Nosotros, integrantes de Comunidades Cristianas de Petare (Edo. Miranda), apremiados
por la emergencia que atraviesa nuestro querido país, y movidos por una
honda preocupación humana y cristiana, queremos entregar a los Medios
de Comunicación Social el motivo de nuestra angustia.
¿De dónde será que el Venezolano, que es un ser habitualmente
solidario y humanitario, se ha vuelto últimamente tosco, receloso y desconfiado?
¿Por qué será que, de despreocupado y relajado, se ha tornado
tenso y lleno de zozobra? ¿Por qué hemos tenido que descubrir
con dolor, en nosotros, en los últimos meses, motivos irracionales de
odio y rencor hacia "el otro"?
Somos profundamente creyentes: creemos en el amor de Dios, y en las inmensas
virtudes del amor compartido entre nosotros. Vivimos normalmente en la acción
de gracias y la búsqueda del amor. Pensábamos estar vacunados
contra el desamor y el cultivo de la desunión. Sin embargo, con sorpresa
hemos descubierto en nosotros mismos, en nuestros corazones, y en los demás,
la posibilidad real de odiar.
Éste es el motivo de nuestra profunda inquietud. No nos reconocemos
a nosotros mismos. Las rupturas ideológicas y - peor - afectivas, pasan
por el seno de nuestras mismas familias. Somos seres divididos.
Pensamos que, en estos meses, una locura irracional y diabólica está
recorriendo todos los estratos de la vida colectiva y privada de nuestra sociedad.
Todos están acusando a todos, y nadie quiere reconocer parte alguna de
responsabilidad en la trágica situación colectiva que estamos
conociendo a nivel nacional.
¿Cómo puede una sociedad construirse en la perpetua acusación
mutua, o la satanización del hermano? Algo nos dice que, por este camino,
no puede llegarse a ninguna sociedad fraternal y solidaria.
En la Biblia, según la Primera Carta de san Juan, el acusador es el
demonio: haciendo caer al ser humano en el error, se encarga, después,
de tomar a Dios mismo como testigo de la caída lamentable de quien fue
inducido al mal. Pero la misma Carta de san Juan nos avisa: el demonio es el
padre de la mentira.
Reconocemos que todos tenemos parte de culpa en nuestra peligrosa desunión
nacional. Hemos proferido acusaciones violentas y a veces infundadas, a menudo
por desconocimiento del "otro" actor social, del "otro"
estrato de la sociedad (en una sociedad lamentablemente dividida por una injusticia
social de larga fecha). Hemos descalificado a los demás, los hemos calificado
con palabras desagradables e insultantes; no hemos respetado su condición
de seres humanos viviendo bajo el mismo cielo nacional, y de hermanos destinados
a integrar la misma fraternidad. No hemos favorecido el diálogo, y peor
aún, hemos blasfemado de esta preciosa palabra para ponerla injustamente
al servicio de nuestros rencores y nuestros egoísmos.
Pero nosotros, gente de ambiente popular, somos personas sin gran poder social
ni comunicacional. Recibimos el impacto de los Medios. Y debemos decir que nos
hemos sentido defraudados, engañados, manipulados, inducidos, por la
violencia que emana de los medios de comunicación social. Varios canales
de televisión y varios periódicos, varios/as periodistas, han
tenido y siguen desempeñando, a nuestro entender, una función
grave de incitación al rencor, la amargura, el odio; de incitación
a estos mismos sentimientos que, precisamente, encuentran hoy asidero en nuestras
vidas, por nuestra fragilidad frente al mensaje recibido.
Nos dicen que los Medios no inventan la noticia mala, y que sólo le
dan la debida publicidad. No creemos en este razonamiento, ni en esta supuesta
inocencia. No tenemos por qué recordar a los Medios de Comunicación
Social su tremendo poder educativo, o anti-educativo. Ellos saben mejor que
nosotros que la información supuestamente objetiva no existe. Que mucho
depende del "conjunto" de las noticias, de su interrelación,
del análisis que le dan, de los "montajes", del tamaño
de los títulos, y finalmente de la intención de la publicación;
tanto televisada como escrita. A todos estos niveles, pedimos urgentemente que
los Medios reflexionen, y rectifiquen sus numerosos errores.
Esto no significa que vayamos a callar nuestra convicción en cuanto
a la grave responsabilidad compartida también por los poderes públicos
en la situación que conocemos. Algo de ella sabemos y criticamos. Tenemos
la intención de pronunciar otra palabra en ese sentido, y dirigirla a
los poderes públicos. No deseamos absolver el error legal y moral, allí
donde se encuentra. Queremos llevar a cabo, con sinceridad, la necesaria crítica
a las instituciones y personas del Estado. Reconocemos la necesidad de los Medios
para este libre ejercicio de la crítica. Queremos, por eso, que los Medios
nos ayuden a realizar este trabajo importante de conocimiento de la verdad y
formación de criterios propios.
Pero a su vez, nos oponemos a que los Medios de Comunicación Social,
olvidando su función propia, se transformen en los voceros sistemáticos
de la crítica, en "partidos de oposición", e impidan
el conocimiento de la verdad que pretenden servir. Que asuman, mas bien, de
manera responsable, su enorme papel en el campo informativo y pedagógico,
evitando lo que contradiga la moral social y política. En esta hora aciaga
de divisiones y peligros, descalificaciones mutuas, acusaciones con o sin fundamento,
distorsiones, rencores, y edificaciones de odios que podrían llegar a
ser literalmente mortales para nuestro país, suplicamos insistentemente
a los propietarios de los Medios, a los periodistas y demás comunicadores:
QUE BUSQUEN LA VERDAD, DENTRO DE LA PAZ Y LA JUSTICIA.
Somos un país pobre y sufrido. Necesitamos superar nuestra situación
de atraso, de pobreza, falta de salud y educación. Necesitamos crear
un marco de sosiego y esfuerzo, creatividad, y sobre todo, de tolerancia y respeto
mutuo, para avanzar en el logro de nuestras grandes metas: justicia, y dignidad,
trabajo, educación, salud, vivienda, recreación, alegría
de vivir, para todos.
No nos reconocemos en los extremismos ni el desbordamiento de las pasiones,
cualquiera sea su origen o su pretendida justificación. No queremos caer
en la trampa de las intolerancias y las descalificaciones. No podemos desesperar
unos de otros, y menos aún satanizar a los del "otro bando".
Rechazamos categóricamente la afirmación de quienes consideran
la violencia como inevitable. Rechazamos absolutamente la eventualidad misma
de la guerra civil en nuestra querida Venezuela. Si se desatara mayor violencia
en nuestro país, todos perderíamos, - empezando, por supuesto,
por nosotros, los más pobres. La situación histórica de
otros países, vecinos, o en otros continentes, nos llama a gritos a dejar
de coquetear (implícita o explícitamente) con la muerte, so pena
de cosechar muerte durante años. QUEREMOS PROPICIAR LA RECONCILIACIÓN
entre Venezolanos/as y Venezolanos/as. Sabiendo, además, que si esta
reconciliación, por desgracia, no llegara a producirse antes de una guerra,
de toda manera tendría que realizarse después de ella. ¿Acaso
no podemos ahorrarnos miles y miles de víctimas innecesarias?
Un gran estadista judío - lamentablemente asesinado por sus paisanos
ultra-ortodoxos - tuvo la valentía de decir a quienes lo acusaban de
buscar la paz con los Palestinos: "La paz no se realiza con el amigo, sino
con el enemigo". ¡Palabras de inmensa sabiduría que deberían
servirnos de norte nacional! Estas mismas palabras, así como los modelos
no-violentos de Gandhi y Martin Luther King, nos quieren servir de guía,
e ilustración de un evangelio generoso y amplio, buena noticia dirigida
a todos los hombres y mujeres de buena voluntad. Esa misma buena voluntad que
se encuentra felizmente repartida - más allá de nuestros sentimientos
de mutua desconfianza - en todos los estratos de la sociedad.
INVITAMOS A LOS MEDIOS A AYUDARNOS A DESARMAR LAS MENTES Y LOS ESPÍRITUS,
PARA CULTIVAR ALEGRÍA, CONFIANZA Y VIDA.
Jesús dijo: "He venido para que tengan vida, y que la tengan en
abundancia" (en san Juan). Este es nuestro ideal, e suplicamos insistentemente
a los Medios de Comunicación Social a que nos ayuden a cultivar VIDA,
antes de que sea tarde.
Las abajo firmantes Comunidades Cristianas de Petare, en siguiente página
27 de Mayo de 2002
Firman los integrantes de los siguientes grupos cristianos de Barrios de Petare:
- Comunidad Cristiana del Gran Poder, Los Topitos
- Iglesia Evangélica Fuente de Vida, José Félix Ribas
- Comunidad Cristiana Pueblo de Dios, Vista Hermosa
- Comunidad Cristiana La Milagrosa, La Pamplona
- Asamblea Dominical Bartolomé Salóm, Valle Alto
- Grupo Bíblico Nuevo Renacer, San José de La Urbina
- Comunidad Cristiana Santa Ana, Carpintero
- Comunidad Cristiana Ánimo, confianza, Dios está con nosotros,
Sector La Cruz
- Grupo La Planada, El Carmen
- Grupo de Madres Catequistas San José
- Grupo de la Comunidad Paramaconi, Cuatricentenario
- Comunidad Cristiana Sendero de Esperanza, Cuatricentenario
- Comunidad Cristiana Semilla de Amor, Las Casitas, Carpintero
- Comunidad Cristiana del Isaías Medina Angarita
- Grupo Juventud Obrera Católica, 24 de Marzo
- Grupo Juventud Obrera Católica, Cuatricentenario
- Comunidad Cristiana Santa Marta, Carpintero
- Comunidad Cristiana Los Peregrinos de María, 24 de Marzo
- Grupo Esperanza, Barrio Bolívar
- Comunidad Cristiana San Judas Tadeo, Antonio José de Sucre Parte Alta
- Grupo de Comunidades Carismáticas Corazón de la Virgen del Carmen,
Maca
- Comunidad Cristiana del Píritu
- Comunidad Cristiana del Metropolitano
- Comunidad Cristiana María Auxiliadora, La Parrilla
- Comunidad Cristiana del Carmen, Segunda Parrilla
- Comunidad Cristiana La Chiquinquirá, El Manguito,
- Comunidad Cristiana Virgen del Valle, Julián Blanco
- Comunidad Cristiana Santa Teresita, 24 de Marzo
- Comunidad Cristiana La Gruta, San José
- Comunidad Cristiana Virgen del Carmen, C. Torres
Y otros veinte grupos en espera.
Además:
- Escuela de Formación Popular de Petare
- Justicia y Paz de Petare
Con el apoyo de la Coordinadora Nacional de las Comunidades Eclesiales de Base
de Venezuela