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La sintonía de algunos programas en la TV vienen sufriendo una caída espantosa, ya casi nadie quiere compartir un café con lo ridículo de Napoleón Bravo, o con el veneno de Marta Colombina, o el caradurismo de Mingo. La gente, al parecer, preferiría en estos espacio a los animalitos de National Geographic o tiras cómicas, para evitar que los gases tóxicos del golpismo contaminen a sus hijos.
Tampoco, desea la gente, ver los mismos voceros del pasado como se rotan por los canales vendiendo un país que no existe sino en el más recóndito despecho de sus fracasos políticos.
Por ejemplo, a Ramón Escovar Salom dándosela de “guapetón” cuando casi todos conocen que no es la valentía la que ha caracterizado la vida política del ex canciller de Carlos Andrés Pérez.
Otro de los fastidiosos es el ex alcalde de CAP, Antonio Ledezma, celebre por el ataque de terror que sufrió el 4-F en la Alcaldía de Caracas. No lejos, en la rotación por los canales, aparecen Alfredito Peña con sus insultos e improperios, pero siempre dispuesto a servirle de algo a Miguel Henrique o Gustavo, dos de sus amigos de los cuales no podemos dar referencias por razones obvias.
También hay fastidiosas, las más celebres Liliana Hernández, dicen que Julio Borges siente un celo terrible por los espacios que ella le ha quitado en la TV, y Ruth Capriles con su red de veedores de caña y sus elucubraciones en torno a la embajada de Cuba.
Podrían agregarse otros fastidiosos notables como Ernesto Alvarenga, Peña Esclusa o Enrique Ochoa Antich, pero lo que debe llamar a la reflexión, es que los televidentes están aburridos de sus odios, de sus discursos retóricos, del falseamiento sistemático de la realidad, de todos estos vicios en que los golpistas han convertido a l! os medios.
En tal virtud, lo aconsejable es que los productores de esos canales –estamos exceptuando al 2, 12, 39, 57, 5 y 8 – monten reality show con todos los fastidiosos juntos, los encierren por semanas para ver sus intimidades, les pongan pruebas como quien aburre más rápido a un televidente. Luego, el público los vaya eliminando hasta elegir al más latoso de todos, lo lleven a un programa sabatino, lo pongan a comer cucarachas, bailar como una rumbera, y lo premien con un video porno (dignos ejemplos de la TV que producimos).
Nota de Aporrea: no entendemos por qué excluyen al canal 2.
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