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Golpe a golpe, sin verso, en prosa y sin pausa
Por: Carmen de Lourdes Vargas
Fecha de publicación: 16/05/03
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En Venezuela hemos sufrido golpes, uno tras otro, por la amenaza que supone el cambio del ideario nacional que construya una nueva identidad y en la que prevalezca lo humano en el respeto de las diferencias.

Golpe militar con heridas entre compañeros. Golpe empresarial con desequilibrios económicos. Golpe petrolero con desajustes estructurales. Golpes civiles con desarraigos vecinales y desencuentros familiares. Golpe mediático con sus consecuencias psicológicas en el advenimientos de fantasmas individuales y colectivos… y sobre todo… los sucesivos golpes secos, mudos y sordos en las instituciones del Estado.

¿Cuál de ellos ha hecho más daño? Todos tienen una gran cuota de dolor y sufrimiento en la nación y el Estado venezolano.

Por una parte, se confirma el empeño sostenido de una oposición recalcitrante que sólo se reconoce a sí misma como bella y culta en los parámetros de la publicidad importada y que por ende, excluye todo aquello que no se le parezca o asemeje con técnicas artificiales de belleza y consumo, y que sólo consideran en términos de mercado cautivo en la adquisición de los productos ofertados y calculados como ganancias.

Por el otro, encontramos la perturbación del aparato gubernamental al mantener una línea defensiva en todos los niveles y sectores que, se ha convertido en reactiva ante los continuos, sostenidos y paralelos ataques, ha impedido el libre flujo de las funciones que le son propias e indelegables. Estar atento a las conspiraciones internas y externas le ha impedido operativizar las acciones de gobierno.

Pero, ¿realmente, todas las instancias del gobierno están abocadas a combatir la conspiración?

He aquí, el espacio en el cual se ha dado la fractura de las bases institucionales. En cuanto al tiempo, a pesar que algunos argumentan que todo empezó hace un año, si recordamos con detenimiento… nos salta en la cara que siempre estuvo presente e ignorado, al punto que lo hemos olvidado.

Las instancias de gobierno, especialmente, la administración central, ha sido débil en la aplicación de las normas. Bien sea, por desconocimiento, producto -no sólo- de la alienación que ha mantenido el paradigma de provocar cambios con fórmulas y modelos organizacionales e ideológicos aplicados por los gobiernos anteriores; o por la indulgencia hecha negligencia al mantener elementos y estructuras que impiden y obstaculizan los cambios necesarios en principio mas no suficientes a largo plazo.

Algo parecido le sucede a la oposición. Los sobrevivientes de los partidos políticos se aglutinaron en torno a una excusa publicitada por sus desagües mediáticos: salir de Chávez, para re-tomar y re-cobrar los dividendos del usufructo del poder político que ampliara su poder económico y controlara el poder judicial que pudiera –en algún momento- amenazarles el incremento y disfrute de sus ganancias. Se unieron todos, esperando que alguno de los medios se inclinara por uno de ellos y les hiciera el mandado de crearles la imagen y lograr la captación de un electorado. No vieron que la campaña era de los medios. La imagen es de los medios. El electorado se equiparó a la audiencia y la manipulación de la información tuvo y tiene como único objetivo desequilibrar a la nación.

Pero, hay más... porque entre los medios, sus dueños, tampoco logran ponerse de acuerdo, salvo para la transmisión de una programación desestabilizadora, no obstante, a la hora de escoger uno de entre ellos, cada cual se promociona por el raiting con que cuenta.

Ante esta dificultad operativa de escoger el menos conocido en irregularidades administrativas, políticas, morales o de cualquier otra naturaleza, han recurrido a la alimentación de fantasmas que aterrorizan a la ciudadanía y, sobre todo, han ido minando -poco a poco- a las instituciones del Estado con la infiltración de elementos en puestos claves y de alta decisión tanto para contrarrestar la ejecución de la gestión gubernamental como para destruir la confianza en las instituciones y trtar de desmoralizar al colectivo identificado con el proceso bolivariano.

Un proceso –hasta ahora en el imaginario colectivo- que no logra solidificarse institucionalmente por esos golpes sucesivos, sin verso, en prosa y sin pausa, pero que ha calado en lo profundo de esa colectividad que salió a rescatarlo un 13 de abril y ha creado medios alternos para la profundización del mismo y se ha constituido tanto en la conciencia de la acción gubernamental, como en el dique de contención al regreso a ese pasado que nos negaba los sueños y acciones encaminadas a construir una nación libre y soberana.


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Carmen de Lourdes Vargas


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