¿Pacto de élites o respetar la Constitución Bolivariana?

Ahora que la palabra pacto se ha puesto de moda, recuerdo que cuando era niño el pacto de sangre era como un acto épico o al menos de compromiso y gran simbolismo. Había que auto herirse y juntar la sangre con los dedos y después colocarla en las bocas de los conjurados. Así quedaba sellada para siempre el amor eterno o la fidelidad a unos principios antes acordados o aceptados. El pacto de elites para usufructuar el poder es distinto asume que la mayoría lo aceptará como conveniente. Cuando los venezolanos ya tenemos un contrato social que votamos todos democráticamente, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela.

Los pactos modernos son distintos a los de sangre y si se trata del pacto político se realiza casi siempre alrededor de una botella de whisky. En una especie de enredadera ideológica donde de pronto todo el mundo es bueno o al menos no es tan malo como hacía unas horas y hasta minutos. Me causa mucha tristeza que hombres que contribuyeron con gran tino en la redacción de nuestra carta magna hoy planteen pactos y rodeados de militares. Eso asusta a una sociedad que dejó de vivir fuera del mundo moderno y que avanza en la visión dialéctica de no regresar al pasado.

El pacto necesita primero dialogar para alcanzar el qué y para qué, acordar el cómo, a partir de cuándo y por dónde comenzar y muy importante saber con quién o quiénes contar para disponerse a hacer cumplir lo pactado. Sin dudas ahí están los entre dichos de los pactos de las elites que pretenden usurpar el poder. No hay negociación acomodaticia con la burguesía es preferible que nos derroten que abandonar la gloria de las batallas que hemos dado por derrotar el capitalismo. El único pacto que permite la Constitución Bolivariana es hacer cumplir sus postulados. ¡El país ni se vende ni se negocia!

La historia negativa relacionada con los pactos en Venezuela trajo el convencimiento general de la necesidad de establecer un nuevo régimen de relaciones o contrato social que estableciera el equilibrio entre los factores de poder en la sociedad. El 15 de diciembre se conmemoraron los 16 años del nacimiento de la Constitución Bolivariana que permitió el inicio de transformaciones estructurales para construir la democracia participativa y protagónica donde el poder popular es el depositario de la soberanía.

El problema que enfrentamos es que la Constitución Bolivariana consagra las demandas que hoy exigen sociedades como las europeas, las de Latinoamericanas como la chilena, la colombiana y otros. El paradigma que establece la constitución venezolana sirve de referencia y significa la vanguardia de las transformaciones para confrontar el modelo neoliberal que nace en la década de los años ochenta y que hasta el presente tratan de imponer al mundo. El modelo venezolano hace posible invertir la pirámide y acercarnos a mejores condiciones de igualdad social que contradice las metas del capital y el egoísmo basado en la ley de la oferta y la demanda.

La Carta magna Bolivariana es uno de los instrumentos jurídicos de vanguardia mundial en materia de Derechos Humanos, participación popular y de la democracia para impulsar grandes transformaciones políticas. El texto constitucional que fue aprobado mediante referéndum popular y promulgado por la Asamblea Constituyente establece que nuestra Patria es un Estado Social de Derecho y de Justicia, Democrático y Federal.

Esta Constitución ha sido puesta a prueba varias veces y siempre ella se impone a sus enemigos y detractores. El primero de los exámenes fue superar el intento fallido de desconocerla con un golpe de estado donde participaron militares, la elite de la iglesia católica, sindicatos y organizaciones opositoras que muchos de ellos eran coautores de su promulgación. La segunda prueba fue que por primera vez se realizó uno de sus instrumentos más novedosos, el referendo revocatorio al Presidente de la República. Después enfrentó una de los ataques más traicioneros, la retirada de la contienda electoral de los partidos opositores para elegir los diputados a la Asamblea Nacional, una especie de golpe institucional tratando de deslegitimar la Asamblea Nacional, sin embargo otra vez los mecanismos de equilibrio de la carta magna impidió que esa maniobra tuviera éxito en la desestabilización del sistema político. Otra manera de comprobar su calidad fue que a pesar de la mayoría absoluta parlamentaria lograda por el chavismo no pudieron ir más allá de los mecanismos que contiene la constitución para evitar los desequilibrios y amenazas al sistema parlamentario.

En lo sucesivo se propuso la modificación de 69 artículos de la Constitución de 1999 mediante Reforma, modificaciones que fueron rechazadas por el pueblo venezolano. Una elección marcada por la abstención que fue superior al 40%. Luego se propuso una Enmienda de 5 artículos (160, 162, 174, 192 y 230) la cual fue aprobada, con el fin de permitir la reelección inmediata de cualquier cargo de elección popular de manera continua o indefinida, en un nuevo referéndum donde quedó definida la reelección presidencial y todos los cargos de elección popular.

Sin dudas es admirable, el desempeño del texto constitucional que ha resguardado los derechos de los sectores que hacen oposición al gobierno bolivariano. Hasta el momento la oposición ha ganado elecciones locales, regionales y un número significativo de parlamentarios nacionales y locales. Al menos 6 estados han sido gobernados por opositores, así como una treintena de municipios que indica que la alternabilidad es posible.

¿Entonces pregunto si necesitamos hacer un pacto con la derecha en Venezuela? ¿Para qué?

Fuentes:

Los pactos en la historia de Venezuela reciente

http://www.aporrea.org/actualidad/a70725.html


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