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"La revolución acaba con la mentira social. La revolución es la verdad. Comienza llamando a las cosas por su nombre [...] Pero la revolución en sí misma no es un proceso integral y armonioso. Está lleno de contradicciones [...] La propia revolución crea un nuevo estrato dominante que busca consolidar su posición privilegiada y es propenso a verse, no como un instrumento histórico transitorio, sino como la conclusión y la coronación de la historia"
Trostky. La revolución desfigurada: la escuela estalinista de la falsificación.
La historia no se repite, los errores si. Estudiar las experiencias pasadas nos permite reconocer los aciertos y errores históricos, para aprender a no repetir estos últimos. La revolución venezolana recorre caminos no transitados por ninguna otra revolución. Se ha intentado compararla con el proceso chileno, pero el sólo hecho que Salvador Allende fue electo Presidente por una decisión en el Congreso dominado en ese tiempo por la democracia cristiana y no por una votación a favor abrumadora, como el caso de Chávez, es apenas el comienzo de una enorme lista de diferencias entre ambos procesos y desarrollarla aquí no es el objeto del presente artículo.
La caracterización del proceso venezolano pasa por reconocer que avanzar en el marco de las estructuras democrático burguesas impone, quizás, más limitaciones que libertades, más adversidades que logros, más enemigos que aliados. Entre los aliados parecieran estar nuestros más peligrosos enemigos.
El deseo de ganar las elecciones llevó a construir una organización, el MVR, abierta a todos lo que querían un cambio de la situación insostenible de explotación e injusticia que se le impuso al pueblo durante más de cuarenta años. Pero la laxitud de dicha organización permitió la entrada de los que quieren un cambio profundo, de los que no lo quieren tan profundo, así como de los que quieren un cambio para que no cambie nada.
Chávez intenta desesperadamente encontrar un interlocutor válido entre el líder y el pueblo. La mayoría de dirigentes del MVR, con sus contadas excepciones, se han convertido en funcionarios públicos burocratizados, más preocupados por defender sus privilegios que en defender y profundizar el proceso. Acudió al ejército para aplicar planes sociales, pero hasta allí; el ejército no es un partido. Intentó relanzar al MBR-200, pero este sigue en el limbo. Creó los Círculo Bolivarianos, pero estos fueron dominados y/o abandonados por la dirección burocratizada del MVR. Se aferra al PPT, pero éste interesado en copar cada vez más cuotas de poder, se aleja en la misma proporción del pueblo, su movilización y organización. Ahora, Chávez, llama a la conformación de un Frente Nacional de organizaciones populares.
Estas contradicciones en el proceso revolucionario venezolano parecieran confirmar dos hechos de las lecciones de la historia. Las revoluciones forman también su casta “revolucionaria”, que termina por creer que ellos son el proceso. Este “aliado” enemigo, que intenta eternizarse en los cargos, que mantiene el secreto de los manejos de la administración pública, que impide la participación protagónica del pueblo, que negocia contratos directamente, que aprendió rápidamente los vicios puntofijistas, es un cáncer que carcome el proceso y que, como todo tumor, deberá ser extirpado.
La segunda lección es que ninguna revolución social ha triunfado sin una herramienta disciplinada, con objetivos históricos definidos, con una teoría revolucionaria y con un sujeto social capaz de dirigir al pueblo en la movilización y organización. A raíz del paro de diciembre la clase obrera venezolana dio un paso adelante hacia la dirección del proceso venezolano, construir alrededor de ella y bajo su dirección la herramienta que necesita la revolución bolivariana es una necesidad prioritaria.
Somos muchos en éste país los interesados en construir el futuro que merece hoy nuestro pueblo, unirnos es nuestra obligación.
Edwin Aguirre M.
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