La elección en la Asamblea Nacional de los rectores del CNE está
mostrando muchas cosas. En primer término, la oposición está fragmentada. Cada
cual se mueve de acuerdo a sus intereses particulares y tratando de torpedear a
los demás grupos escuálidos. Salas Römer y Miquilena están agavillados contra el
Opus Gay que controla la Coordinadora DemoKKKrática. A la familia Caldera y los
restos de su capital político, dilapidado por la ineptitud de Juan José, no le
quedó más palo donde ahorcarse que Proyecto Venezuela, pues en Copei no quieren
ni verlos y son demasiado viejos para integrarse con los efebos de Primero
Justicia. La jugada de Miquilena y el viejo Salas es que la escogencia recaiga
en el TSJ donde ellos son dueños de varios “honorables” magistrados, de la
calaña de Franklin Arriechi o Mostafá Paolini. De esa forma, dos grupitos que
sumados llegan a media docena de diputados, pueden tener una cuota importante si
logran sacar la elección de su escenario natural.
Hablando de magistrados “honorables”, Franklin Arriechi,
aspirante a presidir el máximo tribunal, afirmó que la Asamblea Nacional no
tiene facultades para aprobar la ley del Tribunal Supremo de Justicia y que ello
corresponde al citado tribunal. Es uno de los rebuznos más rotundos de la
vergonzosa historia judicial criolla. Resulta ahora que el TSJ tiene facultades
legislativas, mientras que la Asamblea no. Es increíble que Tobías Carrero haya
tenido un lacayo tan ignorante.
Las manifestaciones del jueves en apoyo a los canales de
televisión daban vergüenza ajena. La verdad es que el chavismo ha debido
mandarles dos docenas de personas, para de esa forma duplicar la asistencia a
esas concentraciones. Frente a Conatel había menos de 50 personas, en su mayoría
viejas. En Puerto La Cruz no llegaba ni a la mitad de Caracas. Y eso con todas
las emisoras de radio y televisión incitando a acudir a ellas, “informando”
sobre estas microconcetraciones y presentándolas como algo numéricamente
respetable.
Precisamente por lo ridículas que les salen las
concentraciones la oposición está buscando muertos a como dé lugar, matándolos
ellos mismos si es preciso. Necesitan violencia, pues la gente les abandonó,
incluyendo a los antichavistas de a pie, que no creen en esos farsantes
desunidos, peleados entre sí, con ambiciones personales y de grupos sexuales
pero que, sobre todo, llevan años mintiéndoles con eso de que Chávez cae de un
momento a otro. La gente, incluso el ciudadano opositor, están hartos de la
violencia extrema, de las mentiras reiteradas, de los abusos, de ver a alcaldes
y gobernadores politiqueando mientras mantienen en el abandono sus municipios y
estados. Por eso quieren provocar muertos. Están sedientos de sangre a ver si
así la gente se reanima y sale a la calle. En ello se inscribe la maniobra adeca
de un mitin en Catia, que hasta su nombre implica término violento: reconquista.
Y los adecos van a asesinar a su propia gente. Henry Ramos tiene la plata para
ese crimen, que se la suministró Caín Cisneros.
El tal José Miguel Vivanco, dueño de Human Right Watch, que Caín
Cisneros trajo a Venezuela, es un personaje de cuidado. Resulta que ese sujeto
cobra del narcotráfico y del gobierno estadounidense (por eso no habla de
violaciones terribles de derechos humanos, como los presos que EEUU tiene en
Guantánamo, incomunicados, sometidos a tortura, sin la menor protección judicial
y sin derecho a defensa). Fue a través de sus colegas narcotraficantes como
Cisneros conoció a Vivanco y decidió traérselo a Venezuela para que opine sobre
asuntos que sólo corresponden a los venezolanos. Eso sí, con prohibición
absoluta de tocar el tema de los 72 dirigentes agrarios asesinados
“presuntamente” por José Luis Vetencourt, Genaro Méndez Contreras y Roberto
Giusti.
Por cierto, vale la pena destacar que el mismo Vivanco
afirmó –seguramente se le escapó- que en Venezuela existe la más absoluta
libertad de expresión y que “los medios audiovisuales e impresos operan sin
restricciones” ¿Será entonces que los medios audiovisuales e impresos llevan
cuatro años mintiendo al decir que aquí no hay libertad de
expresión?
Por una especie de justicia poética, una carta al correo del
pueblo de El Universal denuncia un hueco en Los Naranjos de El Cafetal,
que casi le cuesta la vida a un ciclista. Precisamente Andrés “Viagra” Mata, el
bobo que heredó ese periódico, hace campaña por los huecos del Municipio
Libertador. El cráter que señalan sus lectores está en Baruta, el feudo del
pargócrata Henrique Capriles Raronsky de González Gnzález.
Empresarios deshonestos intentan comprar en el tribunal
Supremo una medida contra la regulación de precios. Contrataron al llamado
“bufete Alí Babá”, el de Juan Raffali, para intentar algo similar a lo que
obtuvieron los capos de Consecomercio, en jugada de la sensual mulata Albis
Muñoz, de la extinta Corte Suprema: una sentencia según la cual ya no es
obligatorio marcar los precios de los productos.
La oposición está bajo el mando de canallas. No es posible usar
otra palabra. Sólo gente de profunda malignidad puede pagar a Steve Forbes para
que en la revista que modestamente lleva su propio nombre, publiquen una columna
pidiendo el embargo petrolero contra Venezuela. No es contra Chávez, ni contra
el proceso de cambios; es contra Venezuela. Sería bueno saber quién o quiénes
pagaron este palangre, pero dos hechos apuntan contra Andrés “viagra” Mata: la
bajeza propia de este sujeto, que se dice católico y simpatizante del Opus Dei,
así como el hecho de que le hayan dado primera página en El Universal.
Hay cada basura con patas...
Carlos Berrizbeitia, un hijito de papá a quien le
compraron un cargo de diputado por Proyecto Venezuela, hizo el ridículo con las
cifras, además de haber realizado la más barata de las demagogias: criticar el
costo de los viajes presidenciales. Según este inteligente parlamentario, el
avión de Chávez gastará casi un millón de dólares. Fíjense en los embustes de
este sujeto. Primera mentira y/o estupidez: el vuelo entre Caracas, Lima y
Buenos Aires durará 32 horas, es decir, el doble de la realidad, como cualquier
pueda averiguar con llamar a una agencia de viajes. Segunda mentira y/o
imbecilidad: cada hora de vuelo sale en más de 30 mil dólares. La realidad es
que la cifra real es de menos de cinco mil dólares por hora. Cuando Viasa
volaba, pagando combustible a precio internacional, la hora de vuelo en DC-10
costaba 8 mil dólares, incluyendo el pago de una tripulación de 11 personas,
comida para 200 pasajeros y una larga lista de costos que no los tiene el avión
presidencial, cuya tripulación es miliar. Por si fuera poco, se trata de un
Airbus, que se caracteriza por sus bajísimos costos de operación. En fin, que
Berrizbeitia o es tonto o mentiroso o, más probablemente, ambas
cosas.