Aunque no es fácil de entender, la gente generalmente no sabe quién defiende sus intereses.
La historia abunda en ejemplos de grupos sociales que pelearon y hasta se dejaron matar en el bando equivocado. Algo así como buena parte de la clase media criolla, que a punta de propaganda la convencieron de que sus intereses están al lado de unos cuantos multimillonarios y se oponen a los del pueblo llano, olvidando que ella misma no es sino pueblo llano, profundamente despreciada por ese grupito de plutócratas a los que en la práctica apoya.
En las décadas previas a la guerra civil estadounidense, la población pobre, de raza blanca, en el sur de ese país era la mayoría abrumadora. Había muchos más blancos pobres que negros esclavos.
La situación de esta gente era desesperada, siempre al borde del hambre, sin esperanza, horizonte ni futuro.
Eran personas que sólo tenían su capacidad de trabajo y hay que ver lo poco que vale el trabajo cuando éste es cosa de esclavos.
Menos del diez por ciento de los blancos sureños tenían esclavos o la esperanza de tenerlos. El resto trabajaba en lo que podía, en oficios muy poco apreciados.
“Basura blanca” los llamaban los ricos hacendados, que despreciaban casi igual que a los esclavos a estos blancos pobres. No obstante, estos imbéciles se sentían orgullosos de ser blancos, de poseer una libertad formal y odiaban a los negros, a pesar de que su suerte era muy parecida a la de éstos.
Pasaban más o menos la misma cantidad de hambre y ambos grupos carecían de esperanzas para el futuro. El que nació basura blanca, moriría como tal, exactamente como el que nacía esclavo moría esclavo. Eso sí, los medios de comunicación de entonces los convencieron de que eran mejores que los negros y que tenían que defender la superioridad blanca, los privilegios de esa raza, a pesar de que no gozaban de ninguno de esos privilegios. Ellos, en lugar de entender que su condición de blancos pobres los hacía idénticos y tenían los mismos intereses que los esclavos, fueron convencidos de que eran igualitos a los dueños de plantaciones. Eso sí, no vieron la “pequeñita” diferencia: los plantadores eran ricos, riquísimos, mientras la basura blanca era tan pobre como la servidumbre.
La basura blanca puso los muertos en la guerra de secesión. Fue la basura blanca la que se dejó matar en defensa de la “peculiar institución”, eufemismo empleado para denominar a la esclavitud.
Quienes ni siquiera podían imaginarse como amos de esclavos, murieron defendiendo la propiedad de quienes los despreciaban y enfrentando a quienes les traían esperanzas y posibilidades de empleos en la industria.
El parecido con la clase media venezolana es absoluto. Son el equivalente a la basura blanca. Les convencieron de que son superiores, más cultos, con más derechos que los mortales comunes.
Les envenenaron el alma con un ridículo complejo de superioridad. Uno los escucha hablar y dan entre lástima y asco. Se colocan a sí mismos en un pedestal.
Se creen por encima de la gente del barrio, a pesar de que están cerquísima del cerro. Les convencieron de que su enemigo es Chávez, que supuestamente va a quitarles algo para dárselo a quienes son todavía más pobres que la clase media. Como si a esta empobrecida clase media criolla pudieran quitarle algo más que el hambre y la falta de esperanza.
Pare la oreja
SERÍA interesante calcular cuánto dinero ahorrará Pdvsa con el despido de decena y media de miles de empleados huelguistas. No son sólo los enormes sueldos, sino los bonos, vacaciones, utilidades y otras prebendas que percibían.
Eso por no hablar de la cultura del derroche que impusieron y los megarrobos de algunos de esos gerentes. Si se deducen de esos pagos los daños causados por la huelga y el sabotaje, aún sobrará dinero para levantarle un monumento al imbécil desconocido, que permitió depurar la petrolera de tanto inepto engreído. Es más, se le podría levantar un “busto ecuestre” a Juan Fernández, con Edgar Paredes de parrillero.
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