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Las revoluciones son difíciles, especialmente si son pacíficas. A veces cuesta com-prenderlas porque implican una ruptura con esquemas que ya tenemos fijados e inter-nalizados. No todas las personas tienen la capacidad suficiente para comprender y asimilar los procesos de transformación y de cambios sociales. Muchas veces senti-mos temor a lo desconocido y nos aferramos a lo que conocemos o creemos conocer, y que nos da cierta tranquilidad. Como cuando un niño va adentrándose en la vida y va dejando la tranquilidad de la protección materna. Para ser revolucionario hay que despojarse del pasado, de nuestra comodidad, de nuestros errores, de nuestros prejuicios, de nuestra campana de cristal. Hay que ir con mente abierta, con humildad, con sencillez, con la convicción de que somos algo muy pe-queño pero a la vez muy valioso para el colectivo. Las revoluciones son lentas y por ende difíciles. Los objetivos fundamentales son a largo plazo, aunque hay que dar pa-sos a corto y mediano plazo.
En las revoluciones lo esencial es el cambio de mente y de espíritu. Lo mate-rial es secundario.
En un mundo como el de hoy, donde el dinero y lo material es el valor que se enseña como más importante, es difícil hacer una verdadera revolución. A Cristo le costó la vida; y todavía hoy, después de 2000 años su revolución no es comprendida perfec-tamente y tiene muchos detractores.
Los verdaderos revolucionarios sabemos que tenemos que luchar contra muchos obs-táculos. Hay detractores, traiciones, engaños, manipulaciones, incomprensiones, per-secuciones, falsedades, aprovechadores, etc., pero siempre ha sido y será así.
Lo que verdaderamente he aprendido del cristianismo, es que el mismo implica ries-go, sacrificio, renuncia. Hasta dónde queremos arriesgar y sacrificarnos?. Eso depen-de de cada quien. Unos están dispuestos hasta morir como lo hizo Cristo; otros no.
La oligarquía y el Romano medio de la época no entendieron a Cristo y lo llevaron al máximo sacrificio. Bolívar, en cierta forma, también fue sacrificado. Igualmente, fue-ron sacrificados el Che, Camilo Torres, etc. Por eso ellos son líderes héroes que repre-sentan a muchos otros héroes anónimos.
“Bienaventurados los pacíficos porque ellos serán llamados hijos de Dios”.
“Bienaventurados los que padecen persecución por la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Dichosos sereis cuando los hombres por mi causa os maldijeren y os persiguieren, y dijeren con mentira toda suerte de mal contra vosotros. Alegraos entonces y regocijaos, porque es muy grande la recompensa que os aguarda en los cie-los; del mismo modo persiguieron a los profetas que ha habido antes que vosotros”. (Mateo 5, 9-12).
Aquellos falsos revolucionarios que busquen dentro de la revolución sus propios be-neficios y prebendas están errados, e irán desenmascarándose y cayendo poco a poco. Porque “No todos los caminos son para todos los caminantes”.
La revolución es un proceso donde habrá muchos desertores. No todos son líderes. Habrá los que quieran hacerse pasar como tales, pero al final caerán. A pesar de ello, el proceso continúa.
Los revolucionarios no nos aferramos a personas, sino a principios e ideas. Todos so-mos importantes pero nadie es indispensable. Sinembargo, no podemos negar que en este proceso de cambio revolucionario que se ha desatado en Venezuela, Chávez es un líder que hasta ahora ha demostrado sinceridad y consecuencia con los planteamientos revolucionarios. Tiene demasiada oposición, demasiados obstáculos. La oligarquía y los prebendistas de siempre no lo toleran. Es una piedrita en el zapato, porque de-muestra rectitud y firmeza con los principios revolucionarios de cambio. Dicen que todo hombre tiene un precio. No sé si Chávez lo tiene, pero pienso que él preferiría dar su vida antes que venderse, como lo cantó Alí Primera.
Eso no lo soporta la oligarquía, que trata por todos los medios de quitarlo del paso. La Oligarquía se vale momentáneamente de algunas figuras, las cuales fingen ser lí-deres de cambios. Cuando ya no le interese, también tratarán de quitarlas del medio.
Por supuesto que si nuestro valor principal es el dinero, o simplemente lo material, la revolución no ha logrado lo suficiente hasta ahora; (aunque podríamos analizar mu-chos aspectos macroeconómicos que han mejorado sustancialmente, así no se quiera reconocer; y eso es fundamental para recuperar lo microeconómico). Basta revisar las cifras del Banco Central, el cual es una institución independiente, no sujeta al gobier-no.
Primero hay que solucionar el problema económico estructural, para luego actuar so-bre lo coyuntural; y eso se está realizando en buena medida y con grandes aciertos. Pero, además de eso, se están echando las bases para un cambio, que implica funda-mentalmente una toma de conciencia y una visión colectiva de la sociedad y de la vi-da. Eso es básico para lograr luego otras transformaciones.
Personalmente, veo la situación del país con mucho optimismo y esperanza para el colectivo, aunque por ahora, se va despacio.
El verdadero revolucionario, aunque no llega nunca a satisfacer todas sus aspiracio-nes, se siente contento y tranquilo, porque puede vivir con más sencillez , y le hacen falta menos cosas materiales. Por eso planteaba lo del “despojo” al principio de estas reflexiones. Todo lo poco que uno pueda tener en esta vida ya es ganancia.
En la medida en que aprendamos a despojarnos de muchas cosas materiales a las que tanto nos aferrábamos, iremos viendo más fácil y positivo el camino.
El verdadero revolucionario debe preocuparse más por el colectivo que de lo personal. Eso no es fácil mantenerlo en un mundo como el de hoy. Sinembargo, ello no signifi-ca que tengamos que ser unos eunucos, o no pensar en nosotros mismos. Tiene que haber un equilibrio.
Es muy lastimoso observar el fariseismo, la hipocresía, y la manipulación con que ac-túan algunos miembros de la jerarquía eclesiástica.
Por eso yo digo:”Médici, cura te ipsum”. Médico, cúrate a ti mismo. Algunos de ellos predican, pero no cumplen con lo que predican. Esos son los que también adversan la revolución, porque ven menoscabados sus privilegios y sus prebendas. Permanecie-ron muchos años callados o reservados ante tantas inmoralidades, manipulaciones, vejámenes, etc., porque vivían cómodos o ajenos e indiferentes ante el espectro de tanta corrupción. Hoy atacan lo que ellos mismos predican: la justicia, el amor al po-bre. Para ellos el amor es la limosna, y no la verdadera justicia.
“Guardaos de los falsos profetas, que vienen a vosotros con pieles de ovejas, más por dentro son lobos voraces”. (Mateo 7, 15). Recomiendo, además, leer detenidamente en el mismo Nuevo Testamento a (Mateo 23, 1-33).
Algunos creen y dicen que las verdaderas revoluciones se hacen con sangre. Pero esas generalmente son más rápidas y dejan secuelas muy negativas. La revolución pacífica es más lenta y causa desespero porque no vemos los frutos tan rápidamente, pero su huella es más indeleble y es menos traumática. Hay unos cuantos que, a escaso tiem-po de acción gubernamental en este proceso, ya están desalentados, desesperados, y se sienten frustrados. Pero es que no se han convencido que el proceso es lento, donde hay innumerables obstáculos, y que después de tantos años de corrupción generaliza-da no se va a salir adelante tan fácilmente. ¿Que ahora también hay corrupción?. Claro que si, y siempre la habrá. Más, lo importante es sanear primero las institucio-nes para que dicha corrupción sea sancionada y disminuida lo más posible, pero con objetividad y verdadera justicia y no con patrañas. Hasta Dios tiene su contra: el Dia-blo. Y sabemos que muchos pueden venderse por “treinta monedas”. ¡Que difícil es mantenerse incólume!. Pero eso es lo grandioso. Aprendamos de los lirios que crecen en el pantano. No obstante, al final la verdad resplandecerá.
Se busca distorsionar un proceso, fijando la mira en un hombre (Chávez), en sus defectos, en sus errores. Igual sucedería con cualquier otro. Porque para la oli-garquía y sus “ad láteres” lo importante es cerrar el paso a un proceso de cambio que busca equidad y justicia.
No se trata de quitarle a unos para dárselo a otros, como se quiere hacer ver manipu-ladamente. Se trata de equilibrar las oportunidades, de repartir lo común con mayor equidad.
Que tristeza da ver la manipulación de algunos medios de comunicación. No podemos creer y hacernos eco de muchas informaciones malintencionadas y tergiversadas, de chismes, o de rumores, muy difundidos en ciertos medios de comunicación, buscando sembrar desestabilización, discordia, temor, etc. Digo que el daño no se lo están ha-ciendo a Chávez o a su gobierno, sino al país, a todos nosotros. Aquí, algunos, en nombre de la libertad de expresión dicen lo que les viene en ganas, sin considerar los derechos y la dignidad de los demás. Eso es anarquía y abuso de la libertad de expre-sión.
El que de verdad tiene conciencia del proceso de cambio revolucionario sabe que con la manipulación de esos slogans publicitarios en los medios “Venezuela es bella”, “Venezuela te queremos”, etc. no se llega a ninguna parte. Mientras tanto, esos mis-mos medios, están transmitiendo pura basofia, atrofiando la mente de tantas personas, sobre todo jóvenes y niños. Gran parte de la población venezolana está asqueada de esos medios. Pura bufonería, basura, manipulación, distorsión.
Es muy importante leer y reflexionar sobre lo que ha dicho, poco tiempo atrás, Juan Pablo II del periodismo y de la libertad de expresión. “No hay libertad de ex-presión absoluta”. “El derecho a la libertad de expresión no puede violentar los otros derechos y la dignidad del ser humano” .
Pero he aquí que, cuando por fin alguien o algunos en este país han comenzado a des-enmascarar y a denunciar a ciertos manipuladores, a oligarcas dueños de medios, y a profesionales de la comunicación que no tienen dignidad para rebelarse contra dichos dueños, entonces se rasgan las vestiduras, utilizando el coco del comunismo, de la dictadura, de la falta de libertad de expresión, de Cuba, de los pobres contra los ricos, de la división del país, etc. Y es que acaso el país no lo dividieron ellos siempre entre ese 1% que disfruta del 70% de la riqueza, y el resto?.
Lo difícil es convencer a muchos (especialmente de clase media) de que las migajas de las cuales han disfrutado hasta ahora, no son nada comparado con lo que equitati-vamente deberían tener. Hay algunos que por inseguridad, por temor, o por comodi-dad no quieren salir de donde están, creyendo que tienen mucho, o tienen lo mejor.
Existe un acoso y una campaña de los medios de comunicación, presentando sólo lo negativo, lo cual no le hace daño a Chávez, sino fundamentalmente al país. En EEUU o en otros países serios, una persona que incite y estimule la salida de divisas, o que incite a la rebelión, va preso. Aquí, la naciente democracia permite todavía esos deli-tos contra la patria.
La visión de los verdaderos empresarios e inversionistas, sobre todo extranjeros, es muy distinta a la que nos quieren vender a cada momento los medios de comunica-ción, los cuales están en manos de una oligarquía que se hace llamar “empresarios”, cuando en realidad no lo son. Fuera del país, hay mucha gente que está viendo las in-mensas posibilidades de nuestro país, y ve que ahora hay seriedad y que comienzan a funcionar las instituciones. Aquí, hay quienes se han hecho llamar empresarios, pero nunca lo han sido; simplemente han sido mercaderes, que se han sustentado en pre-bendas y negocios gubernamentales. Muchos, por trasladar un producto de un sitio a otro se han hecho millonarios. Se hacen llamar empresarios cuando no producen ni emprenden verdaderamente nada. El verdadero empresario arriesga y apuesta al futu-ro del país. Los que más hablan de lo negativo del país tienen casi todo su capital y sus intereses afuera. Para muchos de ellos, mientras no puedan hacer las trapisondas y chanchullos, sin riesgo, como lo hicieron antes, nunca habrá confianza ni seguridad para invertir.
El beneficiario mayor durante años en este país ha sido el sector financiero. Este sec-tor nunca ha arriesgado, y sinembargo, nunca ha perdido. Trabajan con el dinero aje-no, y cuando fracasan se van. Y no sucede nada. Es bueno recordar todo lo que pasó hace un tiempo atrás en Albania, simplemente porque una entidad de ahorros engañó y desfalcó a mucha gente.
Ahora, en Venezuela, se está tratando de favorecer más al sector productivo agrope-cuario y al sector industrial. Por eso hay tanto ruido negativo de bombos y platillos de los que ven perder poder, negocios y privilegios.
La oligarquía, a través de sus medios de comunicación y de sus acólitos nos quieren hacer ver que lo que ahora el gobierno está impulsando no va por el camino correcto. Sin embargo, la realidad mundial refleja lo contrario. Revisemos las manifestaciones sobre todo juveniles que se han dado recientemente en Seattle y en Londres contra la posición de la O.M.C., y las manifestaciones cada vez más numerosas a nivel mundial contra la Globalización neoliberal. Analicemos, además las encíclicas y las palabras de Juan Pablo II con relación a la sociedad y al orden económico mundial.
No soy fanático de Chávez, sinembargo, creo que en este momento él encarna una lucha valiente por lograr mayor justicia y equidad en este país, Además, el problema no es él, porque pudiera venir otro, que sería seguido, mientras mantenga los princi-pios revolucionarios y la voluntad para lograr el cambio. Más aún, lo importante es la cantidad de personas que comparten dichos principios y seguirán luchando, aunque no esté el líder. Por eso la revolución no tiene marcha atrás.
En la medida en que pensemos más en el colectivo, sin dejar por ello de pensar en el yo, estaremos en camino de lograr mayor equidad, bienestar y felicidad. Ahora bien, lo importante es considerar la felicidad como el disfrute de las cosa sencillas, trascen-dentales, perdurables, de verdadero valor, y no tanto como la acumulación de bienes materiales.
Por supuesto que todo ésto implica educación. Pero educación no es sólo aumentar el salario a los educadores, como lo hacen ver los sindicaleros; educación implica disci-plina mental y corporal, implica no manipular la información, no distorsionar la reali-dad, no enfermar la mente de los niños con basofia “cultural”. La educación implica dar igualdad de oportunidades; implica democratizar el poder económico y no sólo el político; implica ayudar a ver el mundo en su verdadera realidad, ayudar a ampliar la cultura, ayudar a que nos sintamos tranquilos a pesar de no poseerlo todo. Educación es evitar el afán de consumo. Educación es ayudarnos a “ser” antes que “po-seer” .
Claro, llevar ésto a la práctica es difícil, por cuanto hay quienes no quieren que sea así, sea por un motivo u otro.
En fin, llamo al optimismo y a la esperanza, a perseverar en la lucha, a pesar de los obstáculos y de los errores. La meta de una sociedad más justa y equilibrada debe ser nuestro norte.
No creo que esta revolución sea idealismo o utopía. Es una realidad, aunque no vea-mos nosotros totalmente sus frutos. Pero los verán otros. Bueno, repito, la revolución pacífica no es un camino fácil, pero es el camino.
“Entrad por la puerta angosta, porque la puerta ancha y el camino espacioso son los que conducen a la perdición, y son muchos los que entran por él. ¡Oh qué angos-ta es la puerta, y cuán estrecha la senda que conduce a la vida, y qué pocos son los que atinan con ella!”. (Mateo 7, 13-14).
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