¿Será cierto que Venezuela corre el riesgo de quedarse sin socios comerciales
si la Revolución sigue aplicando todo el peso de la Ley a quienes persisten en
violarla? Esta parece ser la argumentación dada por los principales voceros de
la oposición cuando pegan el grito en el cielo y le sirven de caja de resonancia
a las declaraciones intervencionistas provenientes de los “amigos” de España,
Colombia y Estados Unidos en relación a la tardía pero también justa detención
del presidente de Fedecámaras. Ahora resulta que Venezuela se las verá bien
negras para encontrarle clientes tanto a su principal producto de exportación,
es decir el petróleo, como a las demás mercancías “no tradicionales” que ya
fabricamos, pues nuestros actuales socios se pueden poner bravos si el gobierno
revolucionario los insta a respetar nuestra soberanía y la independencia de
nuestras instituciones, y como represalia podrían dejar de comprarnos, como si
esos países fuesen los únicos en el mundo con capacidad de compra, es decir,
dólares, o los únicos con las ganas y la voluntad para establecer relaciones
comerciales mutuamente provechosas.
En otras palabras, los loritos de la oposición lo que nos están insinuando ya
no tan sutilmente, es que a cuenta de socio comercial cualquier país puede venir
a meter sus narices en nuestros asuntos y nosotros debemos quedarnos callados so
pena de sufrir no sólo su indiferencia sino también su desprecio hacia lo que
producimos y, por lo tanto, sumirnos en la bancarrota. A todas estas es bueno
recordarles a esos “expertos” que no malinterpreten los términos en que una
relación comercial se da entre dos estados o entre un estado y el resto del
mundo, esto es, que en el mundo globalizado de hoy el arma del
Chantaje ya no se usa para la creación, fomento y mantenimiento de
relaciones comerciales, y que a su vez estas ya no se mezclan tanto como en
tiempos pasados con las realidades políticas internas de cada país,
especialmente tomando en cuenta que el control y dirección de los flujos que
generan esas relaciones (capital, tecnología, mano de obra, bienes y servicios)
ya no están del todo en manos de los estados nacionales sino de las grandes
corporaciones multinacionales, quienes deciden qué es lo que se invierte, en qué
cantidad, cuándo y en dónde. Para decirlo en términos claros, cortos y
entendibles: pura teoría neoliberal globalizadora en acción llevada a la
práctica y perfeccionada a su más alto nivel en los últimos cinco años, echando
al traste lo que todavía quedaba de las viejas estructuras neocoloniales de fin
de siglo, en los que el poder de convencimiento o disuasión del equilibrio
político-militar precedía a la formulación e implantación de fórmulas económicas
a determinados países, según el interés que estos ofrecían a los grandes centros
de poder de entonces. Hoy en día, señores de la oposición, vivimos en un mundo
multipolar, altamente tecnificado y con unas funciones bien definidas y
diferenciadas en donde difícilmente los llamados por ustedes “socios
comerciales”, es decir, los dueños del capital, dejen influir sus decisiones más
importantes por meras consideraciones de orden geopolítico, más propias de los
hombres de Estado que de los hombres de negocios.
Un buen ejemplo lo ha constituido el desenlace final de su “paro cívico”,
devenido en “fracaso cívico”, en donde al final ha privado la voz del bolsillo
de los comerciantes e industriales sobre la bulla y la algarabía de la Plaza
Altamira promovida por Ustedes, los líderes de una oposición cada día más
huérfana de guías y proyectos. Por encima de las consecuencias de una posible
debacle económica afortunadamente evitada por la valiente lucha del gobierno
revolucionario y por encima de los obstáculos por Ustedes interpuestos para que
el llamado hecho económico no se desarrollara a su ritmo normal, predominó antes
que todo la voluntad verdaderamente democrática del pueblo venezolano y en
segundo término, pero no menos importante, el convencimiento pleno de que solo
con el trabajo honesto y productivo dirigido especialmente a la transformación
estructural de un país y no tan sólo a la explotación ciega de sus recursos
naturales y humanos con el fin de sacar fuera del país las ganancias obtenidas
de ese usufructo, como hacen muchas de las “empresas” provenientes de esos
países que Uds. Llaman “socios comerciales” y cuyos intereses tanto les
preocupan, sí se puede luchar y mantener la dignidad de un país en un contexto
internacional que se esfuerza por que cada día sea más igualitario y justo.
¿Qué nuestros “amigos” de España, Colombia y Estados Unidos ya no quieren ser
más nuestros socios? Pues, en este mundo globalizadamente capitalista de hoy
existen todavía muchos socios potenciales con mucho capital y muchas ganas de
tener relaciones con nosotros, que a lo mejor y quién sabe si en un futuro no
muy lejano, puedan darnos mejores beneficios (económicos y sociales) de los que
nos han dado nuestros actuales hermanos iberoamericanos.-