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Chantaje Internacional
Por: Jesús Nery Barrios
Fecha de publicación: 10/03/03
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¿Será cierto que Venezuela corre el riesgo de quedarse sin socios comerciales si la Revolución sigue aplicando todo el peso de la Ley a quienes persisten en violarla? Esta parece ser la argumentación dada por los principales voceros de la oposición cuando pegan el grito en el cielo y le sirven de caja de resonancia a las declaraciones intervencionistas provenientes de los “amigos” de España, Colombia y Estados Unidos en relación a la tardía pero también justa detención del presidente de Fedecámaras. Ahora resulta que Venezuela se las verá bien negras para encontrarle clientes tanto a su principal producto de exportación, es decir el petróleo, como a las demás mercancías “no tradicionales” que ya fabricamos, pues nuestros actuales socios se pueden poner bravos si el gobierno revolucionario los insta a respetar nuestra soberanía y la independencia de nuestras instituciones, y como represalia podrían dejar de comprarnos, como si esos países fuesen los únicos en el mundo con capacidad de compra, es decir, dólares, o los únicos con las ganas y la voluntad para establecer relaciones comerciales mutuamente provechosas.

En otras palabras, los loritos de la oposición lo que nos están insinuando ya no tan sutilmente, es que a cuenta de socio comercial cualquier país puede venir a meter sus narices en nuestros asuntos y nosotros debemos quedarnos callados so pena de sufrir no sólo su indiferencia sino también su desprecio hacia lo que producimos y, por lo tanto, sumirnos en la bancarrota. A todas estas es bueno recordarles a esos “expertos” que no malinterpreten los términos en que una relación comercial se da entre dos estados o entre un estado y el resto del mundo, esto es, que en el mundo globalizado de hoy el arma del Chantaje ya no se usa para la creación, fomento y mantenimiento de relaciones comerciales, y que a su vez estas ya no se mezclan tanto como en tiempos pasados con las realidades políticas internas de cada país, especialmente tomando en cuenta que el control y dirección de los flujos que generan esas relaciones (capital, tecnología, mano de obra, bienes y servicios) ya no están del todo en manos de los estados nacionales sino de las grandes corporaciones multinacionales, quienes deciden qué es lo que se invierte, en qué cantidad, cuándo y en dónde. Para decirlo en términos claros, cortos y entendibles: pura teoría neoliberal globalizadora en acción llevada a la práctica y perfeccionada a su más alto nivel en los últimos cinco años, echando al traste lo que todavía quedaba de las viejas estructuras neocoloniales de fin de siglo, en los que el poder de convencimiento o disuasión del equilibrio político-militar precedía a la formulación e implantación de fórmulas económicas a determinados países, según el interés que estos ofrecían a los grandes centros de poder de entonces. Hoy en día, señores de la oposición, vivimos en un mundo multipolar, altamente tecnificado y con unas funciones bien definidas y diferenciadas en donde difícilmente los llamados por ustedes “socios comerciales”, es decir, los dueños del capital, dejen influir sus decisiones más importantes por meras consideraciones de orden geopolítico, más propias de los hombres de Estado que de los hombres de negocios.

Un buen ejemplo lo ha constituido el desenlace final de su “paro cívico”, devenido en “fracaso cívico”, en donde al final ha privado la voz del bolsillo de los comerciantes e industriales sobre la bulla y la algarabía de la Plaza Altamira promovida por Ustedes, los líderes de una oposición cada día más huérfana de guías y proyectos. Por encima de las consecuencias de una posible debacle económica afortunadamente evitada por la valiente lucha del gobierno revolucionario y por encima de los obstáculos por Ustedes interpuestos para que el llamado hecho económico no se desarrollara a su ritmo normal, predominó antes que todo la voluntad verdaderamente democrática del pueblo venezolano y en segundo término, pero no menos importante, el convencimiento pleno de que solo con el trabajo honesto y productivo dirigido especialmente a la transformación estructural de un país y no tan sólo a la explotación ciega de sus recursos naturales y humanos con el fin de sacar fuera del país las ganancias obtenidas de ese usufructo, como hacen muchas de las “empresas” provenientes de esos países que Uds. Llaman “socios comerciales” y cuyos intereses tanto les preocupan, sí se puede luchar y mantener la dignidad de un país en un contexto internacional que se esfuerza por que cada día sea más igualitario y justo.

¿Qué nuestros “amigos” de España, Colombia y Estados Unidos ya no quieren ser más nuestros socios? Pues, en este mundo globalizadamente capitalista de hoy existen todavía muchos socios potenciales con mucho capital y muchas ganas de tener relaciones con nosotros, que a lo mejor y quién sabe si en un futuro no muy lejano, puedan darnos mejores beneficios (económicos y sociales) de los que nos han dado nuestros actuales hermanos iberoamericanos.-

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Jesús Nery Barrios


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