Publicado en el diario Frontera, Mérida, Venezuela, 18 y 25 de Mayo y 01
de Junio del 2.003
En mi obra Mas allá de la Modernidad, del mito del Eterno Progreso al mito
del Eterno Retorno, escrita entre 1993 y 1995 y publicada por la
Universidad de Los Andes en 1998 (Ediciones Actual, Mérida, 102 pgs.), expuse la
tésis de que la globalización, sensus-latus, es un proceso que comienza a
principios del siglo XVI con la Conquista de América y continua sin interrupción
hasta nuestros días.
En mi ensayo “Mundialización versus Globalización”, publicado por el
Instituto de Altos Estudios de América Latina de la Universidad Simón Bolívar
(Revista Mundo Nuevo, Caracas, julio-diciembre 2000, pgs. 9 a 32),
agregué que la globalización real (es decir, la globalización que se refleja en
las cifras sobre la miseria en general en el llamado “Tercer Mundo” de 1990 a
1999, publicadas por organismos como el PNUD, la OMS, UNICEF, etc.; al igual que
la globalización reflejada en las crónicas históricas de los últimos 500 años),
constituye un proceso de integración o unificación mundial basado en la
expansión económica, militar, política y mediática de las principales naciones
que componen la denominada “Civilización Occidental”. Expansión que ha sido
llevada a cabo a expensas de las riquezas naturales y el trabajo de las naciones
distintas a las occidentales, (es decir, la mayor parte de la humanidad), a
costa de la libertad de estas últimas, sin un beneficio histórico proporcional
para las mismas y en detrimento de la diversidad cultural y de los equilibrios
climáticos y biológicos del planeta.
A partir de una teoría original sobre la modernidad, la cual esbozé en
la referida obra Mas allá de la Modernidad..., predije que el desarrollo
de la globalización alcanzaría su punto mas alto con una eventual expansión
hegemónica a escala mundial de los Estados Unidos (pgs, 78 a 79). En la misma
obra también predije que “en un futuro más bien próximo” veríamos ampliarse los
conflictos entre algunas naciones por la apropiación de los recursos naturales
no renovables mas importantes; por lo que no era descartable “una nueva guerra
(en el Golfo Pérsico) por el control de los limitados recursos de hidrocarburos”
(pg. 85).
La continuada ocupación militar estadounidense de Afganistán desde
2001, (país clave por los inmensos recursos energéticos que poseen sus
vecinos del Cáucaso, los cuales solo son aprovechables para los
Estados Unidos y sus aliados occidentales si se transportan hasta los
puertos del Mar Arábigo atravesando el territorio de Afganistán); así como
la reciente invasión a Irak, (que es el segundo país mas rico en petróleo del
mundo), por parte de una coalición encabezada por los Estados Unidos, son hechos
que apuntan en la dirección señalada y confirman, de manera
incontrovertible, las predicciones que hicimos hace mas de cinco años.
Fiesta para morir
Los niños de ojos grandes
y batolas
vieron brillar en la noche
luces
verdes y amarillas
Los niños de ojos grandes
y batolas
vieron bajar del
cielo
alimentos y mísiles
mantas para el frío del invierno
granadas y
explosivos
que hacían huecos en la tierra
¿Será una fiesta para
morir?
parecen interrogar los grandes ojos
de los niños con batolas
Amparo de Blanco
Diciembre 2001
En otro de mis ensayos sobre el tema titulado “Una Globalización al servicio
de Occidente”, publicado sucesivamente por el diario Ultimas Noticias
(Suplemento Cultural, Caracas, 26-10-97), la Universidad de Carabobo
(Revista Faces, Nº 15, julio 97- febrero 98), y la Universidad de Los
Andes (Revista Actual, Mérida, Nº 41 agosto – septiembre 1999), sostuve
que la vanguardia expansionista de la civilización occidental ha correspondido
en cada una de las etapas del proceso globalizador, a diferentes naciones
occidentales. Es así como, desde principios del siglo XVI y hasta mediados del
XVIII, la punta de lanza del expansionismo occidental corresponde a España, y en
menor grado a Portugal. Luego, a partir de esta última fecha y hasta poco menos
de la mitad del siglo pasado, a los ingleses, y en menor escala a los franceses
y holandeses.
A mediados del siglo pasado (1945), como consecuencia de una segunda, mas
devastadora y brutal guerra desencadenada y llevada a cabo básicamente por
occidentales, las tres últimas naciones citadas ceden la lanza del expansionismo
occidental a dos superpotencias: los Estados Unidos y la Unión Soviética, únicos
verdaderos vencedores de la segunda Guerra Mundial. A partir de entonces, estas
dos superpotencias, las cuales representan dos versiones y modelos rivales de la
civilización occidental, van a disputarse el dominio de las naciones del mundo y
la explotación de sus recursos. Un modelo es el constituido por el
capitalismo pseudoliberal de los Estados Unidos, en manos de un grupo cada vez
mas concentrado y poderoso de megacorporaciones privadas; y el otro por el
capitalismo de estado o pseudosocialismo de la unión Soviética, en manos de un
grupo político único y una omnipresente burocracia estatal.
A partir de la Conferencia de Yalta en 1945, las mencionadas superpotencias
van a repartirse el mundo dividiéndolo en dos mitades, las cuales
convencionalmente fueron denominadas, el “Este”, correspondiente a la
parte del orbe situada al Este de la ciudad de Berlín, y la otra el
“Oeste” o parte del orbe situada al Oeste de dicha ciudad. De esta
división surge un orden geopolítico bipolar, el cual va a regir por espacio de
casi 50 años los destinos de la humanidad. La amenaza constante de una guerra
nuclear entre ambas superpotencias, la cual no pudo materializarse debido a la
paridad de fuerzas militares que aseguraban la mutua aniquilación, es lo que
comúnmente se denomina la “Guerra Fría”.
La Guerra Fría concluye con la caída del Muro de Berlín en 1989 y la
disolución pacifica de la Unión Soviética. Con la victoria de los
Estados Unidos en la Guerra Fría, este país emerge como el único imperio sobre
la Tierra, teniendo además, ante si y para si, como complemento providencial, el
inmenso vacío de poder dejado en el mundo por la Unión Soviética. Un poderío sin
rival ni contrapeso como el de los Estados Unidos a principios del siglo XXI no
tiene precedente en la historia mundial. Esta realidad, aunada al hecho de que
los Estados Unidos siempre se ha considerado a si mismo como una especie de
“pueblo escogido” por la Providencia para imponerse a los otros pueblos en
nombre de la “Libertad” (hecho que a mediados del siglo XIX fue entrevisto por
nuestro Libertador Simón Bolívar), explica la reciente acción bélica de los
Estados Unidos en contra de Irak, la cual, como nadie ha podido negar, fue
llevada a cabo de manera unilateral, contraviniendo una resolución expresa de la
ONU y bajo pretextos que no han convencido a la opinión pública mundial.
“Somos una fuerza militar sin paralelo, tenemos el derecho a actuar en todo
el mundo para imponer la economía de mercado y garantizar la seguridad
energética y podemos atacar a quien consideremos una amenaza o a cualquier país
que pueda convertirse en una competencia”.
El párrafo anterior constituye un resumen de un crucial documento firmado por
el presidente George W. Bush titulado Estrategia de Seguridad de los Estado
Unidos de América (Washington D.C., finales de 2002), en el cual
se define la doctrina geopolítica general de ese país en la post-Guerra Fría. La
arrogancia imperial y el desafiante belicismo que se expresa en este documento
hiere la sensibilidad de quienes en América latina hemos sido formados en
los ideales bolivarianos de la libertad y la autodeterminación de los pueblos; y
en general de quienes en el mundo creemos que son los principios de la
Democracia y las leyes consensuadas, y no la fuerza y el unilaterismo
hegemonista de un determinado país, lo que debe regir las relaciones entre las
naciones.
Con la simultanea invasión a Irak y Afganistán, los Estados Unidos han
inaugurado una nueva fase de la historia del mundo, la cual está
caracterizándose por la sistemática intervención militar estadounidense en
los países que les son clave desde el punto de vista de su nueva doctrina
geopolítica. Como ya lo hemos dicho, Irak es el segundo mas importante
reservorio de petróleo del planeta. Afganistán, por su parte, es clave para los
Estados Unidos porque sin la derrota del régimen Taliban y ocupación de ese país
no era posible la construcción de un oleoducto para transportar la
inmensa riqueza petrolera del Cáucaso hasta el Mar Arábigo y de allí a los
Estados unidos. Además, estos dos países forman parte de Eurasia, asiento de la
mayor parte de la población mundial, de los mas importantes recursos energéticos
y de los mercados mas extensos del mundo.
En mi obra Mas allá de la Modernidad, del mito del Eterno Progreso al mito
del Eterno Retorno, citada mas arriba, señalamos que como resultado
del mito del Eterno Progreso que caracteriza la mas reciente fase de la
civilización occidental (fase que hemos denominado la “modernidad como cultura”,
de la que los Estados Unidos son su representante por excelencia), este país
está condenado a saciar su absurda voracidad productivista-consumista
mediante la conquista de mercados cada vez mas extensos y fuentes de
hidrocarburos baratos y abundantes. Después de la desaparición de la Unión
Soviética, los Estados unidos no tienen ya nadie a quien temer, Ni siquiera
tienen la necesidad de aparentar algún pudor legalista o moral para expandir, si
es preciso por la fuerza, sus dominios imperiales. De allí que de ahora en
adelante, tal como claramente y sin ambages lo expresa el referido
documento oficial, este país actuará militarmente con o sin el aval de la ONU,
sólo o en alianza con otros gobiernos, en cualquier país del mundo, empezando
por los países que los Estados Unidos denomina países “parias” o “forajidos”.
Estos países incluyen: Irak, Afganistán, Irán, Corea del Norte, Colombia y
eventualmente Cuba y cualquier otro país que no se adapte al nuevo orden mundial
impuesto por los Estados unidos.
Uno de los países de mayor importancia estratégica para los Estados unidos
es, sin lugar a dudas, Venezuela; y ello por la sencilla razón de que posee las
terceras mas cuantiosas reservas de petróleo del mundo, además de estar situado
geográficamente muy cerca de los Estados Unidos. Lo que hace a Venezuela un
candidato a integrar la lista de países “parias” (de hecho ya lo está
secretamente), es el hecho de que a pesar de que el gobierno de Hugo Chávez es
incuestionablemente legitimo y democrático, ha incurrido en una serie de
“herejías” políticas y económicas que resultan intolerables para el imperio,
como es esa de estar alentando la creación de un área de libre comercio
latinoamericana independiente del ALCA junto con países de la talla de Brasil,
etc., lo que representa una amenaza para la hegemonía de los Estados Unidos en
la región. Además Chávez anda promoviendo internacionalmente la idea
de un orden político mundial plural y multipolar, y, como añadidura,
aplicando en su país una política que podríamos catalogar de neo- social
demócrata , contraria al liberalismo económico a ultranza que los Estados
Unidos desean imponer universalmente, lo que representa un mal ejemplo
para el resto de los países de la región.
Sin embargo, una intervención militar directa de los Estados Unidos en
Venezuela no esta planteada; aunque si una intervención indirecta, a través de
la extensión de la guerra colombiana hacia territorio venezolano, sirviéndose
para ello de los grupos paramilitares derechistas que hacen causa común con los
Estados Unidos. Esta estrategia la hemos visto en acción recientemente. De
hecho, una intervención estadounidense de bajo perfil en Venezuela ha estado en
marcha desde hace tiempo, como se evidenció en el apoyo diplomático que
los Estados Unidos dieron al breve gobierno de-facto que surgió del
golpe de Estado del 11 de abril de 2002 en contra del gobierno legitimo de Hugo
Chávez.
15 de mayo 2003
(*) Profesor Titular de Antropología de la Universidad de Los Andes,
Mérida- Venezuela.
jorgearmand7@hotmail.com