Contribución Solidaria y Bolivariana del Circulo Bolivariano Alianza
Bolivariana Latinoamericana ALSOL
ALEXIS ANTELIZ
Moderadora: Vamos a anunciar la programación que tenemos para esta
tarde, para luego continuar con la exposición de Samuel Moncada. Esta tarde
tendremos desde la una y treinta hasta las cuatro y veinte, en la Sala Plenaria
de Parque Central, el Panel “El Proceso Constituyente y la Constitución
Bolivariana”, con los ponentes Elías Jaua, Carlos Escarrá y Rodolfo Sanz, luego
tendremos el Taller Ecología, Salud y Hábitat en la Revolución Bolivariana, con
los Ponentes Eusebio Leal, Eddy Córdova, Ramón Yánez y Alex Fergusson, es en la
Sala 2 de Parque Central. De una y media a cuatro y veinte de la tarde, luego de
cuatro y treinta a siete de la noche, vamos a tener el Panel “Democracia
Participativa y Protagonismo del Pueblo”. Los ponentes son Martha Harnecker,
Carlos Lanz, Andrés Antillano y Marelys Pérez. Este panel será en la Sala
Plenaria del Parque Central. Tendremos también el Taller “El rol del
empresariado en el proceso de cambio”, los ponentes son Francisco Natera, Miguel
Pérez Abad, José Agustín Campos. Es en la Sala José Félix Rivas de este teatro.
A las siete, o de siete a ocho tendremos un Testimonio “La lucha mundial por la
otra globalización” de Bernard Cassen, en el Teatro Teresa Carreño, en la Sala
José Félix Rivas. Y de ocho y media de la noche a diez y media, tendremos las
Conferencias “Economía Mundial, Neoliberalismo y Alternativas” y “Soberanía y
Seguridad Alimentaria”. La primera será en la Sala Plenaria de Parque Central y
la segunda en el Teatro Teresa Carreño, aquí en esta Sala Ríos Reyna.
Afuera están entregando ya este tríptico que contiene toda la programación
del Encuentro, lo pueden encontrar a la salida. Ahora vamos a presentar una
exposición de Samuel Moncada (aplausos). El es el Director de la Escuela de
Historia de la Universidad Central de Venezuela. Samuel Moncada nos hará un
especial acercamiento contemporáneo al sentimiento y a la ideología bolivariana.
Bienevenido Samuel.Conferencia
Vigencia del pensamiento de Simón
Bolívar
Samuel Moncada
(Venezuela)
Director de la Escuela de
Historia de la UCV
Buenos días. Yo agradezco profundamente su presencia aquí hoy, y agradezco el
honor de permitirme dirigirme a ustedes, sobre todo con este tema que es tan
importante para los venezolanos. Precisamente por el respeto enorme que le tengo
a este tema, lo preparé con mucho cuidado, lo escribí y lo voy a leer. Espero lo
lea con el mismo sentido con que lo escribí. “El mundo vive días difíciles, días
peligrosos, las leyes e instituciones creadas por las naciones para mantener la
paz mundial, están siendo desconocidas por el Gobierno con mayor poder militar
en la historia de la humanidad, millones de civiles inocentes están sufriendo
las consecuencias de ese poder fuera de control, una guerra desatada por un
gobierno que en contra de la comunidad internacional une el ilegal propósito de
destruir preventivamente al país que considera una amenaza con el de controlar
los recursos naturales de ese pueblo. El uso del poderío militar para mantener
la superioridad económica representa un peligro para las pequeñas naciones del
mundo. En estas terribles circunstancias el principio de igualdad entre naciones
soberanas desaparece y es sustituido por la ley del más fuerte, la más primitiva
de todas las leyes.
Vemos entonces con asombro como la tecnología más moderna del siglo XXI es
usada para regresar a la humanidad a los siglos pasados, a los siglos de las
invasiones coloniales, pero la guerra no es el instrumento más usado para
reducir la soberanía e independencia de las naciones, hoy, hay empresas privadas
que tienen presupuestos más grandes que los de muchos estados nacionales.
Estas gigantescas corporaciones poseen ventajas en la competencia económica
que llega a convertirse en posiciones de dominio en los mercados mundiales. Su
visión del mundo es simple, todo el mundo es un mercado, y todo obstáculo a la
fuerza de los mercados debe ser eliminado, esta es la economía global, así,
todos los países deben privatizar sus recursos naturales, privatizar sus
empresas estratégicas, privatizar sus servicios públicos, reducir al mínimo el
estado, reducir al mínimo los impuestos al sector privado, eliminar todo tipo de
regulación al mercado, reducir las garantías sociales, esta simple receta se
debe aplicar uniformemente en todo el mundo, sin importar las diferencias entre
las naciones. Es una ideología dogmática que elimina la diversidad del mundo, es
una ideología injusta que premia al privilegiado y castiga al débil, es la ley
del más fuerte que destruye el tejido social de las naciones, es el
neoliberalismo.
En América Latina hemos sufrido los efectos perversos del dogmatismo
neoliberal, casi todos nuestros países han sido forzados a tomar el trago amargo
del neoliberalismo con la promesa de un futuro mejor a largo plazo, el resultado
ha sido el empobrecimiento de las grandes mayorías, la quiebra de la
administración pública, el aumento de la deuda interna a niveles imposibles de
pagar, la destrucción de la educación y la salud pública, el desprestigio de las
élites tradicionales y las consiguientes convulsiones sociales y políticas. Ante
esta realidad la respuesta de los poderosos es asombrosa, ellos dicen no hay
alternativa, ustedes deben perseverar en los mandatos del pensamiento único.
En Venezuela la epidemia del neoliberalismo llegó imponiéndose a sangre y
fuego. El 27 de febrero de mil novecientos ochenta y nueve la reacción popular
contra las políticas neoliberales fue aplastada con la mayor masacre del siglo
XX venezolano. Una tragedia que fracturó nuestra sociedad, que separó a los
dirigentes de las mayorías populares en la Política, en la Economía, en el
Sindicalismo y en las Fuerzas Armadas.
La conciencia de los venezolanos fue sacudida por muchas preguntas ¿Si
Venezuela era una nación libre y democrática, cómo las Fuerzas Armadas se habían
comportado como un Ejército de ocupación contra su propio pueblo? ¿En qué tipo
de democracia los dirigentes ejecutaban políticas contra las mayorías pobres sin
importarle sus consecuencias? ¿En qué consiste la soberanía nacional si las
decisiones fundamentales de la nación se ordenan en el Fondo Monetario
Internacional? Las respuestas de los dirigentes de esa época fue brutal, no hay
alternativa, es el pueblo el que no entiende la globalización, no entiende el
nuevo orden internacional; la crisis no era sólo de la economía, era también de
un tipo de dirigencia, de un modo de concebir la democracia, de un modo de
pensar la nación.
En la década de los 90 los venezolanos resistimos la agresión antipopular y
antinacional buscando una respuesta distinta a las que nos ofrecían nuestros
gobernantes, había que buscar en otra dirección, voltear la mirada hacia
nosotros mismos, hacia nuestras raíces para rescatar el sentido de ser
venezolanos, y ahí y ahí nos reencontramos con el fundador de nuestra república,
con Simón Bolívar.
Los privilegiados de siempre se burlaron, cómo volver al Siglo XIX, cuando
vamos al Siglo XXI, cómo tomar como ejemplo un hombre que no conocía las
computadores o la luz eléctrica, según ellos, de Bolívar nada puede ser
rescatado, pero la respuesta nuestra es muy clara, está en los valores, en los
principios de acción que Simón Bolívar propuso para crear la Nación. Simón
Bolívar era un hombre de su tiempo pero muchas de sus ideas y valores
trascienden su vida y siguen vigentes hoy. El, es el símbolo de nuestra
nacionalidad, el venezolano imprescindible, sin él no se puede entender nuestra
historia, pero al mismo tiempo es el venezolano más latinoamericano, pues él no
pensó su patria, en los estrechos límites de la Venezuela actual. Para nosotros
la patria es América, dijo Simón Bolívar. ¿Cuáles son los principios y valores
de la nación que proclama Simón Bolívar?. En primer lugar la Independencia, la
absoluta determinación de que los pueblos americanos deben ser libres de toda
dominación extranjera, para el hombre que lucho contra un imperio la libertad de
la patria, es decir, la capacidad de decidir sobre su propio destino era
innegociable. La Independencia es más que el acto de separación de España, es el
rescate del respeto propio, de la dignidad del pueblo al ejercer su libertad.
La Independencia es un proceso permanente que se construye todos los días. No
se trata de cambiar un imperio por otro, es el modo en que los venezolanos
existen en el mundo para toda la vida. Por eso, Simón Bolívar llegó a decir “es
imperturbable nuestra resolución de independencia o nada, pues sin ella
desaparece toda identidad nacional”; el segundo principio es el de la soberanía
popular. Si la independencia se refiere a la libertad frente a toda tiranía
extranjera, la soberanía popular se refiere a la libertad del pueblo frente a
toda tiranía interna (aplausos). Así proclama que: “la soberanía del pueblo es
la única autoridad legítima de las naciones”. Bolívar es un revolucionario que
lucha por transferir el poder de los privilegiados a todos los habitantes de la
nación, sin exclusiones al pueblo soberano. En este sentido, su revolución es
profundamente democrática, pues no hay autoridad superior a las leyes que el
propio pueblo libremente se dicta asimismo.
La aclamación libre de los ciudadanos es la única fuente de legitimidad de
todo poder humano afirmó Bolívar y este principio de carácter universal lo
defendió toda su vida. Si el pueblo soberano formado por seres libres iguales es
la fuente del poder, la forma del gobierno no puede ser otra que la República,
el gobierno donde todos podemos participar para dirigir nuestras vidas. No es el
gobierno de un hombre o una clase, es el gobierno de todos los ciudadanos, así
Bolívar propone “un gobierno republicano ha sido y debe ser el de Venezuela, sus
bases deben ser la soberanía del pueblo, la división de poderes, la libertad
civil, la proscripción de la esclavitud, la abolición de la monarquía y de los
privilegios, una república de iguales, una república sin privilegios”. Aquí
encontramos otro principio del pensamiento de Simón Bolívar, la justicia
social.
La república y la libertad no pueden existir en una sociedad con injusticias
sociales. Es un deber republicano corregir las desigualdades sociales,
equilibrar los poderes, los haberes, las virtudes de sus habitantes. Oigamos las
palabras de Bolívar “la naturaleza hace a los hombres desiguales en genio,
temperamento, fuerza y caracteres, las leyes corrigen esta diferencia, porque
colocan al individuo en la sociedad para que la educación, la industria, las
artes, los servicios, las virtudes le den igualdad ficticia que es propiamente
llamada política y social”. Bolívar está hablando de algo más profundo que la
igualdad ante la ley, afirma que cuando las desigualdades sociales ponen en
peligro la república, es un deber transformar la sociedad para salvar la
libertad nacional.
Viniendo de una familia de la oligarquía criolla, lucho contra los
privilegios de su propio círculo social. La libertad e igualdad republicana era
superior a los intereses mezquinos de su propia clase. Así vemos como luchó por
la abolición de la esclavitud en contra de la opinión de los amos criollos. El
dice: Yo imploro la confirmación de la libertad absoluta de los esclavos, como
imploraría mi vida y la vida de la república. Estas ideas representaron una
verdadera revolución social en su época y fueron rechazadas.
De igual modo el Libertador entendió que los derechos de los pueblos
indígenas debían ser reconocidos si los americanos querían construir naciones
verdaderamente unidas y libres. Los pueblos indígenas son parte fundamental de
nuestra nacionalidad y corregir las injusticias que por siglos impusieron los
invasores sobre ellos es un deber republicano.
Así vemos como en un decreto de 1820, Bolívar ordena en defensa de los
indígenas de Cundinamarca lo siguiente: Se devolverá a los naturales como
propietarios legítimos todas las tierras que formaban los resguardos según sus
títulos, cualquiera que sea el que aleguen para poseerlas los actuales
tenedores. Tierra para los propietarios originales, tierra para los que viven
como exiliados en su propia nación, tierra para liberar económicamente a los más
débiles, este es uno de los objetivos de la revolución bolivariana.
Bolívar es un revolucionario cuando reconoce que la diversidad étnica de
América no puede traducirse en privilegios de casta y discriminación social. Los
descendientes de indígenas, africanos y europeos, siendo diferentes formaban
parte de una única y nueva nación que ahora aseguraba libertad, garantías
sociales y oportunidades para todos. Obviamente, una tarea de esta magnitud no
puede hacerse en un año, ni siquiera en una vida; esta es una obra de
generaciones que con claridad en sus principios construye en el tiempo la
liberación de la nación.
Aquí encontramos otro valor fundamental del pensamiento de Simón Bolívar: el
poder de la educación popular. Contrario a las ideas racistas de su tiempo,
Bolívar es un firme creyente en el carácter transformador de la educación. No es
la naturaleza de nuestro pueblo la que determina las desigualdades sociales. La
causa histórica de los conflictos son cientos de años de exclusión social. La
escuela pública tiene por lo menos dos objetivos: aumentar la capacidad de los
ciudadanos para generar su propia prosperidad y fortalecer los valores
republicanos, única garantía contra la tiranía.
Escuchemos sus palabras: “La educación e instituciones públicas son el
principio más seguro de la felicidad general y la más sólida base de la libertad
de los pueblos. El primer deber de un gobierno es dar educación al pueblo, la
salud de una república depende de la moral que por la educación adquieren los
ciudadanos en su infancia”.
Es el Estado el primer interesado en promover la educación pública, esta es
una fuente de equidad y de progreso social. No puede haber república sin mujeres
y hombres educados para la libertad. Sólo los tiranos están interesados en
privar a los pueblos de la educación, pues como el mismo Bolívar lo advierte, un
pueblo ignorante es instrumento ciego de su propia destrucción.
La moral y la educación eran centrales para la república pero Bolívar no era
ingenuo para pensar que los vicios sociales desaparecerían por completo. Sólo
unas instituciones fuertes, con leyes inexorables y tribunales imparciales
serían capaces de imponer la justicia cuando fuere necesario.
Bolívar vio a la corrupción en la administración pública como uno de los
grandes peligros para la existencia de una nación libre. La corrupción es un
terrible enemigo porque los ladrones no tienen bando político, su única lealtad
es hacia el dinero y se ocultan en los lugares más insospechados.
El Libertador nació en una familia de ricos criollos y murió en la pobreza,
con una camisa prestada, este es sólo un símbolo de su rechazo al uso del poder
para el enriquecimiento personal. Así el mismo decía: “La corrupción de los
pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los
delitos. Mirad que sin fuerza no hay virtud y sin virtud perece la
república”.
Otro peligro para las repúblicas libres de América era la corrupción de las
armas, es decir el abuso por parte de los jefes militares del poder de los
ejércitos para imponer la tiranía sobre sus conciudadanos. Bolívar estaba muy
consciente de sus obligaciones como militar y como ciudadano. Como militar la
guerra le daba prioridad a un ejército fuerte, al pueblo armado capaz de lograr
la independencia.
Sin la disciplina militar la república no hubiera sido posible, pero una vez
lograda la paz el ejército libertador no tenía ningún privilegio sobre la
sociedad. Así Bolívar afirma: “Un soldado feliz no adquiere ningún derecho para
mandar a su patria, no es el árbitro de las leyes ni del gobierno, es el
defensor de la libertad”.
Los grandes ejércitos que lograron la victoria militar ahora representaban un
peligro para la libertad al volver sus armas contra los ciudadanos. Bolívar
condenó la tentación militarista, como ciudadano él sabía que los ejércitos no
son una sociedad aparte y que la unidad nacional entre civiles y militares tan
efectiva en la guerra debía mantenerse en la paz, aceptando la única autoridad
legítima, la del pueblo soberano expresada en sus leyes e instituciones.
El militarismo, es decir el dominio de la sociedad por parte de una casta
armada es la degeneración de la república. No hay un Bolívar más claro que el
del Congreso de Angostura cuando afirma: “Dichoso el ciudadano que bajo el
escudo de las armas de su mando ha convocado a la soberanía nacional para que
ejerza su voluntad absoluta”. Ese era el General no de un ejército de opresores,
era el General de un ejército libertador.
El rasgo más característico de Bolívar que lo separa de la mayoría de los
líderes venezolanos de la independencia es la magnitud de su visión estratégica.
Bolívar pensó la patria en términos del continente latinoamericano, las pequeñas
naciones corrían el riesgo de ser arrasadas por las grandes potencias si no
entendía la necesidad de una alianza entre repúblicas. Los débiles unidos serían
fuertes, su historia común los hacía semejantes entre ellos y diferentes del
resto del mundo. La pérdida de la libertad en cualquier parte de Latinoamérica
representa un peligro para todos, sólo la solidaridad y el claro beneficio mutuo
de una alianza permitirían el ejercicio de las soberanías nacionales.
Bolívar no impone un modelo de gobierno a América Latina, él sabía bien que
cada pueblo debe gobernarse según sus necesidades; lo que sí establece es el
interés común de Latinoamérica en proteger su independencia. Así él propone:
“Nuestras repúblicas se ligarán de tal modo que no parezcan en calidad de
naciones sino de hermanas, unidas por todos los vínculos que nos han estrechado
en siglos pasados, con la diferencia de que entonces obedecían a una sola
tiranía y ahora vamos a abrazar una misma libertad, con leyes diferentes, con
gobiernos diversos, pues cada pueblo será libre a su modo y disfrutará de su
soberanía según la voluntad de su conciencia”.
Unidad en la diversidad, unidad para ser libres de decidir nuestros destinos,
esta era la concepción de la patria latinoamericana. Estas son las líneas
fundamentales del pensamiento de Simón Bolívar. Sus ideas fueron mayormente
rechazadas en su tiempo, sin embargo, Bolívar es un patrimonio espiritual de los
venezolanos y de los latinoamericanos. En el fondo, sus ideas son una invitación
a mirarnos en el espejo y a reconocer quiénes somos, a pensar desde nuestra
realidad. El inicio de toda independencia comienza con la emancipación del
pensamiento y nosotros aceptamos ese reto hoy.
¿Qué significa ser bolivariano en nuestros tiempos? No es una religión, no es
un dogma, no es una repetición del pasado, es una posición ética y política ante
los problemas de nuestro presente, es partir de nuestra historia aceptando
libremente que los valores de Simón Bolívar pueden ser reinterpretados,
proyectados, complementados de acuerdo a las aspiraciones de los pueblos hoy.
Así, los bolivarianos participamos en un movimiento de transformación de la
sociedad que lucha por el rescate de la soberanía nacional, por la transferencia
del poder de las élites tradicionales a las mayorías destruidas y por la
libertad y prosperidad de todos los venezolanos.
Creemos en la combinación más adecuada entre mercado y Estado para nuestra
sociedad. No somos dogmáticos. Creemos en un sector privado vigoroso, con miles
de empresarios pequeños, medianos y grandes, generando empleo y riqueza. Creemos
en la necesidad de un Estado fuerte y eficiente, que corrija las distorsiones
sociales del mercado, que administre nuestros recursos naturales estratégicos y
que provea servicios económicos y sociales para toda la población.
Pero también luchamos por el tercer sector, el sector solidario, formado por
mujeres y hombres que se asocian voluntariamente para apoyarse entre sí, el
sector donde el pueblo ayuda al pueblo, organizándose en amplios movimientos de
indígenas, campesinos, obreros, mujeres, estudiantes, intelectuales,
cooperativas, comités de tierras, motorizados, medios comunitarios, clase media
en positivo y por supuesto nuestros círculos bolivarianos.
Alerta, alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América
Latina!
Bolívar libre, la lucha sigue!
Unidos, presentes, por nuestro Presidente!
Estas gigantescas fuerzas sociales son el motor de nuestra democracia
participativa, son las mayorías recuperando su dignidad y su iniciativa, que
controlan al Estado y le exigen que abra sus puertas a las demandas sociales.
Nuestra lucha es por la democracia política, económica, social y cultural.
Luchamos por la equidad y la inclusión social, por el respeto a la diversidad
étnica, por la igualdad de género. Defendemos los derechos históricos de
nuestros pueblos indígenas sobre sus tierras y formas de organización social y
cultural. Luchamos por los derechos humanos de los niños, de los ancianos y de
los enfermos, de los más débiles de nuestra sociedad, luchamos por una educación
pública popular y gratuita, que forme ciudadanos y ciudadanas libres, iguales y
solidarias.
Luchamos por una salud pública, universal y gratuita que libere a nuestro
pueblo de la enfermedad, apoyamos a un sindicalismo independiente y fuerte que
no traicione los intereses de los trabajadores. Luchamos por tierras para los
campesinos como base para su liberación económica. Creemos que el acceso a la
cultura y el deporte son derechos de todas las venezolanas y venezolanos.
Creemos que los militares venezolanos son parte integral del pueblo soberano y
que esta unidad de intereses y fines es la garantía de nuestras libertades.
Sabemos que nuestro destino está ligado al de los pueblos de América Latina y
por eso impulsamos una alianza solidaria que respetando nuestras diferencias
fortalezca la soberanía de nuestras naciones y las libertades de nuestros
pueblos.
Nuestra afirmación de la soberanía nacional no es una negación de lo
extranjero, querer lo propio no es odiar lo ajeno. Los bolivarianos somos
abiertos a las influencias internacionales en la manera expresada por el gran
patriota cubano José Martí, otro bolivariano, cuando dijo: injértese en nuestras
repúblicas el mundo, pero el tronco ha de ser de nuestras repúblicas.
Nuestra afirmación de independencia es democrática y pacífica, defender lo
propio no es atacar lo ajeno, y declaramos ante el mundo que no somos enemigos
de ninguna nación, de ninguna cultura, de ninguna religión. La diversidad del
mundo es su riqueza y la paz mundial es nuestro objetivo. Nosotros luchamos
contra la pobreza, la ignorancia, la enfermedad, el racismo, el militarismo y el
neoliberalismo. Nuestros propósitos están condensados en la constitución de la
República Bolivariana de Venezuela, la única constitución de nuestra historia
aprobada directamente por el pueblo soberano.
Ahora bien, como en el caso de Simón Bolívar, nuestro proyecto no puede
cumplirse en un año o en una vida, es una tarea de generaciones. Con aciertos y
errores hemos labrado un camino desde 1998, pero estos esfuerzos se encontraron
con la reacción violenta de la fuerza de los privilegiados. Hoy, hace un año,
los enemigos de la libertad trabajaban en la oscuridad. Por meses habían
planeado su crimen. Comprados con dinero extranjero estaban listos para
traicionar a sus propios seguidores. Hoy, hace un año, ya tenían escrito el
decreto fascista con el que querían convertirnos en sus esclavos. Ya sabían de
la masacre que iba a ocurrir al día siguiente, como una etapa más de su
estrategia. Todo estaba fríamente calculado.
Los venezolanos asesinados el 11, 12 y 13 de abril, sin importar sus
posiciones políticas fueron víctimas inocentes de una conspiración
antidemocrática y antinacional. Ellos son mártires de la democracia y los
recordamos con dolor y con respeto. Nunca debemos olvidar que entre ellos pudo
haber estado cualquiera de nosotros.
Si el 11 de abril fue el día de la tragedia, el 12 de abril fue el día de la
vergüenza. Ese día se instauró en Venezuela una dictadura patronal-militar, una
tiranía fascista. En menos de 24 horas eliminaron todos los poderes públicos,
todas las garantías y libertades. En un solo día cerraron estaciones de radio y
televisión, persiguieron a miles de dirigentes políticos y sociales, asaltaron
la Embajada de Cuba, violaron más derechos humanos que en los últimos 30 años,
en un solo día. En un solo día anunciaron su plan de gobierno, el retiro de
Venezuela de la OPEP, un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional, la venta
de nuestra empresa petrolera PDVSA, el inicio de un plan armamentista, la
abolición del aumento de salario de los trabajadores, la ruptura de relaciones
con el gobierno de Cuba. Sólo en un día.
Sus acciones fueron saludadas por potencias extranjeras y por el Fondo
Monetario Internacional. Sus anuncios fueron celebrados por políticos,
sindicalistas, empresarios, intelectuales, periodistas, cardenales, obispos y
dueños de medios de comunicación.
¡No volverán! ¡No volverán! ¡No volverán!!!
Todo, todo para su eterna vergüenza. Y no fue por casualidad que en esa hora
oscura de nuestra historia los partidarios de la tiranía escondieran el retrato
de Bolívar del Palacio Presidencial y eliminaran el nombre de la República
Bolivariana de Venezuela. Ellos mismos declararon su desprecio por nuestra
historia y por los valores centrales de nuestra nación, eliminando el símbolo
creyeron que podían destruir la moral de un pueblo.
Aquí debemos recordar las palabras de José de San Martín, el Libertador de la
América del sur cuando afirmó: “Lo que no puedo concebir es que haya americanos
que por un indigno espíritu de partido se unan al extranjero para humillar a su
patria y reducirla a una condición peor que la que sufríamos en tiempos de la
dominación española, una tal felonía ni el sepulcro puede hacerla
desaparecer”.
El 13 de abril es el Día de la Dignidad.
Volvió, volvió, volvió, volvió, Chávez volvió!!!
Lo que sigue es una de las miles de historias de ese día. Un dirigente social
era buscado por la represión y temía por su vida. Por la radio anunciaban su
nombre como el de un peligroso terrorista. El buscó refugio en uno de los
barrios pobres del este de Caracas, mientras pensaba sus próximos pasos. En la
madrugada del 13 de abril unas señoras del barrio que sabían que él se escondía
ahí, fueron a buscarlo y le preguntaron: ¿y ahora qué vamos a hacer? El les
respondió que no sabía, pero que lo mejor era protegerse y esperar. Ellas
insistieron: pero tu eres un dirigente y tu tienes que saber qué vamos a hacer.
El repitió: no lo sé. Ellas dijeron: nosotras tenemos que hacer algo y vamos a
bajar a la plaza para discutir qué hacemos.
En las primeras horas de la mañana había sólo unas decenas de señoras, más
tarde fueron cientos y luego miles. Ellos decidieron ir a Miraflores para ver
qué hacían. Al ver esto el dirigente pensó que era más seguro ir con esos miles
por las calles en vez de esperar a la policía en la casa. En la tarde ya eran
centenas de miles, millones en las ciudades más importantes del país.
Esas señoras del barrio demostraron un entendimiento superior de los valores
republicanos que el de las élites ilustradas de Venezuela. Esas señoras son
dignas representantes de un pueblo libre, ellas son mujeres bolivarianas, porque
fue el pueblo en sus miles de manifestaciones espontáneas el que rechazó la
guerra psicológica de los medios de comunicación y la represión de la policía en
las calles; todo para exigir su libertad.
Fue el pueblo con su constitución en la mano, en unión con los militares
defensores de las garantías sociales el que derrotó el fascismo y restituyó en
el gobierno al Presidente constitucional de la República Bolivariana de
Venezuela, Hugo Chávez Frías.
Uhh ahh, Chávez no se va…. Uhh ahh, Chávez no se va!!!
Nunca antes en nuestra historia ocurrió algo como el 13 de abril. Por eso
digo con orgullo que hoy hablo ante un pueblo libre. La derrota de la tiranía
fascista de abril fue seguida por un hecho inusitado en Venezuela, es la primera
vez en más de 100 años que los golpistas derrotados no son perseguidos por los
vencedores, una mezcla de perdón político y lenidad en los tribunales permitió a
los golpistas regresar a sus hogares como si nada hubiera ocurrido. Era la
oportunidad para intentar la reconciliación de la dirigencia política
venezolana. Sin embargo, los golpistas interpretaron la situación como un signo
de debilidad del gobierno y reiniciaron la conspiración.
Aquí se repitió lo que Simón Bolívar describió como una de las causas de la
caída de la primera república. El afirmaba, “a cada conspiración sucedía un
perdón y a cada perdón sucedía otra conspiración que se volvía a perdonar,
porque los gobiernos liberales deben distinguirse por la clemencia”. Clemencia
criminal que contribuyó más que nada a derribar la máquina que todavía no
habíamos enteramente concluido. La corrupción de los tribunales sigue siendo una
de las grandes manchas de nuestras instituciones. Los mismos que conspiraron en
abril ejecutaron el acto de agresión más brutal desde que el imperio británico
bloqueó nuestras costas en 1902.
Los mismos personajes, la misma coalición, los mismos objetivos, pero ahora
como una estrategia más destructiva. Actuando como una quinta columna de un
ejército extranjero, los fascistas bloquearon los puertos para asfixiar
económicamente a nuestro pueblo.Secuestraron barcos, destruyeron los sistemas de
control de refinerías, oleoductos y campos petroleros; cerraron las escuelas y
los mercados, congelaron el dinero de los ahorristas; llevaron a la quiebra a
miles de pequeñas empresas y destruyeron decenas de miles de puestos de trabajo.
Dejaron a Venezuela sin gasolina y sin gas doméstico e industrial. Todo en medio
de una incesante campaña de psicoterrorismo en los medios de comunicación, los
cuales substituyeron su publicación por permanentes llamados al golpe de Estado.
Sólo con millones de dólares de dinero extranjero puede entenderse el
mantenimiento de esta agresión a Venezuela. Ya no está en juego un presidente o
la democracia. Ahora es atacada la vida de millones de venezolanos y la
existencia misma de la soberanía nacional. Como siempre, los primeros en sufrir
fueron los más débiles: los niños, los ancianos, los enfermos, las mujeres
cabeza de familia, los pobres en general.
El golpe de Estado nunca llegó. La explosión social nunca llegó. ¿Qué fue lo
que ocurrió? El pueblo bolivariano resistió el golpe antinacional con una
disciplina colectiva nunca antes vista. Mujeres y hombres resistieron largas
filas para comprar gas y gasolina, resistieron la escasez de alimentos. Los
conductores del transporte público resistieron las trancas de calles y avenidas,
resistieron los disparos a sus unidades con el objeto de forzarlos a parar. Los
trabajadores del Metro de Caracas resistieron las amenazas de bombas en sus
lugares de trabajo.
(sin audio)… El pueblo bolivariano está hoy unido en sus victorias
contra el fascismo. Pero nuestra economía ha sido dañada, como si hubiera
sufrido una guerra; la pobreza y el desempleo nos azotan en la cara, y debemos
iniciar la reconstrucción del país. Nuestra administración pública no se ha
puesto a la altura de la emergencia en que vivimos; los grupos fascistas
derrotados se reorganizan recurriendo al terrorismo y a campañas de desprestigio
contra Venezuela en el mundo; en su locura van declarando a su país un estado
forajido, soñando con una invasión extranjera. Todo esto ocurre, todo esto
ocurre mientras adelantan la campaña electoral más sucia de nuestra historia.
Pero mantenemos el vigor de la alianza bolivariana, si llevamos nuestros
mensajes a todos los venezolanos y venezolanas y a todas las naciones del mundo,
no hay duda de que otra vez venceremos.
Nos ha tocado vivir tiempos extraordinarios, cuando miramos hacia atrás nos
damos cuenta de lo mucho que hemos avanzado, pero todo parece poco cuando
miramos hacia delante, hacia el futuro. Venezuela está cambiando, América Latina
está cambiando, grandes fuerzas sociales están en movimiento, redefiniendo
nuestra identidad y nuestras aspiraciones. Los indígenas, los afroamericanos,
los campesinos, los trabajadores de las ciudades, las mujeres, todos están
forjando alianzas para elegir por primera vez en siglos, gobernantes que se
parecen a las mayorías que ellos representan.
José Martí decía: Lo que quede de aldea en América, ha de despertar… Y
pedía: Los pueblos que no se conocen han de darse prisa en conocerse.
Nuestro reloj continental está marcando la hora de que los pueblos ayuden a
los pueblos.
En esta nueva emancipación de América, los venezolanos ofrecemos a Bolívar, y
ahora sí podremos responder mejor por qué Bolívar. Porque Bolívar ya no es un
hombre solo, o unas ideas en un libro, ahora es un pueblo en acción. Porque
Bolívar es una invitación a todos los latinoamericanos a aprender los unos de
los otros, a fortalecernos en nuestro pasado y presente común. Porque cuando
decimos Bolívar queremos decir Tupac Amaru, San Martín, Morazán, Martí, Juárez,
Artigas y todos los que lucharon y luchan por la liberación de sus pueblos. Y
finalmente porque nos permite decirles a ustedes que esta también es su patria.
Muchas gracias.
Alerta, alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América
Latina.
Moderadora: Vamos a invitar a Samuel a que nos acompañe un ratito más.
Samuel Moncada: Gracias.
Moderadora: Definitivamente (Bueno, aquí escribimos unas palabritas apuradas,
que salieron del corazón, escuchando a Samuel) la cultura y las ideas, base de
nuestra revolución, son las luces que deben tejer los encuentros populares como
el nuestro ¿no? Uno de los elementos más importantes, que consideramos más
importantes del proceso histórico que está viviendo nuestro país es precisamente
el rescate del ideal bolivariano, del pensamiento bolivariano que había sido
echado a un lado. Entonces uno de los elementos que consideramos más importantes
de este proceso es precisamente el rescate de los pensamientos bolivarianos, por
eso nos resultan pertinentes sus consignas:
Alertar, alerta, alerta que camina la espada de Bolívar por América
Latina… Y que sí, que sí, que sí nos da la gana ser una gran potencia
latinoamericana.
Presidente Chávez, la espada de Bolívar parece que hoy recorre el mundo, así
que no vamos a ser una gran potencia latinoamericana, seremos una gran potencia
mundial bolivariana.
Ya vamos a finalizar. Y para finalizar queremos agradecer la presencia del
ciudadano Presidente de la República Bolivariana de Venezuela, Hugo Rafael
Chávez Frías. Gracias, Presidente.
Agradecemos la presencia también de todos nuestros invitados nacionales y de
nuestros invitados internacionales, y muy especialmente queremos agradecerle al
glorioso pueblo venezolano, nuestro glorioso bravo pueblo venezolano.
Se va a asomar nuestro Presidente. Unidos, presentes, con nuestro
Presidente; unidos, presentes con nuestro Presidente… ¡Viva Chávez!
Los que voluntariamente trabajamos para que este Encuentro en el que
defendemos nuestros sueños se hicieran realidad, queremos manifestar que tenemos
las puertas de nuestros corazones abiertas para todos ustedes. Hoy no nos
pertenecemos, somos suyos.