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Hace treinta y un años un grupo de venezolanos unió esfuerzos e ideas para publicar una revista, a la cual denominaron “REVENTÓN” y cuyo primer número circuló en mayo de 1971. El segundo ejemplar fue decomisado por la policía y un Tribunal Militar abrió averiguaciones contra los periodistas, aparentemente porque Richard Izarra había escrito un artículo acerca de las entonces denominadas Fuerzas Armadas. Era presidente Rafael Caldera, era Ministro del Interior Lorenzo Fernández y era Ministro de la Defensa el general Martín García Villasmil.
Como aporte a la memoria colectiva, a la revisión de algunas actuaciones de los autodenominados “demócratas” del puntofijismo (quienes hoy acusan de “dictador” al presidente Chávez) y como un homenaje a quienes se atrevieron a desafiar el peligro que entonces significaba expresarse, resumiremos al artículo DIABLO SOLTÓ CHANCLETA del número 21 de la citada revista, correspondiente al 14 de septiembre de 1972.
En noviembre de 1971 la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Católica “Andrés Bello” conoce un periódico mural confeccionado por el bachiller Pedro López Cassuso y su contenido atrae las iras de los jesuitas resultando en la expulsión del mencionado bachiller. Pero varios estudiantes se instalaron en el auditórium y exigieron explicaciones hasta que varias jaulas de la policía los sacaron del sitio dejándolos en “El Silencio”.
Comienza a circular luego un periódico llamado “Tercera Juventud” en el cual son planteadas ideas de renovación y se convoca a un Congreso que toma decisiones en cuanto a transformaciones. Cuando las autoridades de la católica, es decir Pío Bello y José Luis Aguilar (consejero de las Empresas Mendoza) ven lo que está pasando pegan el grito en el cielo y diciendo que el diablo debía andar suelto declaran ilegal la Comisión Electoral y posponen una y otra vez las elecciones; todo ese movimiento culmina en proceso electoral con un representante de Tercera Juventud al Claustro.
La UCAB fue fundada por los jesuitas y, como negocio, no les debe ir muy mal porque en pocos años lograron construir hasta su petit ciudad universitaria en terrenos donados por los Vollmer y con importantes aportes de las fundaciones filantrópicas del país.
El Opus Dei necesitaba --necesita-- una universidad y la empresa privada también, así que desde un primer momento la obra de Dios y Fedecámaras se instalan en sus cátedras. Jorge Sosa Chacín es Decano en Derecho y Carmelo Lauría, un empresario federado y medio fascista que despacha desde el Banco de Venezuela, logra ser co-optado en el Consejo Universitario. A ninguno de ellos le gusta lo que sucede en Montalbán, no simpatizan con el Centro “Gumilla” ni con las ideas predicadas por algunos jesuitas. No les gustan Clementina Machado ni la Escuela de Sociología, por lo que se plantean “purgar” a la Universidad.
Lauría y José Luis Aguilar plantean el cierre de Sociología, los opusdeistas sostienen que el demonio se había instalado en el Instituto de Estudios Teológicos y en la Escuela de Filosofía. Apelan a Fedecámaras y le halan las orejas a Pío Bello. Y al reinicio de un nuevo año escolar más de veinte estudiantes se asombran de que no se les permita el ingreso. Y el asombro sube de grado cuando ven que el padre Baquedano, el padre Rey, el padre Carías, la profesora Machado, Ignacio Purroy, Antono Cova y otros profesores son removidos de sus puestos: Fedecámaras se había salido con la suya.
Todo habría pasado desapercibido si no hubiese sido por la cursilería de otro empresario. Carlos Acedo Mendoza, presidente de Fundacomún, casero y sobrino del rey de la cabilla, había sido “ofendido” por la purga pues entre los purgados estaba su mujer… Y así, con increíble rapidez, Acedo convierte el problema en una cuestión personal que ha logrado opacar las verdaderas consecuencias del conflicto.
La UCAB ha dejado de ser lo que es y lo que hemos visto es bastante feo. Desde hace tiempo venimos advirtiendo que el fascismo criollo le tiene la vista puesta a la educación, que tenemos un ministro de educación ligado al Opus Dei, que proliferan las universidades privadas o controladas por el ejecutivo. Todo eso lo hemos venido notando y los acontecimientos han puesto al descubierto a Carmelo Lauría y a José Luis Aguilar como agentes de Fedecámaras y los grupos económicos y, así ya podemos afirmar que en Venezuela hay agentes del fascismo y Carmelo Lauría es uno de ellos. Sus ataques contra los partidos políticos, primero, y su actuación en la católica, después, así nos lo confirman.
En cuanto a Pío Bello y los otros jesuitas ortodoxos queda demostrado que todavía hoy existe un grueso sector de la iglesia dispuesto a servir de sostén a las ideologías empresariales: que la inquisición no es cosa del pasado y que quien no piense someterse a los santos designios de la educación escolástica es perseguido por estos mercaderes de la educación. La UCAB es un monasterio donde se aprende a ser como Carmelo Lauría. La Tercera Juventud está demás y representa a los espíritus malignos. Quien esté con ellos está contra Dios, porque Dios está con Fedecámaras.
La lectura de ese artículo nos proporciona varias inquietudes y lecciones, entre ellas: 1. sería interesante indagar si hubo alguna “sociedad civil” que protestara por esos hechos antidemocráticos, especialmente el de arrebatar el derecho a la educación a densos sectores del colectivo nacional; 2. que hay personajes con aparente “destino manifiesto” para efectuar trabajos sucios como ese de andar expulsando a gente que no piense como ellos y dando “toquecitos” para obtener determinados fallos y, 3. que nuestra historia sigue siendo un gigantesco escenario, obra de gente sumida en incesante lucha de clases la mayoría de las veces tratada de ocultar con trucos semánticos o argucias de leguleyos.
En esa obra se puede observar el papel de primeros actores que algunos personajes han desempeñado durante varias temporadas. Pero también podemos constatar que un nuevo intérprete parece haber comenzado a entender y asumir el rol protagónico que le corresponde.
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