A Ricardo Durán

Están los que te lloran, los que te extrañan, los que te sueñan libre de ataduras terrenales, los que prefieren caminar tristes pensando en tu partida, los apesadumbrados, los que quieren preguntarte, hablarte, los que se cuestionan, los que se arrechan, los que gritan, los que se preguntan, tanto.

Están los que te aman, los que te conocieron por tus obras, los que saben de tu ejemplo, los que despertaste, los que escuchaste, a los que hablaste, con los que luchaste.

Están los que no disminuyen tu muerte, los que no te comparan, los que no hacen diferencia, los que comprenden, los que sienten, los que saben que vales tanto como otra vida, como cualquier vida que se hace luz, cuando ya parece que no hay nada.

Están los que se ríen, los que se burlan, los que se alegran, los que hacen chistes de la muerte, aquella que nos acompaña siempre y espera a todos. Están las sabandijas, están los microbios, están los inconscientes, están los gusanos, están los ausentes, los que comparan, los que hacen las diferencias, los que creen que una vida vale más que otra si me place, si me sirve, si yo quiero, si me da la gana y punto.

Están los honestos, los íntegros, los que trabajan, los que saben que lo material es efímero, los que aman, los que aman su suelo, su historia, sus tradiciones, los que se cuestionan, los que se equivocan y lo admiten, los que quieren hacer más y más, los que sienten que no hay tiempo, los que quieren ser instrumentos del bien aunque no sepan cómo, los que añoran, los que sueñan, los románticos, los utópicos, los que viven.

Están los que roban, los que viajan y se raspan el rabo, los que se creen solos, todopoderosos, los que abundan, los que vacían el alma pa' que quepan más dólares, los que son de lo falso, de la mentira, los que no son de aquí, ni de allá, ni de ninguna parte, sino que son de los reales, de los cobres, los que son del dinero.

Están los que entregan, los que tienen miedo, los que quieren irse, los que se prestan para el olvido, los que traicionan, a sí mismos primero, a sus hermanos después.

Están los que siempre han traicionado, los que se frotan las manos, los lacayos, los que tienen sed de poder, los que hacen ritos de sangre, los que siempre están tras cualquier conspiración, treta, celada, los enemigos históricos, los que dividen, los que engañan, los que parecen amigos pero no, los que se ofrecen aliados pero no, a los que les pagan, siempre les pagan, los que siempre sirven a lo oscuro.

Están los eternos, como tú, los que no se van aunque se vayan, los que se siembran y se expanden, los que abonan la tierra con su sangre, los recordados.

Están los que dicen la verdad.

Yo sé donde estoy.

¿Tú sabes dónde estás?

@daritello


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