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Nací en la Comunidad Cardón de Paraguaná. Uno de los campo de refinación petrolera que colonialmente regentaba la Shell. Después de la falsa nacionalización, pasaron a llamarla: Maraven. Con la manía del sufijo VEN, pretendieron convencernos que la nacionalización era de verdad, verdad.
Vivir en un campo petrolero te convertía -en la escala de la explotación capitalista- en una suerte de “esclavo especial”. Beneficios y privilegios te diferenciaban del resto de los mortales, es decir, de la gente que no trabajaba en las petroleras y vivía, en los barrios de Punto Fijo o en los campos paraguaneros.
Poco a poco, transformaron al sector obrero en una clase indiferente, robotizada y dispuesta a venderse por cualquier cosa. El obrero enemigo del obrero. Por eso no es de extrañar que de este “mercado del trabajo y la traición”, surgieran especimenes sindicaleros como Carlos Ortega, solo por nombrar alguno.
Cuento esto, porque sería ingenuo pensar que porque alcanzamos la producción de 3.000.000 de barriles diarios las cosas allá “dentro”, en los centros de producción y refinación petrolera, marchan maravillosamente. Ningún bolivariano(a) se come ese cuento. Baste decirles que la CULTURA PEDEVECA, la visión del mundo y de la vida que durante años instalaron en la mente de muchísima gente, es de las más terribles, insensibles y mercenarias que puedan imaginarse. Asumo la responsabilidad de proclamarlo, porque lo conozco. Además, una elemental pregunta lo constata: ¿CÓMO LLEVARON A TANTÍSIMA GENTE A UN PARO CRIMINAL Y APÁTRIDA DEL QUE CONOCÍAN PLENAMENTE SUS CONSECUENCIAS? ¡NO HAY CUENTOS DE CAMINOS: NADIE FUE ENGAÑADO!
La oligarquía venezolana -que de tonta no tiene un pelo- junto con las trasnacionales petroleras concibió un plan perfecto: alienó al ser humano, lo desnacionalizó y logró aislarlo de la sociedad venezolana. Sobre la base de la compra y de la corrupción ética del sector petrolero fue posible el desarrollo del Pacto de Punto Fijo. ¿Qué importaba que otros trabajadores combatieran y se levantara en contra de la explotación, si los petroleros por un bozal de arepa y de privilegios no asumirían la solidaridad de clase? ¿Qué importaba que el país se derrumbara, si PDVSA garantizaba los dólares y la continuidad del Estado de los groseros privilegios? Además, ¿cuál país? ¡Los tecnócratas son una casta suprahumana, no tienen país!
Por años de años ocurrió esto. Pero también por años, muchos y muchas de los de “afuera”, envidiaban de alguna manera esa forma de vida. Tan excluidos de todo, guardaban secretas o abiertas aspiraciones. Un poco como les pasa a los lectores de la revista española, Hola. Una revista costosa para soñar con la excitante vida de la monarquía, de las estrellas de jet set, de los matrimonios y adulterios de la “gente exquisita de la burguesía”.
No digo que aspirar sea censurable o que hable de una aspiración antiséptica. Digo que las aspiraciones sustentadas en la visión reaccionaria pedeveca son egoístas, despreciadoras de las comunidades, intrigantes y dañinas. Hoy, en PDVSA, necesitamos de un criterio de eficiencia revolucionaria a la altura del mandato constitucional y del pueblo heroico de Venezuela.
La polémica se está dando, según me temo, en lo que califico como LA VISIÓN DEL BOTÍN. Aprendida por años, instalada culturalmente por todas partes, el botín merece todas las tracalerías indecibles por mantenerlo, y quienes lo han acariciado como meta máxima de vida, harán lo imposible por obtenerlo o se atrincherarán en los cargos a la vieja usanza. Y aquí radica uno de los problemas medulares que debe ser abordado revolucionariamente. Es decir, con honestidad total.
Esa visión apesta. Apesta en nombre del sacrificio extraordinario que hemos hecho por nuestra Patria. Apesta por la gente que murió quemada y la herida, por el uso indebido de la gasolina durante el golpe terrorista-petrolero. O cuando cocinaba con leña por falta de gas. Apesta en nombre de la familia que perdió su hijito porque se quedaron sin gasolina y no llegaron a tiempo al hospital. Apesta porque LA VISIÓN DEL BOTÍN no vale un carajo, al lado del desprendimiento del pueblo bolivariano: civiles y militares. Apesta en nombre de los camaradas heridos de balas -en los portones de la Refinería de Paraguaná- por las bandas fascista de la Gentuza de Petróleo que se jugó el CRP a sangre y fuego. O de los heridos por el grupo fascista Fénix en la Campiña. Que por cierto, agarrados “in fraganti”, fueron liberados de inmediato.
¡Por Dios y mi Madre! Ninguno de nosotros fuimos a pedir nada a cambio. Porque para esto mortales anónimos, por millones, lo único que cuenta es la felicidad de la Patria. Sin embargo, hoy exigimos ¡RESPETO! De los que están reincorporando y alcahueteando a golpistas-terroristas, poniendo la seguridad de la nación en riesgo, nuevamente. De los que creen que ahora les corresponde el turno de hacer su agosto en PDVSA. De los que se apoltronan en cargos por el miserable “quítate tú, pa´ ponerme yo”, obviando que PDVSA ES DEL PUEBLO SOBERANO, y esos cargos no son más que una circunstancia como servidores públicos.
El único llamado a elaborar la pertenencia de PDVSA, es el pueblo en el ejercicio político de la democracia participativa, protagónica y de control social, consagrados en la CONSTITUCIÓN (dolor de cabeza de algunos).
ASÍ QUE NO SE HAGAN ILUSIONES: PDVSA YA NO ES UN BOTÍN. Apenas comienza la limpieza y durará lo que el pueblo organizado determine. No nos subestimen. Somos el mismo pueblo del 13 de Abril y hemos derrotado el poderío de la oligarquía nacional y del imperialismo norteamericano dos veces en un año. Nuestra única condena es el triunfo.
El oportunismo, venga de dónde venga y esté dónde esté, no es rival para la conciencia histórica del pueblo venezolano. ¡AQUÍ, NOS CONOCEMOS TODOS! ¡RECONOCIMIENTO A LOS VALIENTES DEFENSORES DE PDVSA! ¡NO VOLVERÁN LOS TRAIDORES!
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