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La paranoia de los medios de oposición para ocultar con su dedo putrefacto el sol radiante de la marcha de ayer se centró fundamentalmente en contar con precisión de ojo de abeja - recordemos que las abejas tienen miles de ojos por cada uno - el número de autobuses que se necesitaron para llenar Caracas de militantes y simpatizantes del proceso, así como a buscar la más mínima sombra de actos de violencia.
La cobertura de Globovisión inmediatamente después de la cadena de Chávez dedicó frugales instantes a mostrar planos escuálidos de la inmensa y vibrante concentración, mientras se explayó en mostrar el derrumbe del patético cartel del referéndum, y para segura exasperación incluso de sus propios simpatizantes (o "adictos"), dedicó más de cinco minutos a mostrar imágenes sin palabras de autobuses llegando a Caracas - las supuestas hordas que aterrorizarían a la ciudad al son de la revolución - con el fondo hipnotizante de su ya trillada música de drácula, que ni al más vaporoso de los vampiros.
Seguramente, algún avezado espectador se daría cuenta de que muchos de los autobuses que mostraban estaban vacíos o semivacíos, por ser líneas nocturnas cotidianas de la ciudad... pero al doctor del laboratorio, poco le importa, mientras enfermo en su mesa de edición calcula con precisión el efecto "aplastante" del mensaje subliminal: para llenar Caracas necesitan venir en autobus; los autobuses los paga el MVR, si no ni vienen; los marchantes eran en su mayoría de "provincias"; y el etcétera patético que podamos imaginar.
En general, la cobertura de todos los medios de prensa se orienta a su vez a calcular el número de autobuses "sin precedentes" y los supuestos montos que costó al partido bolivariano. Un necio de Proyecto Venezuela incluso tenía el cálculo exacto - y que Bs. 500 millones, como exacto y ridículo era el cálculo de marchantes que el más burdo de los pasquines publicaba en primera página, y que "108 mil adeptos" según Así es la Noticia...
Se les queda corta la vergüenza, pero sin duda al que le sobra el calificativo de ser humano es al cretino nazi Pedro Llorens, que desolado por la contundente e incontestable muestra de que SOMOS MAYORIA, se empecina en pretender evidenciar a sus lectores que los vaticinios del "terror chavista" que han alcanzado estos días el pico de la más insólita (y fascista) de las paranoias colectivas era todo verdad. Porque parece que la marcha más bella, la más colorida y caótica y torrente de la reciente historia del país, no fue más que un saldo de saqueos y disparos. Ahi va esta joya de vómito, de periodismo en la onda "el más fascista soy yo y para eso me pagan", tan lastimosamente de moda en estos años de vertiginosa revolución popular.
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