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El oído en su interior: la cadena de huesecillos. La hediondez a "podrío" del Poder Judicial
Por: Luis Rivero B.
Fecha de publicación: 21/04/03
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INTROITO

Allá en Cumaná, en la escuela Francisco Aristiguieta Badaracco que todavía queda en el Barrio Sucre, cerca del Bolivariano, había una maestra de 4º grado llamada Margot. De lentes, por supuesto, muy seria, flaca y desgarbada, regañona, pero cómo sabía…Y nosotros, carajitos y carajitas, todos los días hábiles (o sea, de lunes a viernes ambos inclusive), íbamos a clases, con el guardapolvos almidonado y planchado, con brillantina los varones para asentar los pelos, y las chicas con lazos y cintillos para aguantar las greñas, deseosos de sentarnos a escuchar a la maestra Margot.

ENCICLOPEDIA

Qué bárbara…de lo que uno le preguntara la maestra Margot nos echaba una lenguará de nunca acabar. De historia de Venezuela, de historia universal, de geografía, de aritmética, de biología, y en especial de anatomía humana. Pareciera, viéndolo ahora casi 50 años más tarde, que la maestra Margot hubiera aprendido con unos de esos patólogos fanáticos. A veces uno se decía para sus adentros “quién me mandaría a mí a preguntarle…”. Y dígame cuando alguna de las comelibros se antojaba de preguntar cuando faltaban segundos para el recreo…Si las miradas mataran muchos estaríamos hoy día con ese cargo de conciencia.

LAS CAMATAGUAS

Ella, la maestra Margot, insistía en que el órgano de la audición era el de mayor importancia entre los órganos de los sentidos. Más que la vista, pues. Y se afincaba con decir que la visión era efectiva siempre y cuando el objetivo estuviera frente a nosotros, lo cual es una cruda realidad, mientras que los sonidos uno los captaba de cualquier dirección, lo cual también es una cruda realidad. Que un ciego se podía guiar con un bastón, pero que el sordo se perdía el primer movimiento de la Quinta Sinfonía de Ludwig van Beethoven. (después, décadas después, fue cuando vine a saber que Beethoven se había muerto sordo, y que su Novena Sinfonía, la cual, dicho de paso, es mi favorita, la había compuesto con las camataguas apagadas. Hasta hoy día no se si la maestra Margot estaba en conocimiento de esto).

Con estas reflexiones comenzaba a explicarnos la anatomía del oído, sus partes, sus funciones. Claro, en esa época, digo yo, ya el conocimiento de este órgano era bastante completo a nivel macro. Y con lo que se sabía, entendíamos por qué oíamos, por qué nos dolían los oídos, por qué se llenaban de agua a veces cuando nos bañábamos en el río Manzanares, por qué era necesario limpiarlos, etc., etc., etc. Y algo que me llamó muy poderosamente la atención fue la famosa “cadena de huesecillos”. Yunque, martillo, lenticular y estribo. No se me olvidó jamás. Ya en bachillerato, rememorando el 4º grado, yo me preguntaba ¿por qué no “huesitos” en vez de huesecillos? Pero a los 13 años, hormonas en vez de sangre, quién va a estar profundizando en esas pendejadas cuando se le atravesaba Mireya Meneses y el corazón entraba en arritmia desbocada? Ahora, escribiendo este artículo, entiendo por qué. “Huesito” es un hueso pequeño. “Huesesillo” es un huesito pequeño, muy delicado, frágil y poco resistente. Por supuesto, todas las partes del oído son fundamentales, esenciales, para poder escuchar sonidos, pero no son tan delicadas como la cadena de huesecillos. Porque no solo es su estructura, sino también la forma en que están entrelazados y el delicado equilibrio que deben mantener.



LA JUSTICIA DIVINA

Nosotros en esos tiempos ni idea teníamos de la existencia real de jueces, del poder judicial, pero si teníamos nociones más o menos definidas del concepto básico de la Justicia, ya que en las películas mexicanas que veíamos en el cine Nueva Esparta o en el cine Humboldt siempre ganaba el bueno y siempre perdían los malos. Los malos robaban, arrasaban, secuestraban a la muchacha, mataban a los viejitos, asaltaban bancos, y nunca les pasaba nada porque el jefe de la policía y el juez del pueblo estaban vendidos. El juez del pueblo. Que se vendiera el jefe de la policía uno lo entendía, porque siempre era un tipo que se parecía a Frankestein, pero ¿el juez del pueblo? ¿el encargado de administrar e impartir Justicia? Eso era el colmo. Y por eso era que cuando el muchacho de la película, el bueno, metía preso al jefe de la policía uno se alegraba, pero cuando agarraba al juez, que siempre era un señor mayor, bien vestido and good looking, y lo colgaba, o lo mataba a balazos, uno entonces quedaba satisfecho y podía dormir tranquilo. Afortunadamente ese sentimiento aún existe en muchos venezolanos. La Justicia primero que la Ley.

EL COIME

Cuando se necesita escoger algún árbitro uno no rebusca mucho si, y solo si, las reglas del juego son claras, definidas, sin ambages, y existe muy poca, poquísima, casi nula, posibilidad de jugadas de interpretación. Por ejemplo, cuando uno juega ajedrez no necesita de árbitro, porque aquí las reglas del juego están muy bien definidas y no hay posibilidad de interpretación subjetiva de alguna jugada en particular. Además, los jugadores de ajedrez son gente muy seria y con memoria de elefante (esto último lo digo porque son capaces de dejar el tablero solo con el contrincante y éste es incapaz de alterar el orden de las piezas no solo por cuestiones morales, sino porque también sabe que el otro sabe con precisión cómo dejó la batalla).

Sin embargo, cuando el juego es truco o dominó, en competencia, es necesario, ineludible, obligante, un árbitro. Un coime, pues. En otras palabras, un señor juez. Para evitar picardías principalmente, pero sobre todo para administrar e impartir justicia. Muchas, muchísimas veces estos jueces se compran y se venden, pero ¿cómo se hace? Por eso es que yo dejé de jugar truco y dominó con coime.


EL EMPORIO ECONÓMICO DE LOS IMPARTIDORES DE JUSTICIA

Todo el mundo lo sabe. Hasta la gente más humilde lo sabe. Hasta los analfabetas lo saben. La Justicia es como una prostituta. Hay que pagarle para que se mueva. Y mientras más se pague, el movimiento es mejor, pero, al revés de la prostituta, mientras más se pague el final llega más rápido. Y así uno ve, como en esos vasos comunicantes, el movimiento del dinero que va de las manos de estos desarrapados que se les ocurre buscar justicia, a las manos de los abogados, y de estos al señor juez, quien mandando al carajo el juramento que hizo, reparte justicia al mejor postor.

Y así uno recuerda, y corrobora hoy en día, cómo los jueces de la República, se hacían, y se hacen, ricos y más ricos, con ese miserable sueldo que ganan. E intocables. La propia mafia. Cuídame que yo te cuidaré, se dicen los unos a los otros. Y ese es nuestro poder judicial. Y ya retirados poseen fincas, inversiones, bienes muebles e inmuebles, etc., etc., etc. Cómo les rindió lo poco que ganaban.



LA CADENA DE HUESECILLOS

Yunque, martillo, lenticular y estribo. La cadena de Juecesillos y sus compinches, los Fiscales del Ministerio Público. No existe la palabra juecito o juecesito. Imposible. No hay juez pequeño. Pero sí hay juecesillos. El sufijo “sillo” tiene en este caso una connotación de mediocridad, de descrédito, de pobreza de espíritu, de corrupción. Y los hay por montones. Por otra parte, para uno referirse a un grupo de personas de manera despectiva dice “…esa cuerda de…”. Y así, en cámara lenta, metamorfoseamos, cambiamos, “la cadena de huesecillos” por “la cuerda de juecesillos”, incluyendo también en esta a los Fiscalillos.

Esta cuerda de juecesillos está atornillada en el poder judicial. Abierta y descaradamente en contra del proceso revolucionario que lideriza el Presidente Chávez. Corruptamente complaciente con los fascistas-terroristas-golpistas que sabotearon al país. Unos a otros se pasan las vibraciones, los expedientes, se reúnen, esperan las instrucciones, y toman las decisiones.

Y así pasó con los generales que tumbaron a Chávez: No son culpables un carajo. Culpable es Chávez por haber abandonado el cargo. Y será denunciado en el Ministerio del Trabajo para que le abran un expediente y lo boten. Y así pasó con los policías que mataron, entre otros, a Tortoza: No son culpables, culpable fue Tortoza por haberse atravesado en la trayectoria de la bala. Y así pasó con Carlos Fernández: No es culpable. Culpable es Chávez por no ceder a sus peticiones de desterrarse, y de paso hizo que se le subiera la tensión, por lo cual se le abre una averiguación penal (a Chávez). Y así pasó con Juan Fernández. No es culpable. Culpable es Chávez por no salirse de la OPEP y por enviarle petróleo a Cuba (esos comunistas!!!). Y se le abre un expediente a Chávez por su atrevimiento de hablar mal, y en público, de un ario. Y así pasará con Carlos Alfonso Martínez, el general llorón. Non Guilty. Carlos Ortega: Non Guilty. Pedro Carmona: Non Guilty. Carlos Molina Tamayo: Non guilty. Los de puente Llaguno: 30 años de prisión para cada uno por cada bala disparada, además de abrírsele un expediente a Chávez por instigador.

Y esta cuerda de juecesillos ordenará el reingreso de los botados de PDVSA, con pago cuádruple de los salarios caídos y 10 meses de vacaciones pagas, además de una placa bañada en oro cochano firmada por Pablo Medina y Ángela Zago. Y a Rosendo se le otorgará la Orden al Mérito Fecundo y Altisonante y el grado de Super Supremo Mariscal, además de autorizársele el uso del uniforme hasta pa’ bañase en la playa. A González González se le construirá un palacete en Los Roques, con cargo permanente al erario público, además de autorizársele el uso del uniforme de lujo de cualquiera de los componentes de la FAN, pudiendo usarlos hasta pa’ matá cochinos.

Por orden de la cuerda de juecesillos se decreta patrimonio inmortal de la humanidad terrestre y planetaria la plaza Francia de Altamira, y a sus ocupantes, los valientes militares y ayudantes, se les otorgará la medalla del Sol Resplandeciente y Brillante en su ante-previa primera clase, además de una pensión de por vida de $10.000 mensuales más gastos de condominio.

Por orden de la cuerda de juecesillos se cierra indefinidamente Venezolana de Televisión por su constante instigación a delinquir llamando a defender el régimen proto-comunista de Chávez. Se declaran personas non grata y se les prohíbe hablar hasta por señas a los cara de yo no juí Ernesto Villegas y Jorge Arreaza. A la buenota de Vanesa Davies la mandamos a donde Osmel Sousa pa’ que la prepare para un próximo Miss Venezuela.

Por orden de la cuerda de juecesillos se restituye el nombre de República de Venezuela y se prohíbe en todo el territorio nacional la expresión “bolivariano”. Se disuelve el Poder Electoral. Se destituyen de sus cargos los diputados y diputadas de la Asamblea Nacional y de los Consejos Legislativos Estatales. Se destituyen de sus cargos los gobernadores y alcaldes. Se destituye al Fiscal General de la república, al Contralor General y al Defensor del Pueblo. Se borran per secula seculorum las 49 leyes habilitadas.

Por orden de la cuerda de Juecesllos se destituye y se destierra a Chávez y a todos su seguidores, y se nombra Emperador Magnánimo de Venezuela a Gustavo I.

El Emperador Gustavo I decreta la anexión de Venezuela a los Estados Unidos de América, y que la coca-cola sea de uso obligatorio, diario, en todas las escuelas, liceos y universidades del país, Y que los curas en vez de decir Dominus boviscum (“que la paz sea contigo”) digan “tomen coca-cola”.

CODA
Coño Chávez, ¿Qué estás esperando? Porque no eres tú solo el que va a caer, sino también ese inmenso pueblo que todavía, todavía, confía en tí.

PD: Estos juecesillos, a diferencia de los huesecillos, no son un carajo delicados. Son unos cagones. Así que a botarlos. Por las buenas o por las malas. Cómo dijo el otro “…Y si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca…” ¿Cómo? 1) A través de los mecanismos de la Asamblea Nacional. 2) Referéndum consultivo ordenado por el presidente. 3) Asamblea Constituyente.

PD: El oído en su parte interna se conecta con el olfato a través de la Trompa de Eustaquio. Por eso es que detectamos la hediondez a podrío que emana de la cadena de juecesillos.



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Luis Rivero B.


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