La ley de contenidos está mostrando una vez más el verdadero rostro de la
oposición: el fascismo terrorista y asesino. Resulta que quieren paralizar la
aprobación de ese instrumento, por lo que amenazan con acciones de calle,
violencia, instancias internacionales y cosas así. Para nada hablan de
procedimientos democráticos. Es increíble que la misma gentuza que vive
mintiendo que el chavismo no quiere medirse, pretenda hacer cualquier cosa para
no medirse en la Asamblea Nacional. Porque todo se reduce a eso, a votos. La
aprobación de leyes no se detiene con tumultos, con francotiradores ni con
bombas en las embajadas. Se logra con votos parlamentarios. Claro, qué van a
saber de procedimientos democráticos quienes llevan más de setenta agraristas
asesinados por medio de sicarios. Aquí sí que cabe la frase hecha que empleaba
Andrés “viagra” Mata: “vamos a contarnos”.
Por fin Andrés “viagra” Mata autorizó a que en El Universal se
mencione que fueron los militares de Altamira quienes asesinaron a tres soldados
y a la novia de uno de ellos, así como que son los responsables de las bombas
contra las embajadas de Colombia y España. Eso sí, para esa tarea empleó a
Gustavo Rodríguez, un reportero que se presta para lo que sea y que dedicó el
espacio a formalismos y pendejadas, sin entrar en el fondo del asunto. Es el
mismo periodista que escribió una nota para calumniar a uno de los asesinados en
Los Próceres, a manos de los esbirros de Alfredo Peña. Rodríguez está apenas un
peldaño por encima del “presunto” asesino Roberto Giusti; sólo asesinó la
memoria de una persona decente, calificando de delincuente a quien era apenas la
víctima de delincuentes a sueldo del Alcalde Mayor. Como son asalariados de
“viagra” Mata los que asesinan post mórtem.
Hay gente que no tiene escrúpulos para mentir. Juan Francisco Clérico, gran
contratista durante la IV República y actual capo de la Cámara de la
Construcción, afirma que ese sector sufrió una brutal caída. La realidad es bien
distinta. Resulta que las empresas fabricantes de cementos están pagando a sus
accionistas los dividendos más altos de la historia. Por ejemplo, quienes
conservaron sus acciones de Cementos La Vega y no se las vendió a Lafarge,
cobraron la suma más alta desde que existe esa empresa. Los grandes volúmenes de
cemento se venden precisamente por la enorme actividad constructiva que existe.
El volumen de grandes obras públicas, la masiva construcción de viviendas, la
edificación a marchas forzadas de escuelas y las miles de obras pequeñas
realizadas en programas como el Plan Bolívar 2000 marcan un enorme dinamismo en
el sector construcción. Pero, además, basta darse una vuelta por Campo Alegre,
Los Samanes y otras urbanizaciones caraqueñas para ver la increíble cantidad de
nuevos edificios lujosos, cuya erección nunca se detuvo. En pocas palabras, lo
que Clérico y los otros capos de la Cámara quieren decir es que a los
contratistas adecos y copeyanos les va muy mal. O, lo que es lo mismo, si a
ellos les va mal, al país les va muy bien.
Hablando de construcción, el gobierno empezó la recuperación de la
autopista Caracas-La Guaira, una obra que cayó en el abandono tras el guiso de
entregarla a la empresa mexicana Maxipistas (fue un gran robo organizado por los
Pimentones de Caldera, incluyendo a Asdrúbal Aguiar, ahora abogado del hampa
mediática, que implicó cinco millones de dólares en comisiones, a cambio de lo
cual autorizaron multiplicar por treinta, de un solo golpe, el valor del peaje).
Dentro de unos meses la obra será otra tacita de plata similar a la autopista
del Este en Caracas, repavimentada con extraordinaria calidad, algo que los
medios de comunicación no mencionan, pero que lo ve todo el que quiera verlo
cuando transita por ella.
Definitivamente, los escuálidos atesoran la brutalidad. Son verdaderos avaros
acumulándola. Resulta que el chavismo los tiene aplastados en Internet, que las
páginas bolivarianas son las más consultadas, pues es un terreno en el cuenta
muchísimo más el talento que el dinero. Entonces a los escuálidos se les ocurre
empezar a cobrar por visitar sus páginas, como recientemente hicieron El
Nazional y Talcual. A la edición digital del periodicucho de Miguel
Henrique Otero de Peña le cayó en un abrumador 94,6 por ciento el número de
lectores, es decir, nadie lo lee en la red. Es de suponer que al de Petkoff le
pase algo similar.
La oposición está de capa caída. Ya no convocan ni a sus familiares. Este
sábado estaban llamando a una reunión escuálida en la avenida Principal de La
Urbina. Durante días repartían volantes de esos tan pendejos que piden llevar
banderas, pitos, símbolos y dignidad (algo que los jefes escuálidos, cuando la
conocen, acostumbran a dejar en sus casas). Al final, menos de cien personas
respondió a la convocatoria. Se ve que en esa urbanización abunda la gente
digna, que es la que no va a los aquelarres de los terroristas disfrazados de
Coordinadora DemoKKKrática.
Se acabó el desabastecimiento de pollo y huevos. Ya en todas partes –menos
algunos grandes automercados agavillados con las roscas- se consigue el producto
a su precio regulado. Fracasó la maniobra de esos delincuentes dedicados a la
producción avícola y, sobre todo, de quienes elaboran alimentos para ese fin. Es
bueno recordar cómo actúa esa rosca de los pollos. En 1993, bajo el gobierno de
Ramón J. Velásquez y siendo Hiram Gaviria ministro de Agricultura y Cría, en
Venezuela se importaban muslos y pechugas de pollo. Un kilo de estas presas
costaba sustancialmente menos que un kilo de pollo nacional entero. Los mafiosos
de las aves sobornaron a Gaviria que prohibió la importación con la excusa de
que había una epidemia de gripe aviar. Una semana después de esa media, los
hampones que manejan ese producto duplicaron los precios, así, sin anestesia, al
desaparecer la competencia. Por eso Venezuela ganará mucho cuando desaparezcan
esos delincuentes disfrazados de productores avícolas y dejen el terreno libre
para verdaderos empresarios.
Seguimos con delincuentes disfrazados de empresarios. Los laboratorios
farmacéuticos multiplican por cuatro o cinco los precios de las medicinas y,
encima, generan desabastecimiento de muchas de éstas. Claro que con ello están
mostrando su ralea. Un paciente de una enfermedad crónica (lupus eritrematoso)
adquiría su tratamiento a un costo de más de 700 mil bolívares mensuales. Cuando
dejaron de abastecer el mercado, decidió que se lo enviara una hija, que estudia
en Italia. Resulta que ahora le cuesta 17 euros, que no llegan a 30 mil
bolívares, es decir, veinte veces menos que en Venezuela. Si serán
ladrones...
El alza de una medicina, el enterobioformo (un antidiarreico muy popular)
afecta el bolsillo de los militares terroristas de Altamira, que desde que
confesó el cabo de la Armada y reveló que el general Felipe Rodríguez es el
“presunto” autor intelectual de un cuádruple asesinato y de las bombas contra
embajadas, no paran de consumir esas pastillitas. Los pobres viven ahora con una
severa culicardia y tienen que pagar 12 mil bolívares por una un remedio que no
llegaba a cuatro mil en enero.