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A estas alturas del año 2003, ya no cabe ninguna duda de que, en el futuro previsible, la oposición al gobierno de Hugo Chávez está derrotada y que no tiene posibilidades de retorno al poder político ni al petrolero. Es más, me atrevo a lanzar una apuesta de que Chávez si comerá las hallacas de las navidades del 2003 en Miraflores (acepto retos). Por si acaso, me atrevo a decir que no he fallado mis pronósticos cuando voy en contra de alguna corriente generalizada como dogma. Ya lancé una apuesta (sólo uno me asomó posibilidades de reto) en el año 2001, de que antes de mediados del 2002 vendría una maxidevaluación, y efectivamente, en febrero del año pasado se produjo una. Ahora vuelvo a ofrecer una apuesta, de que Chávez permanece al menos este año en el gobierno, salvo que haya una intervención extranjera para derrocarlo, porque internamente no tiene enemigos. Pero ése no es el tema de mi artículo, sino un preámbulo. Comencemos recordando que repetidamente durante el gobierno de Chávez, que se inició en 1999, innumerables analistas políticos han dicho que "este gobierno está técnicamente caído", sin que se cumpla tal pronóstico.
Primer error: no sacar las cuentas
Ya en el evangelio Nuestro Señor Jesucristo nos pone el ejemplo del rey que, antes de aceptar entrar en guerra, envía sus espías a conocer al enemigo, para ver si le hace frente o le ofrece la paz. La oposición, definitivamente, no sacó sus cuentas, y por eso llevó a "sus empresas" a un suicidio económico, y agotó todo sin pensar en el posible día después ("si gano, cuento con ... y me aprovecho de ... ; si pierdo, me queda ..."). Su dirigencia ha quedado muy mal, y ya no hay posibilidades de conseguir recursos para otra guerra económica contra el gobierno. Y si consiguieran recursos económicos, ya no tienen seguidores suficientes como para provocar un cambio de gobierno. Es más, si hay elecciones ahora, Chávez gana. Si la memoria no me falla, creo que Teodoro Petkoff recordó que John F. Kennedy dijo en una ocasión que un buen político debe evitar colocarse en posiciones desde las cuales no pueda dar marcha atrás. Ya en la primera semana del paro que se inició el 2 de Diciembre de 2002 (y que todavía oficialmente no ha concluido, sino que ha sido "racionalizado" o "redimensionado", algo así como la Guerra de Corea, que a pesar de haber concluido en 1953, todavía sigue legalmente vigente porque lo que hay es un "armisticio") se situaron en posiciones desde las cuales no podrían dar marcha atrás, y solamente había dos opciones para sus líderes: derrocar a Chávez, o ser derrotados y perseguidos. No había salidas. Pero es que el lema "Ni un paso atrás" tampoco da muchas posibilidades de diálogo y negociación, o de rectificación de la línea seguida. Seamos sinceros, las cuentas las sacaron mal. Si hubiera habido una salida electoral en marzo de 2002, Chávez pierde. Pero se decidieron por la vía del golpe, y al ser derrotados, fortalecen a Chávez. Luego, en septiembre u octubre, o hasta inicios de diciembre, había fuerza para confrontar políticamente a Chávez (tal vez no suficiente para derrotarlo, pero si para asustarlo), pero se volvieron a decidir por la vía golpista y de la confrontación directa en todos sus sentidos, incluyendo la violencia física; otra vez fueron derrotados. Cuando por fin se deciden a recoger firmas antes de "redimensionar el paro" (ya estaba técnicamente disuelto), optaron por una opción inoportuna, porque eso de recoger firmas lo pudieron haber hecho desde diciembre de 2001, cuando el primer paro, sin necesidad de parar a PDVSA, ni de lanzar golpes de estado, ni de declarar desobediencia, ni de colocar a militares disidentes en la Plaza Altamira (es más, esos militares todavía estarían activos y dentro de la Fuerza Armada, con posiciones de mando). Si se hubieran decidido por la vía del "firmazo" desde el principio, todavía el General Manuel Rosendo, el General Efraín Vásquez V., el C/A Carlos Molina Tamayo, y el General Enrique Medina Gómez estarían con mando e infiltrados en las filas chavistas, los comercios y las empresas no estarían quebrados, habría quien financiara una o varias costosas campañas electorales, etc., y había suficiente tiempo porque todavía estaba lejos la mitad del período. Pero sus decisiones siempre fueron las equivocadas, desesperadas, impacientes, automáticas (igual que un toro, les ponen una tela roja y embisten), hasta que ya perdieron simpatías. Por eso algunos dicen que no es que Chávez ganó en 1998, sino que la dirigencia tradicional perdió, y merecía perder.
El segundo error: los errores conceptuales
Desde la misma campaña de 1998 se vienen arrastrando los errores conceptuales. Para resumir, según la oposición "Chávez no es demócrata", y por lo tanto, no hace falta recurrir a los medios y procedimientos demócratas para sacarlo del poder, por lo cual se justifican las estrategias que propenden al establecimiento de una dictadura temporal que limpie al país del cáncer chavista, y lo peor, su conciencia no se ve resentida si piensan recurrir a tales medios, porque a los dictadores y tiranos, al igual que con los criminales y violadores, no hay que tenerles compasión (concepto muy poco cristiano, por cierto). El discurso anti-Chávez caló más en unos sectores sociales que en otros porque se vieron más amenazados. Chávez era sinónimo de dictadura, fascismo, terrorismo, tiranía, guerrilla, narcotráfico, expropiación de bienes, ateísmo, protestantismo, islamismo, brujería, etc. Al principio, cuando la oposición a Chávez era dirigida por los partidos tradicionales, Chávez era un retorno al gobierno de Marcos Pérez Jiménez, mientras que para otro sector de la población, Chávez era Fidel Castro (el famoso "castrocomunismo"). Se presentaban narraciones sobre los padecimientos bajo el poder de Pérez Jiménez o de Fidel Castro, y luego se hacía la analogía y se decía que con Chávez era igual; y de tanto decirla, se convirtió en una realidad virtual para los más expuestos a ese tipo de campaña. También a Chávez lo compararon con Hitler, Stalin, Pinochet, Milosevic, Qaddafi, Mao Tse Tung, Osama Bin Laden, Pol Pot, Kim Il Sung, Perón, Videla, Jomeini, etc., y hasta se difundió mucho la compar ación con el príncipe de las tinieblas ("Chatanás"). El caso es que, contra muchos dictadores, también se usaron procedimientos democráticos, y no de futuras o cortas dictaduras. Por ejemplo, contra Pérez Jiménez se esperó a Noviembre de 1957, cuando convocó el plebiscito para relegitimarse, y luego vinieron las acciones para derrocarlo, pero antes se había acatado la institucionalidad del dictador; contra Pinochet se esperó largamente a que él convocara un referéndum, y luego vinieron las elecciones; a los militares argentinos los sacaron con los votos y no con las balas. Un error conceptual menos publicitado fue la desestimación de los políticos tradicionales o de la "cuarta república", aunque muchos de ellos se prestaron para acompañar y justificar a los más radicales. Al final, fue la intervención de 3 "odiados" dirigentes tradicionales (Eduardo Fernández, Henry Ramos Allup y Teodoro Petkoff) quienes "les sacaron las patas del barro" a la oposición, y deberían reconocérselo y agradecérselo. Esos y otros errores conceptuales tuvo la oposición (como el error conceptual de que a Chávez lo detesta casi todo el pueblo igual como ellos lo hacen), y por lo tanto, lo que está mal programado no puede obtener lo que se propone. O como diría el expresidente Luis Herrera Campíns, "niño que nace barrigón, ni que lo fajen chiquito".
El tercer error: subestimar al enemigo
Este también es un error conceptual, pero merece consideración aparte. Debido al origen humilde de Chávez, y a que es apoyado por la mayoría de la llamada "chusma", se considera que Chávez también es de la "chusma", del "lumpen", y la totalidad de sus seguidores también son "chusma" y "lumpen", analfabetos, mal educados, ordinarios, delincuentes, etc., y otras tantas consideraciones negativas. Pero no se dieron cuenta que ninguno de los ministros de Chávez vive en el barrio La Dolorita o La Bombilla, de Petare, sino que también viven en las urbanizaciones del este de Caracas, casi todos son profesionales (a excepción de los exministros Alfredo Peña y Luis Miquilena), y muchos tienen estudios de cuarto y hasta de quinto nivel, que son bilingües o multilingües, etc. Es decir, el nivel de preparación intelectual del chavismo era similar al de la oposición, pero con una diferencia, que los chavistas tenían más arrastre entre las clases pobres, que son mayoritarias en Venezuela.
El cuarto error: la oposición sólo caló entre los ricos
El tipo de campaña desarrollada contra Chávez (negro, sucio, mugroso, marginal, etc.) sólo caló en un sector de la sociedad, entre las clases altas, y algunos asimilados ideológica y mentalmente a ellos. Las marchas eran muy bonitas, sus actos bien organizados, dignos de los mejores espectáculos artísticos (como el tradicional "Miss Venezuela"), con mucho derroche de recursos, hasta con terapias de relax y dinámica de grupos, etc. Les faltaba el "toque popular". La realidad es que en Venezuela los blancos solamente son aproximadamente el 20%, y no todos están en contra de Chávez; y las clases media y alta tienen como 20 años estabilizadas entre 15 y 20%, y tampoco todos están en contra de Chávez. Y si su objetivo era gobernar a Venezuela, debían contar con ese 80% que quedaba por fuera, salvo que fueran a llegar al poder por vías no democráticas, y en caso tal, harían un gobierno de corta duración, porque de entrada van a llegar a combatir a ese 80-85% que son sus enemigos. Además, Venezuela tiene unos 916.445 km2, y para dirigirla hay que contar con toda ella, y no solamente con unos cuantos km2 de la capital.
Conclusión: la derrota
En fin, todos estos errores (todos son conceptuales) de un sector de la dirigencia opositora han terminado llevando a todo el país a la ruina, pero especialmente a sus seguidores, y a muchos de sus simpatizantes los han convertido en unas verdaderas máquinas preparadas para destruir y matar. Por lo que leo en internet de los correos que circulan entre los llamados "escuálidos" más radicales, creo que ya no hace falta importar mercenarios ni terroristas; aquí los tenemos hasta para exportar, con la ventaja de que son de aquí y conocen el terreno; ... y pensar que toda esa gente (especialmente mujeres, "damas") eran nuestros amigos, con quienes íbamos a misa, rezábamos el rosario, gente pacífica y buena. Y se convirtieron así solamente porque sintieron profundas amenazas (que creyeron reales) a su tradición, a sus familias, y a su propiedad (¿les suena? ¿les coincide con algo?).
(*) Economista, M.Sc.
E-mail: simonsaba@terra.com
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