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Después de Irak ¿Venezuela?
Por: Jorge Armand (*)
Fecha de publicación: 21/05/03
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Publicado en el diario Frontera, Mérida, Venezuela, 18 y 25 de Mayo y 01 de Junio del 2.003

En mi obra Mas allá de la Modernidad, del mito del Eterno Progreso al mito del Eterno Retorno, escrita entre 1993 y 1995 y publicada por la Universidad de Los Andes en 1998 (Ediciones Actual, Mérida, 102 pgs.), expuse la tésis de que la globalización, sensus-latus, es un proceso que comienza a principios del siglo XVI con la Conquista de América y continua sin interrupción hasta nuestros días.

En mi ensayo “Mundialización versus Globalización”, publicado por el Instituto de Altos Estudios de América Latina de la Universidad Simón Bolívar (Revista Mundo Nuevo, Caracas, julio-diciembre 2000, pgs. 9 a 32), agregué que la globalización real (es decir, la globalización que se refleja en las cifras sobre la miseria en general en el llamado “Tercer Mundo” de 1990 a 1999, publicadas por organismos como el PNUD, la OMS, UNICEF, etc.; al igual que la globalización reflejada en las crónicas históricas de los últimos 500 años), constituye un proceso de integración o unificación mundial basado en la expansión económica, militar, política y mediática de las principales naciones que componen la denominada “Civilización Occidental”. Expansión que ha sido llevada a cabo a expensas de las riquezas naturales y el trabajo de las naciones distintas a las occidentales, (es decir, la mayor parte de la humanidad), a costa de la libertad de estas últimas, sin un beneficio histórico proporcional para las mismas y en detrimento de la diversidad cultural y de los equilibrios climáticos y biológicos del planeta.

A partir de una teoría original sobre la modernidad, la cual  esbozé en la referida obra Mas allá de la Modernidad..., predije que el desarrollo de la globalización alcanzaría su punto mas alto con una eventual expansión hegemónica a escala mundial de los Estados Unidos (pgs, 78 a 79). En la misma obra también predije que “en un futuro más bien próximo” veríamos ampliarse los conflictos entre algunas naciones por la apropiación de los recursos naturales no renovables mas importantes; por lo que no era descartable “una nueva guerra (en el Golfo Pérsico) por el control de los limitados recursos de hidrocarburos” (pg. 85).

La  continuada ocupación militar estadounidense de Afganistán desde 2001, (país clave  por los inmensos recursos energéticos que poseen sus vecinos del Cáucaso, los cuales  solo son  aprovechables para los Estados Unidos y sus aliados occidentales si se transportan  hasta los puertos del Mar Arábigo  atravesando el territorio de Afganistán); así como la reciente invasión a Irak, (que es el segundo país mas rico en petróleo del mundo), por parte de una coalición encabezada por los Estados Unidos, son hechos que apuntan  en la dirección señalada y confirman, de manera  incontrovertible, las predicciones que hicimos hace mas de cinco años.

Fiesta para morir

Los niños de ojos grandes
y batolas
vieron brillar en la noche
luces verdes y amarillas
Los niños de ojos grandes
y batolas
vieron bajar del cielo
alimentos y mísiles
mantas para el frío del invierno
granadas y explosivos
que hacían huecos en la tierra
¿Será una fiesta para morir?
parecen interrogar los grandes ojos
de los niños con batolas

Amparo de Blanco
Diciembre 2001

En otro de mis ensayos sobre el tema titulado “Una Globalización al servicio de Occidente”, publicado sucesivamente por el diario Ultimas Noticias (Suplemento Cultural, Caracas, 26-10-97), la Universidad de Carabobo (Revista Faces, Nº 15, julio 97- febrero 98), y la Universidad de Los Andes (Revista Actual, Mérida, Nº 41 agosto – septiembre 1999), sostuve que la vanguardia expansionista de la civilización occidental ha correspondido en cada una de las etapas del proceso globalizador, a diferentes naciones occidentales. Es así como, desde principios del siglo XVI y hasta mediados del XVIII, la punta de lanza del expansionismo occidental corresponde a España, y en menor grado a Portugal. Luego, a partir de esta última fecha y hasta poco menos de la mitad del siglo pasado, a los ingleses, y en menor escala a los franceses y holandeses.

A mediados del siglo pasado (1945), como consecuencia de una segunda, mas devastadora y brutal guerra desencadenada y llevada a cabo básicamente por occidentales, las tres últimas naciones citadas ceden la lanza del expansionismo occidental a dos superpotencias: los Estados Unidos y la Unión Soviética, únicos verdaderos vencedores de la segunda Guerra Mundial. A partir de entonces, estas dos superpotencias, las cuales representan dos versiones y modelos rivales de la civilización occidental, van a disputarse el dominio de las naciones del mundo y la explotación de sus recursos. Un modelo es el constituido  por el capitalismo pseudoliberal de los Estados Unidos, en manos de un grupo cada vez mas concentrado y poderoso de megacorporaciones privadas; y el otro por el capitalismo de estado o pseudosocialismo de la unión Soviética, en manos de un grupo político único y una omnipresente burocracia estatal.

A partir de la Conferencia de Yalta en 1945, las mencionadas superpotencias van a repartirse el mundo dividiéndolo en dos mitades, las cuales convencionalmente fueron denominadas,  el “Este”, correspondiente a la parte del orbe situada al Este de la ciudad de Berlín, y la otra el  “Oeste” o parte del orbe situada  al Oeste de dicha ciudad. De esta  división surge un orden geopolítico bipolar, el cual va a regir por espacio de casi 50 años los destinos de la humanidad. La amenaza constante de una guerra nuclear entre ambas superpotencias, la cual no pudo materializarse debido a la paridad de fuerzas militares que aseguraban la mutua aniquilación, es lo que comúnmente se denomina la “Guerra Fría”.

La Guerra Fría concluye con la caída del Muro de Berlín en 1989 y la disolución   pacifica de la Unión Soviética. Con la victoria de los Estados Unidos en la Guerra Fría, este país emerge como el único imperio sobre la Tierra, teniendo además, ante si y para si, como complemento providencial, el inmenso vacío de poder dejado en el mundo por la Unión Soviética. Un poderío sin rival ni contrapeso como el de los Estados Unidos a principios del siglo XXI no tiene precedente en la historia mundial. Esta realidad, aunada al hecho de que los Estados Unidos siempre se ha considerado a si mismo como una especie de “pueblo escogido” por la Providencia para imponerse a los otros pueblos en nombre de la “Libertad” (hecho que a mediados del siglo XIX fue entrevisto por nuestro Libertador Simón Bolívar), explica la reciente acción bélica de los Estados Unidos en contra de Irak, la cual, como nadie ha podido negar, fue llevada a cabo de manera unilateral, contraviniendo una resolución expresa de la ONU y bajo pretextos que no han convencido a la opinión pública mundial.

“Somos una fuerza militar sin paralelo, tenemos el derecho a actuar en todo el mundo para imponer la economía de mercado y garantizar la seguridad energética y podemos atacar a quien consideremos una amenaza o a cualquier país que pueda convertirse en una competencia”.

El párrafo anterior constituye un resumen de un crucial documento firmado por el presidente George W. Bush titulado Estrategia de Seguridad de los Estado Unidos de América   (Washington D.C., finales de 2002), en el cual se define la doctrina geopolítica general de ese país en la post-Guerra Fría. La arrogancia imperial y el desafiante belicismo que se expresa en este documento hiere la sensibilidad de quienes en América latina  hemos sido formados en los ideales bolivarianos de la libertad y la autodeterminación de los pueblos; y en general de quienes en el mundo creemos que son los principios de la Democracia y las leyes consensuadas, y no la fuerza y el unilaterismo hegemonista de un determinado país, lo que debe regir las relaciones entre las naciones.

Con la simultanea invasión a Irak y Afganistán, los Estados Unidos han inaugurado una nueva fase de la historia del mundo, la cual está caracterizándose por la sistemática intervención militar estadounidense en  los países que les son clave desde el punto de vista de su nueva doctrina geopolítica. Como ya lo hemos dicho, Irak es el segundo mas importante reservorio de petróleo del planeta. Afganistán, por su parte, es clave para los Estados Unidos porque sin la derrota del régimen Taliban y ocupación de ese país no era posible la construcción  de un oleoducto para  transportar la inmensa riqueza petrolera del Cáucaso hasta el Mar Arábigo y de allí a los Estados unidos. Además, estos dos países forman parte de Eurasia, asiento de la mayor parte de la población mundial, de los mas importantes recursos energéticos y de los mercados mas extensos del mundo.

En mi obra Mas allá de la Modernidad, del mito del Eterno Progreso al mito del Eterno Retorno, citada mas arriba,  señalamos que como resultado del mito del Eterno Progreso que caracteriza la mas reciente fase de la civilización occidental (fase que hemos denominado la “modernidad como cultura”, de la que los Estados Unidos son su representante por excelencia), este país está condenado a saciar su  absurda voracidad productivista-consumista mediante la conquista de mercados cada vez mas extensos y fuentes de hidrocarburos baratos y abundantes. Después de la desaparición de la Unión Soviética, los Estados unidos no tienen ya nadie a quien temer, Ni siquiera tienen la necesidad de aparentar algún pudor legalista o moral para expandir, si es preciso por la fuerza, sus dominios imperiales. De allí que de ahora en adelante, tal como claramente y sin ambages lo expresa  el referido documento oficial, este país actuará militarmente con o sin el aval de la ONU, sólo o en alianza con otros gobiernos, en cualquier país del mundo, empezando por los países que los Estados Unidos denomina países “parias” o “forajidos”. Estos países incluyen: Irak, Afganistán, Irán, Corea del Norte, Colombia  y eventualmente Cuba y cualquier otro país que no se adapte al nuevo orden mundial impuesto por los Estados unidos.

Uno de los países de mayor importancia estratégica para los Estados unidos es, sin lugar a dudas, Venezuela; y ello por la sencilla razón de que posee las terceras mas cuantiosas reservas de petróleo del mundo, además de estar situado geográficamente muy cerca de los Estados Unidos. Lo que hace a Venezuela un candidato a integrar la lista de países “parias” (de hecho ya lo está secretamente), es el hecho de que a pesar de que el gobierno de Hugo Chávez es incuestionablemente legitimo y democrático, ha incurrido en una serie de “herejías” políticas y económicas que resultan intolerables para el imperio, como es esa de estar alentando la creación de un área de libre comercio latinoamericana independiente del ALCA junto con países de la talla de Brasil, etc., lo que representa una amenaza para la hegemonía de los Estados Unidos en la región. Además Chávez anda promoviendo  internacionalmente la idea de  un orden político mundial plural y multipolar, y, como añadidura, aplicando en su país una política que podríamos catalogar de neo- social demócrata , contraria al liberalismo económico a ultranza que los Estados Unidos  desean imponer universalmente, lo que representa un mal ejemplo para el resto de los países de la región.

Sin embargo, una intervención militar directa de los Estados Unidos en Venezuela no esta planteada; aunque si una intervención indirecta, a través de la extensión de la guerra colombiana hacia territorio venezolano, sirviéndose para ello de los grupos paramilitares derechistas que hacen causa común con los Estados Unidos. Esta estrategia la hemos visto en acción recientemente. De hecho, una intervención estadounidense de bajo perfil en Venezuela ha estado en marcha desde hace tiempo,  como se evidenció en el apoyo diplomático que los Estados Unidos dieron al breve gobierno de-facto que surgió del  golpe de Estado del 11 de abril de 2002 en contra del gobierno legitimo de Hugo Chávez.

15 de mayo 2003

(*) Profesor Titular de Antropología de la Universidad de Los Andes,  Mérida- Venezuela.

jorgearmand7@hotmail.com

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Jorge Armand (*)


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