Venezuela: honra y honor

"Combatiremos con mucha fuerza

y fiereza."

Nicolás Maduro Moros. Presidente de la República Bolivariana de Venezuela. Programa: En Contacto con Maduro. Nro. 75. 18/12/2016

¡Fiereza! Certero vocablo; tanto en su semántica como en su connotación emotiva, cuando alude a la protección del entorno, sea familiar o cualquier otro del que seamos custodios celosos en razón de derecho y de justicia. Así lo hace cualquier especie; fíjense en la actitud que con decidida valentía e incondicionalidad toma una tigra o una leona al proteger y defender a sus cachorros, no importa el tamaño o lo negro del peligro que atente contra ellos. Igual proceden todas las madres y los padres de todos, o la inmensa mayoría, de los seres de nuestra Tierra, ante la intención abierta o ladina de lastimar su prole o su medio. Hace más de doscientos años, tuvimos aquellos padres liderados por Simón Bolívar, Francisco de Miranda, Antonio José de Sucre, Ezequiel Zamora… que, con toda la fiereza posible, protegieron, defendieron y libertaron esta Patria, es decir: a nosotros. No hubo cobardía que superara su tenacidad, constancia y lucidez en la acción; sí, hubo lucha y muerte pero la perseverancia fue la gran "pica" que nos condujo a lo que somos, y por serlo y tener lo que tenemos (material y en el alma) nos envidian hasta el crudo odio tantos depredadores. Andan cerca y andan lejos pero todos quieren su pedazo, robado a la fuerza o con artimañas. Lo de nuestros padre libertadores requirió valentía y pundonor de hombres y mujeres que se adhirieron en la difícil empresa de hacernos, nada menos, que hijos de Venezuela, a pesar de tanta pezuña depredadora. Los depredadores siguen ahí; el principal activa cualquier guerra: económica, moral, sicológica y cuanto podrido medio (para eso tienen los medios, no olvidemos) se le ocurre para acabar con el país, con la nación como ente territorial y espiritual, más que con una idea (como si ello fuera posible): la Revolución Bolivariana; y los carroñeros segundones esperan y colaboran. Pero hasta hoy hemos crecido en todo; después de doscientos años, Venezuela se ha embellecido con sus riquezas (geográficas y humanas) y se proyecta como la gran dama cuyos hijos e hijas, ya con dos siglos y andando en otro, han devenido en padres y madres. Ahora nos toca, cuando el Averno Imperial y sus demonios de menor cuño (tan dañinos) se aprestan a atacarla por cualquier flanco que esté a su disposición y de cualquier forma, además de las predichas. Esta gran madre-nación requiere que la protejamos con entereza, con el pundonor y la decisión que nuestros padres libertadores tuvieron y cuyo principal centro detonante fue el amor indefectible a Élla y el cuido a su dignidad. No hago esta reflexión de gratis ni por arranque romántico: la saña con que se ha volcado casi todo el mundo en contra nuestra es una demostración de lo que valemos; materialmente primero (para ellos: gringos y allegados) y, con más énfasis, moralmente para el orbe digno. En medio de todo lo siniestro que se proponen lo extranjeros, continuamos saliendo del pantanoso tiempo; agreden y agrederán con la intención aviesa y calculada que le es consustancial a la naturaleza del mal, pero con ojos abiertos, la decisión y la claridad en los actos, evitaremos todo el cieno que los embarra. Hay la obligación de victoria, como antes.

Nos ponen al tanto las noticias de barbaridades políticas y mortandades bélicas provocadas; no hay límites fronterizos, sean geográficos, espirituales o ideológicos en eso; la maldad se ha expandido impúdica y el sustrato gorilesco en lo "político" se pavonea sin empacho, luciendo su nazismo fantasmal allende los mares y en nuestros predios; ya no ocultan su bajeza. El acto simiesco que tocó la humanidad de nuestra insigne canciller Delcy Rodríguez parece el mismo que dejó sin vida al señor embajador de Rusia, en aquél salón, en medio de la cultura y por la cultura (cosa que tanto odian). ¿Cómo no entender aquélla agresión y éste asesinato sino como el empeño de imponer el ideario de "superioridad" de las armas y el capital? Las motivaciones para tamañas ignominias tienen que ver con la ambición y el poder, sí, pero reflejan debilidad también, y esa impotencia los obliga a ver hacia nosotros, hacia lo que teneos en poderío energético y eso es un peligro real por la sencilla razón de que están acostumbrados a cogerse lo que no es de ellos o a que se los entregue la diligentemente traidora clase "dominante". Hoy, la inteligente fiereza defensiva es un deber, una deuda con nuestro linaje de libres, de soberanos.

elbaevg@gmail.com


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