Cantos llaneros: Un sueño desde la Venezuela adentro

Si al andar lo llaman camino y al camino sendero, que será de aquel lucero que abandonó la mañana cuando una paraulata temprana le cantó muy lejos desde el estero sombrío, pobre lucero mío, temeroso madrugador y sin oficio, asomado al precipicio de tantas mañanas y tanto frío donde su luz se atenúa sin permiso y sin porfía anunciando las horas compañeras del pronto mediodía.

Lucero deja tu luz para tantos caminos deja tu luz para tantas trochas, no escondas tu compromiso y sin alardes y mucho coraje dale talón a tu carruaje donde se desplaza la noche amiga de tu insomnio compañera de tu hermana primeriza de la sabana castiza y del chaure buscón que no pierde ocasión para elevar su canto hasta más allá desde donde se divisa el mastranto como si fuera una pelusa de cobija inviernera, terciopelo y abrigo cualquiera para las excusas que envuelve también mi canto y que en buena hora se hizo vocación, no perdiendo la ocasión de alto vuelo y sonoro grito por mi pueblo bendito listo para la revolución.

Caminito de Venezuela alumbrado por ese resplandor de medianoche, luz de mi pueblo bravío no te extravíes dame tiempo y dame sabana sin mogotes ni escondrijos para avanzar sin ahogos libre de carga alguna para que mi tierra hermosa y todas sus lunas plenas, llenas de horizontes y amaneceres entre aromas de vida nueva se adueñen del porvenir y en un ir y venir de tantas luchas y apremios logremos en definitiva lo que un genio soñó en su momento cuando hizo el juramento del Sacro Monte romano agarrado de la mano de su maestro y amigo y mirando hacia el sur del allende atlántico buscaron con fruición ansiosa la frigia diosa que les incitaba y señalaba el camino.


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