapiña, lo que les importaba y sigue importando es asegurarse nuestro
petróleo a muy bajo precio. Y el golpe del año pasado fue un Golpe
Petrolero.
En general, ven a la OPEP como una molestia para sus aspiraciones de petróleo
por nada, de allí que con la excusa de los acontecimientos del 11 de Septiembre
del 2001 y la supuesta guerra contra el terrorismo, el emperador Mala Hierba se
propone en realidad destruir a la OPEP, “Sangre por petróleo”, lo más pronto
posible.
Ya destrozaron a Afganistán e Irak, pronto se ve venir el ataque a Irán. En
el Caribe están moviendo sus piezas, ya cuentan con un Israel en América,
Colombia. Tienen bases en Panamá, Ecuador y Colombia, pronto invadirán a Cuba y
si en Venezuela no logran derrocar a Chávez a través de los terroristas
venezolanos, no es de extrañar que usen la intervención militar, lo que no debe
estar muy lejos, pues Mala Hierba, entre sus rasgos de Desorden de Personalidad
Antisocial más notables, deja ver la impaciencia y su incapacidad para ajustarse
a las normas sociales (Lea el análisis psiquiátrico que hace la Dra. Carol
Colman, en el artículo para Conspiracy Planet (EE.UU.), del 09/05/2003,
titulado: ¿Está loco el presidente?).
Un golpe petrolero para este "pain in the ass"
Que “Chávez is a pain in the ass”, deben haber sido palabras que han
retumbado con frecuencia en las paredes de la Casa del Águila rapiñera. El
emperador Mala Hierba, debe haber perdido muchas veces la paciencia y hasta
podríamos imaginarlo tirando objetos por todas partes, mientras sus secuaces,
perdón, asesores, lo persiguen con alguna pastilla y una taza de tilo para que
se calme.
¡Cómo se le ocurre al negrito ese, visitar los países miembros de la OPEP sin
mi permiso! ¡Estoy muy disgustado! ¡Cómo se le ocurre meter las narices en
nuestra PDEE.UU.! ¡Esto es infame, hay que acabarlo a él y a todos los
revolucionarios!
¡Está muy claro, muy claro! El negrito ese, y te advierto, no me mires así
Collin, nos está echando a perder el tinglao de la globalización, nuestros
bellos planes de libre comercio. Se ha convertido en un obstáculo para la
implementación del Plan Colombia y nuestro plan de adquirir el control de los
recursos de la Amazonia, está proponiendo el ALBA en lugar del ALCA, está
ayudando a que los cubanos no se mueran de hambre, está estrechando lazos con
Brasil, Argentina, Chile… ¡My God. Ese hombre es Mandinga! ¡Is a pain in the
ass!
Well, ¿Qué pasa con la CIA? ¡Imbéciles! ¿No dijo Cisneros que dar un golpe de
Estado en Venezuela y matar a Chávez era pan comido? ¿Para qué gastamos tanto
dinero en la Escuela de las Américas, adoctrinando a oficiales venezolanos, si
después ni siquiera supieron mantener el poder? ¿Quién fue el tarado que
contrató a los francotiradores del 11 de Abril? No mataron a más de 10 personas.
¿No y que teníamos el control de PDEE.UU.? ¿No y que en Venezuela la gente era
bruta? Según dijo Mary Anastasia O´Grady en el Wall Street Journal, ¿no y que
eran tan retardados mentales que eran incapaces de diferenciar una torre de
petróleo de un cactus? Entonces ¿Cómo pusieron a funcionar de nuevo a
PDEE.UU.?
Si no somos exitosos corremos el riesgo de fallar. ¿Qué clase gabinete tengo?
¡Tienen que darse cuenta que la gran mayoría de nuestras importaciones
petroleras vienen del exterior! Así que, cuando acabemos con Irán y Cuba,
Collin, vamos a por Venezuela. ¿Te queda claro? ¿Muy claro?
(*) Psicólogo clínico
dgrosso@cantv.net