"Mi tierra, mi querida tierra. Esa Venezuela que tanto amamos, esa
Venezuela luchadora, esa Venezuela digna, esa Venezuela donde los trabajadores y
honestos somos mayoría. Pero es una Venezuela de contrastes... porque unos pocos
se empeñan en destruir al pueblo, y están allí impunemente golpeando nuestra
nación"
Comienzo mi texto con esa frase porque definitivamente mi país hace que
nazcan en mi sentimientos encontrados. Estuve hablando con mi padre en estos
días, y no pudo él estar más acertado, dada su experiencia como hombre honrado y
luchador: Por un lado, debemos sentirnos orgullosos de ser venezolanos, por
otro, la frustración nos invade, porque no es posible entender como hay
compatriotas (se les llama así solo porque nacieron acá, porque actúan como
cualquier cosa menos como venezolanos) que persiguen objetivos que no acompañan
el deseo de la mayoría, que no es más que el de desarrollarnos como nación
soberana y poder algún día sentirnos orgullosos de nuestro progreso.
Definitivamente, nuestro país, y posiblemente nuestra latinoamérica, son tierra
de contrastes. Esta particular situación, podemos fácilmente demostrarla con dos
hechos: Por un lado, nuestro pueblo ha sido sometido a uno de los abusos más
grandes que se haya visto en mucho tiempo. Y digo en mucho tiempo porque hemos
sido robados, saqueados y burlados durante varias décadas, pero jamás de la
forma como algunos pseudo líderes se empeñaron en acabar con nuestro país en
esos nefastos dos meses de diciembre y enero. Y han habido agresiones peores...
¿pero cuando se había visto que una nación se empeñe en "autoacabarse"?
Definitivamente decepcionante. Allí es cuando yo me pregunto lo siguiente:
¿Quién "demonios" nos ha estado dirigiendo durante estos años? ¿Como hemos
permitido esto? ¿Es que nunca fuimos capaces de darnos cuenta de que esos
señores nunca les interesó nuestro país? Digno de análisis ¿no? Y no es que se
quiera defender al gobierno actual, porque todo sabemos que falta mucho camino
por recorrer en este proceso de cambios, y todos sabemos que nuestras
instituciones aún siguen con podredumbre almacenada. Pero es obvio que esos
individuos, los que ahora no son capaces de asumir sus responsabilidades ante
nuestra sociedad y andan huyendo de la justicia, solo están pendientes de
mantener sus privilegios (claro, aún no los han perdido). Pero
independientemente de las barbaridades de este reducido grupo, por otro lado
estuvo un pueblo que nunca se desesperó, un pueblo que hizo colas, no tuvo
navidad, no pudo compartir, no pudo descansar, se le violó su derecho al
trabajo, se le violó su derecho a la educación, se le violó su derecho al libre
tránsito..... pero se mantuvo allí, sereno, maduro, y no sumiso ni dormido, sino
activa y pacíficamente en pie de lucha. ¿Que si soy venezolano? Por supuesto que
lo soy, y lo digo con mi mano puesta en el corazón. ¡Que hermoso gesto de una
ciudadanía que no desea conflictos, ni desea guerras, solo desea su bienestar!.
¡Viva Venezuela!
Pero siguen los contrastes. Por un lado, Venezuela sueña con ser libre. Por
otro, no existe país, sino un montón de zamuros peleándose por los pedazos de
muerto. Fíjense en este otro suceso: en estos días de guerra mundial hemos
podido notar que han habido distintas reacciones de la sociedad. El rechazo ha
sido lo más común, pero.... ¿como es posible explicarse que algunos señores
"politiqueros" de oficio, "expertuchos" de oficio, y pseudo periodistas de
oficio no puedan ocultar su alegría por la invasión a Irak? Bueno, primero, por
el simple hecho de ser una guerra es condenable, y más cuando sabemos todos que
la potencia del norte y sus aliados (y también sus nuevos aliados, porque el
sancocho de gallina robada alcanza para todos) ha "pisoteado" el derecho
internacional, y por encima del mandato de las Naciones Unidas ha iniciado una
guerra donde morirá más gente inocente. Y volvemos a lo mismo: No se trata de
defender a Saddam, no. No es eso. Se trata de condenar el hecho de que una
nación entera sea aplastada por otra. Peor aún: todos sabemos que los
imperialistas sabrán aprovechar este conflicto, y se asegurarán de colocar en la
conducción de Irak ha alguién que sea lo más "bondadoso" posible a la hora de
repartir la "torta" petrolera. Eso, por supuesto, hará perder valor a nuestra
principal fuente de ingreso ¿Entonces, de donde carajo sacán la alegría estos
líderes nacionales? Yo se de donde viene esa alegría.... añoran una invasión
extranjera. Por eso se sienten alegres porque sueñan con que el "Junior" ponga
los ojos en nuestra tierra. ¿Con que contamos entonces? Indudablemente no con
estas imitaciones de gente. Y lo más irónico, es que estos "forjadores de
libertad" no se dan cuenta que cuando las cosas se resuelven así, violentamente,
como ellos imploran, lo que viene es "caída y mesa limpia". Sino, pregúntenle a
los socialcristianos en Chile, o a los panameños, o hasta al mismo Saddam, que
en un tiempo fue muchacho mimado de la CIA. Esa es la Venezuela que nos
averguenza. Esa es la Venezuela que debe ser desplazada por la otra, la
Venezuela de la mayoría.
En estos tiempos, hay muchas razones para sentirnos frustrados. Con una
justicia venezolana tan cuestionada, donde la impunidad reina, y una potencia
mundial pisoteando la legalidad internacional, no hay nada que nos haga
sentirnos felices, y el futuro que se vislumbra solo nos hace poner "los pelos
de punta". Pero no podemos perder la fé, porque, como reza el dicho, la
esperanza es lo último que se pierde. Pienso que primero que nada, tenemos que
luchar porque nuestra patria se enrumbe hacia un horizonte lleno de progreso y
éxito. Y para esto es vital la participación de todos los ciudadanos y
compatriotas, independientemente de su creencia o ideología política. Las
sociedad entera debe organizarse para poder canalizar todos los esfuerzos, y
todos juntos, barrios, urbanizaciones, pueblos, ciudades, debemos entrar
activamente al desarrollo de Venezuela. Para cambiar nuestro futuro, esa es la
única solución. Y, seguramente, no nos cansaremos de decir: ¡Viva Venezuela!
¡Viva Latinoamérica! ¡Viva el mundo entero!
Daniel Ramírez