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El desastre en PDVSA: Error de cálculo o cálculo de un error
Por: Antonio Rangel C.
Fecha de publicación: 12/02/03
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tus panas
Quien es inteligente para una cosa es inteligente para todas. Porque la inteligencia es la expresión individual de la actividad cerebral manifiesta en cada una de las ejecuciones del ser humano. Los venezolanos no terminamos de salir del asombro por la perfidia implícita en la planificación del boicot petrolero urdida por los inteligentes meritócratas de PDVSA. Es verdad que controlaban la esencia de la vida de la patria y creyeron que esa esencia les pertenecía y ejecutaron el plan magistral de prepotencia.

Habrá que aceptar que “inteligencias tan brillantes” maquinaron hasta los más recónditos detalles la macabra felonía, por departamentos, en forma coordinada, en relevos de profundización bien hilvanados, para que día a día se fuese agravando cada estadio y fuese cundiendo en las “filas enemigas” primero la preocupación, luego la inseguridad, después el temor, hasta llegar al pánico y al terror.

Pensaron equivocadamente que la población se encargaría de presionar al gobierno para que el “Tirano” abandonara el poder en el momento de perder el respeto y la confianza, es decir un trazado por el camino de la anomia, del “vacío de poder”.

Debe admitirse también que si no cayó Chávez no fue por falta de entusiasmo, porque hubo desbordamiento triunfalista ilusorio, autocomplaciente que intentaba reafirmar el autoengaño. ¿Cómo, gente tan inteligente, tan capaz, tan prepotente de sus propias sabidurías pudo haber equivocado el cálculo?. No parecen cosas de mentes tan preclaras e ilustradas. La hipótesis era: “El hombre no resiste tres días. A lo sumo una semana”. Y pusieron todos los huevos en la cesta. Demostraron que más que inteligentes sólo eran expertos, cuestión que resulta diferente.

No incluyeron en su inventario la manipulación de que fueron objeto. Se colocaron ingenuamente en las manos de personajes avezados, curtidos en mil guerras de trucos, de artimañas. Politiqueros de oficio cuya profesión fue siempre sostener con mentiras sus engaños, pero con mucho entusiasmo, con mucho aplomo, con gran seguridad, escudados en lo que denominaban “poder de convocatoria” que pasaba por los bozales de diferente estilo, la ignorancia y los bolsillos. Error de cálculo de los meritócratas. Se tragaron la quimera, el anzuelo. Se hartaron de prepotencia. Se dejaron inflar y creyeron que en verdad tenían prensada a la patria por el cuello.

Erraron el cálculo cuando tomaron por verdad el sofisma del atascamiento económico al paralizar, junto con el petróleo, la “industria privada”. Erraron el cálculo, porque esa industria privada vive también del petróleo. Cuando ahorcaron el ingreso petrolero le cerraron el oxígeno a una actividad económica privada que no puede sostenerse por sí sola. Porque en la economía como en toda manifestación de vida, nada está aislado, todo existe interactuando. Y mucho más esta industria privada nuestra, incapaz de competir en el mundo del comercio internacional, carente de solidez, de competitividad a pesar del subsidio a las fuentes de energía. Se ahorcaron a sí mismos. Era cuestión de días.

No se dieron cuenta de que estaban siendo utilizados, en realidad, para tratar de resucitar el muerto de los viejos partidos políticos, extintos por necesidad absoluta. Craso error de cálculo. Fueron colocados como mascarones de proa para espantar fantasmas que no eran tales.

Peor todavía si calcularon la tragedia. Más benévolo les hubiera podido resultar el error de cálculo.

En la eventualidad de que hubieran vislumbrado la magnitud de las repercusiones del hecho delictuoso que estaban perpetrando, además de colocarse, ex profeso, fuera de la ley, se expusieron a cargar con la recriminación social por el resto de la historia de la patria. No bastarán explicaciones, serán insuficientes subterfugios, atajos y coartadas. Es sencillamente imperdonable que se hubiesen prestado para la fechoría con la conciencia clara del delito.
Olvidaron los meritócratas que la responsabilidad del hombre no reside solamente en lo que se hace. También en lo que se deja de hacer y cuando esta decisión se convierte en acto volitivo tiene connotaciones tanto o más punibles que las de la misma comisión. Porque se le imputa la posibilidad conciente, cierta y específica de haber podido evitar el desastre. Es imposible ahora escurrir el bulto en el momento de la rendición de cuentas.

Las vidas que se han perdido como efecto directo e indirecto de los actos crueles de los meritócratas, la catástrofe financiera de la patria, y todas sus repercusiones, son productos inmediatos de la torpeza prepotente y calculada de los expertos petroleros. El único parangón invocable es el de un ataque armado contra el pueblo inerme que aturdido presenciaba su desastre.

El ataque ocurre cuando se hacen esfuerzos denodados para intentar salir de la pobreza proverbial que nos afecta, para abrir nuevos caminos, cuando se le da una oportunidad a la esperanza de la mayoría de los venezolanos carentes hasta de los esenciales medios de existencia. Los meritócratas pretendieron truncar la expectativa.

Error de cálculo o cálculo del error. En cualquier caso deben someterse a la justicia. Jamás la sociedad venezolana puede confiar de nuevo en esas mentes y esas manos la responsabilidad de conducir la riqueza de la patria.

Ahora tienen que asumir con valentía la responsabilidad que les concierne. Resulta inaceptable la manipulación sentimental para disfrazarse de víctimas perseguidas por el “régimen”. No deben abandonar su disfraz de victimarios porque ayer apenas, inflados de poder pretendían fungir de dueños absolutos del petróleo de la patria.


Antonio Rangel C.
mavet456@cantv.net
Mérida 12 de Febrero de 2003.
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Antonio Rangel C.


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