Traducido de www.reseauvoltaire.net
El control de los recursos energéticos de
Irak representa una jugada estratégica primordial para los Estados Unidos. La
empresa económica se sitúa sobre el mercado armamentista y, sobre todo, en el de
la reconstrucción. Cinco grandes sociedades se reparten desde ahora el mayor
negocio público desde finales de la Segunda Guerra Mundial. Detrás de ellas
encontramos a George Schultz, Donald Rumsfeld y Dick
Cheney.
Jacques Chirac no cesa de repetir que a los ojos de los europeos “la
guerra es siempre la peor de las soluciones, el acta de un fracaso”. Como lo
resalta Robert Kagan, el ensayista preferido de George W. Bush, es
precisamente esa la manera de pensar que determina la contradicción fundamental
entre la vieja Europa y los neo-conservadores que detentan el poder en
Washington, para quienes la guerra es un acto creador que permite regenerar al
mundo, como la destrucción de los empleos puede ser la forma de modernización de
los medios de producción.
Desde ese punto de vista, la destrucción de Irak marca la apertura del mayor
negocio público del mundo desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. Incluso
antes de que el presidente Bush dirigiera su ultimátum a Irak, el
Pentágono, que se prepara a ejercer un protectorado militar sobre el país, había
firmado ya los contratos para la reconstrucción. Cinco grandes sociedades
estadounidenses se reparten la gigantesca torta. En primer lugar el Grupo
Betchel. Esta sociedad de BTP, la más importante de los Estados Unidos, es
controlada desde hace cuatro generaciones por la familia Betchel y uno de
sus administradores no es otro que George Schultz, quien fuera Secretario
de Estado de Ronald Reagan. Él preside, por otra parte, el Consejo de
Orientación del Comité por la Liberación de Irak, el lobby pro-guerra financiado
por la Lockheed Martin.
La alianza Lockheed Martin-Betchel augura un nuevo tipo de de negocios: la
destrucción de un país por un comerciante de armas y luego su reconstrucción por
un negociante en hormigón. Schultz ocupa igualmente la dirección de
Gilead Science, el gigante farmacéutico del cual Donald Rumsfeld ha sido
ejecutivo hasta su reincorporación al gobierno. Esta firma viene de obtener
importantes negocios públicos en el marco de la prevención de ataques químicos y
biológicos. En efecto, Rumsfeld ha logrado convencer a su opinión pública
que el régimen de Saddam Hussein tendría todavía algunas de las armas de
destrucción masiva que él mismo le vendió durante la guerra Irán-Irak y que
Bagdad tendría intención de usar contra el pueblo estadounidense. En el
transcurso de los últimos años Gilead Science ha sacado gran partido de los
beneficios generados por los antivirales que producen para tratamiento del SIDA.
El alto precio de sus tratamientos no permiten su difusión en el Tercer Mundo,
algunos de cuyos Estados han intentado fabricarlos fuera de licencia pero han
sido condenados por la Organización Mundial del Comercio (OMC) En 1998,
antivirales idénticos fueron producidos sin licencia por una fábrica pirata de
Al-Shifa (Sudán) y por reclamos de Rumsfeld y de Schultz, el
entonces presidente Bill Clinton acusó al centro de Al-Shifa de ser una
cobertura para la fabricación de armas de destrucción masiva para Al-Qaeda y lo
hizo bombardear. Diversas encuestas internacionales mostraron posteriormente que
tales acusaciones carecían de fundamentos.
El segundo premiado en el negocio de la reconstrucción de Irak es la Compañía
Halliburton. Líder mundial en equipos petroleros, esta sociedad conoce bien al
país donde ha reconstruido lo esencial de las instalaciones de perforación y
refinación después de la guerra de 1991. Su presidente era entonces Dick
Cheney, quien venía de comandar la destrucción del país en calidad de
Secretario de Defensa de George H. Bush (el padre) Y aun cuando
oficialmente Cheney dimitió de sus funciones privadas desde su
designación como Vice-presidente de George W. Bush (el hijo), continúa
sin embargo cobrando emolumentos residuales que se aproximan al millón de
dólares anuales. Es pues desde esa posición equívoca que él comandará esta nueva
destrucción de Irak, la cual no dejará de aportarle nuevos beneficios.
Los otros favorecidos de la destrucción de Irak son The Fluor Group, Parsons
Corporation y The Louis Berger Group, tres sociedades que se han mostrado
particularmente generosas con los “think tanks” de los fundamentalistas.
En tales condiciones uno puede preguntarse acerca del tipo de blancos que
serán bombardeados por los Estados Unidos: ¿responderán únicamente a objetivos
militares o también a la preparación de la más vasta obra de construcción del
mundo?
(Por la traducción) Ángel Cristóbal Colmenares E. Marzo 23 de 2003