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¡Epa!, pero primero comemos...
Por: Adnan Abidar
Fecha de publicación: 01/05/03
imprímelo mándaselo a
tus panas
Nota de aporrea: Visita la página de Adnan Abidar en:
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Venezolanos despotricando de su país ante extranjeros que valoran la revolución bolivariana con ardiente fervor.

Intelectuales cultivando la ignorancia, e "ignorantes" dando muestra de un amplio y sorprendente sentido común.

Medios de comunicación que al desinformar terminan informando, cuando con ingenuidad despiertan el interés y la suspicacia logrando que ante lo inverosímil se busque la verdad como lo hace el vicioso ante aquello que le provoca el vicio, y otros, que queriendo informar no encuentran espacio para difundir tantos hechos noticiosos sin caer en la parcialidad que provoca la saturación al dar largas secuencia informativas de materias similares o parecidas.

Gente con capacidades técnicas haciendo alarde de su egoísta concepción de la justicia social, al tanto que con pistola en mano pretenden recuperar los espacios abandonados por ellos voluntariamente engañados.

Obispos y monseñores haciendo uso de la desgracia humana que provoca la pobreza, para justificar sus posiciones políticas interesadas.

Una inversión total de valores, una mezcla de intereses antagónicos que parecen neutralizarse y llevarnos a ningún sitio.

Ideas muy buenas que surgen, al tiempo que son arropadas por otras nuevas sin que las primeras terminen de cristalizar. Ministros con muy buenas intenciones, cargados de teorías y proyectos que logran convencer, pero muy pocos de sus frutos dar, al gastar sus palabras prometiendo lo que seguramente quieren hacer, pero el tiempo y las circunstancias no le permiten ejecutar.

Conspiraciones que se gestan y desarrollan cíclicamente, dejando a sus protagonistas tan descaradamente envueltos y comprometidos, que ya se hace lugar común y a nadie parece sorprender. Forcejeo que tensa la cuerda y provoca un precario equilibrio: por un lado las ideologías y los sueños patrios, por otro los intereses económicos de los grupos de siempre. Y aparece una tercera punta en tensión que amenaza con romper tan inestable sistema de fuerzas: me refiero al hambre de los comunes.

¡QUE LOCURA DIOS MIO!. Nada parece prosperar, y me alegro por lo malo, pero me siento muy triste por lo bueno que no logra del todo desarrollarse.

Mientras tanto el ciudadano común sigue expectante y comienza a dar muestra de desgaste y desesperación. Sobre todo aquel que no es del todo revolucionario, ni tampoco del todo opositor, son sólo ciudadanos abocados a su familia, con poco o casi ningún interés político partidista, o ideal patrio que suponga sacrificio y esfuerzo adicional al que por décadas han estado sometidos, por una u otra razón. Casados de vivir sufriendo el embate de la inflación, la merma de sus posibilidades ciudadanas que le procuren una adecuada calidad de vida.

Y es que como bolivariano miro preocupado, como el temor por el mañana inmediato, ese que obliga hoy a pensar como comer al siguiente, va como el agua erosionando poco a poco la conciencia, la esperanza que resguarda la barbarie humana de nuestros instintos primitivos. Y es que como yo, muchos somos lo que ante el interés por el acontecer nacional nos informamos por distintas vías sobre los pormenores del día a día, luego de lo cual, la valoración que hacemos de los hechos pretendemos sea generosa y equilibrada, acorde con nuestros intereses y deseos más optimistas, aún cuando nuestra realidad individual sea tan precaria como la de otros. La pregunta clave, que refleja parte de mis temores, es: ¿Cómo podrán valorar los hechos quienes ausente, voluntariamente o no, de lo que acontece nacionalmente, lo único que realmente perciben es tan personal e intimo como estar parado frente a un estante en un abasto, y mientras una mano aprieta los churupos, húmedos por el sudor de la ansiedad, la otra trata de calcular con dedos inquietos para cuanto de lo que necesita para dar de comer a sus críos, le alcanza?

Es allí cuando las siempre necesarias ideologías, cuando los hermosos sueños patrios, la lucha sacrificada por nuestros hijos, en su tiempo de ser adultos, y la inyección de palabras que cautivan y dan esperanzas, abren paso permisivo y como con un gesto de: "pase usted adelante, señora barbarie", pudieran dejar que nuestro gran país se sumerja en una situación de caos total. ¿Qué tan cerca estamos de algo así?, pues no lo sé, pero el comentario de ese ciudadano común golpeado por la escasez y la carestía de los alimentos, por el hampa asesinando a diestra y siniestra, por la incertidumbre política que castiga la tranquilidad mental, por la polarización política manifiesta como tips de farándula, es cada día mayor, y lamentablemente, muchos de esos ciudadanos, hastiados o simplemente apartados de lo temas políticos y demás vicisitudes nacionales, son fuente potencial y primaria de destrucción y caos social, que sucumbirían ante la tentación de suplir sus necesidades, aunque sea por instantes.

Y es que un televisor encendido hablándonos del futuro, un periódico bien editado y cargado de muy buena ideología, no puede más que la mirada perdida y la voz apagada de un niño que con temor le dice a su madre: ¡Mami!, tengo hambre...

Entonces me pregunto: ¿No será mejor que no "metamos una buena papa" antes de tirarnos a la batalla, o veamos la TV, leamos el periódico, mientras delante de nosotros una humeante y suculenta comida repose en un plato, que al engullirla nos permita pensar con la barriga llena y el corazón latiendo como loco de alegría? Estoy seguro que si así fuese, nadie ni nada podría desviar el proceso bolivariano revolucionario, porque una parte vital de éste consiste en generar suficiente conformidad, suficiente aliento y fortaleza en quienes pretendemos sean parte de su gestación. De lo contrario, los más negros y oscuros deseos de los adversarios de siempre, podrían hacerse realidad después de todo.

¡Por Dios!, no permitamos que ante tantos tipos y formas conspirativas, la que castiga el estomago sea la que destruya tantos hermosos sueños...

Si tras cada conspiración ha habido siempre una respuesta dignificante, la que se inspira en el hambre debe ser derrotada con todo el vigor, el interés y la fuerza que cada bolivariano pueda guardar en su interior. Porque más allá del rescate de un gobierno golpeado, o del petróleo como principal generador de divisas, sin comida barata y al alcance de todos, la conciencia y la vida misma del pueblo sucumbirá, entonces nada importará, porque revolución sin revolucionarios es sueño de algunos para beneficio de pocos.

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Adnan Abidar


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