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La vida y la Historia como parte fundamental de ella, están llenas de símbolos que por sí solos van configurando una explicación de nuestro acontecer. En la concentración de las mises mercenarias del pasado viernes Graterolacho dijo con orgullo: “llegamos hasta las nalgas de Rómulo”.
Y es que Rómulo tiene tanto que ver con esa miseria que se reunió ese día allí y que son el compendio y a su vez el resumen de lo que ha sido nuestra historia en los últimos 50 años. Por una parte ese líder es la cabeza visible del clientelismo político, la corrupción, el deterioro moral y el decaimiento de los valores, llevados adelante en nuestro país básicamente por el partido que él liderizó por muchos años: Acción Democrática.
Allí se encontraban reunidos los miembros de la CTV, monstruosidad creada por él y desde sus inicios llevada a responder por las directrices de un partido, sin importar las reivindicaciones de los trabajadores. Esa fue la forma de garantizar que en sus gobiernos nunca pasara lo que hoy ha pasado.
También se reunieron los de Fedacámaras, los mismos que Betancourt desde el llamado plan de emergencia de los años sesenta acostumbró a llenarle los bolsillos con los dineros del Estado, para que hicieran sus inversiones sin poner una puya, pero garantizando así la estabilidad del país ante unos hambreadores capaces de arrastrarse ante el presidente de turno, con tal de que no le exigieran el pago de los préstamos y les garantizasen nuevos.
Los dueños de los medios, -solamente ver allí a Gustavo Cisneros y recordar como montaron Venevisión-, cuando apenas eran los testaferros de los Rockefeller en Venezuela, afianzando el control norteamericano en esta parte del continente, sin entrar a discutir el pasado oscuro de Granier y cómo obtuvo su posición, ni que mencionar a Ravel, tan descarado, que su padre podría parecer honorable.
Los artistas mercenarios, quienes dentro de los medios son tratados como ratas hasta que logran internacionalizarse, defendiendo los privilegios que han logrado obtener embruteciendo y generando confusión en la población, sin ser capaces nunca de levantar su voz por el tipo de programación a la que está sometida la gente de pie y logrando una perfecta alineación con el lugar en el que trabajan, llegando a creer que forman parte de una familia.
Los chicos del petróleo, para quienes la palabra Venezuela siempre resultó vacía, herederos fieles de los intereses de las trasnacionales del petróleo, quienes han deseado toda la vida que Venezuela sea una estrella más de la bandera norteamericana y nunca levantaron su voz por el proceso de privatización, la junta directiva que les impusieron o el rumbo del país, siempre y cuando les garantizaran seguir con su proceso de negocios sucios y la estabilidad en sus puestos.
Los niños y las niñas bien, que ahora ven con horror que tengamos a un presidente negro, que los pobres tengan participación, quienes estaban dispuestos a renunciar a su nacionalidad y lavar platos y limpiar cagadas de niños europeos o gringos, pero ante el fracaso y lo difícil que se ha puesto el mundo, reclaman a un país que nunca sintieron suyo.
Y esa parte del pueblo que se sigue vendiendo al mejor postor, a la que los adecos le dieron arepas, zinc y bloques para armar los ranchos, pero le negaron la posibilidad de dignificarse con los estudios y el trabajo y mueren por ver gratis a estos payasos, a quienes suelen llamar famosos porque participan en programas inteligentísimos como: “la guerra de los sexos”.
Todos, todos los arriba mencionados han llegado el viernes hasta las nalgas de Rómulo, en un recorrido de 50 años que se inició en la cabeza de ese hombre. No debo decir, ni explicar que las nalgas sirven de soporte cuando nos sentamos a expulsar todos los excrementos que el cuerpo no necesita. Esas nalgas están encima de El Guaire, y allí irán a parar todos en esta Venezuela que se levanta y se niega a seguirlos aguantando. Que buen símbolo el del viernes, que futurista...sobran las palabras.
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