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Durante los últimos dos o tres años, hemos visto como han ocurrido eventos que lejos de enorgullecernos, han dejado una pobre imagen de nuestro país, ante la comunidad internacional.
No es cuestión de perpetuar el mensaje de “los que no tienen, en contra de los que tienen”, ni tampoco de ocultar la negligencia de “los que no tienen” y de acusar a “los que si tienen” sino de reflexionar un poco acerca de lo que hemos vivido como nación.
Gracias a Dios ha llegado un Presidente que se ha ocupado de los menos favorecidos, pero el craso error sería patrocinar la pobreza y la mediocridad (de la cual estamos hasta la coronilla) en función de atacar a las cúpulas económicas (las cuales pagarán sus atrocidades). Que quede bien claro: Debemos hablar de justicia y de igualdad, pero también debemos atacar la ignorancia y la negligencia que nos ha acompañado hasta hoy. No sería muy épico despojar al rico y perpetuar la pobreza del pobre. Que conste que también existe por ahí más de un oportunista que aprovechará el río revuelto, para obtener para su bolsillo lo que nunca había logrado antes.
Nuestro objetivo debe ser el desarrollo de nuestro país y recuperar el sentido de nación que hemos perdido. Todos los venezolanos debemos quitarnos la idea de considerarnos los “vivos de la película” y empezar a trabajar de verdad por la gran tierra que Dios nos ha dado.
De aquí en adelante debemos reflexionar cómo Dios ha guardado y bendecido a nuestro país. El año pasado Dios salvó al Presidente Chávez de un claro asesinato, menos mal que el secuestro no pasó de eso. Alguien lo protegió y usó a otras personas para restablecer la justicia en medio del caos y la confusión, pero ese alguien no tenía en sus vestidos la mínima consiga política: ¡fue Dios!. Aparentemente Venezuela, ya tenía un nuevo Presidente, pero como si una mano invisible y majestuosa lo hiciera, las piezas fueron puestas otra vez en su lugar y fue colocado nuevamente al Presidente Constitucional del país y lo más impactante fue, que no se usó una sola bala para que ello ocurriera.
A eso se le añade, como Venezuela sorteó y superó el atroz “paro civil” de diciembre y comienzos de este año (ni ellos mismos se han recuperado aún de los efectos del paro), el sabotaje a la industria petrolera, el acaparamiento de los bienes básicos, el cierre de los lugares tradicionales de diversión y esparcimiento de los venezolanos, los problemas con la policía y la inseguridad a flor de piel. Emocionalmente, Venezuela es tan fuerte como un roble y demostramos que nos crecemos en los momentos de crisis, pero no porque seamos los chicos buenos, sino porque tenemos un Dios más grande que el odio y el rencor.
Pareciera que alguien sobrenatural ha protegido a nuestro país, alguien superior a nosotros se ha encargado de darnos el coraje y la paciencia en estos momentos de incertidumbre, la vida continúa para opositores y para los adeptos al Gobierno.
Deténgase y olvídese por un momento del tema de chavistas vs. escuálidos.¿Por qué razón aun Venezuela está de pie? ¿Por qué la desgracia no ha llenado las ciudades del país?.
Las condiciones estaban dadas para borrar del mapa al que se opusiera a las directrices de los aparentemente poderosos...aún nuestro país está de pie...
Estamos de pie, para escribir la historia, estamos de pie para levantar nuestra mirada hacia el cielo azul que nos fue regalado y para mirar al responsable de que aún tengamos vida.
Como dijo Walter Martínez en el foro realizado en el “Complejo Cultural Teresa Carreño” hace unas pocas semanas, “Ahora sí debemos recuperar el sentido de nación y darle importancia a lo que realmente la tiene”. Debemos levantarnos no para marchar y gritar (otra vez), sino para darle gracias a Dios por nuestro país, por nuestros jóvenes, por nuestros niños, por nuestros ancianos y por el gran futuro que construiremos juntos.
Venezuela nunca retrocederá y jamás se rendirá, ahora debemos seguir luchando en forma individual y colectiva, para empujar a nuestra nación hacía el progreso, teniendo a Dios como nuestro Comandante en Jefe. El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, han amado a esta tierra ¿seremos lo suficientemente miopes como para olvidarnos de lo que pasó?.
El mensaje de Jesucristo, nos llama a amar intensamente a los nuestros y a lo nuestro, ese debe ser nuestro norte. Los cambios los tenemos que hacer nosotros también, ¿Quién nos ha exonerado de la degradación de Venezuela?. Tenemos que cambiar nuestra manera de pensar, para que cambie nuestra manera de vivir, el cambio que debe experimentar nuestro país, debe estar enmarcado por un elemento vital: Dios.
¿No pareciera que sobre los cielos de nuestro país, sucedió algo especial?. No lo debemos olvidar, aquí pasó algo grande, sigamos avanzando y creciendo como nación.
Cuando trabajemos lo debemos hacer de la mejor manera posible, cuando estudiemos tenemos que estar conscientes de que el desarrollo depende en gran parte de nosotros mismos, cuando criemos a nuestros hijos debemos pensar que tal vez ese niño será un estratega del desarrollo en el mañana, cuando caminemos por las calles no debemos maldecir nuestra tierra, no debemos afearla, todos debemos tener una mentalidad de emprendedores. Si todos colocamos un grano de arena, formaremos un gran monte, fuerte y macizo, todos debemos colocar nuestro grano de arena, de eso no nos exonerará nadie.
Es usted de los que sueñan con una Venezuela linda y hermosa, de los que dicen que aman a nuestro país y cada vez que camina por nuestras calles las llena de basura, ¿usted que cree lo que dice o es un ocioso hablando tonterías?. ¡Cambios, cambios, cambios, cambios, tenemos que cambiar!!!!!.
Todos debemos abrazar el sentido de nación, porque nuestro país nos llama a gritos.
¿No pareciera que sobre los cielos de nuestro país, está sucediendo algo especial?.
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