| No se trata de tomar el poder de
este estado y transformarlo, sino de destruirlo, de mandarlo al basurero de la
historia... |
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Malime
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Destruir un Estado, construir un Estado
En estudios realizados por la ONU y recogidos en las propuestas
del PNUD se reconoce que en la actualidad con el grado de avance del
conocimiento científico, de la tecnología y de la formación del capital se
podría liberar al mundo del hambre en menos de una generación y lo que realmente
hace falta es la voluntad política.
Pero esa voluntad, necesita evidentemente una orientación que
permita la liberación del hombre de todo un sistema opresivo, origen de la
injusticia y el hambre, que limita y cerca sus posibilidades de desarrollo
integral. No se trata de reorientar esfuerzos en un sentido o en otro, no es un
problema cuantitativo y de elección de oportunidades, se trata de construir un
modelo, un sistema que al paso de su formación va destruyendo el actual sistema
capitalista y el Estado (la forma) que lo perpetúa.
La actual constitución del Estado, el tipo de relaciones que se
desarrollan en su seno y su correspondiente sistema de relaciones con la
sociedad impiden, obstaculizan un avance hacia una democracia participativa. La
revolución bolivariana tiene y debe plantearse el impulso de los poderes
creadores del pueblo para la constitución del Estado para la democracia
participativa. Se trata por un lado de abrir espacios, tirar puentes; pero por
otro lado se trata de "reconocer" las instancias de poder popular que el pueblo
viene construyendo, de darles institucionalidad y que sus manifestaciones
deriven en decisiones que transformen la sociedad.
"...no se trata de perfeccionar el estado actual, sino que el
nuevo estado tiene que ser otro, que por su esencia, estructura y forma permita
participar directamente al conjunto de la sociedad en la administración del
poder socializado. Una estructura organizativa basada en la democracia directa
del pueblo, en vez de la democracia delegada burguesa, representada por la clase
política, instrumentalizada por diferentes partidos. El pueblo participaría de
abajo hacia arriba de una forma natural, desde los lugares donde realmente le es
posible participar." (Malime).
¿Cómo se come eso que denominamos el Poder Popular?. En
principio la cristalización del poder popular es el producto de un proceso y no
puede ser decretado, un proceso de abajo hacia arriba. Una vez creado el marco
normativo actual, insuficiente en sí mismo pero suficiente para permitir el
desarrollo de la participación protagónica, este marco normativo (forma de un
proceso real) debe ser transformado nuevamente hacia estadios superiores,
correlativos al grado de profundización de la revolución, es decir, de la
democracia participativa o lo que llama Heinz Dieterich "el socialismo del siglo
XXI". Las iniciativas del poder deben partir del pueblo y la dirigencia que
ejerce el poder formal (especialmente el poder ejecutivo y legislativo) deben
aceptarlas, compartir con estas formas del poder popular el poder del Estado,
que en definitiva es la concreción de influir de manera determinante en
decisiones trascendentales como el gasto público, las relaciones exteriores, el
control de las instituciones. Así nace y se construye el nuevo Estado.
Esto es lo que se denomina la socialización de la política.
"No puede crearse una forma (organización) mientras no haya un
contenido; el principio formal no puede existir sin el principio material que
(dialécticamente) es su razón de ser y le da vida."( Heinz Dieterich
Steffan).
Las mediaciones mediatizan
El proceso bolivariano ha significado un avance importante en
téminos de las relaciones sociales, políticas y económicas. Hasta ahora, con
ciertas dificultades, se han podido crear escenarios formales y normativos para
propiciar la participación directa en las decisiones (aún no cristalizada del
todo), la democratización del capital y la revalorización del factor trabajo, el
reconocimiento de la pluriculturalidad existente, los derechos de los indígenas
y los derechos ambientales; pero esta fase evidencia cierta fatiga que amerita
una reoxigenación y pasar por ende a una fase nueva. Existen todavía demasiados
intermediarios entre el pueblo y el poder, lo cual permite al viejo modelo
pretender sobrevivir. El Estado y sus estructuras tienen mucha materia vieja,
mucho tejido senil, y la posibilidad de superarlo está en la socialización de la
política.
No se trata de negar los avances, lo que importa es darles el
valor correspondiente al grado de desarrollo que la revolución ha alcanzado y no
pretender cerrar el círculo y llegar a un momento estático, lo cual negaría el
carácter revolucionario del proceso. En ese orden de ideas no pretendemos
desestimar las instancias planteadas hasta ahora: mesas de diálogo, consejos
regionales y locales de planificación, comités de tierra urbana, saraos,
saraítos y otras. De lo que se trata es de confiar más en el poder popular,
minimizar las intermediaciones y aceptar el co-gobierno con la gente.
La construcción del Poder Popular
Es importante aceptar la condición revolucionaria del gobierno,
o de los conductores fundamentales del gobierno (aún con los errores que se
hayan cometido), porque caso contrario podríamos derivar en posiciones como las
de Bandera Rosa u otras parecidas, de esos extremos que se tocan. Este es un
presupuesto básico a considerar en un análisis que apunte a buscar salidas a la
insuficiencia del desarrollo y reconocimiento del poder popular.
Las fórmulas que se han intentado para optimizar la
participación popular han sido de corte ejecutivo, direccionadas de arriba hacia
abajo, apuntan a favorecer (aunque no sea esa su intención) estructuras de
partidos, llámense MVR, PPT, PCV, MBR-200, Comando Político de la Revolución,
Polo Patriótico, Partido Único y así por el estilo. La única experiencia
distinta, y por eso la más exitosa, la constituyen los Círculos Bolivarianos,
sobre los cuales no existe un control de mediación, aunque todavía no han pasado
a un estadio mayor de coordinación y generación de políticas de orden macro.
Por otro lado, las organizaciones populares debaten mucho sobre
cómo resolver la coordinación de acciones sin perder autonomía y sin caer en los
vicios que se le critican a los partidos, la burocratización de sus cuadros, el
secuestro de los poderes y el uso utilitarista de sus proyectos y esfuerzos
comunitarios. La organización popular busca formas de eliminar las mediaciones y
generar respuestas políticas democráticas, de la nueva democracia. Las asambleas
populares discuten situaciones locales, pero poco a poco han derivado el debate
a cuestiones de poder, cuestiones de Estado. En este ejercicio reconocen sus a
aliados y a sus enemigos y se validan los liderazgos que sirven mejor a esta
política, a la socialización de la política.
De esta experiencia asamblearia han nacido propuestas de
gobierno popular, de las cuales recogemos algunas, tratando de hacer una
síntesis que nos permita elaborar un plan, una agenda y las acciones
correspondientes al desarrollo de estas propuestas.
Las organizaciones populares se encuentran y se reconocen
Ahora hay un proceso comprensivo por parte de las
organizaciones populares del rol que deben jugar, de los espacios que deben
conquistar para convertirse (como pueblo activo) en sujetos histórico de
transformación social. Se trata de la formación de una conciencia para asistir
desde allá modelos y propuestas organizativas y a la construcción de un nuevo
Estado que sirva a sus intereses de clase, por ende a la destrucción del Estado
actual.
El nuevo Estado que se viene construyendo de abajo hacia arriba
parte de las asambleas populares, que tienen reconocimiento en la Constitución
de la República Bolivariana de Venezuela (concepto que se debate en el Proyecto
de Ley de Participación Ciudadana) es el poder constituyente que no se delega,
que se mantiene vivo como llama liberadora.
Las instancias del Poder Popular
Las asambleas de ciudadanos se multiplican en todo el país y
van especializándose en función de la agenda política que estructuran, que tocan
elementos locales, pero además sectoriales, regionales, nacionales y de política
de Estado, se analiza el aspecto global de la lucha que nos une y nos funde con
un proceso mundial que se gesta como respuesta y propuesta contra el
neoliberalismo globalizador y se realizan amagos de concretar mayores niveles
que transformen esta experiencia política en un verdadero Poder Popular. Este
nuevo Estado, pasa por definir las funciones del Poder Popular para el ejercicio
del poder emergente: funciones de control social sobre la gestión formal de los
poderes constituidos, funciones de planificación que obliguen a los actores
formales del proceso a estimar áreas de acción social, política y económica
vista desde la perspectiva popular. Funciones en el orden de la iniciativa
legislativa que actualice el marco normativo en función de profundizar el
proceso e impida a la reacción retrotraer los avances alcanzados en materia de
leyes.
El Primer Encuentro Nacional de Organizaciones Populares de
Venezuela
Esta propuesta tiene como principal antecedente la reunión
efectuada recientemente entre el Presidente Hugo Cháez Frías y los factores
firmantes del documento políco dirigido a su persona, publicado en el periódico
PROCESO.
Del seno de esta confluencia de factores, expresión unitaria del
movimiento popular y grupos comunitarios, se conformaron cuatro comisiones de
trabajo para impulsar la realizació de este primer encuentro (de finales del mes
de septiembre) y se publicó un papel de trabajo para la discusió en todo el país
que estimulara el debate y la generación de respuesta para articular el
movimiento popular y darle una agenda de contenido revolucionario que oriente su
accionar. En el espíritu de esta iniciativa planteamos la creación del Consejo
Consultivo Popular y del Parlamento Popular Revolucionario.
El Consejo Consultivo Popular
Para hacer vinculantes las decisiones del Poder Popular estamos
planteando en el movimiento popular (en el marco de las reuniones preparatorias
y del Primer Encuentro Nacional de Organizaciones Populares, a realizarse a
finales del mes de septiembre en Caracas y de los encuentros regionales) la
creación del Consejo Consultivo Popular, visto como un espacio construido desde
el pueblo que tenga reconocimiento ante la mayor instancia del Poder Ejecutivo
Nacional y que establezca una relación dialéctica entre pueblo y Poder Ejecutivo
que direccione el sentido estratégico del proceso.
Este Consejo Consultivo Popular sería una instancia cercana al
Presidente y al tren ministerial que formule políticas sectoriales e intercambie
visiones y experiencias entre gobierno del poder popular y gobierno ejecutivo de
la República, en aras de fortalecer ambos y lograr la transformación necesaria
al proceso. Este Consejo estaría conformado por una representación de cada uno
de los estados y regiones del país y sería validado en el Primer Encuentro
Nacional de Organizaciones Populares. Su conformación y organización interna
obedecería a criterios de aportar visiones y soluciones sectoriales: modelo
económico (cooperativismo, asociaciones económicas colectivistas y otras),
participación ciudadana, ecología, planificación y control social (Contraloría
social por áreas y sectores), diseñar políticas de gasto público, política
exterior y otras. Se propone la formación de comisiones internas de trabajo.
Todo este esfuerzo estaría orientado por una agenda programática diseñada en
este encuentro ya mencionado de organizaciones populares. Se trata del
co-gobierno ejecutivo.
El Parlamento Popular Revolucionario
Esta instancia tendría el mismo origen en su formación que el
Consejo Consultivo Popular, a partir de encuentros parroquiales, locales,
regionales y nacional. Sería un equipo que estudiaría la actualización del marco
normativo en la idea de transformarlo y adecuarlo a las necesidades del proceso
revolucionario. Analizará las leyes actuales y los proyectos fundamentales que
definen la direccionalidad de la revolución. Tendría además una función de
orientar las iniciativas legislativas populares y ejercería una función
pedagógica en el sentido de profundizar el conocimiento de los avances
legislativos y las rémoras que existen, de tal forma que todo el pueblo a través
del poder asambleario que debe estar activo permanentemente pueda participar
activamente.
La representación formal ante la Asamblea Nacional que apoya el
proceso y lo mismo respecto a los Consejos Legislativos Estadales afectos a la
revolución deben darle beligerancia a este espacio del poder popular. No se trata
de refrendar una representación (que en estrictu senso no es tal) sino que
co-legislar con esta expresión organizativa del pueblo.
Ambas instancias propuestas son revocables y refrendables en todo momento. Su conformación en número y de quienes asumen este compromiso es modificable según decisión de las asambleas recorriendo el mismo procedimiento que les dio origen. Esta propuesta tiene carácter de papel o borrador de trabajo para ser considerado por el movimiento popular venezolano.