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A George W. Bush se le ha acusado de disléxico. Sobre todo, después de que dijera durante su campaña, en Orange, California, que “Aquella mujer que dijo diagnosticarme dislexia... bueno, yo nunca la entrevisté a ella”. Al rato, algunos galenos saltaron a desmentir que Bush padeciera de enredos entre palabras.
La prensa, en cambio, empezó a hablar de “bushismos” : frases del presidente con ligeras –o evidentes– alteraciones del orden lexical o sintáctico.
Ahora bien, ¿cuándo hace Bush el viraje lexical entre Osama Bin Laden y Saddam Hussein? Es decir, ¿cuándo se convirtió la “guerra contra el terrorismo” en una campaña mucho más contra Saddam que contra Osama? ¿Se trata de un simple e inocuo bushismo?
Un mes después de los ataques sobre las Torres Gemelas y el Pentágono, algunos halcones de la administración Bush comenzaban a enfatizar conexiones entre los terroristas e Irak, pero el cambio sustancial del contenido, el enroque de un “enemigo público” por otro no llegaría sino meses después, en enero del 2001, durante un discurso del propio presidente, justamente cuando acuñó el paquete geopolítico del “eje del mal”.
De repente, pasaba Bagdad a primer plano –o a plano americano–, mientras Al Qaeda a un tercero, de utilería.
Desde hace ya varios meses, el nombre de Bin Laden se desentendió de los labios de Bush y, aunque en su último discurso Bush hizo mención a Al Qaeda, el nombre de su líder saudí brilló por su ausencia. Mientras tanto, Washington, en cada una de sus misiones, y ayer por vía de Colin Powell en la ONU, viene actuando como si hubiese evidencias de sobra que enlazan el terrorismo de Al Qaeda con Saddam.
El resto del mundo se muestra más escéptico ante un supuesto eje Saddam-Osama. Ayer mismo, agentes de inteligencia británica señalaron que no hay evidencia de la conexión.
El comunicado puso al primer ministro de Reino Unido, Tony Blair, en aprietos: él quisiera más bien ser eco incondicional de los dictámenes de la Casa Blanca.Por su parte, el director de la CIA, George Tenet, en octubre último descartó las supuestas pruebas ofrecidas por la nómina de Bush sobre el asunto.
Pocas semanas después del 11S, oficiales de inteligencia norteamericana, declaraban para periodistas, con abismal detallismo, que varios agentes iraquíes se habían reunido en Praga con Mohammed Atta, líder de los 19 terroristas suicidas del episodio septembrino. Apuntaban que Abu Amin, una de las figuras de inteligencia iraquí más cercanas a Saddam, se había reunido con Atta, en la capital checa, cinco meses antes de los ataques. Agentes militares de la República checa –y luego su propio presidente, Václav Havel– desmintieron las versiones días después: no había evidencia suficiente.Tampoco hubo el soporte necesario como para indicar que los sucesivos ataques de ántrax llevaban la firma de Al Qaeda, mucho menos de secuaces de Saddam; era más una obra de un científico norteamericano con evidente perfil psicótico.
Saddam no ayuda a cambiar la matriz de opinión entre norteamericanos:
su conducta para con los inspectores de armamento de la ONU es todo menos dócil; por no hablar del trato que decidió darle a sus científicos y técnicos involucrados en sus planes de juguetes nucleares: enviarlos al ostracismo casero, prohibirles hablar so pena de muerte, y reemplazarlos con un lote de títeres de algún teatro árabe. Es por ello que, según recientes encuestas, el estadounidense promedio, es de la opinión que “Saddam y Osama son la misma persona”.La supuesta dislexia de Bush no llega a tanto. Sabe bien quién es quién. E insiste con Saddam, el mismo a quien Bin Laden llamara “un apóstata, un infiel y un traidor del Islam”.
La última vez que se dirigió a la nación, Bush dijo tener nuevas evidencias bajo la manga: “Fuentes de inteligencia, comunicaciones secretas y varias declaraciones de personas que trabajaban para el régimen iraquí, han revelado que Saddam ayuda y protege a terroristas, incluyendo miembros de Al Qaeda”.Ayer, sacó al podio de la ONU a uno de sus caballos de batalla: Colin Powell hizo hincapié en que “Saddam no solamente esconde armas nucleares, sino que se niega a ofrecer libre acceso a los inspectores de la ONU a determinadas área, violando así la resolución 1441 (...) ¿Hasta cuándo permitiremos esta obstrucción que burla los preceptos de la ONU y pone al mundo en situación de peligro? Digo:
ya basta”.
A pesar de que Saddam esté violando la resolución 1441 y hay suficientes muestras de su irreductible tiranía, resulta más efectivo acusarlo de ser la llave de Bin Laden a la hora de crear un corriente de opinión más favorable para Washington.Entonces el nuevo bushismo consiste en hacer creer a la población norteamericana que Saddam es Osama, o viceversa.
La dislexia da hasta para ello.
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