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De la esclavitud a la libertad
Por: José Del Grosso (*)
Fecha de publicación: 26/05/03
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La felicidad sólo puede ser hallada en nuestro interior. La libertad es la única meta valiosa en la vida. Se obtiene cuando hacemos caso omiso de aquellas cosas que están más allá de nuestro control. No podemos tener un corazón alegre si nuestra mente es un lastimoso caldero de temores y ambiciones.

Epicteto

  La idea de libertad no es nada nuevo. Durante siglos, mujeres y hombres han luchado por ella y, sin embargo, hoy, a comienzos del siglo XXI, parece un anhelo muy lejano de la Humanidad y ello, debido 1) a las aspiraciones imperialistas de USA de esclavizarnos a todos (no se trata de propaganda comunista para que nos asustemos, se trata de tomar consciencia de las acciones concretas que viene llevando a cabo dicho país para lograrlo), 2) al desconocimiento de las formas sutiles de cómo somos esclavizados, 3) a la más amplia variedad de reacciones ante la posibilidad de ser libres y, 4) quizá la más importante, el desconocimiento de lo que es en sí y en que consiste la libertad.

  Es imposible liberarse de una condición perturbadora si se la desconoce. No se puede lograr una meta si no se tiene pleno conocimiento de aquello que en verdad se quiere lograr. Lo que quiero decir es que de nada valen nuestros más extraordinarios análisis, deducciones, explicaciones y diagnósticos si una vez hecho todo esto, nos planteamos unas metas ambiguas.

  Esto de definir de la manera más exacta posible lo que son la esclavitud y la libertad es vital, especialmente debido a que ambos son términos muy escurridizos, que involucran tanto un nivel observable como un nivel subjetivo, que es mucho más amplio y difícil de detectar.

  Cuando hablamos de luchar y lograr la libertad, ¿de qué estamos hablando, especialmente cuando se trata de la libertad del colectivo humano y no sólo de su libertad individual o de la mía?

  Si somos responsables, también deberíamos preguntarnos: ¿Hasta que punto, usted y yo somos verdaderamente libres en lo teórico y en lo práctico para no transmitir elementos internalizados de dependencia a los demás? ¿Hasta qué punto la gente está dispuesta a ser libre? ¿Hasta qué punto la gente está capacitada para ser libre? El nivel de capacidad de la gente, ¿me autoriza a ejercer la patria potestad sobre aquellos que por el momento estén en desventaja para ejercerla?

  Debemos meditar sobre ello y hallar respuestas válidas y satisfactorias para todos, pues de lo contrario la Humanidad nunca saldrá del plano de ambigüedad existente que, no sólo nos ha mantenido divididos, sino que, además, creyendo que luchamos por la libertad, nos ha conducido a defender e institucionalizar ciertos aspectos de la esclavitud y a repudiar ciertos aspectos de la libertad.

La libertad es ser/siendo

  La libertad es dejar nacer el verdadero ser/siendo que existe en cada uno de nosotros, es decir, lo más auténtico que hay en nosotros y que ha sido llamado el Yo verdadero, el Alma, el Maestro interno o Guía interior.

  La libertad está íntimamente vinculada al control. Libertad y control no son dos cosas de naturaleza diferente, sino que forman un continuum de una misma clase, igual que lo hacen el amor y el odio, el frío y el calor.

  Este continuun libertad/control es parte de nuestra naturaleza y no sólo tiene que ver con nuestra individualidad, sino también con nuestras relaciones interpersonales y con la madre naturaleza.

  Cuando entendemos por libertad hacer lo que nos da la gana, en realidad no somos libres, porque ello significa no ser dueños de nosotros mismos, sino ser gobernados por automatismos: impulsos, contenidos del inconsciente, hábitos, reacciones, condicionamientos, temores, expectativas… En este sentido la única forma de ser libres, es decir, de ejercer nuestro ser/siendo, es despertar nuestra consciencia para ver lo que hay de auténtico en nosotros mismos, saber cómo y qué estamos pensando, conocer a quién sirve nuestro pensamiento (intereses egoístas propios o de otros), evaluar las situaciones con amplitud y, siendo sinceros con nosotros mismos, tomar decisiones, actuar y asumir responsablemente todos nuestros procesos.

  En las relaciones interpersonales y sociales el hacer lo que me da la gana o lo que es lo mismo, declararme en rebeldía para supuestamente proteger mi libertad y autonomía, tampoco significa libertad, pues significa arbitrariedad de mi parte, dejarme llevar por la malcriadez y poner mi voluntad en manos de esta. Ese mismo “yo hago lo que me da la gana” en relación a la naturaleza, significa una inconsciencia que la daña y nos perjudica a todos, tal como se evidencia en nuestra manera de industrializarnos: destruyendo bosques, matando animales, contaminando el aire, los ríos, lagos, mares…

  Dentro de la relación libertad/control, una manera de ser infeliz y esclavizarse es asumir los debería como una prioridad de nuestras vidas y anteponerlas al ser/siendo.

  Los debería implican incapacidad para aceptarse a sí mismo, para aceptar a las personas y las cosas como son, buscar la manera de que se conviertan en aquello que imaginamos como lo más conveniente y controlarlas para que actúen como si ellas son así, lo cual en el fondo no revela sino un gran temor de nuestra parte a que las personas y las cosas no nos satisfagan, o a que en su expresión verdadera de ser/siendo nos puedan hacer daño, o a que en su libertad de ser/siendo vuelvan un caos todas las cosas y nos perjudiquen. ¿No ha pensado en la armonía que existe en la naturaleza sin necesidad de nuestra intervención? ¿Ha pensado en que con frecuencia cada vez que intentamos cambiar la naturaleza y dominarla hacemos un desastre?

 En esta incapacidad para aceptar el ser/siendo natural del universo, y volcados hacia los debería, nos inclinamos hacia el control de…, nos volvemos esclavos del miedo, de nuestras expectativas y deseos. Y todo ello se vuelve un círculo vicioso, una rueda que nunca se detiene y que, al cegarnos, dejamos de ser realistas y luchamos prácticamente en contra del mundo.

  El problema está en nosotros, lo creamos a través de nuestras interpretaciones y lo mantenemos mediante los debería y el intento fallido de querer cambiarlo todo.      Esta situación comienza en el hogar, en el intento por educar a los hijos, en la propia relación de pareja y se extiende en los “debería” y “obligaciones religiosas, los “debería” impuestos por las ideologías económicas y políticas y hasta en los “debería” de las teorías psicológicas y sociales, que nos atrapan y nos conducen al establecimiento de reglas de conducta, las cuales tienen por principio el suponer que no podemos confiar ni en nosotros mismos, y que debemos vigilarnos y vigilar al vecino.

  En las relaciones sociales, el miedo y la actitud antes señalada, nos llevan directamente al control del otro, a irrespetarlo, a la enemistad, al odio y resentimiento mutuo, a luchas de poder, a la desconfianza mutua, al maltrato, a dividirnos en buenos y malos, justos e injustos; a marginar, a castigar, al trato cruel y despectivo, a la tiranización recíproca, a un intentar ubicarse y encaramarse arriba del otro.

  “Tengo que estar en pie de guerra contra mí mismo, los demás y la naturaleza, que nos hacen daño, que nos controlan y perjudican” y bajo esta premisa, que no es otra cosa que el miedo más puro y bien oculto, dejamos de ser/siendo y nos movemos al antojo del titiritero: el miedo.

  Si presta atención a los medios de comunicación, se dará cuenta de que a través de la propaganda se nos manipula usando nuestro miedo, nuestros deseos, necesidades, aspiraciones, ambiciones, expectativas y ansiedades, los cuales suelen ser contenidos psicológicos inconscientes que no manejamos. Manipulando todo lo anterior nos dicen: “para satisfacer sus deseos, necesidades, aspiraciones, expectativas, ansiedades y vencer el miedo, debe hacernos caso a nosotros, a los que sabemos. Debe usar X, hacer esto, pensar T, sentir Y, para atraer al sexo opuesto, tener éxito, ser un ganador, ocupar un puesto en la sociedad…”. Pero, ¿a qué precio? Al de ser alguien que no es usted. Ellos también nos dicen: “Hágale caso a los que nosotros decimos que saben: políticos, oligarcas, curas, científicos, expertos; pues usted nada sabe”. Y todo ello lleva implícito un mensaje subliminal: “De por sí, usted es un perfecto inútil, un incapaz, no crea en usted mismo, no tenga fe en sí mismo”. 

  No crea que el tirano goza de libertad y es feliz. Creo que ya se habrá dado cuenta de que es la primera víctima de esta actitud controladora, vigilante, paranoica, obsesiva, compulsiva, de inestabilidad emocional.

  El tirano, siempre amargado, siempre insatisfecho, en mayor o menor grado, necesita siempre de alguien, de una víctima que juegue el papel complementario, pues no puede tiranizar en el aire. Y si reflexiona un poco más, notará que tirano y tiranizado se chantajean. Quien hace el papel de tirano puede decirle al tiranizado: “Te dejo en libertad a ver si eres capaz de sobrevivir sin mí”; y el tiranizado que no ha asumido la responsabilidad de su vida y no ha aprendido a ser/siendo probablemente acepte el chantaje. Pero el tiranizado también puede decir; “te dejo sólo, a ver quién eres sin mí”. En el fondo se trata de dos incapaces.

  La libertad está en nosotros mismos. Repito, en tener consciencia de nosotros mismos, en conocernos, saber cómo, por qué, para qué, cuándo y dónde percibimos, pensamos, sentimos y actuamos de ciertas maneras. Necesitamos saber cuáles son nuestros temores, expectativas,  anhelos, motivaciones secretas, vanidades, la imagen que tenemos de nosotros mismos, fantasías más íntimas, necesidades y hacer nuestro el miedo para convertirlo en aliado, aceptar al mundo, a las personas y a nosotros mismos como somos/siendo. Requiere de nuestro manejo consciente de la relación libertad/control  y de entender que no somos islas independientes del mundo y de otros seres, sino que somos todos seres co-dependientes, que nos afectamos recíprocamente de manera constante.

  La Libertad exige que confiemos en nosotros mismos y no dependamos de ninguna ideología, que no confundamos el mapa con el territorio y no nos tomemos el mapa como algo real, vital, personal. No podemos permitir que las ideologías, además, enmarquen nuestro pensamiento y lo limiten, pues ello equivale a permanecer eternamente en un hueco.

  Precisamente por lo anterior, debemos prestar mucha atención a las pretensiones de USA de ser un modelo mundial de economía, justicia, paz, libertad y democracia, pues resulta que, en realidad, son un antimodelo de todo lo mencionado y un atentado contra la libertad de sus propios ciudadanos y del resto de la Humanidad (ellos poseen la deuda externa más grande del planeta, alrededor de 50 millones de sus habitantes viven en pobreza extrema, cerca de 60 millones son analfabetas… y como todos sabemos, su intervención en otros países siempre se traduce en destrucción, hambre y miseria).

(*) Psicólogo clínico
dgrosso@cantv.net

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José Del Grosso (*)


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