Parece que la Federación Médica Venezolana y demás organizaciones médicas no tienen otro tema de discusión que los médicos cubanos.
Hoy cuando es ineludible la reflexión sobre que tanto hemos avanzado en garantizar la salud como derecho humano fundamental, la discusión se centra en los médicos cubanos, las compras de medicinas y equipos a Cuba y temas similares.
El Dr. Armando Pérez decía hoy en televisión "para garantizar la salud necesitamos hospitales y medicamentos" y eso que es el Presidente de la Red de Sociedades Científicas de Venezuela.
El Dr. Pérez entiende que salud es curar enfermedades. Muy contrario a lo que aprendí con un eminente venezolano como es el Dr. Gilberto Rodríguez Ochoa, hoy lamentablemente fallecido, la salud es no enfermarse. Garantizar la salud es contruir hábitos de vida saludable. La peor enfermedad es la vida que llevamos.
Son muchos los elogios que ha recibido el sistema de salud cubano y ellos se han ofrecido para ayudarnos pero médicos como el Dr. Pérez no ayudan.
Veamos algo que pasa en nuestro sistema de salud:
1. Anualmente se gradúan cientos de médicos y médicas pero existen dos castas: los hijos o hijas de médicos, que tienen posibilidades de ubicarse en los ambulatorios y hospitales céntricos para realizar el llamado "rural" y los que no están vinculados con esa primera casta, que deben entonces "concursar" para optar por un cargo de médico rural.
2. Estos "concursos" son realizados por las direcciones de salud de los estados y los municipios, pero, (siempre hay un pero) en la decisión el Colegio Médico tiene el mayor peso. Por su puesto, en el Colegio Médico privan intereses políticos, vínculos personales antes que el mérito de los y las aspirantes.
3. Si un ciudadano o una ciudadana "de a pie" logra superar esta primera barrera, luego debe sortear el ejercicio profesional en unas condiciones para las que no está preparado. El estudió siempre en hospitales grandes, contando con un equipo de especialistas, con equipos de diagnóstico sofisticado, pero luego le toca ejercer en un ambulatorio que sólo cuenta con un estetoscopio, calmantes, antipiréticos y suero (cuando están ligeramente dotados que no es la mayoría). Ese médico, por mucha vocación que tenga, termina frustrándose al sentirse impedido de resolver ya que no cuenta con las herramientas tecnológicas y terapeúticas que conoció en su formación.
4. El trabajo rural no se reconoce. El médico en un ambulatorio rural no tiene posibilidades de realizar trabajos ni investigaciones, no tiene asesoría especializada, no se relaciona con sus colegas, a menos que sea para ser explotados en guardias inhumanas en clínicas privadas. Eso lleva a esos médicos en formación a "cabalgar horarios". Deben estar vinculados con los centros hospitalarios, ya que deben regresar a ellos a realizar su residencia de postgrado para optar por un título de especialista y poder entonces si sentirse como verdadero médico.
5. Esto genera que nuestra atención primaria en salud sea muy deficiente. No hay estímulo para que el médico pueda resolver en ese nivel del sistema de salud. Claro, eso no le conviene a los especialistas. Si los ambulatorios funcionan, si hay prevención en salud, los hospitales (y las clínicas privadas) se quedan sin clientes, no se puede justificar la inmensa inversión en el nivel terciario (hospitalario), no puede mantenerse la clientela de tantos cargos para que trabajen unos pocos.
6. Luego cuando el médico es especialista comienza la segunda modalidad: el arrendamiento de cargos, las licencias gremiales y los múltiples cargos que terminan de deteriorar el ya deficiente sistema de salud. Son pocos los quirófanos públicos que funcionan. Cuando hay cirujano no hay anestesiólogo, cuando hay anestesiólogo no hay circulante, cuando hay circulante no hay oxígeno, cuando hay oxígeno no hay medicamentos, cuando hay medicamentos no hay aire acondicionado.
Mientras queramos mantener este modelo de salud perverso, enfermizo, asistencial, clasista e injusto, no vamos a solucionar el problema. Para tener una idea, Venezuela invierte casi diez veces más (proporcionlamente hablando) que Costa Rica y la población venezolana recibe 100 veces menos servicios.
El cargo mejor remunerado debe ser el médico de atención primaria. Debemos estimular la carrera del médico de familia (cuyo ejercicio es mayoritariamente público) para así garantizar una mayor calidad en el nivel de atención que puede resolver el mayor porcentaje de casos y disminuir el costo total de restitución de salud. El médico debe ascender en función a su desempeño y preparación y no sólo a los postgrados que pueda acumular. Debemos premiar la mejoría de los indicadores de salud de la población a la que debe atender y no la presencia en el ambulatorio.
Sobre estos temas es que debemos discutir. No disfrazar de médicos a fanáticos políticos que quieren desviar la atención sobre la responsabilidad que tienen en garantizar la vida y la salud de los venezolanos y venezolanas.
PD: Tengo propiedad para hacer estas afirmaciones, aunque no soy médico, fuí Director de Salud y tengo familiares médicos que he visto pasar por todas las tragedias que aquí les narro.
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