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A propósito del 1er. aniversario del 13 de abril
Una victoria y una historia para recordar
Por: Nidia Díaz/I.G.
Fecha de publicación: 15/04/03
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(15 de abril de 2003)

Una victoria y una historia para recordar


NIDIA DÍAZ

La Revolución bolivariana, festejó este domingo, el primer aniversario de
una de las más contundentes y convincentes derrotas que proceso
revolucionario alguno haya propinado a un poderoso enemigo. Aquel amanecer
del día 13 de abril, cuando con su acción en las calles hizo abortar y
fracasar la conspiración fascista, el pueblo venezolano validó y legitimó,
una vez más al Gobierno del presidente Hugo Chávez a quien rescató e hizo
regresar a Miraflores, tras haber sido secuestrado por los golpistas.

A su llegada el 13 de abril al Palacio de Miraflores, acompañado por el
pueblo y sus más cercanos colaboradores tras hacer fracasar la conspiración
golpista.
Esa acción debió ser una lección para los enemigos del proceso, para los
arrasados en las urnas en diciembre de 1998, para aquellos partidos
burgueses tradicionales desplazados entonces de las estructuras del poder
por decisión de la mayoría. Pero no, los días por venir pondrían a prueba
nuevamente a los hijos de Bolívar.

La víspera y en nombre de una democracia que excluye a las mayorías, los
golpistas, en apenas 24 horas, derogaron la Constitución, inhabilitaron los
poderes Judicial y Legislativo y lanzaron a las calles a sus hordas
revanchistas para apalear y asesinar a quienes, sobre todo, estaban
investidos por la autoridad que el pueblo había delegado en ellos. Licencia
para matar, fue uno de los primeros actos del breve Pedro Carmona y sus
huestes golpistas.

Al fracasado golpe de Estado fascista, sin embargo, seguiría el sabotaje
económico contra el corazón mismo de la economía venezolana: la industria
petrolera, con la esperanza de hacer colapsar por asfixia el proceso.

Y, cuando algunos creyeron que la pelea contra la petrocracia y sus
patrocinadores del Norte, sería imposible de vencer, Hugo Chávez apostó
nuevamente por el pueblo y lo llamó a su lado.

Fueron semanas muy tensas, la producción y extracción del crudo bajó a
niveles insostenibles, los convenios internacionales peligraron y la
provocación de los enemigos del proceso parecía no tener límites. Los
jubilados del sector, los técnicos patriotas, los choferes de las gandolas,
los pilotos de los buques y todos los que estaban decididos a no dejar
colapsar el proceso, trabajaron parejo y ya en enero las noticias comenzaron
a revertirse; el Gobierno comenzó a tener el control de la industria
petrolera, cesanteó a los gerentes conspiradores y recuperó los niveles de
la producción perdida.

El paro opositor, se convirtió en un bumerang contra los escuálidos
golpistas. La industria petrolera venezolana volvió a las manos del pueblo y
pasó a control del Estado venezolano.

La prensa venezolana, parte importante de la conspiración, editorializa por
estos días acerca de esos sucesos y hace hincapié en las víctimas del 11 de
abril sin decir que aquella sangre vertida fue planificada por los
cabecillas opositores como un acto de provocación contra el Gobierno
chavista.

Los medios de prensa privados levantan en sus comentarios tremendistas el
fantasma de la recesión, de la crisis económica, de las tempestades por
venir. Ninguno recuerda cuál era la situación que vivía Venezuela antes del
triunfo del Polo Patriótico como consecuencia de cuarenta años de democracia
burguesa, y por qué el pueblo votó en las urnas el domingo 6 de diciembre de
1998, dando la victoria a la alianza de fuerzas de izquierda que lideraba
Hugo Chávez.

El economista Teodoro Petkoff, enemigo jurado del actual Gobierno y ministro
de Planificación a la sazón, llegó a predecir por aquellos días de campaña
electoral el crecimiento cero o a mucho dar de un por ciento de la economía
venezolana para 1999, año en el que iniciaría su mandato, el candidato
presidencial electo.

El desempleo rozaba entonces el 20%, el subempleo el 50%, casi un millón de
niños no asistían a la escuela y solo uno de cada cinco infantes que
entraban a la escuela concluía el ciclo básico. El 15% de los niños
venezolanos moría por desnutrición y el 45% de los adolescentes era caldo de
cultivo de la delincuencia. Un estudio del propio Congreso Nacional revelaba
ya en 1996 que la pobreza atacaba al 80% de la población.

El Gobierno de Rafael Caldera había adoptado medidas económicas draconianas
para impedir que la economía del rico país se despeñara barranco abajo y
evitar estallidos sociales que desde el ©caracazoª, en 1989, se veían venir.

El pueblo venezolano no solo fue masacrado en nombre de la democracia bajo
el Gobierno de Carlos Andrés Pérez sino que esa tan cacareada democracia lo
sumió en la más absoluta pobreza en que hoy aún se encuentra, mientras
reducía al mínimo a los más opulentos.

Razones suficientes para apostar por un cambio que vino de la mano de Hugo
Chávez, candidato que ganó limpiamente la banda presidencial al alzarse con
el 57% de los sufragios. Traumática resultó la votación para los partidos
tradicionales, Acción Democrática y Copey, que solo obtuvieron el 7,5% y el
1,7, respectivamente, de los sufragios.

El 2 de febrero, en medio de la catarsis de alegría y de esperanza de la
inmensa mayoría de los venezolanos, Hugo Chávez recibió la banda
presidencial y, como lo había dicho durante su campaña, lanzó la propuesta
de referendo constituyente porque aquella Constitución sobre la que juró su
mandato presidencial estaba ©moribundaª.

En medio de aquel proceso que puso al pueblo como fuerza motriz del proceso
bolivariano, Hugo Chávez solicitó al Congreso la aprobación de la llamada
Ley Habilitante, mediante la cual podría adoptar por decreto las 47 medidas
destinadas a enfrentar la crisis económica y social, heredada de los
gobiernos burgueses.

Los primeros doscientos días de gobierno bolivariano fueron una buena señal:
con la supresión de las matrículas se inscribieron 600 000 escolares; se
crearon 519 escuelas bolivarianas con desayuno, almuerzo y merienda
gratuitas; se abrieron 700 mercados populares de productos alimenticios con
precios 60% más bajos que lo normal; se abrieron las llamadas rutas aéreas
sociales, con aviones militares y se activó, entre otros, el Banco del
Pueblo, dirigido a financiar a la microempresa.

En diciembre de 1999, tras un proceso de consulta popular, se aprobó la
nueva Carta Magna por el voto del 71,26% de los votantes, frente al 28,75%
de los que se le opusieron. El 30 de julio del 2000, Hugo Chávez fue
reelecto presidente de Venezuela por el 56,27% de los sufragios, frente a su
adversario, que solo consiguió el 36,29% a pesar de haber contado con el
apoyo del empresariado, los políticos tradicionales y la mafia
cubano-americana de Miami.

Validado varias veces en las urnas, el proceso bolivariano ha demostrado que
es la opción que el pueblo quiere, que necesita Venezuela.

Por eso ayer, cuando los venezolanos festejaron la derrota del fascismo
aquella madrugada del 13 de abril, no puede dejarse de recordar esta breve
historia que es la esencia, que explica el por qué de ese triunfo que
todavía hoy nos conmueve.
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Nidia Díaz/I.G.


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