Una vez más el gobierno Bolivariano de Venezuela enfrenta decisiones
ambiguas, y en esta ocasión la libre expresión cuelga peligrosamente de la
cuerda. En un esfuerzo por hacer que la cobertura de la prensa represente las
opiniones de una sección más amplia de la sociedad venezolana, y que no sea
explícitamente favorable para el gobierno o la oposición de la clase
media, legisladores del gobierno y funcionarios del gabinete están empujando una
serie de leyes para regular la programación de televisión y radio. Los
críticos de las reformas argumentan que los intentos para regular el contenido
de los medios solo desalentarán la calidad de la prensa y en último caso harán
muy poco para permitir que los pobres de Venezuela participen en el dialogo.
Los medios de Venezuela ciertamente no se han conducido de la manera más
democrática. Sus columnas de noticias, las cuales favorecen abiertamente a la
oposición, frecuentemente demuestran falta de profesionalismo. Los funcionarios
del gobierno tienen razones veraces para argumentar que el comportamiento actual
de los medios amenaza a las instituciones democráticas. Las cuatro principales
cadenas de televisión controlan al menos 85 por ciento del mercado y gran parte
de sus productores se han acostumbrado a difamar al presidente Chávez, emitiendo
una serie de ataques políticos, que las acciones del gobierno no siempre
meritan. En demasiadas ocasiones la crítica se centra en la persona del
presidente, más no en la calidad de sus políticas públicas, y en pocas ocasiones
se ofrecen políticas alternativas.
Durante dos meses, las televisoras privadas dieron pleno apoyo a una huelga
general realizada para sacar a Chávez del poder, cuyos efectos sociales fueron
desestabilizadores para la democracia, mientras que las pérdidas económicas
fueron catastróficas para el país. Durante este período los medios
promovieron fuertemente los llamados de los líderes de la oposición pero
sistemáticamente atacabaron al presidente ignorando los acontecimientos
favorables a su gobierno y las opiniones de sus partidarios.
Los funcionarios del gobierno afirman que tales acciones por parte de los
medios han degradado el diálogo democrático, ya que estos han tomado un rol
político, dejando de lado su responsabilidad de ofrecer información veraz.
Muchos corresponcales de algunos de los periódicos más prestigiosos a nivel
internacional, concuerdan en que los medios de Venezuela se han transformado en
un grupo predispuesto a la defensa de la oposición.
En un clima mediático que desatiende las preocupaciones de los pobres y
frecuentemente provoca la distensión, los funcionarios del gobierno enfrentan el
desafío de animar un debate público participativo, contructivo y
democrático. En respuesta, ellos han propuesto leyes que rijan las
estaciones de radio y televisión para que inviertan más tiempo en educar a la
sociedad con programación balanceada. Una disposición por ejemplo, exige
estrictas cuotas de tres horas programación diaria reservadas para la educación
y otras tres de programas diarios de música nacional.
Los peligros de supervisar la prensa
¿Pero sera que al ser asignados horarios para programación más equilibrada,
los medios estaran dispuestos a enfoquarse en educar a la sociedad? De hecho,
esto es visto con resistencia por los líderes de las cadenas privadas de
Venezuela, quienes ven en estas propuestas una manera cínica de sofocar las
críticas contra la administración de Chávez. De todas maneras, los críticos
discuten que si estas leyes son aprobadas serán inefectivas para cambiar el rol
combativo de los medios. Recordando la creatividad mostrada durante la
campaña de oposición anti-Chávez, no es difícil imaginar programas de televisión
para niños con un tinte político y música folclórica con letras contra el
proyecto “revolucionario”.
¿Cuál será la reacción del gobiernoa a tales “trampas”? Los querellantes
federales ciertamente estaran dispuestos a llevar a las estaciones de
televisión y radio a la corte donde discutirian una serie de definiciones
nebulosas sobre que es “cultural” y “educativo”. Esto dejaría que el sistema
judicial a veces corrupto y ciertamente ineficaz de Venezuela, determine la
correcta definición de lo que es una programación “socialmente
responsable”.
Las reglas para regular el contenido de los medios mantendrían a los juzgados
ocupados pero no haran mucho para fomentar el periodismo investigativo ni
los puntos de vista alternativos. Otra ley propuesta penalizaría a los
productores y periodistas que inciten el irrespeto a funcionarios públicos. Esto
puede conducir a abusos contra la libertad de expresión en un país donde en el
ultimo año los observadores internacionales han reportado un alarmante número de
incidentes de intimidación e impunidad en contra de periodistas. La ley puede
atentar contra periodistas que de buena fe, investigan actividades dudosas del
gobierno, al darle al poder a los funcionarios publicos de obstaculizar su
trabajo llevandolos a las cortes. Tales repercusiones definitivamente
perjudicaran el dialogo sobre los problemas politicos, economicos y sociales del
pais.
Una modesta propuesta
En vez de controlar el contenido de los medios, el gobierno haría más por la
democratización de la opinión pública enfocándose en reformas que den a los
pobres la oportunidad de crear sus propias vias de expresion. Las preocupaciones
sociales y económicas afectando a los barrios y áreas rurales de Venezuela, son
pasadas por alto por las grandes cadenas que tienden a favorecer los intereses
de su audiencia de clase media. El canal de televisión operado por el gobierno
tampoco hace mucho para expresar preocupaciones ya que en forma rutinaria se
dedica a promover la agenda del partido de Chávez, elogiando sus virtudes con
una sobre dosis de promocion política.
Los pobres de Venezuela podrán empezar a adueñarse del diálogo democrático a
través de la creación de estaciones de radio populares. Aunque estas no
competirán con la numerosa audiencia de las grandes cadenas privadas,
comenzarán a marcar un impacto positivo en las comunidades pobres al difundir
sus problemas diarios y presentar una amplia gama de opiniones políticas.
Cabe reconocer que algunas de las provisiones de la ley sobre la
responsabilidad social en la radio y televisión hacen un esfuerzo por promover
los medios comunitarios. Uno de estas exige el establecimiento de
un instituto nacional para radio y televisión que podría proveer entrenamiento y
soporte técnico a productores independientes.
Pero las reformas para lograr la proliferación de medios populares deben
llegar más lejos lo más antes posible. No solo es una necesidad urgente, pero
tambien es políticamente factible. Proveyendo a la población con medios
alternativos de información, los medios comunitarios pueden ayudar a
neutralizar las preocupaciones de monopolización de los medios, que en parte
motivan los esfuerzos del gobierno para regular el contenido de los medios. Un
gobierno que se siente menos presionado por los medios ciertamente beneficiará a
las estaciones de televisión privadas, que en muchos casos han incitado a
hostilidades a través de su cobertura de los hechos. Sería sabio que ellos
ayuden a fundar los medios populares como una muestra de reconciliación y
compromiso con el auténtico desarrollo de la libre expresión.
Más importante aún, la democracia participativa se beneficiará con
iniciativas concretas para financiar medios independientes, las cuales
fomentaran el interes del electorado por las políticas publicas al transmir los
problemas diarios de los ciudadanos humildes, promover la participación en
reuniones comunitarias y fomentar diálogo entre los rivales políticos
locales.
¿Pero, cómo fundar los medios populares? Estos deben ser libres de la
manipulación financiera de sectores del gobierno o de élites corporativas
ansiosas por convertirlos en franquicias políticas. Es una tarea que el
gobierno, el sector privado, la sociedad civil y las organizaciones
internacionales deben emprender conjuntamente como una oportunidad unica. Las
ventajas de darle a los pobres las herramientas para participar en un debate
democrático, durarán mucho mas que cualquier reforma destinada a poner reglas a
la libertad de expresión.
Este anáalisis fue escrito por Manuel Rueda. Un analista politico en
el Council on Hemispheric Affairs, instituto de investigaciones politicas de
Latino America, basado en Washington, DC Estados Unidos. Puede contactar
al autor a manuel@ybiz.net.
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