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Hace varias décadas atrás, las clases media y alta de Venezuela iniciaron una compra masiva y desmedida de antenas parabólicas. La programación de las televisoras nacionales daba asco, era totalmente amarillista y solo inculcaba los valores negativos de la sociedad. Se podían apreciar en todas las azoteas de casas y edificios, la redonda y gris figura de este curioso aparato de la vida chic del venezolano y si comentabas en una reunión que veías Venevision o Radio Caracas, serias la burla y bufón de la velada. Una persona culta jamas podría confesar que daba rienda suelta a sus bajas pasiones hipnotizado con el menú de chabacanerías de los canales de la Colina y Quinta Crespo.
Como hecho curioso, en todos estos años la televisión venezolana ha pasado de Guatemala a Guatepeor y sus niveles de calidad sobrepasan el subsuelo. Hoy en día solo con encender el televisor damos inicio a una verdadera y antipedagógica tortura. Las imágenes de sexo, crimen, drogadicción, narcotráfico, explotación de menores, infidelidad, etc., son los protagonistas fijos de la basura comunicacional y mediática que recibimos (¡y nuestros hijos también!) y dedicamos horas y horas diarias ante esta tortura china de cuadrada forma.
En fin y reflejando lo paradójico que podemos ser, todos aquellos que en su oportunidad deliraban por una antena parabólica (hasta una gaita sacaron) y que se sentían totalmente libres e identificados con la posibilidad de ampliar sus conocimientos con televisión foránea de calidad, hoy patalean embrutecidos y se oponen como niños malcriados, a la regulación por parte del Estado de una programación televisiva digna de nuestros hijos. Digna ademas de cualquier país que desee pisar la alfombra del desarrollo. Digna de que manifestemos nuestro orgullo por ella y no que nos avergoncemos de ella cuando algún visitante extranjero sintonice alguna de las señales televisivas del país.
Hoy en día, y con la aprobación en la Asamblea Nacional de la Ley de Contenidos, la solución será menos costosa para nosotros. No tendremos que comprar mas parabólicas ni señales de canales de cable. Podremos apuntar nuestro control remoto a cualquiera de los canales que estén de acuerdo con las regulaciones de la concesión del Estado y la programación será digna de seres humanos con salud mental. Con horarios preestablecidos para cada tipo de publico y sin la mezcolanza de porquería y vulgaridad de un Sábado Sensacional cualquiera o sin las escuelas de la descomposición social de nuestras devaluadas telenovelas.
Viva la revolución mediática. Abajo los monopolios mafiosos, que por los números del Rating venderían sus almas al diablo.
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