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Por qué las actuaciones aparentemente insensatas de la oposición
Por: Heinrich Eidner*
Fecha de publicación: 25/04/03
imprímelo mándaselo a
tus panas

• El preparativo durante el octubre pasado para un referéndum consultivo;
• La entrega al CNE de las firmas (re)cogidas para este referéndum;
• La convocatoria a un “paro general” que desde el principio era más nada que un lock-out parcial:

Tres acciones en 3 meses que tenían la meta de sacar al gobierno en manera prematura para obligarlo a renunciar (uso este término para no tener que recurrir a la nacional e internacionalmente algo desacreditada “salida de fuerza”, llámese levantamiento militar, invasión de Miraflores por gente pacífica y desarmada o llanamente asesinato).

Digo “manera prematura” porque la oposición no quiso esperar la fecha agostina de un referéndum revocatorio constitucional. Se alegó que el país no aguantara hasta un cambio tan tardío.

La verdadera razón de la oposición de buscar una “solución prematura” – expresión que me suena demasiado parecida a la “solución final” de Hitler – era evitar cualquier camino a las urnas electorales, sea por un referéndum o por una posterior elección.

¿Por qué propusieron el referéndum consultivo, hasta cumplieron con algunos requerimientos? Sabían que esta consulta no se iba a dar, ni por la formulación de la pregunta ni por la consecuencia cuando se verificaran las firmas. Era entonces una acción sin peligro y segura por no conducir al referéndum consultivo en el cual la coordinadora de la oposición en ninguna manera estaba interesada. Con los preparativos mantenían en alto el entusiasmo de sus seguidores quienes todavía hoy por gran parte no comprenden el doble juego de sus “líderes” que finalmente los abandonaron, ideológica y geográficamente.

¿Por qué los voceros visibles de la oposición y sus dirigentes tras bambalinas no querían un proceso electoral si dicen que tienen 80 por ciento de la población en su apoyo?

Y con este número del 80 por ciento están acertados: cuatro de cada cinco están con ellos. Saben a la vez que el problema está ubicado en Las Mercedes: los 80 por ciento son cuatro de cinco de los comensales en los restaurantes de Las Mercedes. Del resto de Caracas y del país hoy en día sólo un 20 por ciento está con ellos. Son aquellos quienes actúan y se sienten como si fueran primos hermanos de Cisneros y de Granier, sin poder jugar en la misma liga.

En el país el porcentaje de su apoyo no es mayor del 20 por ciento. Hace medio año su núcleo más o menos duro tal vez había llegado al 40 por ciento. Pero por haber sido tratados por sus líderes (¿látigos?) como infantes no pensantes y sin propio criterio, ya en enero del 2003 se desencantaron muchos, dejando el núcleo duro de la oposición en estos 20 por ciento de la población, en el mejor de los casos. ¡No que los que se hayan ido se hayan convertido todos en chavistas! Algunos sí, pero un gran número se deslizó hacia el centro (estrecho, lo admito), conformando el bloque de los indecisos y probablemente abstinentes en cualquier referéndum.

¿Por qué insiste la oposición hoy con su cacareo en un acuerdo firmado en la mesa de negociación que garantice que debe haber el referéndum revocatorio a partir del 19 de agosto, si en el fondo no esté interesada?

Sus líderes saben que esta demanda les ayuda en su plan de evitar cualquier confrontación electoral, y especialmente este referéndum a partir del agosto. Saben que el gobierno no va, por absurdo, exigir en una declaración firmada un referéndum que solicite su propia terminación. Esto es tarea de las personas (naturales además) que quieren sacarlo de Miraflores, y la constitución les indica el camino y les da las herramientas.

Con estas exigencias absurdas, la oposición está haciendo más nada que presentar proposiciones frente a cuales el gobierno tiene que reaccionar con un NO, por improcedentes o no requeridas. Estos NOs producidos y acumulados, la oposición entonces utiliza para propagarlos dentro y especialmente afuera del país bajo el invento que el gobierno no quiere nada de lo que ellos proponen, alentando y exigiendo una intervención internacional, o una nacional violenta, todo en su necesidad de evitar que “nos contemos”. ¿Se acuerden del “tatatatatataa” de la conversación telefónica entre Ortega y la esposa del vice-presidente de la República por 24 horas?

Los planificadores de la oposición saben muy bien que nunca han reunido 2,5 millones adeptos y sus firmas “limpias”. Las a lo mejor cuatro millones de firmas del firmazo que tienen escondidas en el galpón de Súmate son firmas de sólo medio millón de personas naturales, sin restar algo por los que no han firmado por sí mismos sino a través de “ayudantes”.

En el caso que los desarrollos obligue a la oposición a avanzar hasta recoger los dos millones y media de firmas, es posible que se incluyen procedimientos que precisen al CNE a rechazar una parte de ellas, dándole a la oposición más de lo que está afanada de producir: decisiones negativas de organismos públicos por incumplimiento (“presunto”, como dirían) de requerimientos constitucionales. A estas negativas ponen entonces la etiqueta “obstaculización por parte del gobierno” por cual no se puede realizar el “contémonos”, quiere decir, exactamente lo anhelado y planificado.

Estas por la oposición apodadas obstaculizaciones en realidad son fallas planificadas por ella misma, rebautizadas como saboteo del gobierno dictatorial, y le sirvan de denunciar lo que es indenunciable, y pedir ayuda externa para “liberarnos del gobierno que no quiere. . .”

¿Hay suficiente capacidad reconocedora entre los seguidores de los flautistas de Hámelin? Exista duda. Hasta los petroleros les siguieron, igual al ejército kilométrico de migración de los lemings, ahogándose en el estrecho de Bering todos los años de nuevo.

Porque hasta en nuestra época desmitificada puede haber milagros, vamos a permitirnos a jugar con la imaginación más allá de lo expuesto. Digamos que se dé el referéndum revocatorio. Entonces la oposición tiene que lograr dos metas: una, recoger por lo menos un voto “sí” más que el número con que fue electo el presidente, algo como 3,75 millones; dos, evitar que los votos contra la revocación, los con “no” sean más que los “sí”.

Porque en el caso que lograrían por ejemplo 4 millones de votos “sí”, que el presidente se vaya, y los “no” son sólo unos pocos más que estos millones, entonces no hay revocación del mandato, a pesar de que los “sí” sean más que los 3,75 millones.

Saquen la cuenta de la gente que no come en los restaurantes de Las Mercedes. Allí está la respuesta.

*Un ciudadano común y crítico
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Heinrich Eidner*


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