No ha habido revolución… pero se prendió la mecha

"No hubo revolución aquí ni va a haber". La frase lapidaria pertenece al intelectual venezolano Rigoberto Lanz, pronunciada en octubre de 2012 a pocos días de la victoria de Chávez en las elecciones presidenciales del referido año.

En realidad no es un descubrimiento exclusivo de este filósofo, también otras personalidades de alta talla intelectual lo han advertido, entre ellos, Boaventura de Sousa Santos y Edgardo Lander. Ellos son de la opinión de que los gobiernos de Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador y Bolivia son progresistas, nacional-populares, también reconocen que impulsaron un profundo cambio en Sudamérica la década anterior, más no pueden considerarse socialistas.

Aunque, no se necesita ser filósofo ni erudito en ciencias políticas y sociales para saber que hasta la fecha no se ha producido ninguna revolución en el país y ni pensar que hayamos enrumbado al país hacia el socialismo.

Aceptemos cuando mucho que se ha producido cambios sociopolíticos importantes: en el ámbito internacional hubo un avance grandioso en torno a la integración latinoamericano sin la tutela de la OEA, la derrota del ALCA, entre otras batallas ganadas al imperio y al modelo neoliberal, y eso es mucho cuento. Ahora, que se haya invertido en la gente más explotada un dineral (más de quinientos mil millones de dólares) en programas sociales (misiones y grandes misiones sociales), ello no subvierte el modelo del rentismo petrolero improductivo impuesto por el capitalismo en el siglo XX ni ha erradicado la desigualdad social y mucho menos echa por tierra el modo de vida de consumir hasta morir, tal como se practica en Venezuela aconsejado por los apologistas de la globalización neoliberal.

Efectivamente, la ideología de estos tipos de gobiernos progresistas- nacionales populares siguen amoldados a la ideología capitalista, a pesar de que se declaren socialistas del siglo XXI, pues éstos sólo han remozado viejas ideas de civilización y progreso del siglo XIX, hoy contenidas dentro de las tesis de la ideología neoliberal y de la globalización.

Una de esas viejas ideas remozadas es aquella que nos ha hecho creer que el avance de la Humanidad depende en la innovación tecnológica. Ideas modernizantes y progresistas que mezcladas con cierta dosis de populismo, activó en el gobierno venezolano políticas electoralmente seductoras, a saber: entrega de viviendas gratis bien equipadas con los electrodomésticos Haier, regalar celulares Vetelca, tablets y computadoras chinas, etc.; empero no se creó conciencia sobre la necesidad de un cambio de hegemonía cultural, entiéndase cambiar los modos de vida burgués (cultura capitalista), por otros valores que nos proporcionen un conjunto de sentidos de bienestar diferente al que nos acostumbró la sociedad de consumo. Faltó, también, crear una contracultura para desmitificar que el bienestar en la familia sólo se consigue teniendo en nuestras casas un televisor plasma en cada cuarto y hasta en la cocina y los vehículos que se puedan. Por el contrario estas ideas alienantes, de consumo a todo vapor, últimamente se repotencian sin que nadie las detenga. Así mismo muy poco se intentó desmitificar aquella ilusión arquetípica burguesa que atribuye el éxito individual a la adquisición de mucho dinero para comprar cuanta mercancía aparezca en el mercado. Nos faltó retomar y difundir aquella genial frase de Pepe Mujica: "si no se es feliz con poco dinero difícilmente podemos lograrlo teniendo millones".

Parodiando a Gramsci, pensamos que si no se han producido cambios en la cultura capitalista heredada desde antaño, mal podríamos hablar de una revolución verdadera, así el Estado sea dueño y controle los medios productivos.

Así mismo, la propuesta de una revolución socialista del siglo XXI ha sido negada en su dimensión sociopolítica, toda vez que el protagonismo popular ha brillado por su ausencia: ¿Dónde están las comunas que no las veo por ninguna parte?, ésta era la pregunta angustiante que se hacia el mismo Chávez cada vez que entregaba las llamadas ciudades socialistas. En esta pregunta angustiante, a mi juicio, Chávez se dio cuenta que tenía pueblo más no sujeto político y por ello su acento en el pueblo organizado (la organización comunal).

En lo particular no creo en revoluciones desde arriba (entiéndase Estado, superlíderes, partidos omnipotentes, tecnócratas u otras deidades divinas que por designio vienen a resolver problemas terrenales), porque así el pueblo pierde su condición de sujeto político y se convierte en un simple adorador de aquellos que administran el dinero de todos/as. "El pueblo no lo salva nadie, se salva sólo", reza un viejo lema de izquierda. En ese sentido creo más en una protesta social por una distribución justa de la riqueza nacional ante un miserable aumento de sueldos y salarios.

La crisis prende la mecha de la revolución.

No obstante de lo afirmado arriba -existencia de grandes cambios, pero aún sin revolución ni socialismo- observamos en medio de una crisis (económica y política) un interesante fenómeno político-cultural dentro de este proceso llamado bolivarianismo, fenómeno reflejado en el plano de la guerra de ideas que en la actualidad está en plena efervescencia y se manifiesta tanto en la calle como en medios de comunicación (especialmente en medios electrónicos como aporrea).

Lo que antes resultaba un imposible o espejismo dentro del chavismo, esto es la crítica interna respecto a la conducción política de más de 15 años de gobierno bolivariano, en la actualidad muchos/as militantes chavistas e intelectuales de izquierda se atreven hacer duras observaciones sobre la gestión gubernamental; cuestionan abiertamente políticas reformistas y populistas de la presente administración pública, así mismo critican la conducta y la nueva posición social burguesa (boliburguesía) de importantes dirigentes que dicen llamarse revolucionarios o socialistas.

Justamente, por el camino de la crítica interna es que es posible el gran salto revolucionario. No hay revolución en sistemas políticos que se contentan en encontrar la unicidad entre los gobernantes y los gobernados y niegan, en consecuencia, la necesidad de hallar las diferencias de ideas de cómo gobernar con el pueblo.

Pensando desde la dialéctica negativa decimos que la revolución es contradicción o choque de ideas permanentes (sin llegar a una síntesis definitiva) y exactamente este es el fenómeno al que asistimos actualmente en Venezuela, específicamente dentro de las filas del llamado proceso revolucionario bolivariano. Opiniones como las de Britto García, en el que se haya afirmado: "en esta guerra económica peleó un solo bando", ello dice más que mil radiografías acerca de cómo está la lucha de ideas en el seno de la revolución bolivariana.

Tal reavivamiento del espíritu revolucionario, emerge poco antes y poco después de una derrota electoral en la que se pierde un poder clave, nada menos que el poder legislativo. Pero las derrotas electorales, como ha dicho JVR, por si mismas, no son una tragedia, por el contrario, "el sacudón electoral fue necesario" (Rodolfo Sanz) y la crisis, según Einstein, es la mejor bendición que puede ocurrirle a un país porque trae progreso. En efecto, las crisis son buenas porque como las borrascas se llevan toda la basura y al despejarse el ambiente se crean las condiciones propicias para el florecimiento de nuevos momentos y nuevas realidades. Justamente nos encontramos en una nueva fase de la historia política venezolana, signado por un fuerte debate acerca de cómo emprender un nuevo gobierno auténticamente revolucionario, cuyo protagonista o sujeto de la revolución sea no exclusivamente sólo el buró del PSUV, las estructuras de bases partidistas (UBCHES) o una determinada clase de críticos y alumbrados intelectuales, sino el pueblo, entiéndase pueblo constructor, pueblo agricultor, pueblo pescador, etc., pues "si el pueblo ayuda a ganar elecciones, debería ayudar a gobernar" (Marta Harnecker).

Gracias, entonces, a la crisis misma que atraviesa el país, el presidente Maduro intenta resetear y reformatear el equipo gubernamental y su gestión política.

Franc2604@gmail.com


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