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A pesar de la derrota histórica del comunismo como sistema de administración de Estado, el terror artificioso con el que pretendieron refrenarlo no se borra tan fácilmente de las mentes, porque significó un peligro que opuso un pensamiento diferente, unos logros tangibles y un progreso indiscutible.
El comunismo fue sinónimo de militancia anticlerical que indujo a la Iglesia Católica a emprender los más acervos embates que hacían del materialismo comunista causa suficiente de excomunión. Todavía retumban en los púlpitos las maldiciones. Se hizo un parangón entre comunismo y destrucción de la familia, enajenación de los hijos, destrucción de la sociedad, y perversión de la juventud.
En Venezuela y en toda América Latina en la década de los 60 podía ser tolerada y hasta admirada la figura del “guerrillero” pero muy poco apreciada la de “comunista” por impío, cruel y sanguinario.
El término “macartismo” se introdujo en la década de los años cincuenta para designar la “práctica de descalificar a un adversario político por comunista”, con lo cual se execraba todo pensamiento o práctica o persona por enemigo de la sociedad. Era suficiente el calificativo para recibir una dosis suficiente de persecución ideológica nacional e internacional, suficiente para disuadir a quienes osasen acercarse a conocer un nuevo modo de pensar y de actuar en el quehacer de las naciones.
El término macartismo deriva del apellido del senador republicano Joseph Mc Carthy (1908-1957). Este tristemente célebre sujeto desató una histérica campaña anticomunista en los Estados Unidos de Norteamérica como maniobra política para llevar al poder a los republicanos con Eisenhower a la cabeza. Sus acusaciones nunca eran comprobadas. Entre la larga lista de injustas acusaciones se cuentan escritores, artistas, políticos, judíos, músicos, homosexuales y todo aquél que se demostrase inclinado hacia la protección de los pobres, contra la segregación de minorías o hacia el preservación de la justicia. No pocas personas fueron ajusticiadas, los esposos Rosenthal entre ellas, a pesar de que las acusaciones nunca se ajustaron a la ley, nunca fueron comprobadas fehacientemente. La carrera mendaz de McCarthy finalizó cuando intentó calumniar a oficiales de la armada de los Estados Unidos en 1954, lo que obligó al presidente Eisenhower a detener la rueda suelta de ese engendro inspirado en acciones muy concretas que acababan de ocurrir en Alemania.
El término cobra actualidad en la Venezuela que vivimos. El calificativo incisivo de “castro-comunismo” pretende deslegitimar todo pensamiento que se aparte de los postulados políticos que han gobernado a Venezuela en los últimos cuarenta años. Los medios de comunicación de masas, como dagas hábilmente manejadas, han reintroducido el terror al comunismo inexistente como sistema de gobierno. Intentan revivir la vieja fobia contra las ideas comunistas como arma macartista que pretende confundir a los incautos.
Esta vez tendrán que recurrir a métodos probados para confundir las grandes masas. Por fortuna para ellos, pueden echar mano de las enseñanzas de los “especialistas” que les antecedieron.
Adolfo Hitler en 1927 estatuyó que “la gran masa de una nación será víctima, más fácilmente, de una gran mentira que de una pequeña” (Mein Kampf). Se trata de repetir y repetir mil veces que el castro-comunismo se apodera de Venezuela. Es despreciable definir qué quiere decir esta expresión. Unos cuantos caerán en la trampa. Se trata de revivir desempolvado el pánico contra el comunismo para detener por carambola el nuevo orden que se busca.
No por casualidad una connotada cuña publicitaria de la Coordinadora “Democrática”, plagiando a su mentor, con gran ingenio trasnochado, retira la R de Revolución y resalta la palabra “evolución”. Fue precisamente Adolfo Hitler en 1930 quien empleó el ardid fonético para corregir su plan de toma del poder en Alemania a través de la violencia que había empezado a practicar desde 1923. Truco fonético que condujo a la ignominiosa “noche de los cuchillos largos”.
Tanto el macartismo con su “cacería de brujas”, el recurso de taladrar la mente de las masas con mentiras grandes como el ardid fonético de convertir la “Revolución” en “evolución”, tienen inspiración en épocas, tácticas y recursos ligados a los pasajes más crueles vividos por la humanidad en el siglo pasado. Quienes los reviven con admirable exactitud en Venezuela pretenden retroceder la historia sin percatar que el mundo avanza, que el hombre ha progresado, que se busca la justicia sin temores, que el macartismo está enterrado.
El pueblo de Venezuela persigue un espacio de mayor justicia. Queremos libertad de expresión, libertad de cultos y de religión, libertad para asociarnos a las organizaciones políticas que inspiren y representen los progresos democráticos. Queremos protección integral para la familia, queremos libertado para la actividad económica privada y libertad de empresas, queremos ejercer el derecho a la propiedad privada. Queremos que nuestros hijos crezcan en un ambiente de progreso, de educación y de respeto. Queremos que la salud y la seguridad social progresen al ritmo del crecimiento de nuestra población. Queremos ser propietarios de las riquezas de la patria para que se conviertan en los bienes del desarrollo económico y social.
Estos anhelos conforman el "castro-comunismo" en que se empeña Venezuela. Esas esperanzas, contenidas todas en la Constitución Bolivariana, constituyen la meta por la cual luchamos. Tiene obstáculos, tiene amigos y enemigos, pero contiene el brillo del futuro que se logra con esfuerzo, con constancia y optimismo. Es inútil pretender detener ese torrente con un macartismo trasnochado.
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