|
Uno de los signos de la libertad de opinión es poder hablar sobre temas tabúes. La jerarquía eclesiástica venezolana ha abierto una interesante discusión, inopinadamente, sobre el papel de la organización religiosa mayoritaria, en los asuntos políticos del Estado. La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) nos ha acostumbrado a estas embestidas jerárquicas en las que se manifiestan las dolencias por el poder político perdido.
Opinar sobre cuestiones políticas desde el púlpito, es decir, desde la posición religiosa es chocante porque tropieza con temas demasiado sensibles como los identificados en el título del presente escrito.
Las religiones han cumplido un papel en la historia de la humanidad porque han ofrecido al hombre una salida para las incógnitas planteadas por la vida misma y por la muerte. Las religiones han procurado responder de dónde venimos y hacia donde vamos. Qué es el universo, cómo apareció, quién dispone el ordenamiento equilibrado de las leyes que gobiernan la naturaleza. El hombre en su ignorancia necesita en términos absolutos una explicación para los fenómenos que no comprende. Ante tanta incertidumbre aparecieron los dioses y las religiones para tranquilizar la angustia por tantos interrogantes. Y apareció igualmente el temor a los castigos divinos por el incumplimiento de los preceptos religiosos. Y sobre el temor al dios se estructuraron las iglesias en cuanto organizaciones sociales. Y así se hizo el hombre esclavo de sus enigmas, de sus dioses, de sus miedos al infierno.
El clericalismo por su parte devenido en poder político de la iglesia católica, derivado del poder económico logrado a lo largo de la historia, se ha servido de la manipulación de las creencias religiosas de los feligreses.
Entre nosotros, como jerarquía eclesiástica se acostumbró a intervenir activamente en la política venezolana más allá de los límites de la religión.
Con el cambio de las condiciones políticas venezolanas ha perdido la jerarquía católica buena parte de los privilegios con los que se desplazaba autoritariamente en los círculos de toma de decisiones del Estado. Pero no abandona los intentos de recuperar el terreno perdido. Y en este punto concreto enfrenta las decisiones del pueblo resuelto a cambiar el rumbo político de la patria. Se ha colocado como cabecilla de la oposición.
La tozudez de la jerarquía católica está abriendo el debate para deslindar definitivamente lo religioso de lo político. Es inadmisible el doble papel que pretenden desempeñar algunos prelados de la CEV. Pretenden disfrazar posiciones políticas con ropajes religiosos. Se delatan flagrantes sus inclinaciones hacia las castas que mantuvieron el poder político para desgracia de las masas empobrecidas y marginadas de Venezuela.
El prelado Urosa Sabino puede ejercer el derecho de opinar sobre cuestiones políticas, depuesto de los ornamentos religiosos. Bienvenido a la disputa. La religión es cosa diferente. No se aceptan manipulaciones. La jerarquía católica no representa políticamente a los católicos.
No sobra advertir que en lo político, la jerarquía católica también perdió lo que tenía.
mavet456@cantv.net
Articulo leido aproximadamente 679 veces
|