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El Sr. Bush y las dos torres
Por: Nidesca Suárez
Fecha de publicación: 20/04/03
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En su campaña presidencial, George W. Bush había prometido que iba a limitar las emisiones de gases tóxicos. Olvidó su promesa apenas abrió la puerta de la Casa Blanca. Dijo no al acuerdo internacional de Kyoto y confirmó así, una vez más, que los únicos discursos que merecen ser creídos son los discursos no pronunciados.
Eduardo Galeano

Ayer, miércoles santo, finalmente pude ver Las Dos Torres, cuando las luces del cine se encendieron y los espectadores se encaminaron hacia la salida, yo me quedé en mi asiento pensando si al inicio había pasado por alto la advertencia de "Cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia". Si esta película se hubiese estrenado en nuestro país durante el mes de diciembre, como estaba pautado, yo me hubiese limitado a comerme mis cotufas y hubiese salido del cine a otra cosa; pero como la vi ayer luego de casi un mes de haber comenzado la invasión a Irak, salí del cine con la necesidad de escribir esto, pues no pude evitar evitar establecer paralelismos entre ficción y realidad mientras miraba la historia que se desarrollaba en la pantalla.
Más allá del simplismo de dividir el mundo y las tramas fílmicas en "buenos" y "malos", pienso que los conflictos surgen cuando aquellos que desean el poder a como de lugar, eligen agredir, y los agredidos se ven en la posición de defenderse o rendirse. No es que esta sea una visión más edificante que la de "tiranos" y "salvadores".
¿Cúál es el juego?
En el cine, desde nuestro asiento, las cosas casi siempre son más claras, efectivamente hay malos malos y buenos buenos, aunque a través de los años muchas producciones han hechos esfuerzos por "humanizar" a los personajes; pero cuando se trata de una trama en donde los héroes y los villanos son fácilmente identificables, como en el caso de Las Dos Torres, las cosas se nos simplifican y, desde nuestro cómodo asiento, deseamos que el bien triunfe sobre el mal, por más escabrosa que sea la historia, por más vicisitudes que tengan que superar los chicos buenos, tenemos la esperanza y la certeza de que al final ellos ganarán; y es que desde pequeños las películas de Disney nos brindaron los arquetipos perfectos, un establishment en donde a los malos no les está permitido salirse con la suya: o se vuelven buenos o sufren un merecido castigo.
Ayer, desde mi asiento, yo me preguntaba ¿El Sr. Bush habrá visto esta película? y en todo caso ¿Qué partido habrá tomado mientras la veía? Dos respuestas vinieron a mi mente:
1) El de los chicos buenos, porque en su estructura mental él se identifica con ellos, él se cree tan bueno como ellos, para él su causa es igual de noble y, por supuesto, como presidente de los Estados Unidos, tiene que salvar al mundo ¿Qué otro papel podría estarle resrvado sino el del héroe?
2) El de Saruman. El Sr. Bush, a solas, lejos de los lentes de las cámaras, se sincera consigo mismo, admira a Saruman, aprueba sus métodos, se identifica con su ambición por someter y dominar, se pregunta por qué tienen que ganar los buenos. Tal vez luego arregló su corbata, sonrió y salió a dar una rueda de prensa en donde el mensaje principal fue "Hay que combatir el mal". Mientras duró la rueda de prensa, con las escenas de la película aún frescas, probablemnte pensó "si a la gente le gusta que le mientan, si a la gente le gusta que le pinten la realidad como si se tratase de una película de Disney, en donde sólo los buenos tienen derecho a ganar pues ahí les va este discursito. Tanto mejor para mí si así puedo salirme más fácilemente con la mía".
Y es que al Sr. Bush y a sus aliados ( alguien dijo una vez, muy acertadamente, que Estados Unidos no tiene amigos sino aliados) no les importa sobre qué mundo van a reinar sino reinar. Yo siempre me he preguntado si es que ellos tienen preparada una gran nave espacial o han descubierto cómo vivir en otro planeta. Cuando en su ambición por dominar lo hayan destruido todo, hayan contaminado los ríos y los mares, hayan talado los bosques, hayan hecho el aire irrespirable, en dónde van a situar su reino. Si es en la nave que tienen preparada, de qué les sirve, si es en otro planeta ¡pobre planeta! Lo van a convertir en otro mercado, le van a clavar los colmillos -como buenos vampiros- y luego de succionarle todas sus reservas lo van a abandonar. Creo que a ellos, a los "poderosos", puede comparárseles con los horribles extraterrestres invasores del film Día de Independencia; esas criaturas abominables que iban de planeta en planeta agotándolo todo.
Así como Saruman "fabrica" guerreros feroces e insensibles, así a las tropas del Sr. Bush no les tiembla el cerebro (del que carecen) cuando reciben la orden de abrir fuego contra todo lo que se mueva, y es que en su formación (o de-formación) a estos "horcos" les han aniquilado el sentido ético y la moral. Además se sienten vencedores de antemano así que para qué pensar. Cuando ellos logran su objetivo no es la paz lo que llega sino la victoria, que es lago muy distinto.
Fuera del cine no es tan sencillo establecer los criterios de "bueno" o "malo". En teoría es de suponer que si el Sr. Bush combate a Hussein, un malo entre los malos, eso lo coloca en el bando de los buenos ¿No sucedió así durante la II Guerra Mundial? ¿No era bueno todo el que combatía a Hitler? Pues para no ahondar en el análisis bástenos con recordar que Stalin combatió a Hitler y eso no lo hizo precisamente un chico bueno.
Sr. Bush, usted y sus secuaces, no tienen derecho a arrebatarnos amaneceres sembrados de esperanzas. Por el mero hecho de que las petroleras de su país (*) y el complejo militar industrial -siempre a la caza de una guerrita para subir precios- lo hayan sentado arbitrariamente en la oficina oval (recordemos que en la "mayor" democracia del mundo no se terminaron de contar los votos en dos condados de Florida) para que velara por sus intereses a como diera lugar, eso no le acredita como emperador del planeta ni le da derecho a decidir por todos.
Usted tuvo sus "dos torres" a punta de cronómetro, las tuvo en el momento indicado para iniciar la cruzada más mentirosa de todos: la cruzada contra el terrorismo, una, que al iagual que todas las anteriores, arremete contra el Islam y la media luna, manchándonos a todos de sangre. Usted desea reinar sobre Mordor, usted robó el anillo y lo tiene puesto desde hace mucho tiempo. Vuelva a ver la película, esa y todas las de Disney; hay algo que ni siquiera usted puede arrebatarnos: la esperanza de que al final todos los caudillos (así se trate de aquellos mal disfrazados de libertadores) recibirán su castigo, esa esperanza y el deseo colectivo de paz y de justicia son sus peores enemigos, pues mientras más bombas usted deja caer ese deseo más se deja crecer. Usted y otros como usted nos consideran miserables e ingenuos, no importa, esas son nuestras armas y créame, son muy poderosas.
Una última cosa Sr. Bush, por si aún no se ha enterado: en este mundo, que no le pertenece por completo, usted ya ha sido encasillado como el jefe de los villanos.
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Nidesca Suárez


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