“Los grandes crímenes han sido
siempre
cometidos, por los más
ignorantes”
Voltaire
La Historia Universal, nos ha mostrado i dejando el testimonio de
grandes imperios que, desde la realidad presente son pequeñas atrocidades, en
espacio i tiempo. Los muchos desconocidos de la humanidad prehistórica, si los
hubo, así como los conocidos de Alejandro, el Imperio Romano o el Imperio
Español, en el cual según Carlos V “jamás se ponía el sol”, son pequeñas
vanidades de los hombres de poder, cuyos ejércitos deficientemente armados,
tenían que luchar terriblemente, cuerpo a cuerpo para atacar o defenderse, i sus
jefes, al frente, exponiendo la vida. Ahora, son caricaturas del pasado, porque
hasta la arrogancia de Hitler i su Tercer Reich que duraría mil años, es casi
nada comparado a la ambición imperialista del gobierno de un país, que no su
pueblo, sino su estúpidos e ignorantes gobernantes, con un solo dios o fetiche,
el de la riqueza i el dinero, se creen dueños absolutos del planeta. Solamente
son ciudadanos del mundo dignos de vivir en la abundancia i la felicidad, ellos;
los demás habitantes de toda la Tierra, incluyendo la civilización europea o los
numerosos pueblos asiáticos, africanos, i americanos, seres inferiores; no seres
humanos, sino esclavos consumidores, pagando deudas ficticias creadas por ellos
mismos –los emperadores del siglo XXI– i matando de hambre i de miseria a media
humanidad. Los habitantes que murieron en Nueva York, en la destrucción de las
torres gemelas del Trade Center, son una minoría, comparada con las muertes que
ellos diariamente, ocasionan en todo el planeta.
Por esto, la mal llamada guerra (war), es un eufemismo, porque no lo
es tal. Guerra fueron, por ejemplo las dos guerras mundiales del siglo XX. No
podríamos llamar, por ejemplo, “combate” un encuentro de boxeo entre, un
superpesado peleador, contra un debilucho minimosca, o el enfrentamiento de un
león con un conejo. Eso se llama, sencillamente, un GENOCIDIO. Empero,
para más afrenta a la Humanidad, un genocidio supuestamente “legal” según
ellos mismos, puesto que, igual que otras muchas veces, las decisiones de la ONU
no cuentan para sus intereses agresores i antihumanitarios. Son el país del
mundo, así lo han denunciado muchas organizaciones, que más violan los
derechos humanos, tanto en su país como en el exterior. Son, sus
gobiernos, el imperio más aborrecible, cruel i violento de toda la historia
universal. El genocidio está en marcha, pese a las miles de protestas en
todos los pueblos del mundo, incluyendo al pueblo norteamericano, i
principalmente al mismo Papa romano, demostrando que son un híbrido mui raro
que, ahora llaman “democracia imperial”.
El genocidio, vocablo derivado del griego que significa fundamentalmente
matar, pueblos, razas o clanes, lo empleó el penalista polaco
Semkin, para calificar al llamado “crimen sin nombre” que tantas atrocidades i
muertes ocasionó durante el auge del nazismo en Europa. I desde entonces se
precisó, i ha sido calificado por el Derecho Penal Internacional, como delito
internacional común, no político pero de extrema gravedad.”Es un delito,
dicen los tratadistas como Manuel Ossorio, tendencioso y premeditado que se
cumple con el propósito de destruir, total o parcialmente a un grupo humano
determinado. Es un delito continuo que puede exteriorizarse en forma individual
o masiva”. Esta atrocidad, inhumana, de salvajes como lo pudo ser Atila o
Gengis Khan, se aprobó como delito de genocidio, el 12 de
diciembre de 1948 (después de la Segunda Guerra Mundial), en la III Asamblea
General de las Naciones Unidas, por unanimidad, i entrando en vigencia el 12 de
enero de 1951. Llama la atención, que el genocidio de Hiroshima i Nagasaki no se
sancionó, porque desde el principio, esa organización ha estado dominada por el
imperialismo yanqui. El genocidio es lícito para robar petróleo.
Por esto, ese señor George Bush, que tiene un padre que exhibe el record
o marca de haber firmado más ejecuciones, por pena de muerte en los Estados
Unidos, es realmente un “vaquero” petrolero, como toda su familia, compartiendo
negocios con la familia de Bin Laden, figura creada por el imperio i su
aterradora CIA, para utilizarlo un tiempo contra los rusos. I digo lo de
vaquero, inculto i de sentimientos de autócrata tipo Calígula (pues si este
emperador puso un caballo de ministro, el tiene algunos caballos como Power),
porque como cita el escritor Galeano, en una ocasión este presidente que llegó
allí por elecciones amañadas o empañadas, dijo que “debemos estar
listos para atacar, en cualquier oscuro rincón del mundo”, ya en
referencia a Irak. Verdaderamente, para muchos norteamericanos incultos, la
geografía i la historia del mundo les es ajena. Recuerdo que muchas veces se
repetía, cuando a un norteamericano le hablaban de Venezuela, no sabían donde
estaba situada, si en América o en África, por lo que la identificaban como “la
tierra de Carrasquelito o de Luis Aparicio”. Bush, ignora que Irak, es la tierra
sede del Imperio Sumerio, civilización de 4.000 años antes de Cristo, que fue
puente de unión entre el Orto de la Humanidad en Oriente (Hegel) i el mundo
occidental, en su juventud viril (Grecia i Roma, cunas de la civilización
occidental). Que esa fue la Mesopotamia, según el relato bíblico, que situó allí
la obra de Dios creador, realizando el Edén i colocando en ese Paraíso,
supuestamente, a la primera pareja humana: Adán i Eva. Allí, recuerda Galeano,
estuvo la biblioteca de Nínive, la Torre de Babel, Babilonia con sus Jardines
Colgantes, i Bagdad, la gran ciudad de los cuentos famosos de Las Mil y una
noches, llena de tesoros artísticos; pero sobre todo de un pueblo, de
hombres, mujeres, ancianos i niños, tan seres humanos como nosotros. Pero la
“guerra inteligente” parece que hace selección. Morirán, dicen con desparpajo,
entre 300.000 ó 350.000 principalmente soldados, i “algunos civiles”,
como si los soldados fueran otra clase de seres, no personas. Sus “héroes” de la
guerra (ya veremos ceremonias de premiación i distinciones) lanzan sus misiles
desde portaviones i barcos de guerra lejanos (como chorros de insecticidas para
las hormigas o las cucarachas) i todo el más novedoso arsenal de guerra
(tanques, aviones maravillosos, bombas “inteligentes”, helicópteros
superblindados, etc.) acabará de arrasar a un pueblo que no encuentra dónde
refugiarse o huir. Si comparamos la locura de Hitler, con la de Bush, creo que
el primero sale ganando. Tenía la locura de la raza aria i su furor contra el
pueblo judío, pero apenas pretendía hacer crecer territorialmente a su patria i
establecer un régimen que, no pretendía dominarlo todo. Lo había pensado i
escrito en Mein Kampf, incluso lo relativo al caudillaje i la propaganda,
de manera brillante según Allan Bullock; pero este otro loco, ni siquiera sabe
escribir, sino ordenar. La política exterior norteamericana, por años, ha sido
la de mantener o propiciar dictadores en los pueblos del mundo (i naturalmente
en América) i oponerse a los presidentes libres i democráticos, cometiendo
crímenes que la humanidad nunca olvidará, como la del gran presidente i médico
Salvador Allende en Chile, para luego apoyar por años a Pinochet. Por eso ahora,
el vaquero inculto, se atreve de exigir descaradamente que, un presidente de un
país extranjero, de vaya al exilio o declara la guerra…perdón, ¡el
genocidio! Por ello, destruir una ciudad como Bagdad, es lo mismo que
destruir a Roma, Londres, Praga o París. A París, un general alemán que recibió
la orden de incendiarla, se atrevió a no obedecer a Hitler. Si, realmente
pudiese crearse un Tribunal de Guerra imparcial i libre, el primer reo de
genocidio en el siglo XXI, debería ser este presidente vaquero e inculto; luego
sus cómplices, como el español ASnar (con ese) i el representante de la Madre
Patria, la Pérfida Albión; la que contagió al mundo con el Mal
inglés. I una extrañeza, final ¿Dónde está el Rei Juan Carlos, que no
modera al asno de Sancho Panza? Con razón dijo Shakespeare: “Hereje no es
quien arde en la hoguera, sino quien la enciende”.
robertojjm@hotmail.com