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Declaración final de la Primera conferencia hacia la unidad de los y las socialistas.
Compromiso de los y las socialistas ante el pueblo bolivariano
Por: Jornadas Jorge Rodríguez y Alí Primera.
Fecha de publicación: 23/02/03
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Los días 15 y 16 de febrero, nos convocamos en Caracas hombres y mujeres socialistas, con y sin partido, militantes políticos, sindicales, comunitarios, estudiantiles e intelectuales, para debatir la actual situación del país después del histórico triunfo de nuestro pueblo al hacer fracasar un nuevo intento de la oligarquía local y el imperialismo para derrocar al gobierno del Presidente Chávez y sepultar la Revolución Bolivariana.

Nos convocamos para unificar criterios sobre los avances y las dificultades del proceso revolucionario bolivariano, acordar la tareas principales y el papel que los y las socialistas debemos cumplir en las actuales circunstancias.

Este es sólo un primer paso para lograr un nivel de acuerdo, que en un proceso de debates, deberá concluir en una plataforma política común que contemple la compleja realidad internacional y nacional .

Nos convocamos con la intención de crear mecanismos transitorios para debatir esas ideas, asumir el compromiso de difundir esos debates, y crear una instancia de organización que permita a la vez incorporar a nuevos compañeros y dar pasos concretos hacia la futura unidad de los y las socialistas venezolanos.



El mundo en el siglo XXI

Nos convocamos en un momento en el cual la humanidad se debate en una contradicción flagrante: por un lado las crecientes posibilidades que ofrece el desarrollo científico y tecnológico para satisfacer las necesidades materiales y espirituales de millones de personas; y por el otro, una dramática realidad que muestra un mundo con una extensión constante de la pobreza, el desempleo y la desnutrición infantil; la distribución cada vez mas desigual de la riqueza social y la brecha cada vez mayor entre los países centrales del capitalismo y aquellos sometidos al saqueo creciente de sus riquezas y su trabajo por el capital financiero transnacional.

La explicación de esta irracional situación hay que buscarla en las necesidades inexorables del sistema: el mercado mundial está imposibilitado de absorber la cantidad de productos fabricados a los precios que necesitan los capitales para garantizar tasas de rentabilidad que le permitan soportar la dura competencia intercapitalista. La sobreproducción de mercancías condujo una vez más al sistema económico imperante a una recesión, que ahora se manifiesta en forma coincidente en los tres grandes centros del capitalismo mundial: EE.UU., La Unión Europea y Japón.

El predominio desde hace más de un cuarto de siglo del capital especulativo es sólo un mecanismo del capital para amortiguar mediante el negocio bursátil y de bonos esa caída de la rentabilidad en el circuito de la producción. Esta es la esencia del llamado neoliberalismo.

Simultáneamente, esta necesidad de los capitales transnacionales es la que permite comprender las presiones políticas, el chantaje y las amenazas que soportaron en todo este período los países dependientes para abrir sus mercados a la producción de los países centrales, endeudarse y envilecer sus monedas. Sin embargo, ni el predominio mundial absoluto en el plano de la economía, la política y la fuerza militar pudieron evitar que la recesión se instalara en la superpotencia hegemónica, ni que las disputas interimperialistas se agravaran.

La brutal guerra que el gobierno de Bush prepara contra Irak en estos momentos, es un intento para superar esa situación recesiva, evitar la próxima depresión y recuperarse en el terreno militar de los fracasos políticos.

Los y las socialistas nos sumamos a la condena que millones de personas hoy manifiestan en el mundo a esa empresa bélica.



La Revolución Bolivariana y Sudamérica

En ninguna región del mundo es tan evidente la pérdida de la iniciativa política del imperialismo yanqui en este último período, como en nuestro subcontinente.

Las políticas económicas neoliberales impulsadas desde Washington han entrado en crisis en todos los países de la región: Argentina, Brasil, Uruguay, Bolivia, Ecuador, Paraguay.

Esa crisis ha desmoronado a los partidos tradicionales que fueron ejecutores de esas políticas impuestas desde el norte y están abriendo el camino al surgimiento de nuevas fuerzas políticas

Estas fuerzas políticas están expresando, algunas en forma contradictoria, la reaparición de una voluntad y un sentimiento antiimperialista que durante más de una década parecía extinguido. Una nueva oleada antiimperialista ya recorre América Latina. Ahora no se expresa como una bandera sólo de las vanguardias revolucionarias, sino que se está adueñando de las conciencias y los corazones de millones de trabajadores, campesinos, indígenas, desocupados, sectores medios. Comienza a ser un fenómeno de masas.

En este proceso, la existencia de nuestra Revolución Bolivariana no sólo ha sido un factor decisivo, sino que está en la primera línea de combate, particularmente después del triunfo de la insurrección cívico-militar del 13 de abril, que derrotó el golpe imperialista.

Esta nueva situación amenaza con hacer fracasar el proyecto imperialista, de incorporar a nuestros países a un mercado absolutamente al servicio de los intereses norteamericanos: el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA).

Imposibilitado el imperialismo yanqui de imponer sus intereses por medios políticos necesita recurrir -una vez más- a la militarización de toda la región. Ese es el fin último del llamado Plan Colombia.

Para esos objetivos imperialistas, la existencia y el desarrollo de la Revolución Bolivariana es un serio obstáculo que necesita destruir. La conspiración de diciembre no será la última.

Los y las socialistas asumimos en plenitud y con entusiasmo el canto de nuestro pueblo en las calles: “Se siente que camina la espada de Bolívar por América Latina”. Por eso creemos absolutamente necesario y urgente impulsar la unidad antiimperialista continental con nuestros pueblos hermanos.

Y en eso comprometemos nuestro esfuerzo.



La Revolución está a la ofensiva

Todas las jornadas en las que se han medido las fuerzas bolivarianas con la reacción, pacíficas y violentas, las electorales, parlamentarias, internacionales, han sido hasta ahora victoriosas para el pueblo.

La Revolución Bolivariana ha recuperado el papel protagónico de las masas, ha fortalecido y renovado la idea de ejercicio democrático del pueblo, mientras por otro lado ha ido derrotando el poder de los privilegiados y descompuesto sus instituciones tradicionales y sus partidos políticos.

Las Fuerzas Armadas han dejado de ser un instrumento de represión contra las aspiraciones populares para convertirse en un factor determinante en defensa de la Constitución, y que trabaja día a día junto al pueblo construyendo la unidad cívico-militar, que derrotando a los restos del puntofijismo, esta construyendo una nueva noción de seguridad nacional, de soberanía plena, de equidad en las relaciones internacionales y de integración solidaria con los pueblos hermanos; es decir, construyendo la República Bolivariana.

Más allá de los logros que pudieran exhibirse o indicadores que se puedan mostrar, el significado fundamental del proceso revolucionario es que el pueblo venezolano, desafía abierta y decididamente la hegemonía del capital financiero y la globalización neoliberal, construyendo un Estado de derecho y de justicia social, democrático de libertades públicas, de protagonismo popular y amante de la paz.

La Revolución está a la ofensiva. Así lo demuestra el pueblo en cada una sus acciones y lo afirma el Presidente Chávez en sus últimos discursos.



Los peligros que enfrenta la Revolución

El imperialismo comprende perfectamente el potencial revolucionario que hoy se está desplegando en Venezuela. Por eso no dejará ni un instante de atacar a la Revolución Bolivariana, por más mesas de diálogos o treguas que se implementen.

Es conocido suficientemente el intento fascista de avanzar hacia una guerra civil y alertamos contra esa intención. Pero hay también otras amenazas de distinto orden, algunas externas y otras que provienen desde el interior de las fuerzas que apoyan al gobierno.

Hoy la amenaza mayor es el arma letal que tiene el imperialismo: el mercado.

Uno de los combates mayores se desplaza al terreno económico. Este problema estaba planteado antes de la conspiración, pero ahora está agravado por las grandes pérdidas ocasionadas por el golpe petrolero.

El control cambiario es sólo un primer paso que seguramente exigirá avanzar en la línea de confrontación contra el capital financiero, e incluso puede obligar al control bancario. Un motivo más para concitar la agresión imperialista.

De ser exitosa para el imperialismo la guerra de Irak, puede contribuir a agravar la situación económica por la caída de los precios petroleros.

Simplemente se trata de señalar hacia donde se desplaza ahora el combate y ser conscientes de dónde vienen los peligros.

El desarrollo de tendencias conciliadoras en el campo de la revolución no se agotó con la salida de grupos que ahora militan en la contrarrevolución. Bajo la presión de la agudización de la lucha de clases esas tendencias se reproducen, fundamentalmente porque este proceso no tiene una dirección colectiva que unifique ideológica y políticamente a sus cuadros y a funcionarios del Estado.

Esta presión encuentra receptores en cantidad de cuadros bolivarianos ligados al aparato del Estado, que socialmente reflejan un sector de la pequeña burguesía democrática, que influenciado por la campaña mediática se hace eco de posiciones conciliadoras, planteando salidas fuera del marco de la Constitución y el sentimiento nacional, y otras, que entre susurros, dejan ver la posibilidad de un chavismo sin Chávez.

El triunfo de estas concepciones llevaría a la revolución a una vía muerta, a un agotamiento, que la distanciaría de las aspiraciones de cambio de las masas y terminaría por facilitar la imposición de los planes del gran capital por una vía indirecta, como ocurrió en otros procesos revolucionarios frustrados. Evitar esta situación es tarea de todos los y las socialistas.

Y en esto comprometemos nuestro esfuerzo.



Dos estados

La derecha utiliza como argumentos para justificar sus ataques a la Revolución que el Presidente Chávez no garantiza la gobernabilidad. Desde el lado bolivariano, muchos revolucionarios pretenden contrarrestar esa campaña tratando de encontrar cuáles serían las condiciones de gobernabilidad.

Por distintas razones, ambas posiciones dejan oculto el problema central del país; coexisten dos estructuras de Estado, el viejo Estado oligárquico que no termina de morir y la nueva República Bolivariana que no termina de surgir.

En los organismos del Estado la reacción se mueve entre la oposición, el boicot y la conspiración, convirtiendo la gestión pública en un freno para el desarrollo del proceso revolucionario.

Los y las socialistas entendemos que la construcción del nuevo Estado debe realizarse fundamentalmente en el seno del pueblo.

Es necesario concretar los elementos de democracia directa que establece la Constitución, desde los Municipios Bolivarianos hasta el Consejo Federal del Gobierno.

Y en esto los y las socialistas comprometemos nuestro esfuerzo.

Hacia una nueva fase de la Revolución

La reciente intervención directa de los trabajadores en los principales centros productivos del país ha sido decisiva para desbaratar el sabotaje y la conspiración de diciembre.

Pero también es una clara señal de fuerza política de la Revolución que se expande, desde el conjunto del pueblo hacia el núcleo vital del país: los trabajadores en general y los de las industrias más concentradas en particular.

En cualquier sociedad capitalista la actitud política de los trabajadores es determinante para gobernar. Esta situación que es nueva, plantea enormes problemas políticos por resolver, que nos corresponde afrontar a quienes tenemos una perspectiva socialista en primer lugar. También anuncia que están surgiendo las condiciones para ingresar en una nueva fase del proceso revolucionario.

Desde el golpe de abril hasta el presente el movimiento obrero ha seguido una línea ascendente, no sólo en su adhesión al proceso bolivariano sino en su participación y en su organización.

La intervención de sectores de los trabajadores en la recuperación de la actividad petrolera marca un punto de inflexión en el desarrollo político de los trabajadores.

Es una nueva situación porque ahí se manifestó una real vanguardia, que fue la que resistió la tradicional obediencia y compromiso personal con los caudillos y mandos adueñados de la empresa petrolera y de las centrales sindicales comprometidas con el loock-out. Además no lo hizo por una reivindicación de mejora personal, sino por un objetivo político: nacionalizar efectivamente PDVSA.

Aún cuando en esa acción participaron dirigentes y cuadros sindicales, los acontecimientos superaron los límites de las organizaciones sindicales y se hizo por fuera de esas estructuras. El objetivo común de poner en marcha la industria unificó a los trabajadores, los sectores del pueblo que se movilizaron y los militares que estuvieron en las plantas.

En esta tríada está en germen un potencial de transformación revolucionaria de la sociedad que no puede pasar desapercibido para los y las socialistas, y que debemos lograr que se transforme en el verdadero motor y rector del período que se inicia.

Y en esto los y las socialistas comprometemos nuestro esfuerzo.



Los y las socialistas y la Revolución Bolivariana

Los militantes socialistas somos parte sustancial de la lucha de nuestro pueblo contra el régimen del puntofijismo, luchas que se remontan a más de medio siglo.

El camino hacia el socialismo está indisolublemente ligado al triunfo de la Revolución Bolivariana.

Los y las socialistas no somos nada distintos al pueblo bolivariano. Solo pretendemos tener claridad estratégica, consecuencia en los principios y ocupar los primeros puestos en la batalla, en la defensa de esta Revolución.

Junto a nuestro pueblo, los y las socialistas le decimos a la oligarquía y la conciliación:

Con Chávez todo, sin Chávez nada

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Jornadas Jorge Rodríguez y Alí Primera.


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