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¿Qué está pasando?
Salió Felipe Pérez
Por: Sancho Caribe
Fecha de publicación: 03/05/03
imprímelo mándaselo a
tus panas
Nota de aporrea: En aporrea no terminamos de entender la salida de Felipe, a quien, a pesar de las diferencias y críticas que le haciamos, consideramos una de las fichas más progresistas del tren ministerial del gobierno.

Promoción del Software libre, cooperativas, economía social, planificación participativa... algo de eso tuvo que generar conflicto en el gobierno.

Los errores que han venido cometiéndose lo largo de cuatro años de gobierno bolivariano se han convertido en un fenómeno recurrente de este proceso. Error y revolución parecieran a estas alturas una pareja inseparable y consustancial a la praxis de gobiernos siguiendo lo que podría entenderse como una inevitable sanción de la historia hacia aquellos que asumen responsabilidades de gobierno desde la inexperiencia más absoluta. La pregunta a hacerse es si tales condenas son un realmente escritos fatales del destino político de todos los sueños trascendente o si por el contrario no será que existirán otros problemas más de fondo más hirientes y peligrosos que rodean este camino recubierto de gritos, alegrías, delirios y muchedumbres esperanzadas.

El caso de la salida de Felipe Pérez del Ministerio de Planificación es justamente una buena excusa para el análisis. ¿Qué representó en definitiva Felipe Pérez a este proceso, porqué sale, y sobretodo, cuáles son los intereses que sustituyen su gestión?.

Veamos si logramos responder. Felipe es probablemente uno de los personajes más emblemáticos de la revolución bolivariana vista desde su gobierno. No lo es Chávez, no lo es Diosdao, no lo es José Vicente, no lo es Giordani ni Maria Cristina. Estos últimos son sus voceros, sus íconos históricos, sus movimientos previos en tendencia e intereses diversos moviéndose entre los múltiples escenarios y roles que han venido armándose a lo largo de estos años de lucha desde las cúpulas de gobierno. Ahora bien, la revolución bolivariana como lo han probado los hechos vividos desde hace más de un año ha terminado por trascender en forma radical a sus caras representantes y de sus palabreantes más famosos. Ellos se han desmoronado en momentos claves de confrontación total para ser revividos en su puesto, decisión y lugar político, por la acción de lo que llamaríamos la muchedumbre insurrecta y esperanzada.

Pero esa muchedumbre a lo largo de los meses y los días pasados también ha dejado de ser una colectividad enajenada, enamorada de su caudillo dejándole a él la primera y última comprensión de aquello que él mismo tipificó como “revolución bolivariana” para transformarse en una subjetividad compleja, creadora y activa que empezó a tomar la historia con sus manos, y desde ella la palabra inspiradora de las acciones más relevantes. Fabrica con su activismo permanente no sólo una rebelión negadora sino la constitución de una sociedad inaudita e inédita, una obra nunca vista pero ya escrita en el imaginario justiciero de los pueblo nobles del mundo. Esta dimensión de la revolución bolivariana muy poco reconocida o más bien temida por las cúpulas más infectas que se han infiltrado dentro de ella, asienta dentro de sí subjetividades y valores muy distintos a los de sus íconos originales. Ellos, en su gesta e iconografía original, garantizan la unidad indispensable sobre la cual se consolidan las fortalezas diseminadas entre miles de colectividades de lucha, pero ya no son la columna vertebral única sobre la cual se difunde y practica la revolución bolivariana.

¿Quién era entonces ese Ministro de Planificación tan particular y sui géneris llamado Felipe Pérez?. Felipe era precisamente un fiel exponente de esa otra sangre que se mueve dentro de nuestra revolución, de allí su condición emblemática en el hoy de la revolución. Su lingüística y política corta de plano con las referencias tradicionales de la izquierda latinoamericana, enclavadas en la discursiva antiimperialista de los sesenta. Irrumpe mas bien con una postura como el mismo dirá “positiva” sobre la cual se recupera en esencia ese viejo negativismo de los movimientos revolucionarios para colocarse constitutivamente sobre las alternativas concretas sobre las cuales estamos en posibilidad de revertir al menos algunas de las bases en que se sustenta el mundo unilateral e imperial de la sociedad de consumo y el capitalismo globalizado.

La solidaridad, la honestidad, el amor y la verdad como valores principalísimos fundan toda su política y discursiva expuesta brillantemente en su memorable programa “Hola Economía” siendo paralelamente desarrollados a través de algunos de sus ejes programáticos fundamentales. Nos referimos a una política económica que rompe con todo artificio monetarista cuyos únicos beneficiarios serán siempre las oligarquías importadoras y la economía terciaria e improductiva, y se dispone a promover una dinámica económica de equilibrios en movimiento que garanticen en último término un flujo monetario que promueva en forma creciente la igualdad en la redistribución y la soberanía de nuestras fuerzas productivas. Equilibrios frágiles y no suficientes por sí mismos pero que serán acompañados por una permanente incitación a la disciplina fiscal y presupuestaria, a la reforma de las archireaccionarias normas fiscales que aún nos rigen (donde pagamos los pobres y no los ricos), la promoción a ultranza de todas las formas de economía social y autogestionaria, a la participación popular y el desarrollo endógeno (planificación participativa), el abandono por tanto de todos los viejos esquemas faraónicos, cupulares, antiecológicos y no sostenibles de desarrollo, y a la apertura de una política comunicacional sustentada técnicamente en el “sofware libre” cuyo umbral de fondo toca la posibilidad de construir una sociedad absolutamente transparente y horizontal organizada en base a la mediación del diálogo y el debate de todos y donde todas las verdades y saberes se fundan y confronten solidariamente. Faltaría añadir otro cúmulo de iniciativas como el de la moneda única latinoamericana, el banco único del estado, la trasformación de la administración central, etc. Pero todo esto en suma es una ventana concreta a lo que Felipe llamará la “Cuarta Vía”.

Entre valores y políticas empieza a establecerse ese curioso puente entre Felipe Pérez y la muchedumbre esperanzada. La situaciones concretas entre uno y otro mundo son obviamente muy distintas (academia vs calle), pero empieza a advertirse un corazón común sembrado en lo que llamaríamos la prioridad ética y no estrictamente política. Ya no interesan tanto los enemigos y sus horrorosas expresiones nacionales como tampoco los movimientos tácticos y estratégicos que los destrozarán. Se parte del principio que ellos empezarán a desvanecerse solos ante un colectivo que los retirará por siempre de sus mentes y referencias venciéndolos a través de la fuerza de las ideas y su correspondencia práctica. Esta “inocencia ética” tan característica en la personalidad y política de nuestro ex ministro de planificación, lo convierten de inmediato en un vocero directo del “Hombre Nuevo” o “Nuevo Pueblo” que se ha venido construyendo a sí mismo a lo largo de estos años revolucionarios. La esperanza es una ética de vida antes que una política, el colectivo en todo caso así como el ministro dejarán que ella la administren los líderes originarios ya profesionalizados en estos asuntos. Pero la condición ética, los principios de la verdad, el ejercicio de la solidaridad y la inventiva concreta de alternativas para una vida colectiva libre, digna, justiciera y soberana es mas bien tarea de los humildes y de los desprofesionalizados. Hablar como ministro en estos términos, promover una política dentro de ellos, era entonces construir un puente directo y sin ningún orden de sublimaciones y enajenaciones entre el hombre de gobierno y el pueblo que ha venido naciendo.

Todo esto tendrá que ver a la final con una praxis política anticogollérica, democrática, y de una irreverente -y hasta chocante para nuestras secretas costumbres- honestidad, que permitieron algún momento que el ministerio de planificación pueda ser convertido en uno que otro de sus pasillos en una magnífica esquina caliente más; un ministerio asamblea donde todos cabían y todos podían aportar sin ningún orden de censura o filtro que no sea el del respeto al otro a la institución y el compromiso por el sueño bolivariano que a todos nos convoca.

Sin embargo, el Ministro Felipe Pérez en forma intempestiva sale sin ningún tipo de explicaciones. El Vicepresidente le manda a decir que ha sido destituido sin mediar mayor palabra mucho menos reflexión y diálogo. Detrás de esta salida pareciera haber un mensaje claro: ya no queremos confrontación ni emplazamientos a nadie de importancia (BCV, Finanzas, FMI, SENIAT, Corporaciones de Desarrollo), en fin todos los monstruos de dominio mundial, corrupción y viejo estado que por razones obvias tendría que enfrentarse un ministro de calidad de Felipe Pérez. Para un gobierno revolucionario esto es una enorme equivocación puesto que no se trata de líos de pasillo o enfrentamientos politiqueros, tales confrontaciones se generaron sin ninguna intención ni rivalidad política previa, se dieron porque la “verdad revolucionaria” ejercida desde la inocencia ética tarde o temprano tendría que generarlas. El gobierno revolucionario de esta forma empieza por confundir a todo el mundo, por romper la continuidad de un nuevo orden de política o una nueva cultura política se apropie definitivamente de nuestras instituciones a través de la acción y el liderazgo de sus dirigentes más emblemáticos. Esta vez pareciera que le da prioridad a movimientos tácticos que nadie conoce puesto que no hacen parte por esencia profesionalizada y secreta de la transparencia ética y callejera que venía invadiendo este ministerio, y que además chocan con aquella “ofensiva revolucionaria” que decretó el mismo presidente después de vencer la conspiración general de diciembre y enero. Tal equivocación pisotea entonces la masivamente esperada “revolución dentro de la revolución”, pisotea al pueblo naciente y fabricante de la revolución bolivariana.

Pero esto en todo caso no sería lo más triste, sería una equivocación más que puede ser corregida como todas ellas y reconocida con humildad. Además, nadie es insustituible ni imprescindible y mucho menos un hombre como Felipe Pérez que en todo momento hizo alarde más bien de sus debilidades y por tanto de su prescindible condición. El problema es que detrás de la salida de Felipe pareciera haberse tejido una “conspiración dentro de la conspiración” avalada por el sistema intocable “por ahora” de la corrupción, los banqueros, burócratas y todo este nido de desgracias que aún inundan el gobierno revolucionario. Todo lo hecho, lo dicho, lo reivindicado, tiende a volverse polvo con el silencioso y despreciante método que aplican los representantes de gobierno a la salida del ministro Felipe Pérez, pero además se anuncia el “ritornello” triunfante y atropellante de quienes fueron los representantes más genuinos de la altanería burocrática y sus derivantes éticos y políticos. Los antípodas de la brillantez, la transparencia y la calidad que logró fomentar Felipe en el ministerio cerebro de nuestro gobierno, retoman sus curules ministeriales. El viejo Giordani vuelve y nadie entiende. Además llega haciendo “caída y mesa limpia” con todo y con todos como era de esperarse y no precisamente para superar los flancos débiles o las carencias en las que pueda haber incurrido la gestión de Felipe Pérez, sino para acabar con todo lo construido.

¿Qué está pasando?, nos preguntamos, ¿o seremos más bien nosotros que no queremos ver más allá de nuestras frustraciones y miserias personales?. Supongamos que algo de esto puede estar en el ambiente. Pero en este caso nos interesa suponer algo mucho mejor. Queremos suponer, queremos tercamente y esperanzadamente ilusionar, que la radicalidad espiritual, ética y masiva que ha tomado la revolución bolivariana desde sus rincones más básicos ha sido tan fuerte que ya es capaz hasta de torcerle las fibras corporales y espirituales a un personaje tan autista como el viejo Giordani y de pronto el personaje también sepa leer los contenidos, valores y métodos de nuestra irreverente revolución y la huella que supo dejar Felipe Pérez sobre este ministerio haciéndose idéntico a ella. Suerte camarada
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Sancho Caribe


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