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¿Hacia quién se dirigirán realmente los insultos que le profieren al presidente de la república? Esta pregunta parece tan sencilla que cualquiera me pudiese decir, “a quien más estúpido, al presidente”, por parecerse a aquella pregunta de nuestra infancia, “¿de qué color era el caballo blanco de Simón Bolívar?”, una pregunta, que para no decir más, pareciera que lleva en sí misma el sello del pleonasmo y la curiosidad del “perfecto idiota latinoamericano”. En fin, esta interrogante no es tan obvia como parece.
Pero cuando hablo de insultos no me refiero a las sonoras mentadas de madres que se dejan escuchar ahora en los programas de televisión, y que son aplaudidos por los moderadores que se sienten interpretados en sus deseos reprimidos. Me refiero más bien a las propagandas disfrazadas de información y a los comentarios hechos sin aparentes malas intenciones.
Esta interrogante viene otra vez a mi mente mientras veo esta semana un programa matutino donde están hablando de los Mercal y el mismo moderador suelta esta expresión, “esa comida que le vende Chávez a la gente en los Mercal, no la comen ni los perros”, mientras ponen a una señora de tez oscura a cocinar con esa comida, para demostrar lo que acaba de decir...
En ese, momento vuelven a agolparse las interrogante en mi cerebro. ¿Cómo se sentirá la gente que fue a hacer su mercado de la semana allí? ¿Esa afirmación iba dirigida al presidente o a los que hacen su cola muy estoicamente para comprar sus productos un poco más baratos? ¿Será que este señor dice lo que dice con el convencimiento de que quienes compran en los Mercal ni se van a enterar porque ellos no ven su programa? ¿El insulto de decirles menos que perros será porque no ven sus programas o porque compran en los Mercal?
Después de reflexionar un poco con estas preguntas me doy cuenta de que la bronca de esta gente no es con Chávez, ni siquiera contra lo que ellos mismos han llamado el chavismo, sino contra un pueblo que se ha atrevido a querer darse un destino a sí mismo, un pueblo que ha estado postergando sus esperanzas desde la independencia y que ahora se ve encarnado por un proyecto en marcha.
Y yo sigo convencido que el problema para ellos no es Chávez, porque éste es sólo una persona y si estuviese sólo o lo endulzan o lo apartan del camino, pero ahora se han dado cuenta de que hay un pueblo dispuesto a respaldar este proceso de cambios y a sostenerlo a como dé lugar, como lo demostraron el 13 de abril de 2002.
Por eso, antes los ataques se dirigían sólo al presidente y le decían negro, indio, verrugoso y otros etcéteras por el estilo y de esta forma le disparaban por mampuesto a la base social que mantiene a Chávez en la presidencia.
Desde hace aproximadamente dos años, cuando se convencieron de que no podían con el proceso de cambios, comenzaron con los insultos más directos contra el pueblo y lo empezaron a llamar hordas (El Nacional), feos y negros (Ibeyise Pacheco), desdentados e ignorantes (Orlando Urdaneta) y otro rosario de insultos contra la gente que quizás una vez votó por lo que ellos representan, pero que se niegan a volver al pasado y por lo tanto lo insultan a ver si de nuevo vuelven, extraña ecuación ésta, ¿no?
Estos agravios directos a la población se pronuncian a diario en los programas de opinión, reportajes y noticiarios, y lo hacen las personas que en teoría deberían tener mucha responsabilidad al emitir sus opiniones, como el editor Rafael Poleo que dijo el 12 de abril del año pasado, que, según él, a los actos de Chávez no iba nadie, “a los actos de Chávez sólo iban las meretrices y los borrachitos de la Avenida Baralt”. Lo que en el momento me hizo saltar de mi asiento y empezar a sospechar de mi madre, que a pesar de su avanzada edad, no se perdió ningún acto del chavismo en ese mes.
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