|
Estimados compatriotas de Aporrea:
Reciban un saludo desde el semanario Temas - Venezuela, y nuestra
felicitación por el éxito de la página. En esta tribuna hemos decidido
"invadir" regularmente, a partir de hoy, los espacios de su página, debido
a dos circunstancias fundamentales: 1) Aporrea.org es el espacio
electrónico más prestigioso de cuantos defienden, desde la red, el derecho
de los venezolanos a informar y ser informados con amplitud y sin ataduras
corporativas con las mafias mediáticas; 2) nuestro espacio en la red ha
tenido problemas técnicos y financieros para ser lanzado por todo el cañón.
Así que, a partir de ahora, recibirán semanalmente el contenido de nuestro
editorial. Ustedes deciden si el mismo merece o no ser publicado. Como
verán, somos unos invasores bastante tímidos.
Gracias por todo. Abrazos fraternales.
Temas - Venezuela
Comité Editorial
xxxxxxxxxxxxxxxx
Sobredosis de globalización
Cierto discurso que pretende reducir la percepción del futuro a un asunto
de computadoras, dólares y transbordadores en el cual el ser humano no
tiene cabida, parece sentir un curioso placer al etiquetar el pasado como
un tema aburrido, “trasnochado”, más digno de un desván enmohecido que del
debate y la admiración actuales. Entre nosotros, un síntoma conmovedor de
esa distorsión del concepto de futuro fue aquel acto inmortal de Pedro
Carmona Estanga, consistente en confinar la imagen de Bolívar a un sótano
mientras El se proclamaba dueño de los venezolanos.
Hubo en ese acto algo más que un gesto simbólico: Pedro Carmona sepultó a
Bolívar porque Bolívar DE VERDAD le molesta, le parece fuera de lugar, y no
porque quisiera reflejar con su orden una metáfora. El constante repiqueteo
de los misiles tecnocráticos ha terminado por convencer a los acólitos del
culto “globalizador” (mal entendido, peor interpretado) de algo que puede
causar tanta gracia como alarma: ellos piensan que alguien preocupado por
el futuro no debería volver la mirada al pasado. Y en ese pasado, por
supuesto, aparecen las figuras estelares de Bolívar y otras que hacen
bostezar a los niños lindos amantes de cierta masturbatoria línea de
pensamiento empresarial, donde gobierna el salvaje anhelo personalista por
liquidar al competidor.
En la apertura del Encuentro Mundial de Solidaridad con la Revolución
Bolivariana, celebrado en Caracas, el profesor Samuel Moncada leyó unas
palabras que ponen en su sitio a estos propulsores de la inhumanidad. Allí
se aclara, con tanta sencillez como profundidad, cómo es eso de que unos
postulados de hace dos siglos pueden perfectamente tener vigencia, y no
sólo eso: pueden servirnos como escudo moral, emocional e ideológico, ahora
que, metidos de lleno en la era de la globalización, hemos lanzado un grito
de reivindicación de los valores locales, de nuestra lengua, nuestras
raíces y nuestra rica cosmovisión.
En las páginas interiores de nuestro tabloide (el número 26, que ya está en
la calle) reproducimos el texto de Samuel Moncada, un catedrático que ha
comprendido una verdad elemental que a muchos les produce náuseas: que el
aula natural del ser humano no son las universidades sino las calles, los
campos, los espacios de discusión y de acción; los golpes de la vida, el
trajinar de cada día y la conciencia colectiva de una raza. Esta misma, que
no abandonará a Bolívar jamás porque su memoria palpita en nuestros genes.
Temas - Venezuela
Comité Editorial
Articulo leido aproximadamente 1025 veces
|