La experiencia, tanto en Venezuela como en el resto del mundo, indica que la
íntima conexión entre un medio de comunicación y determinados grupos económicos
con particulares intereses en el sector financiero, es una fuente segura de
manipulación de la información financiera. Póngase en un mortero un dueño de una
Casa de Bolsa, una empresa de calificación de riesgo bancario, un pequeño banco,
un directivo de diario, un escribidor de editoriales tendenciosos y un
periodista medianamente informado y obtendrá sin duda un cóctel letal. Añada una
pizca de “compromiso político” y el resultado puede ser explosivo. Como en
oportunidades anteriores hemos esperado con paciencia a que los detonadores de
bombas de humo saquen todo su arsenal, para de nuevo informar sobre la realidad
del problema. En este caso se trata de los mecanismos de colocación de la deuda
pública interna y de las cifras correspondientes al año 2002, tema que en días
recientes ha sido tratado de forma sesgada, incorrecta e inconsistente por parte
de uno de estos grupos de interés, articulado en torno a un diario. Veamos los
puntos planteados.
EL TAMAÑO DE LA DEUDA PUBLICA
A pesar de que durante todo el año 2002 se pronosticaba con furia que el
Fisco no iba a poder cubrir sus necesidades de financiamiento en el mercado
interno, con igual frenesí se ha afirmado que “el Ministerio de Finanzas ha
recurrido a un incremento explosivo de las colocaciones de bonos públicos, con
el resultado de que sin tomar en cuenta las Letras del Tesoro, la deuda interna
muestra un salto de 436% al incrementarse de 2,5 billones en 1999 a 13,4
billones en 2002” (El Universal, VS, 20-3-03).
Esta expresión revela, por una parte, la necesidad de un cursillo acerca de
los efectos de la inflación sobre las magnitudes macroeconómicas, pues medido en
dólares corrientes la deuda interna de la República pasa de $ 5.479 MM en 1999 a
$ 10.978 MM, bastante lejos del 483% de incremento. Pero por otra parte ignora
deliberadamente que un análisis correcto de la solvencia intertemporal del
Estado, de la posición patrimonial neta del sector público, debe contemplar la
deuda del BCV con el público que entre 1994 y 1998 tuvo un saldo promedio de $
4.534 MM, debido a los TEM. Visto así, la deuda interna total, medida en dólares
corrientes, sólo crece 29,9% entre 1998 y 2002.
Si se considera además que la deuda externa se reduce en poco más de mil
millones de dólares entre esos años, bajando a un saldo de $ 22.593 MM en 2002,
el resultado final es que la deuda pública total, tanto externa como interna
(incluyendo la del BCV), medida en dólares corrientes, apenas se incrementa 5%
entre 1998 y 2002, cerrando en $ 33. 413 MM, mientras que como porcentaje del
PIB esta comparación arroja apenas un incremento de 1,3 %.
Que el saldo total de la deuda pública sea de 33% del PIB es un resultado que
se compara de forma favorable tanto con las economías de nuestro entorno como
con grandes países desarrollados. En estos años lo que ha ocurrido es una
recomposición del saldo de la deuda. En 1998 el 85% de la deuda era de origen
externo y 15% interno, participación que se altera a 66% externo y 33% interno.
Que esta recomposición es discutible, por supuesto, como puede ser discutible
cualquier estrategia financiera, pero lo que no es correcto es engañar al lector
haciéndole creer que el problema central de las finanzas públicas en Venezuela
es el tamaño de la deuda total o el crecimiento “explosivo” de la deuda
interna.
Eso no aguanta ni un ligero análisis. Si hay un problema en materia de deuda,
este se refiere al tamaño del servicio y a la concentración de vencimientos
entre 2002 y 2004 de una deuda externa que fue contratada, renegociada,
reconocida (la privada y la pública) y redocumentada mucho antes de 1999, en
episodios bien conocidos y en algunos casos muy lamentables que ocurrieron en
los años setenta, ochenta y noventa, muchos de cuyos conspicuos autores y su no
menos conspicuos herederos se solazan en las pantallas de TV y en las páginas de
los periódicos dictando cátedra en asuntos fiscales, como si nadie se acordara
de ellos.
COLOCACION PRIMARIA DE VALORES PUBLICOS EN EL 2002
La manipulación de cifras se extiende al monto y a la modalidad de las
colocaciones de títulos públicos en el año 2002. Se afirma que en bonos DPN se
ha colocado Bs. 8,3 billones y que tan sólo Bs. 0,5 billones (es decir apenas el
6%) se colocaron mediante subasta, para así fabricar toda una atmósfera de
oscuridad en los procesos de colocación de la deuda interna, a la que sólo
faltaría agregar la banda sonora de Nosferatu. El detalle está en que estas
cifras son deliberadamente incorrectas y buscan simplemente el efecto cohete de
un titular o un editorial escandaloso.
En el año 2002 se colocaron valores públicos por un total de Bs. 13,1
billones, tanto en bonos DPN como en Letras del Tesoro, que al restarle la
amortización y rescate de títulos arroja el flujo neto de variación de la deuda
pública en el año. De ese total Bs. 6,5 billones se colocaron mediante procesos
de subasta, prácticamente 50% del total, es decir casi 10 veces más de lo que
afirman los gestores de la desinformación.
¿Por qué entonces la diferencia? Porque se manipula el indicador, primero
excluyendo las Letras del Tesoro, que de forma sistemática se subastan cada
semana y que sirven de referencia para la colocación mediante dación en pago o
adjudicación directa (“macabros” términos que vamos a explicar más adelante) y
segundo porque se excluye nada más y nada menos que la mayor subasta de bonos
DPN que se haya hecho en Venezuela, mediante los canjes realizados en noviembre
y diciembre de 2002. En esto no hay ni el menor cuidado por la rigurosidad. Lo
publicado no coincide con los registros existentes tanto en el BCV como con los
datos expuestos en la Memoria y Cuenta 2002 del Ministerio de Finanzas. Así por
ejemplo, se pone al periodista a afirmar que el monto colocado en Bonos DPN a
través del Programa de Reordenamiento de la Deuda Interna fue de Bs. 2,7
billones, cuando la cifra real fue de Bs. 3,2 billones. Al parecer
deliberadamente sólo cuantifica las dos subastas iniciales (22 y 27 de
noviembre) y no considera la subasta del 3 de diciembre del 2002 o quizás ese
día estuviese pendiente de otros temas.
Por tanto, es falso que el monto colocado en Bonos DPN mediante el mecanismo
de subasta en el 2002 haya sido apenas de Bs. 0,5 billones. A la luz de lo
señalado, esa cifra contiene un grave error metodológico porque el monto de
Bonos DPN colocado mediante canje fue a través de subastas voluntarias y
transparentes, administradas por el BCV. Ese sólo hecho ya modifica
significativamente los números y, obviamente, la apreciación de los lectores,
considerando que se colocaron Bs. 3,2 billones mediante este mecanismo.
Adicionalmente, sea por mala intención o por desconocimiento, se dejan de
lado las cifras de colocación de Letras del Tesoro, que constituyen un
instrumento de financiamiento público interno de corto plazo. Como es correcto,
financiera y metodológicamente, si se considera el monto colocado de Letras del
Tesoro a través de subastas, la colocación de Títulos Públicos (Bonos más
Letras) durante el año 2002 alcanzó un 49% del total de títulos colocados.
Cuando se ignora o se esconde esta cifra se comete un grave error que desinforma
a los lectores y a los mercados. Una cifra lleva a la otra y un error lleva al
otro. Por tanto, no es cierto que Fisco haya colocado, el 94% de la deuda
pública interna a través de los mecanismos de dación en pago y adjudicación
directa, como se sostiene en esta campaña. El Gobierno Nacional, condicionado
por fuertes restricciones fiscales y sesgos en el mercado que bloquearon durante
buena parte del año 2002 el acceso al crédito interno y externo, y con el fin de
cumplir sus obligaciones presupuestarias y legales, colocó títulos valores
mediante el mecanismo de dación por un 32,5% respecto al total de títulos
colocado, mientras que colocó mediante el mecanismo de adjudicación directa por
un 18,7% respecto al total de títulos colocado en el año.
En estos casos los precios asignados a los títulos colocados fuera de subasta
se alinearon de forma consistente con los precios de mercado y fueron fijados de
acuerdo a los precios de referencia del mercado primario, y de no existir
referencias claras en el momento, del mercado secundario a través de las
pantallas del BCV. Esta práctica establece que para la determinación del precio
y/o rendimiento de las operaciones de adjudicación directa y dación en pago, se
toma como referencia la información de precio y/o rendimiento en los mercados
primario y/o secundario de títulos valores públicos, comparables en términos de
plazos, en las semanas previas a la colocación.
Al respecto hay cifras y argumentos muy importantes que han sido obviadas,
con lo cual se transmite una perspectiva equivocada y sesgada del problema. Se
ignora que los entes financieros públicos como Bancos, Banap, Bandes, Fides y
Fogade, no participan en las subastas, para evitar precisamente que debido a los
grandes volúmenes de fondos que manejan, puedan afectar la formación de precios
en el mercado de títulos públicos, por lo cual los bonos les son adjudicados
directamente a partir de los resultados obtenidos en las subastas. Se pasa por
alto que los pagos de pasivos laborales mediante bonos deben realizarse fuera
del mecanismo de subasta. Así como las asignaciones a otros entes públicos, para
financiar obras y proyectos de inversión nacionales, regionales y locales,
tampoco pueden realizarse por subasta. Lo mismo ocurre con los títulos que se
aplican para cancelar en parte los impuestos de ley, tales como los bonos
adjudicados directamente para cumplir con transferencias fiscales a grandes
empresas públicas exportadoras. La dación en pago es un procedimiento
absolutamente legal, que por su naturaleza y finalidad no puede manejarse con
subastas y que se ha aplicado alineando los precios a las condiciones del
mercado.
Finalmente, tengamos presente que durante todo el año 2002 se presentaron
perturbaciones diversas que afectaron el mercado de valores públicos. Aquella
gente que difundió durante todo el año que “la banca no quería prestarle al
Gobierno” es la misma que repetía que “el Gobierno estaba empapelando a la
Banca”. Este despropósito informativo, caracterizado por un manejo poco riguroso
de cifras, que desinforma y pretende confundir a la opinión pública y a los
mercados, parece haber entrado en un nuevo capítulo en el año 2003.
(*) Ministro de Finanzas
Comentarios o preguntas: boletin_finanzas@mf.gov.ve