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Mientan, mientan, que algo queda... (Goebbels)
Por: María Burgos y Mario Peralta
Fecha de publicación: 30/04/03
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Este esclarecido refrán es seguido al pie de la letra por los autores de la campaña mediática: FEDECAMARAS, la CTV, los partidos desplazados del sistema, y unos pocos izquierdistas que se unen ahora a sus perseguidores históricos. Se acostumbraron a ser "la oposición a su majestad", y necesitan que su majestad sea repuesta en el trono para recuperar el lugar perdido. Es posible que se unan a la Coordinadora Democrática solicitándo la intervención de EEUU.

Para comprender como se amasa la opinión pública, analicemos una de las mentiras reiteradas hasta el cansancio. Me refiero a la acusación de que Chávez y los bolivarianos son los culpables de las muertes del 11-A. Luego del golpe de Estado, uno de los que más ha insistido en esta afirmación es Alfredo Peña, quien llegó a gobernador montado sobre los hombros de Chávez. Claro está que, mientras todos hablan de los muertos del 11-A, a nadie (ni siquiera al oficialismo) se le ocurre mencionar los muertos del 12, 13 y 14-A. ¿Será que estos ciudadanos eran extraterrestres, o será que eran venezolanos de segunda categoría?

Es evidente que, para poder seguir acusando de dictador a Chávez, necesitan mostrarlo como un brutal asesino. Pero quienes hemos reflexionado sobre las escenas de "los pistoleros de Puente Llaguno", proyectadas hasta el hartazgo en la pantalla chica, podemos deducir algo distinto de lo que pretende probar el impresionante montaje transmitido por la televisión.

El impacto inicial de las imágenes fue terrible: vimos un grupo de personas armadas apostadas en Puente Llaguno, que descargaban sus armas hacia la Av. Baralt. Al mismo tiempo, la voz de un locutor afirmaba: "MIREN COMO MATAN A LOS MARCHISTAS. LES ESTÁN DISPARANDO DESDE EL PUENTE. HAY CENTENARES DE MUERTOS". Como es natural, quienes presenciábamos la escena repudiamos la acción vandálica, a sus ejecutores y a quienes pudieran haberlos inducido a semejante crimen.

Pasados unos días, pudimos empezar a analizar los hechos con la cabeza más fría. Así fue que comenzamos a comprender que habíamos sido sorprendidos en nuestra buena fe por la campaña mediática. Y en la actualidad podemos afirmar, sin lugar a duda razonable, que los hechos se desarrollaron de la siguiente manera:

1.- A diferencia de lo que afirmaba la TV, la manifestación no venía por la Av. Baralt. En tal sentido, hay dos pruebas terminantes: a) el plano del recorrido de la marcha publicado por El Nacional en su edición del 12-A, p. D/4 (Anexo 2); y b) el relato de un periodista, publicado en esa misma página, informando que la Policía Metropolitana (PM) impidió que la marcha circulara por las Av. Baralt y San Martín.

2.- Los "pistoleros" del puente se cubrían. Todos ellos estaban cuerpo a tierra, o ubicados tras los edificios. Esa no es la posición que asumiría alguien que disparara contra manifestantes indefensos; es la que adoptaría alguien que está participando en un enfrentamiento armado. Posteriormente, cuando pudo verse el video completo, quedó en evidencia que los pistoleros se enfrentaban a la PM. Por eso es escandaloso que los canales opositores, a propósito del premio obtenido en España, sigan afirmando: "...sólo veía una gente disparando contra la marcha". O "Mis compañeros y yo sabemos que esas imágenes son verdaderas, que aquellos tipos estaban disparando hacia abajo... a los marchistas, a la gente indefensa".

3.- En El Nacional del 12-A, la periodista ROSELENA RAMÍREZ PRADO afirma que "los primeros muertos fueron del oficialismo" (Anexo 1), y en el informe que mencionamos en el punto 5, se demuestra que los tres muertos que cayeron en la Av. Baralt y el que cayó en el Puente Llaguno militaban en el Movimiento Bolivariano. Entonces, todo indica que quienes disparaban desde el puente estaban respondiendo al fuego de la PM. ¿Obraban en legítima defensa, pues eran agredidos? Leonardo Díaz Paruta, jefe de la Policía de Chacao (que sabe algo de estas cosas pues fue jefe de la división contra Homicidios de la PTJ), declaró que el 11 de abril no hubo heridos ni muertos por armas cortas (pistolas y revólveres). Esas eran las armas que utilizaban esos ciudadanos a quienes el hampa mediática transformó en pistoleros asesinos. Pero cuando se acusa a alguien de homicidio hay que decir a quien mató (o a quien hirió), afirmación que se evade cuidadosamente.

4.- Por otra parte, nada se dice de las armas de fuego que la PM llevaba ese día. Habría que encontrarle respuesta a la pregunta: ¿Por qué una asamblea de funcionarios de la PM exigió y obtuvo la destitución de Iván Simonovis, el jefe de seguridad de Alfredo Peña? Se rumorea que la respuesta es que Simonovis fue señalado por los mismos funcionarios de la PM como el responsable de haber apostado los francotiradores responsables de los muertos del 11 de abril y de los días subsiguientes. Si eso es así, nos enfrentamos a canallas capaces de ordenar que se dispare contra manifestantes inermes de cualquier bando, sólo para dar una excusa que justifique el golpe de Estado.

5.- En Últimas Noticias y en Despertar se publicó un plano elaborado por el R.P. Vives y S.J. Arrieta, donde se detallan los nombres y el punto en el que cayó cada uno de los muertos del 11-A, el tipo de herida recibida y la filiación política. Según este informe, de los 19 asesinados 10 simpatizaban con el Presidente Chávez, 9 estaban en la marcha de la oposición, y de uno no se identificó la filiación. Es de suponer que quienes participaban en la marcha (9) eran opositores. Existe al menos una excepción: el fotógrafo Jorge Tortosa (quien fue ultimado con un disparo a quemarropa), cuya familia afirma que era chavista. Se podría dudar de la veracidad de este informe. Sin embargo, si fuera falso, ya estarían los periodistas de los diversos canales privados reporteando a los familiares de los muertos para que desmientan la filiación política que se les atribuye. Cuando en un reportaje de Globovisión alguien quiere mostrar ese plano, le impiden que lo haga.

6.- Dado el tipo de armas que portaban quienes estaban apostados en el Puente Llaguno, según el plano de El Nacional sus disparos no podían llegar hasta los lugares por donde circuló la marcha. Según el plano de los sacerdotes Vives y Arrieta, tampoco podían llegar a donde cayeron los muertos. Los muertos no cayeron en sitios desde donde se divisa el Puente Llaguno, y no hace falta explicar que las balas no doblan en las esquinas.

7.- Respecto de la responsabilidad que se le ha atribuido a Chávez en estos lamentables sucesos, hay varios testimonios que sugieren lo contrario. En primer lugar, las declaraciones de la periodista Elianta Quintero, quien el 12-A relató en vivo y en directo ante las cámaras de TV cómo había finalizado su cobertura de la marcha del 11-A: "Elianta se encontraba a la cabeza de la manifestación cuando se oyeron los primeros disparos y algunos cayeron. Naturalmente, se aterrorizó y comenzó a gritar: 'Vámonos, vámonos antes de que nos maten a todos'. Pero alguien que estaba a su lado la interrumpió: 'No, mamita, ni un paso atrás. Necesitamos esos muertos'." Las declaraciones de Elianta Quintero no salieron al aire nunca más. ¿Sería porque nadie las grabó?

Posteriormente se supo que el 11-A, en el Hotel Ausonia (ubicado al lado del Palacio Blanco, en Miraflores) habían sido detenidos y reseñados siete francotiradores. Se los acusa de haber asesinado a varias personas en las cercanías e incluso en el interior del Palacio. Se dice que otro de los francotiradores habría sido masacrado en plena calle, aunque tampoco nadie ha reseñado esa muerte. Los siete detenidos el 11-A fueron liberados el 12-A lo cual hace recaer las sospechas sobre la autoría de los asesinatos en quienes habían asumido el poder político de Venezuela durante esas horas. Por otra parte, se han visto fotos de los integrantes de la PM, parapetados y supuestamente disparando contra la gente que estaba en Puente Llaguno, y se sabe que varios oficiales fueron dados de baja por negarse a disparar contra esa gente. Las declaraciones de Otto Neustald en el foro de la Universidad Bicentenaria corroboran tales versiones. En ellas señaló que la grabación en la que se acusa a Chávez de los asesinatos es previa a los asesinatos. Entonces, tenemos un conjunto de datos coherentes proporcionados por El Nacional del 12-A, el relato en vivo de la periodista Elianta Quintero y la conferencia de Otto Neustald, que desmienten las afirmaciones que han engañado a una parte importante de la población. Otto Neustald se pregunta, en una lógica causal de los hechos, a quién le convenían los muertos: ¿al gobierno o los golpistas? Está claro, y el periodista así lo expresa en su análisis, que los muertos convenían a los golpistas. Y si después de tanta campaña mediática todavía conserváramos algunas neuronas no intoxicadas, no podríamos sacar una conclusión diferente.

Para finalizar, una reflexión. Durante este gobierno, casi todos los detenidos y juzgados por cuestiones políticas son chavistas. Estuvieron detenidos casi un año y aún no gozan de una libertad definitiva algunos de los que estaban apostados en el Puente Llaguno, pero no estuvieron detenidos los miembros de la PM a quienes se les practicó la prueba de nitrito y nitrato, y dio POSITIVO. En cuanto a los siete francotiradores detenidos el 11-A, fueron liberados el 12-A. ¿Será que para gozar de impunidad hay que ser antichavista?

-------------- Anexo 1

LAS PRIMERAS BAJAS FUERON DEL OFICIALISMO (*)

ROSELENA RAMÍREZ PRADO

Parados en medio de la Avenida Urdaneta los simpatizantes del presidente Hugo Chávez estaban dispuestos a defender la revolución. "Patria o muerte", decían.

Y muerte fue la que tuvieron algunos. Sin saber de parte de quien, los tiros comenzaron a segar vidas revolucionarias. Las primeras cuatro bajas se contaron entre la Avenida Baralt y el Palacio Federal Legislativo. Al parecer, el autor de los disparos fue un francotirador.

Nadie sabe quien comenzó. De lo que dan fe los testimonies es de que los primeros muertos tenían boinas rojas; y temprano, por lo menos 10 heridos eran atendidos.

A medida que la marcha de la oposición se acercaba a los alrededores de Miraflores, comenzaron a escucharse detonaciones. Eran los efectivos de la Guardia Nacional que intentaban persuadir a los manifestantes con descargas seguidas de bombas lacrimógenas.

De repente se escucharon sonidos secos, metálicos: "Esos son tiros", dijo una de las personas que se identificaba como chavista por las marcas de lápiz labial en las mejillas y la frente. Era la marca de la guerra.

Los disparos, provenientes de la avenida Baralt alcanzaban con precisión a los incautos que se asomaban por el puente de Carmelitas para ver el enfrentamiento entre los "compatriotas" que lanzaban piedras al piquete de la Policía Metropolitana, que, denunciaban, estaban dejando pasar a los manifestantes de la oposición.

"Están dejando que suban", decían algunos y, acto seguido, bajaban las escaleras que comunican la avenida Urdaneta con la avenida Baralt para enfrentar a los PM. -

Tiros iban y venían. "¿Qué pasa con la Guardia Nacional?" "Nos están matando a la gente y no hacen nada", gritaban alarmados quienes atinaban a pronunciar palabra. En la tarima apostada frente al palacio de Miraflores se escuchaba decir: "No podemos caer en provocaciones".

Por momentos se dejaban oír detonaciones. Al rato, el humo de los gases lacrimógenos comenzaba a actuar; secas las gargantas, no obstante, quedaba voz para gritar: "No pasaran".

A los muy graves o muertos los sacaban de allí, directo al Hospital Vargas. Por lo menos los primeros cuatro que murieron quedaran para la historia como mártires de su revolución. Los heridos lamentaban no haber tenido armas para "meterles un pepazo", mientras eran atendidos por paramédicos en el estacionamiento del Ministerio de Hacienda.

La gente, en la avenida Urdaneta, mantenía una actitud expectante. Muchos se alejaron para escuchar el mensaje del presidente Hugo Chávez, quien en cadena anunciaba la salida del aire de televisoras nacionales. "Eso es lo que tenías que haber hecho desde el principio", gritaba uno, como que si Chávez lo estuviera escuchando.

En cada esquina, los boinas rojas hacían guardia, armados con palos y piedras, para cuidar que por allí no se les escurriera ningún "traidor". Las caras pintadas de rojo, en actitud amenazante, no escondían la intención de matar o dejarse matar para defender la revolución.

Lo ultimo que se supo fue que un escuadrón de la Guardia Nacional dejó de ser espectador de piedra y atravesó la concentración en medio de los aplausos de los presentes, para, supuestamente, confiscar uno de los vehículos antimotines de la PM.

Anexo 2- En el plano publicado por El Nacional se puede observar que la marcha no fue por la Av Baralt como en forma engañosa decían los locutores que señalaban a los que estaban en el Puente Llaguno como asesinos. Sigió Por la Ab. Bolivar hasta la Plaza O'Leary y de allí fué para el Palacio de Miraflores. También está señalado el recorrido autorizado y el que se efectuó sin autorización previa.

(*) EL NACIONAL, 12 de abril de 2002, p. D/4
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María Burgos y Mario Peralta


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