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¿Por qué sigo creyendo en el Proceso?
Por: Angel Eekhout.
Fecha de publicación: 02/06/03
imprímelo mándaselo a
tus panas
Hace algunos días observaba una película en la televisión y en ella, en el drama que vivieron los judíos en su viaje a la tierra que según sus creencias les estaba prometida, pude comprender el por qué de mi fe en esta revolución. Cómo se puede creer en algo que aun no es tangible, que no sabemos si va a tener futuro, si va a lograr sus objetivos, si va a cubrir las esperanzas de tantos miles de venezolanos que han visto pasar su vida en el más absoluto abandono por parte de todos los gobiernos que pasaron -¿o disfrutaron?- por el Poder.

Son tantos y tantos los problemas que enfrenta esta Revolución, que llega a causar la desesperanza en el pueblo humilde el ver como casi todo permanece igual. Como los antiguos ladrones permanecen en sus posiciones de poder, como siguen manejando entes del estado que son cruciales para el desarrollo de la población, como manejan el Poder Judicial, como pueden obstruir la educación de nuestros hijos, como pueden encarecer y acaparar los alimentos, como pueden destruir la salud pública, como se apoderan de las calles y traen el caos al transito, como pueden impunemente atacar una embajada acreditada en el país, ver como pueden los extranjeros golpistas actuar sin ningún rubor, a la luz pública, contra el legítimo gobierno del país, como pueden asesinar a los campesinos para sembrar el terror e impedir la ley de tierras que adelanta el ciudadano Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Chávez. En fin, podemos ver como adelantan acciones golpistas, amparados por la embajada de EEUU y su gobierno intervensionista y fascista y, sin embargo, no sentimos la respuesta de la justicia venezolana.

No hay lugar en el mundo como el nuestro. En ningún otro pueden pasearse por las calles un número tan alto de delincuentes, y no me refiero a aquellos que roban una gallina, una bicicleta o un carro. ¡No! Me refiero a los asesinos que atentaron contra una democracia, que asesinaron a un pueblo indefenso, que asaltaron el dinero del estado durante años, que se apoderaron de PDVSA y la usaron como si fuera su negocito particular; me refiero a los que usan cuerpos policiales como si fueran su ejército privado; a los que toman las plazas y los espacios públicos como si fueran propiedad de las clases altas y prohibidas a las humildes; a los que injurian a todos amparándose cobardemente en una mal llamada “libertad de expresión”; a los que han logrado sembrar la incertidumbre y el temor en una gran cantidad de inocentes venezolanos y envenenar a aquellos que por desconocimiento les creen; me refiero a aquellos traidores a la patria que, valiéndose del dinero que robaron durante sus gobiernos, salen al extranjero a desacreditar a su propio país; a aquellos que usaron las armas, y el uniforme que les dio el pueblo venezolano para que defendieran el país, en contra del que debían defender; me refiero a aquellos que no se conforman con haber robado miles y miles de hectáreas de tierra y ahora asesinan a venezolanos negándoles el derecho a un sitio donde trabajar y tener a su familia.

¿Por qué tengo tanta fe? ¿Por qué sería capaz de dar hasta la vida por este proceso? Porque viene otra generación. Porque mas adelante vienen mis hijos y los tuyos. Porque no puedo dejarles como herencia mi temor, mi miedo, mi miseria. Porque quiero dejarles un país digno, hermoso. Porque quiero que tengan salud, alimentos, hogar, educación, patria, honor, orgullo. Porque quiero que ellos sean felices y por eso yo soporto cualquier prueba del presente que me tocó vivir a mi.

Yo, como venezolano, necesito tener fe en el triunfo de esta revolución, necesito creer en el sueño de una patria bonita porque a mi edad y en las condiciones por las que atravieso, gracias a los terribles gobiernos de la cuarta república, es lo único que estoy en condiciones de dejar a mis hijos y nietos. Se que no lo lograré viendo como otros la construyen, es necesaria mi participación, mi aporte, mi lucha.................. y la tuya.
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Angel Eekhout.


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