El problema no estriba en que los revolucionarios ocupen el poder,
sino en
que lo utilicen para llevar a cabo políticas inaceptables para la
oligarquía.
Henry Kissinger
Oligarcas, sindicaleros, politiqueros, curas, pastores, tele-evangelistas,
economistas, militares, medios de comunicación de masas…, entre otros, nos han
estado engañando a todos respecto a la pobreza.
La pobreza, el desempleo, la guerra, la lucha de clases, el analfabetismo, el
racismo, el sexismo, la delincuencia, entre otras manifestaciones indeseables en
la sociedad, definitiva y positivamente son negocio en el sistema económico
capitalista y constituyen, además, los principales medios a través de los cuales
quienes tienen mucho tratan de obtener aún más.
Nuestra impotencia frente a los hechos económicos
Nuestra impotencia individual y colectiva frente a la realidad económica es
tal, que aunque decidiéramos confinar en la luna a ese pequeño grupito de
individuos que monopolizan la riqueza, no habríamos logrado prácticamente nada.
¿Por qué?
En primer lugar, como comentaba en mi artículo anterior (Autoestima del
venezolano talón de Aquiles de la Re-evolución Bolivariana), porque, por una
parte, a través de la educación formal e informal se ha instalado en nuestra
mente a un saboteador, a un tirano-tiranizador que no dudaría ni por un momento
en esclavizar a cualquiera en la primera oportunidad que se le presente; por
otra, porque compartimos con los ricos muchas de las creencias sobre el
capitalismo y nos hemos dejado convencer de que no existe alternativa alguna
posible a este sistema económico y, por otra, porque ni sabemos en realidad cómo
funciona globalmente el capitalismo ni sabemos cómo desarticularlo. ¡Por ahora!
La ignorancia, o si prefiere, el desconocimiento de la economía y su
práctica, es uno de los factores importantes que nos paraliza a todos. Cuando
aumenta el precio de los artículos, nos quedamos sin empleo, no nos pagan
nuestra pensión…, nos enojamos, culpamos al gobierno y a los politiqueros,
decimos palabrotas y hasta allí llegamos. Cuando oímos sobre las descomunales
ganancias de los dueños de las empresas en que trabajamos frente a nuestra
pingüe ganancia, nos indignamos en silencio. ¡Claro, nos alegramos cuando nos
suben el sueldo o cuando la prensa y los telediarios nos “informan” que ha
mejorado la situación económica, ha bajado la inflación o son mayores las
entradas del Estado! Pero aparte de esas reacciones emocionales seguimos
paralizados, no tenemos ideas claras respecto a qué es la economía, desconocemos
cómo es manejada y los efectos reales de cada manejo.
Hemos sido castrados en la raíz de nuestro pensamiento
La aldea Global de la que hablaba McLuhan, no se convirtió según sus
expectativas en un espacio en el cual los seres humanos a través de sus
relaciones se enriquecerían cultural y socialmente, sino que se transformó en un
espacio de embrutecimiento y homogenización del pensamiento. Mediante la
educación formal e informal se ha venido uniformando la manera de percibir el
mundo, de pensarlo, de sentirlo, de actuar en él, de abordar los problemas, de
considerar que ante los problemas sólo existen dos clases de alternativas: una
buena y otra mala (en el caso de los modelos económicos, la buena es el
capitalismo y la mala el comunismo o cualquier otra alternativa).
La educación formal se ha encargado de fragmentar nuestro pensamiento y
visión de la realidad al enseñar las asignaturas como si se tratara de
conocimientos inconexos, nos ha enseñado a conformarnos con conocimientos
descontextualizados, superficiales, triviales, sin importancia para la vida
cotidiana y de relación. Nos han entrenado para que creamos que sólo existen
relaciones lineales, es decir, A actúa sobre B, B actúa sobre C…, quedando
marginada nuestra habilidad para vincular los hechos y ver cómo el conjunto de
ellos interactúa entre sí de muchas maneras: ¿cómo se retroalimentan? ¿Cómo los
efectos pueden ser causas y las causas efectos?... Nos han enseñado a ver el mundo de forma estática y
debido a ello a creer que si hacemos esto o aquello viviremos en un mundo
eternamente feliz.
Lo anterior tiene graves consecuencias a nivel individual y colectivo. Como
afirma Edgar Morin en su obra: La cabeza
bien puesta; “el debilitamiento de una percepción global conduce al
debilitamiento del sentido de la responsabilidad, pues cada uno tiende a ser
responsable de su tarea especializada y también al debilitamiento de la
solidaridad, pues cada uno no percibe más que su vínculo orgánico con su ciudad
y sus conciudadanos” (1999, p. 19). Yo corregiría esto último y diría “no
percibe más que su vínculo orgánico con aquellos lugares que el individuo
frecuenta en su ciudad y con unos pocos muy cercanos a él.
La Universidad no hace sino empeorar nuestra percepción de las cosas con su
división o separación tajante entre el conocimiento Humanístico y el Científico
y dentro de esta división con la super-especialización de cada disciplina, cuyo
lenguaje sólo es comprensible para los “entendidos” en ciertos aspectos de cada
una de ellas. De esta manera lo humano no es importante en lo económico, lo
político, el derecho…; la pobreza aparece como un mal congénito y no el producto
de la explotación inherente a la ideología capitalista…
Los medios de comunicación inducen y refuerzan nuestra castración mental.
Todos los días, supuestamente, nos informan la verdad absoluta, lo que es una
contradicción, pues in-formar quiere decir darle una cierta forma a lo que se
llaman datos crudos, sin elaboración. Más técnicamente, a lo que en psicología
se denominan estímulos. Si a los estímulos se les da una cierta forma, una
cierta interpretación según se elaboran, ello quiere decir, que se les puede dar
innumerables formas o interpretaciones y, por ende, eso significa que la
realidad que se pretende transmitir mediante la in-formación es totalmente
relativa a quien la elabora. De esta manera es posible justificar muchas cosas
como la guerra y convertir una invasión en un acto de Paz.
La transmisión de información de los medios de comunicación no tiene como
objetivo que el consumidor aprenda cómo formarse una opinión propia sobre lo que
acontece en su entorno y el mundo, sino su condicionamiento emocional.
La intención de quienes manipulan detrás de los bastidores de los medios es
que todos tengamos la misma opinión respecto a las mismas cosas y no pensemos
sobre ellas, sino que todos reaccionemos emocionalmente de modo parecido ante
ellas. ¿Quién se puede formar una opinión válida respecto a algo con una
“información” relámpago que ya viene pre-juiciada, elaborada, valorada y con
conclusiones incluidas? Peor aún, esa información va seguida inmediatamente de
otra, la cual es presentada de forma espectacular, dificultando así el tiempo
necesario para reflexionar.
¿Recuerda que en cuarto año de bachillerato, en una asignatura que
presuntamente era psicología, le enseñaron algo sobre el perrito de Pavlov?
¿Recuerda que Pavlov logró que el perrito salivara ante el sonido de una
campana? Bien, la importancia del descubrimiento de Pavlov no radica en esa
estupidez de haber descubierto que un perro saliva ante un estímulo como el
sonido de una campana, después de haber sido presentados simultáneamente un
estímulo natural (alimento) y un estímulo neutro (campana) varias veces. No,
reside en el hecho de que sin que medie nuestra voluntad e inconscientemente,
podemos ser emocionalmente condicionados de modo favorable, desfavorable o de
indiferencia respecto a cualquier cosa al asociar al mismo tiempo palabras,
sonidos e imágenes, es decir, creando un condicionamiento que se conoce como
condicionamiento de segundo orden.
Por favor, preste atención cuando escuche el telediario. Fíjese en la música
de fondo que utilizan, la entonación de la voz de quien habla y en las imágenes.
Note cómo reacciona emocionalmente ante ciertas palabras, ciertos sonidos e
imágenes. Tome consciencia de cómo todas las políticas adoptadas por el gobierno
para el beneficio de la mayoría, pero que son inaceptables para la oligarquía,
son invariablemente asociadas a emociones negativas, inseguridad, desaprobación,
terror.
Note la distancia, la indiferencia con que hablan eufemísticamente sobre los
daños colaterales en Irak, esto es, sobre las víctimas de carne y hueso. Podrá
entender así que muchas de sus reacciones emocionales no son suyas, sino
condicionamientos impuestos. Entenderá por qué termina aceptando como algo
natural que “la pobreza es una daño colateral necesario para el progreso y la
salud de la economía del país”.
La economía: una especialidad entendida por pocos
Además de las razones que acabo de exponer, la mayoría de las personas se
muestra impotente ante los hechos económicos porque estos son presentados de tal
manera que son escasas las conclusiones que podemos sacar.
Lo más llamativo de la información económica divulgada a gran escala es el
anonimato, es decir, la sustitución de las personas por números que poco nos
dicen. Rara vez hablan de nosotros o nos explican los hechos económicos, a no
ser que quieran manipular nuestra opinión o justificar algo. Lo usual es que los
medios nos hablen con tantos tecnicismos sobre la economía que nos sintamos
excluidos.
Nasdaq, Petróleo Brent, Dow Jones, Overnight, Bonos, Bolsa de valores, tasas
de interés… números. Pero ¿qué quiere decir cada una de esas cosas? ¿Cómo nos
afectan? ¿Esos números nos dicen qué previsiones deberíamos tomar? ¿Nos debe
importar que la Bolsa de valores de New York baje o suba? Para un empleado
cualquiera o un obrero, ¿Qué significa concretamente que el precio del petróleo
haya subido? Cuando nos dicen que la economía está mejorando, ¿eso significa que
se va a reflejar en una mejor calidad de vida para todos o que mejoraron los
ingresos de los ricos?
Cuando a finales de Marzo de este año, Fedecámaras y la CTV, aliados desde
hace años, se mostraron en desacuerdo ante la iniciativa del gobierno de
aumentar los salarios, los medios de comunicación se hicieron portavoces de
aquellos y se opusieron argumentando que eso generaría desempleo, lo cual es
mentira. La verdadera razón es que los peces gordos están habituados a obtener
elevados márgenes de ganancia. Aumentar el sueldo a los empleados y trabajadores
sólo significaría reducir en un mínimo ese margen de ganancias. Las empresas
nunca quebrarían debido a aumentos de salario razonables.
Piense en esto, si por cada bolívar que invierten estos “magnates” obtienen
mínimo 1000 de ganancia neta por artículo vendido, es decir, descontando
sueldos, gastos operativos, publicidad y otras cosas; ¿cómo van a quebrar al
aumentarle un 10% el sueldo a los trabajadores si ganan el 1000 por 1 y el
número de trabajadores no es tan grande?
Pero esta estrategia no es made in Venezuela, sino que es una estrategia
inventada en USA y UK. Por ello, no sólo debemos estar alertas, sino unirnos y
ocuparnos, porque hoy es el vecino el que quedó sin empleo, mañana quizá el
desempleado sea usted, o yo, o un hijo. Entonces, aunque despidan a un empleado
a kilómetros de mi casa, eso me debe importar, nos debe importar y nos debe
llevar a pensar y a apoyar economías alternativas, sobre todo porque los ricos
no están dispuestos a renunciar a sus grandes ganancias y harán lo que sea por
exprimirnos, especialmente, en estos momentos en que la estrategia
neoliberalista, que en un principio produjo enormes ganancias, ha traído como
consecuencia la actual recesión mundial, la cual progresa geométricamente.
Para ilustrar lo que quiero decir con lo de los despidos, tomemos un ejemplo
de entre los miles que existen. La compañía 3M ganó entre Enero y Marzo del 2001
467 millones de dólares, lo cual representó para ellos un 2,4% más de ganancias
que el año anterior. Sin embargo,a pesar de que aumentó sus ventas en un 2%,
despidió a 5000 empleados con el objeto de ahorrar 300 millones de dólares
anuales. ¿No podían estos “pobres señores” sacrificar esos 300 millones de
dólares? Si esto ocurre en tantas compañías de USA y Europa, donde se supone que
“sí hay ley”, ¿por qué no iba a pretender hacer lo mismo el sector empresarial
venezolano si son hijos de aquellos?
Hay que ganar mucho sin importar cómo
Hay que ganar mucho sin importar cómo, más aún, no sólo hay que ganar mucho,
sino que siempre hay que ganar más y más. Imagine este lema insertado en
nuestras neuronas y en un país como el nuestro, en el que la autoestima suele
ser baja y tanto el ser como la estima dependen del dinero y del poder. ¿Cómo
pueden ser las relaciones interpersonales? ¿Las relaciones laborales entre
semejantes, con los subalternos y el jefe? ¿Qué significado puede tener el
trabajar si por un lado los curas nos dicen que el trabajo es una maldición,
mientras que por el otro, el capitalismo nos dice que es una posibilidad de
salir del hueco y ser alguien?
Lo anterior me trae a la mente ese mensajito de que el venezolano es flojo
por naturaleza. ¿En verdad es flojo? ¿En verdad esa flojera viene de los genes
de nuestros aborígenes o será más bien el ejemplo en el tiempo del español, del
mantuano, del burgués, del empresario, que a decir verdad, siempre tuvo mucho a
costillas del otro, que, para ser sinceros, nunca le rodó el sudor por el rostro
sino por el calor?
Creo que hay que redimensionar ese: “No lo hago por menos de…”. Hay que verlo
desde otra perspectiva. Así, desde ese fondo psicológico que he venido
describiendo, debemos re-interpretar lo que implica el que durante décadas se
nos haya dicho que el petróleo es nuestro y vincularlo, por ejemplo, a la
conducta del empleado público que hace como si trabajara y que se deja sobornar
o se presta a la corrupción.
Cuando utilizamos servicios como arreglar nuestro auto nos quejamos de que
los mecánicos cobran mucho y la reparación no dura nada. Pero ¿No es ese el
modelo de relación económica impuesto por nuestros empresarios?
Ya hablé de que por cada bolívar que invierten los empresarios aspiran a
ganar mil, pero aparte de eso, muy oculto, está el hecho de que se gastan
millones de dólares en investigaciones vinculadas a que los productos dejen de
ser útiles en menos tiempo del debido. Hoy día, por ejemplo, existe toda una
tecnología que permite fabricar autos que no necesiten reparación alguna durante
100 años. Sí, 100 años sin cambiarle una sola pieza. Sin embargo, se fabrican
para que a los 2 o 3 meses usted y yo debamos cambiar repuestos y a los 2 o 3
años debamos cambiar de vehículo. ¿No es esa una economía de la especulación,
del oportunismo? ¡Claro, los economistas nacionales y extranjeros no le dan ese
nombre!
En estos momentos en que Fedecámaras y la CTV nos quieren hacer creer que va
a haber desabastecimiento y los precios de los productos van a seguir subiendo
por culpa del gobierno, se puede deducir que se trata de una nueva estrategia de
especulación, de una manera más de ganar mucho haciendo poco.
Los empresarios a través de los medios de comunicación dicen que el precio
del pollo ha subido por culpa del gobierno, pero no dicen que están
esterilizando a las gallinas, lo que es la causa real del desabastecimiento y
una excusa para aumentar los precios y obtener jugosas ganancias. En
contraposición, ¿por qué los mercados populares que ha venido desarrollando el
gobierno pueden vender mucho más barato sin necesidad de subsidiar los
productos?
Otro ejemplo de especulación es que, monopolios como Polar, le pagan al
campesino 10 bolívares el kilo por X producto del agro y nosotros lo compramos
en el supermercado a 1200. ¿Quién se queda con la diferencia? ¿Tienen los
intermediarios derechos sobre esa diferencia? ¡Ah, me olvidaba que existe el
derecho al libre comercio!
Desempleo
La pobreza es una circunstancia social compleja, producto de una larga
historia de relaciones entre los seres humanos, la cual, a través de diferentes
formas de organización política y económica, ha originado y mantenido por siglos
sociedades en las que unos pocos tienen demasiado y la mayoría tiene poco o nada
para vivir.
La pobreza no se limita a la falta de dinero, al hambre, a vestirse con
harapos y a vivir hacinado entre cuatro tablas y un techo de lata. Genera además
el carecer de voz, de poder político y económico en la sociedad, el vivir en la
ignorancia, no tener derecho a la salud, el ser objeto de manipulación y
violencia, el ser empujados al crimen, la prostitución, el alcohol, las drogas…
En pocas palabras, implica la más profunda deshumanización.
Si uno presta atención a esa máxima capitalista que tanta importancia le da
al consumo de la mercancía y piensa en la pobreza, uno no puede dejar de
preguntarse, ¿Por qué los empresarios no defienden el pleno empleo? ¿Por qué no
hacen lo imposible por eliminar la pobreza?
Las razones son múltiples, pero aquí solo mencionaré dos. Mantener un mercado de mano de obra barata y
el debilitamiento de los sindicatos.
Cuando la gente que vive en los tugurios, seres humanos de carne y hueso, se
enfrentan cotidianamente a necesidades como el hambre propia y la de los hijos,
son muchos a los que no les importa tener un empleo inestable y trabajar por
cualquier sueldo las horas y días que les exijan. Ante el hambre, no les importa
verse obligados a renunciar a prestaciones sociales, utilidades, jubilaciones…,
con tal de poder comer. El hambre es tal en muchos casos, que los padres se ven
obligados a permitir que sus hijos trabajen por casi nada, lo cual representa un
aumento en el margen de ganancias de los ricos.
En la clase media pasa algo similar respecto al desempleo. Todos los hijos
deben tener una profesión para ser alguien en la vida y vivir bien, pero lo
mismo se ha dicho entre la gente de los barrios, quienes están convencidos de
que así saldrán de abajo. ¡Mentira! Son tantos los profesionales que se gradúan
como arroz cada año y tan pocos los puestos de trabajo, que a la hora de buscar
empleo los cargos ya están ocupados y cuando se oferta alguno, muchos están
dispuestos a trabajar bajo cualquier condición y por cualquier sueldo.
El que tiene trabajo, normalmente, adquiere muchos compromisos económicos y
cuando los empleadores vienen con el cuento de que habrá que despedir a unos
cuantos porque tienen pérdidas (las pérdidas se refieren a que las ganancias no
son tan sustanciosas como aspiran los dueños de las empresas), esos empleados
para no ser despedidos aceptan que se les disminuya el sueldo y muchas cosas
más. No hay mejor ejemplo de ello que el que nos dieron los dueños de los medios
de comunicación después del paro cínico de Diciembre y Enero pasados con sus
empleados.
Aquí las mujeres, después de los niños esclavizados, son las que llevan la
peor parte. Siempre se les paga menos que a los hombres en cualquier sector
laboral. ¿Cómo no aceptar si debe darle de comer a sus hijos? Es rara la madre
que no hace lo imposible por darle de comer a su hijo.
Las personas de más de 33 años, también se hallan en circunstancias parecidas
a las de las mujeres, pues para este grupo es sumamente difícil mantener o
encontrar trabajo.
La abundancia de mano de obra, la poca oferta de trabajo y las necesidades
reales de los seres humanos, llevan a aceptar condiciones laborales como la
prohibición de afiliarse a un sindicato, lo que debilita los sindicatos y, por ende, la
posibilidad de organización de los trabajadores para defender sus derechos. Este
es el caso de empresas como MacDonald. Pero hay otras formas de debilitar los
sindicatos: politizarlos y comprar a los líderes, como es el caso de la CTV,
caso único en la historia de la Humanidad, en que una central obrera se une a
los patronos.
Economía y chantaje político
Las grandes empresas tienen entre sus objetivos el eliminar la pequeña y
mediana empresa, pues mediante esta estrategia no sólo eliminan la existencia de
posibles competidores, sino que se van adhiriendo la producción de una gran
diversidad de artículos.
Al hacer esto, no sólo dominan el mercado nacional a nivel del consumidor, lo
que significa que nos pueden vender al precio y con la calidad que les venga en
gana, sino que, además, pueden chantajear al gobierno, hasta cierto punto, al
dejar de producir, ocultar la producción y crear un estado de desabastecimiento
con el fin de culpar al gobierno y enemistarlo con el Pueblo, que es una de las
estrategias que viene poniendo en práctica la oposición golpista venezolana. Por
suerte, el gobierno Bolivariano ha sabido salirles al paso. Cuando dijeron que
no había azúcar, Chávez tomó la decisión de importarla. La reacción inmediata
fue decir que desconocían que contaban con reservas para toda la población por
más de seis meses.
Se funden así la economía y la política y desde la economía se maneja y
controla al Estado a través de títeres, los politiqueros. Ejemplo de ello lo
vivimos con presidentes como Carlos Andrés Pérez y Caldera. A esto se refiere la
defensa de la política de libre
empresa a la que quieren unirnos los oligarcas, lavándonos el cerebro a
través de la propaganda que despliegan mediante los medios de comunicación.
¿Por qué cree que es la lucha encarnizada contra este gobierno, que si bien
tiene sus defectos, nos propone una alternativa a la economía neoliberal y, por
ende, la posibilidad de que todos tengamos voz, no sólo en lo político, sino
también en lo económico?
Pobreza
Junto al desempleo y una remuneración de risa está la marginalidad. ¿A quién
beneficia? ¿Cómo? Beneficia al politiquero que siempre promete eliminar la
pobreza, pero nunca cumple mientras se enriquece. Favorece al rico que distrae
la atención de su corrupción y su injusticia con el surgimiento de un estado de
violencia e inseguridad social. En 1776 decía Adam Smith, padre de la economía
moderna: “La autoridad civil en realidad se instituyó para la defensa de los
ricos contra los pobres o de los que tienen propiedades contra los que no tienen
ninguna”.
La autoridad civil no sólo mantiene a raya a los pobres, es además una
institución de la cual viven muchos ricos o muchos se han hecho ricos. Imagine:
toda la infraestructura que ello implica, las patrullas, motos, tanquetas,
armas, uniformes…, que es necesario comprar. Junto a ello está el negocio de los
penales, los jueces, abogados…
La inseguridad, supuesta razón de ser de la autoridad civil, además, genera
una industria de seguros, de compañías que ofrecen tecnología y cuerpos de
seguridad… Vinculado a ello, los medios de comunicación enfatizan en la
inseguridad, la cual sirve para mantener una cierta audiencia, vender porquerías
que a nadie sirven y reforzar la industria de la supuesta protección
privada.
La inseguridad, entonces, es buena y hay que propiciarla según la lógica de
los ricos. ¡El dinero debe circular!
¿Adónde deja el negocio de las drogas y la prostitución? ¿Por qué cree que
los ricos persiguen todo esto siendo ellos los principales consumidores?
Primero, porque lo prohibido es lo primero que busca el ser humano. Segundo,
porque la mercancía sube de precio al tratarse de algo prohibido y tercero,
porque los ricos son los principales dueños y socios de este mercado. El papel
de los pobres aquí es importante, proporciona las mujeres para el mercado de la
prostitución y en el de las drogas el poder contar con quienes las distribuyan y
vendan, quedando muy lejos del asunto. Más aún, proporciona contar con adictos
que, a cambio de droga, estén dispuestos a todo, incluyendo matar.
Los hospitales y escuelas para pobres son un buen negocio. Piense nada más en
los jugosos contratos que adquiere el sector privado a través del estado en lo
concerniente a infraestructura, dotación material, fármacos, mantenimiento...
Con el enemigo por dentro
Definitivamente no puede haber Re-evolución Bolivariana si esa revisión
interior de nuestra manera particular de ser no incluye el que detectemos al
saboteador-capitalista-tirano que todos llevamos por dentro. A ese que es sumiso
ante el opresor y tirano con su semejante; que se calla ante el explotador y
despluma a su igual; si no tratamos de identificar ¿cómo se ha instalado en cada
uno de nosotros la mentalidad capitalista? ¿Cómo y por qué la mantenemos? ¿Cómo
esa mentalidad nos inclina a movernos en la sociedad? ¿Cómo hemos hecho para que
el dinero sea más importante que nosotros mismos? ¿Cómo el dinero ha dejado de
ser un medio para convertirse en un fin? ¿Cómo el dinero es el regulador de
nuestra vida afectiva y espiritual? ¿Cómo el dinero se ha convertido en el
centro, el eje y fin primero y último de nuestras vidas llegando a la
deshumanización?...
Aunque con justa razón a veces señalamos al enemigo que está allá afuera
personificado en el empresario, el politiquero, el cura, el juez, el policía, el
militar, el empleado público, el alcalde… corruptos, cada uno de nosotros en
mayor o menor grado se ha identificado con estos personajes y razona, siente,
actúa y se expresa como ellos, razón por la cual debemos ser más autocríticos y
menos complacientes con nosotros mismos. Llevamos al enemigo por dentro.
No pasa un solo día sin que nos topemos con algún miembro de esta
administración que, diciéndose chavista, deliberadamente o de modo inconsciente,
se maneje de manera fraudulenta a nivel político y administrativo.
Dentro de la lógica del enemigo que se ha instalado en nosotros a lo largo de
nuestra historia, no sorprende entonces que se despida a quien sí es
re-evolucionario de corazón y sí practica la re-evolución, para poner en su
lugar a un escuálido de mente vestido de chavista. Que existan en la
administración pública chavistas de gorrita que hacen el amago de trabajar. Que
escuchemos a supuestos chavistas que pidan cárcel para los que se enriquecen con
el dinero del Pueblo, pero que se dejan sobornar. Gobernadores que en sus
narices permiten que se asignen a peces gordos tractores que debían ir a parar a
las manos de los campesinos. Que quienes uno creía más chavistas que nadie
saboteen la labor de otros chavistas que están haciendo algo positivo por la
re-evolución.
Al lado de esto, hay no chavistas y gente de oposición que se comporta de
manera similar y terroristas (un sector de la oligarquía venezolana) que todos
los días atentan contra el país con alguna modalidad de golpe: desabasteciendo,
acaparando, no pagando impuestos, incitando a la violencia, introduciendo
quintas columna en los puestos clave del estado, corriendo rumores, afirmando
que el gobierno no les da dólares y la verdad es que de unas 40.000 empresas
nacionales, apenas unas 900 han llenado sus solicitudes... Pero el país somos
usted, él, ella, él, yo, nosotros y cuando actuamos desde la perspectiva de ese
enemigo interno que acabo de describir, estamos actuando contra nosotros mismos.
Tal vez no notemos el efecto de inmediato, pero como ocurre con el agua de los
ríos, que paulatinamente convierte las rocas en piedras y las piedras en arena,
estamos volviendo arena nuestro hogar, Venezuela y a nuestros hermanos, los
venezolanos, su hijo, su vecino...
Para finalizar creo que le queda claro que no sólo debemos luchar por una
democracia participativa, sino que debemos luchar todos unidos por lo que yo
llamaría una economía participativa y cooperativa.
Estoy convencido de que debemos pensar en una economía alternativa a la
capitalista, una economía humanizada, en la que el hombre no use al hombre, en
la que este no esclavice a su prójimo. Esa economía no debe olvidar lo que yo
advertía en mi artículo: “Autoestima del venezolano talón de Aquiles de la
Re-evolución Bolivariana”, ni lo que digo en las primeras páginas de este
artículo. Más aún, debemos buscar la manera de articular todo esto con la
propuesta de economía que ha puesto en marcha nuestro Presidente, hacer las
debidas críticas, proporcionarle sugerencias y alternativas para mejorarla y
hacerla más eficiente y justa.
Debemos desarrollar nuestra propia teoría económica, una teoría cuya
filosofía debe ser: “Yo gano, tú ganas”. Esta debe estar vinculada al hombre de
carne y hueso y su realidad histórico-social, debe tomar en cuenta primero al
Hombre, segundo al Hombre y de último toda esa parafernalia de números e
intereses mezquinos. Su lenguaje, además, debe ser accesible a todos nosotros.
Lo debe comprender hasta el último analfabeta, de modo que pueda ser puesta en
práctica.
Debemos organizarnos y luchar por una economía participativa y cooperativa.
Debemos transformar esa destructividad que han instalado en nuestras mentes en
creatividad.
Así como con nuestro pensamiento somos capaces de destruir y sufrir, también
somos capaces de construir para nuestro bienestar particular y general. Sí hay
alternativas a la economía capitalista sin arrebatarle nada a nadie.
(*) Psicólogo Clínico)
dgrosso@cantv.net